Mocha De Lima
Rosa Graña Garland, dama del arte y la cultura peruana, cumple 90 años.

No es una figura de la televisión ni de la política, pero medio Lima la conoce. Y es que Rosa Graña, Mocha para sus amigos, es una mujer que ha estado, y está, en cuanta manifestación del arte y la cultura se promovió en Lima en los últimos 60 años. Ha sido fundadora de la Asociación de Artistas Aficionados; ha vivido intensamente el teatro; ha empujado festivales como el de Ancón. Es diseñadora de vestidos, asesora del Museo de la Nación y miembro del comité Salvemos Lima. En reconocimiento a esa labor, el gobierno la condecoró la semana pasada.

El canciller Fernando de Trazegnies la condecoró, la semana pasada, con la Orden "Al mérito por Servicios Distinguidos". Derecha: En la Feria de Sevilla de 1930, donde montó la mejor jaca. Aparece con Aurelio Sánchez Mejía y sobrino.

Entrevista
DOMINGO TAMARIZ L.

MOCHA no dejaba de moverse. Caminaba de un lado a otro, subía las escaleras, bajaba y volvía a subir, corría al patio y luego al comedor, abría un baúl, y por momentos gritaba, buscando unas fotos que para ella eran invalorables.
-¡Sí, lo voy a matar! -tronaba. No lo podía creer. Tenía ante mis ojos a Mocha Graña desplazándose ágil, nerviosamente, como si fuese una mujer joven, en víspera de cumplir noooventa años.

En 1955, con Raúl Aramburú, otro famoso cultor de la marinera.

Mocha gritaba a viva voz, pensando que nuestro reportero gráfico Javier Zapata se había llevado las benditas fotos. Como que así fue, aunque con la anuencia de ella.
Dos días después, ya más calmada, aunque no tanto, pues es una mujer que no para de trabajar, reanudamos el diálogo. En su sala esperan, impacientes, una novia y un productor de Tv. que le ha encargado el vestuario de una telenovela de corte histórico. Y encima de eso está "como loca" preparando un desfile de modas titulado "Cien años del vestido en el Perú".
-¿Qué haces para mantenerte tan dinámica a tu edad?
-Es que trabajo, hijo, trabajo. Qué cosa no he hecho hoy...
De pronto se levanta. Mira la tela de la novia, da unas indicaciones a la costurera, y se olvida de nosotros.
Mocha nació en 1909, en la calle Velaochaga, en una casa que quedaba frente a la de Beltrán. Su padre fue Francisco Graña, uno de los más eminentes médicos de su época. Eran siete hermanos. De ellos, sólo vive Mocha. A su hermano mayor, Francisco Graña Garland, lo asesinaron cuando era director de La Prensa, el año 1947; hecho que Mocha hasta ahora recuerda con amargura.
El sobrenombre de Mocha le viene de niña, cuando se cortó el pelo y la dejaron literalmente mocha. Fue a partir de ese momento que nació Mocha Graña.
-Mocha, ¿cómo era la Lima de tu juventud?
-Era una ciudad en la que todo el mundo se conocía. Se paraba una en una esquina y se detenían 30 coches. "Te llevo, no, te llevo yo". Ahora ni los taxis paran. Con ocho millones de habitantes, Lima es ahora otro mundo, ¿no?
-Tengo entendido que has viajado mucho.
-A mi papá lo deportaron y me fui a vivir a Panamá, donde estuve cinco años. Viajé a España...
Y nuevamente se levanta. Llama a una de sus empleadas para recordarle que el sábado deben ir a Gamarra. Está preocupada con lo que está ocurriendo allí. Ella, como diseñadora, suele ir con frecuencia a Gamarra.
-Una vez -dice- una mujer al verme me dijo: "Usted se parece a Mocha Graña". Sólo atiné a decirle, sí. No podía creer que Mocha Graña hacía sus compras en Gamarra.

Posando al lado de una pintura que le hiciera Mariano Soyer. 1965. Derecha, con el presidente Leguía, Ana María Aramburú y María Elena de Swayne, en el patio de Palacio. 1930.

