Sacando la Cara
Javier Ortiz de Zevallos escribe un libro que lleva un título picante: En defensa del discutido político tradicional.

Estuvo en el vértigo de la política desde el año 1940. Como descendiente directo del marqués de Torre Tagle -según JOZ- el primer presidente del Perú, Lorenzo Vidaurre, que fue el primer presidente de la Corte Suprema, e Ignacio Ortiz de Zevallos, el primer fiscal de la Nación y canciller de Piérola en el '95, tenía que estar en la salsa política. Hombre de Derecha, aunque no sectario, fue amigo de Haya de la Torre, e incluso de algunos líderes de Izquierda; presidente de la Cámara de Diputados, constituyente en el '79, se puede decir que JOZ probó las mieles y, también, los sinsabores de la política. Hoy, en su cuartel de invierno, donde recibe la visita de muchos políticos que, dados sus conocimientos y experiencia, le solicitan consejos, viene escribiendo un libro titulado "En defensa de la discutida política tradicional", donde expresa lo que fue e hizo su generación buscando, así, de responder a las arremetidas de Fujimori contra los partidos políticos. Casado dos veces, en primeras nupcias con Maruja Modenesi -con la que tuvo cinco hijas-, y luego con Eloísa Caraquillo, es ahora el orgulloso abuelo de ocho chicas y un varón y una biznieta. A continuación, sus recuerdos, reflexiones y no pocas revelaciones.

JOZ es uno de los actores
de más larga data de la política
peruana. ¿En qué no habrá estado?

Entrevista
DOMINGO TAMARIZ L.

JAVIER Ortiz de Zevallos nos recibe vestido de blanco, de pies a cabeza. Sonrosado, de suaves maneras, señorial, nos invita a pasar a una pequeña sala donde cuelgan algunos cuadros de sus antepasados y, en una especie de estante, las condecoraciones que ganó en su actividad pública. Nació el 15 de noviembre de 1917. O sea, cuenta 81 años, pero si dice que tiene menos edad, nadie lo va a dudar. JOZ es el típico limeño de antes, o sea de una especie de la que ya pocos quedan.
-¿En qué año y en qué circunstancia se hizo político?
-Mi familia era muy amiga de Manuel Prado, que vivía en París donde estaba prácticamente exiliado. Cuando volví de Chile entré a trabajar en el Banco de Crédito, Banco Italiano entonces. Corría 1938. Prado era presidente del Banco Central de Reserva, y como mis jefes sabían de mi amistad con Prado, cuando había que hacer una gestión en el BCR, me enviaban a mí. Más tarde Prado, ya presidente, me mandó a llamar con edecán. Me propuso que me hiciera cargo de la secretaría, que estaba acéfala. No sólo era el hombre de confianza a quien llamaba por su nombre. Me mandaba al norte, cuando hubo el asunto con Ecuador, para que viera y le dijera privadamente cómo estaba la tropa.
-¿Cómo era la política de entonces?
-Los Prado tenían una política distinta a la de Benavides. Jorge Prado había sido presidente de un Consejo de ministros y quiso un acercamiento con el Apra. Y Prado era lo mismo, tanto que parte del Apra lo ayudaba. Su política era de una dictadura blanda. Claro que el Apra fregaba también: tiraba bombas los 22 de febrero. No fue una etapa tan movida. Lo movido era la guerra mundial. En esto había una unión espiritual entre Prado y Haya. Por entonces, se sabía que Haya vivía en Chaclacayo y no le hacían nada. Prado lo admiraba y la cosa era recíproca en Haya.

A los dos años de edad, en Torre Tagle, palacio que perteneció a la familia. JOZ aparece con sus padres, Emilio y Mary Thorndike. El otro crío es Emilio, su hermano mayor. Poco después viajaría a Francia, donde residiría 13 años.
Derecha: en Roma, a los 15 años de edad.

-Usted es un hombre de Derecha, pero, sin embargo, financió una revista de Izquierda. ¿Cómo explica eso?
-Una vez vino a verme Genaro Carnero Checa. En ese entonces luchábamos con el Apra que barría con todo. Carnero Checa me dijo: "Nosotros no vamos a atacar a nadie pero vamos a hacer política y vamos a conformar un directorio para que no se diga que es un directorio de Izquierda. Integraban el directorio Manuel Cisneros, Rafael Larco, Claudio Fernández Concha y yo. La revista salió en 1946.
-Pero ustedes la financiaban.
-No. La sacamos en una imprenta en la que pagaban tarde, mal y nunca. Se les dio el conforme para que lucharan contra el Apra. Esa fue la idea.
-Cuando Odría irrumpió en Palacio lo primero que hace es nombrarlo secretario de la Casa de Gobierno. ¿Cómo empezó su relación con el dictador?
-Cuando Odría cesó como ministro, la Alianza Nacional lo ayudó porque tenía el Apra en contra. Le mandamos entonces tres personas para que cuiden su casa y un automóvil.
Poco después conocí a un Víctor Ochoa Amoretti, que era su pariente. Un día lo encuentro en la calle, y me dice "doctor" -él había estado conmigo en la Alianza- "el general se ha ido a Arequipa a levantarse." Entonces me fui a ver a la señora María, a quien había ayudado en asuntos de caridad. "Está en casa de Trujillo Bravo, en la avenida Javier Prado". Ah entonces vamos a verla. La señora María estaba en el segundo piso, rodeada de unas cincuenta señoras, todas vestidas de negro, esperando escuchar la radio (Lima) de los Aramburú, que es la que transmitió el mensaje de Odría.
Al verme, me dice: "Ay doctor, pero usted que viene a hacer acá". Vengo para ayudarla en lo que usted necesite. "Pero si lo van a tomar preso, la manzana está rodeada".
Dos días después, cuando yo llego a mi casa, me toman preso. Estoy cuatro, cinco días preso. Entonces cuando llega Odría de Arequipa, le dice a Cabada que me busque. Dígale que lo espero mañana. "Para qué". Le voy a ofrecer la secretaría de la presidencia. "Pero él no ha estado en el golpe". No, pero ha sido el único que ha ido a ver a María. Y allí empieza la cosa.
-¿Quiere decirme que lo nombra gracias a esa visita?
-Yo antes de aceptar hablé con tres personas: el mariscal Ureta, del cual era secretario, Jorge Basadre y Pedro Beltrán. Los tres me dijeron acepta, si no aceptas va a parecer que es un desaire. Y acepté. Tres meses estuve como secretario. Renuncié, pero Odría me pidió que siguiera como asesor. Ocurrió después lo de Montagne y yo presenté mi renuncia. Al poco tiempo me deportaban.

Con sus cinco hijas: Josefa, Pilar, Mónica (la que está encima de todas) y Jimena Ortiz de Zevallos Modenesi.


-¿O sea que no estabas de acuerdo con el golpe?
-Ah no, en la vida. No estaba de acuerdo, primero, porque no creía que era la solución. Yo en esos momentos tenía mucho más amistad con un general que después se hizo famoso al fundar el CAEM...
-¿El general Marín?
-Sí, a quien habíamos llevado como asesor militar en el conflicto con Ecuador. Eramos muy amigos.
-Además era amigo de Haya.
-Hemos oído hablar tú y yo, seguramente varias veces, que se le ofreció el comando de la revolución contra Bustamante. Según De la Barra, no era él, era otra persona. A propósito de Haya te contaré una anécdota muy linda.
Yo estaba en Italia, adonde había llegado invitado con Enrique Dammert, el año '59. Haya estaba en Roma, y nos invitó a comer. Entonces en la comida, yo le digo: Víctor Raúl, hoy día he tenido una emoción muy grande. Me dieron una comida en Relaciones Exteriores. El canciller Pella no pudo asistir, pero vino al final de la comida y me puso la Gran Cruz de la Orden de Italia. El acto se realizó en un restaurante que había sido la casa que Mussolini obsequió a Clareta Petacci. Y esto me recuerda una cosa, por ejemplo, de nuestras grandes divergencias. En el año '44 o '45, me habían encargado la censura de los noticieros, por esas cosas de la guerra... Me acuerdo que yo censuré esa imagen macabra del cuerpo de Clareta y Mussolini colgados de las patas como dos reses, que salió en todo el mundo. Eso en el Perú no se dio. Y tu periódico Contraataque dijo, entonces, en este momento en el Perú todavía manda el fascismo, han prohibido que se publique esta lección, etc. Fíjate tú que Clareta hubiera podido irse donde quisiera. No fue la esposa que se recluyó, siguió a Mussolini, y al final, le puso el pecho y la mataron. Entonces Haya me dijo... que Contraataque no era el Apra. "Para mí lo más importante en la vida es la lealtad. Y uno de los grandes ejemplos de lealtad humana, ha sido el de Clareta Petacci. Y todos los años, cuando se recuerda el día de su fusilamiento, yo voy al cementerio de Roma, compro una rosa y la pongo en la tumba de Clareta Petacci". Fíjate qué lindo.
-¿Qué recuerdos, qué reflexiones le suscita el golpe del '62?
-Mira, te voy a contar una cosa. Yo ya he sido presidente de la Legión de Honor Francesa, y miembro de la legión es el general Juan Bossio Collas.
-Que en paz descanse...
-No, tiene noventaitantos años. Es un hombre de primera, que en ese entonces estaba contra nosotros. Y ahora, después de muchos años, hemos vuelto a conversar. Eso significa que a veces, tú puedes tener razón, pero en el fondo no fue un golpe contra Prado, fue un golpe contra el Apra; totalmente injusto, pero no sabemos las consecuencias que hubiera tenido. Eso hubiera podido terminar en una guerra civil, que es lo peor, porque si todo el Ejército, la Marina, la Aviación estaba en contra, ¿qué hubiera pasado?
-¿Sé que está escribiendo un libro titulado "En defensa de la discutida política tradicional"...
-Yo estoy haciendo una especie de resumen. Cuando viene el golpe del '62, toman preso a Prado...
-Pero vayamos al libro.
-No, el libro aquí está. Lo estoy preparando.