-Eres popular, Mocha.
-A mí me conocen por el hecho de haber trabajado en la Asociación de Artistas Aficionados, donde fui bailarina, canté en el coro, mandé a los actores, donde entraba gente... estaba yo. En la AAA hacíamos teatro, ballet, baile clásico, pintura, de todo.
"Pero gustándote tanto el teatro, ¿por qué no te hicistes actriz?" Le preguntaron un día. Y ella contestó, con ese humor y modestia que la caracterizan: "No, la verdad es que nunca actué porque me botaron por incapaz. Por eso me quedé en el teatro, pero detrás del telón, cosiendo, barriendo o haciendo lo que fuere... incluso he hecho de apuntador en ciertas ocasiones". Estaba recordando algunos pasajes de su vida, cuando vuelve a nuestro lado diciendo: "Si ya me quiere enterrar en vida", riendo graciosamente. Trato de hacerla comprender que no es así, pero ni modo.
-Tienes fama de ser una gran bailarina de marinera...
-Yo creo que hay muchas buenas bailarinas, pero de las antiguas hay unas que bailan lindo: Rosita Barrenechea de Velarde es una bailarina extraordinaria; Carola Aubry es otra gran bailarina... hay una chica Elías. Y todas ellas no son de escuela, sino de jaranearse, que es donde se aprende la verdadera marinera... Margarita Acuña es una chica joven, guapísima, que baila lindo.
Mocha ha bailado de todo: charleston, bambuco, rumba. Pero el tango es quizá lo que más le gusta. En el propio Buenos Aires bailó del brazo de César Miró -recuerda- "un tango bien bailado".
Pero Mocha ha sido, sobre todo, una amante del ballet. Tanto, que para promover la difusión de ese arte y elevar la calidad de los cultores de casa, trajo a bailarines de la talla de Dimitri Rostoff, Alicia Alonso, Oleg Tupine. Y en ese empeño, con la ayuda del músico André de Sas, alentó la formación de un ballet peruano.
Chabuca Granda, que era su amiga y la hizo madrina de uno de sus hijos, le dedicó una canción titulada "Señora y dueña", lo cual es muy significativo.
-¿Cómo te sentiste el día que te condecoraron?
-Estuve hecha un manojo de nervios. Porque yo soy muy mala para hablar en público, de manera que di un discurso de este tamaño (dice abriendo las manos), chiquitito. Pero el canciller, que es amigo mío, realmente estuvo emotivo, habló con alma, vida y corazón.
-¿Cómo ves ahora Lima?
-Estoy en el Comité Salvemos Lima, de manera que lloro todos los días. Nos reunimos todos los jueves. Eso sí, el alcalde nos escucha. Ha hecho muchas cosas que hemos propuesto. Lima ha mejorado en forma increíble. Ahora puedes caminar tranquila por el centro. Yo voy de noche al Portal de Escribanos, que está precioso. Hay un lindo ambiente. Tomamos café y solemos caminar como antes.

En 1929, en Sevilla, en un acto en el que se observa al Rey de España Alfonso XIII (de bigote) dialogando con uno de sus asesores. Mocha Graña es la quinta (de la derecha) de las chicas que visten de ñusta. En la fotografía también aparece su señora madre, doña Enriqueta Garland Roel.

-¿Tomas algún copetín?
-Nunca he tomado licor, tampoco he fumado. Cuando hace frío tomo un pisco chiquito y mi ponche. Pero el pisco tiene que ser bueno, bueno.
-¿Haces gimnasia?
-Hago gimnasia todas las mañanas, y estoy trotando todo el día, de arriba abajo. Creo que lo que me mantiene así es el trabajo.
-¿Cómo te sientes al llegar a los 90?
-Bien, bien. Aunque a veces me olvido que voy a cumplir los 90. Hago cosas que no son para una mujer de mi edad. El otro día me subí a una mesa, en la mesa una silla... y casi me caigo y me rompo el alma.
-¿Pero por qué trabajas tanto, Mocha?
-Yo trabajo el día entero. Tengo que manejar plata, presupuestos, calcular, ir al banco, pagar, contar, gritar, porque todo el día grito.
Así es Mocha Graña, polifacética y fantásticamente imaginativa. El primero de marzo "nuestra Mocha, la Mocha de todos los peruanos comprometidos con la cultura" -como dijo de Trazegnies al condecorarla- cumplirá los 90 años. Lo celebrará con una jarana de rompe y raja. Como para no creerlo.