En la
playa
Castel Fusano,
con sus
hermanos
Emilio,
Charito y
Bernardo.
Año 1931.

Firmando la
Constitución de 1979.

Derecha:
a su retorno
del exilio,
año 1954,
y en el
programa
televisivo
"Ante el
Público".

-¿Qué lo ha motivado a escribirlo?
-Desgraciadamente en el Perú de hoy la gente no lee y no conoce la verdad, y eso es lo lamentable. En los colegios no se enseña la verdad sobre el asunto del Ecuador. La política del Perú durante más de cincuenta años estuvo destinada a que Ecuador no llegara al Marañón ni al Amazonas. Cómo no me va a doler a mí, que ningún periódico haya mencionado al general Ureta, ni a Monteza ni a Miñano, ni a Quiñones, y a tanta gente que ha hecho posible esto. Porque si no hubiera habido el triunfo del '41, no hubiera habido el Tratado de Río de Janeiro, no se hubiera conseguido la paz. En Ecuador sí se ha mencionado a la gente, acá en el Perú no se ha mencionado a nadie. Y se dedica todo el tiempo a quien o a quienes no hicieron absolutamente nada durante cincuenta años para defendernos contra las presiones que habían para que cediéramos... y el Perú nunca cedió.
-¿Por qué cree que Fujimori se expresa tan despectivamente de los políticos tradicionales?
-Porque no conoce. ¿Por qué no se llega a un debate con el señor Fujimori, o con las personas que él designe sobre quién ha hecho más, si el gobierno del '56 al '62 o el actual. Nosotros llegamos a darle el 23% a la educación nacional, en cambio acá lo han dividido en dos partes, una dice la Presidencia, ¿para qué? Para que digan que todo lo nuevo lo ha hecho el señor Presidente; después han hecho la otra, que no llega ni a un 14 o 15%. Yo se lo dije una vez a Rey, y no pudo replicarlo. En la Fuerza Armada, también, en todo, en todo, se hizo con menos gente y mucho más capaz.
Por otro lado, en el gobierno de Prado no hubo casi ministros de nuestro partido. Buscamos a Beltrán, Basadre, Víctor Andrés Belaunde, Pardo, que era lo mejor del Perú.
-¿Cómo observa al gobierno de Fujimori?
-Es un gobierno que ya está terminando. Mi ilusión es que termine sin profundizar las divisiones en el país. Que acepte el veredicto del pueblo.
-¿Cómo hace para mantenerse físicamente tan entero?
-Leyendo mucho. Yo tengo, quizás, la mejor biblioteca en español y francés. Leo tres, cuatro horas del día. Claro, hay días que no leo nada.
-¿Cuál es el último libro que ha leído?
-Es justamente este libro de Luis Alayza ¡Qué limeña! Esa era la exclamación de los franceses que venían al Perú; que se asombraban del pie diminuto de la limeña. Después tengo la dedicatoria del libro de Bustamante, y tambien la de Haya. Fíjate tú...
-¿Hace gimnasia?
-Desgraciadamente no. Pero soy un hombre que siempre está en movimiento. Eso me suple un poco la gimnasia.
-¿Cómo transcurren sus días?
-Yo recibo mucha gente, de todos los sectores. El último que vino a verme, por ejemplo, fue Salas, el alcalde de Huancavelica. Porque había cosas que no conocía.
-¿Cree en un candidato único de la oposición para enfrentar una posible re-recandidatura de Fujimori?
-Yo creo que la mejor batalla que he dado como político es la de la segunda vuelta. Todo el mundo estaba en contra. El único que me apoyó fue Haya. Tanto el Apra como el PPC querían que fuera 36, 38%. El peligro en ese momento era el comunismo. Barrantes no es comunista, pero es un hombre de Izquierda apoyado por el comunismo. Entonces cualquier candidato comunista podía lograr el 35%, y era presidente. En ningún país del mundo, el comunismo había obtenido más del 50%.
-¿Pero cree que puede cuajar este propósito del Foro Democrático...?
-Es mi mejor deseo, pero lo veo difícil. Aquí, desgraciadamente, el individualismo es un mal nacional.
-¿Cómo le gustaría ver al Perú?
-Quisiera ver el Perú como en el tiempo de Ramón Castilla... Y en el futuro gobierno a los mejores hombres, de cualquier tendencia.
-¿Puede mencionar algunos nombres?
-Tienes a Andrade, al Defensor del Pueblo, a Castañeda Lossio, Chocano, ex Presidente del Jurado Nacional de Elecciones, Walter Piazza, entre otros. Te nombro ahora a escritores, Sofocleto, increíble, es un genio....
-A propósito de Sofocleto. El le llamaba "Gigante Roto". ¿Le molestaba...?
-Jajajá... Y otros me decían "Chupito". En apodos no me he quedado atrás.