El Tucán A Los 80
Añoranzas, anécdotas, revelaciones y juicios políticos de Luis Bedoya Reyes, en una entrevista no exenta de picotazos. Es chalaco de raza y fundador del PPC.

Nunca me sentí con vocación parlamentaria, y el año que estuve en la Constituyente sufrí.

El paso del tiempo encuentra, en estos días, a Luis Bedoya Reyes tuteándose con los 80; brioso, lúcido, con el mejor humor, como lo demuestra al decir: "Mi problema es estar casado con una bisabuela". La política rondó siempre cerca del "Tucán". Cuando se mudó a Miraflores, dejando su "Llauca" querido -debido a que su padre estaba vinculado con el tranvía- vive varios hechos que lo conectan con la política, "entre ellos uno que me vincula, desde el poder de Benavides con Velasco 30 años después a través de Consuelo y con Consuelo en razón de que mi hermano mayor aprista termina oculto en un sitio donde también concurre ella con sus primos en un viejo fundo de Huanta". Y así, en el vértigo de los años, llega a ser alcalde de Lima, ministro, constituyente, candidato a la presidencia de la República, en suma, uno de los líderes políticos más representativos de una época, varias épocas, de las que Bedoya habla como testigo de excepción. A vuelta de página, sus remembranzas y sus reflexiones sobre los avatares de la política.

Entrevista de DOMINGO TAMARIZ LUCAR

DOCTOR Bedoya, en estos momentos, en vísperas de llegar a los 80 años, ¿qué cosas de su infancia añora más?
-Muchas veces he regresado a Chucuito donde nací. Las cosas de infancia, como las salidas al mar, no se borran como la costumbre de mi madre de llevarnos a bañar a las 7 de la mañana antes de tomar desayuno unas veces en la mar mansa y otras en la mar brava, pero también la plazoletita en la que hacíamos competencia de carreras de velocidad y la escuelita, que estaba en esa plazoletita. Es extraño, cuando regreso a Chucuito me acuerdo de mi padre caminando, con nosotros, por la mar brava o por el barrio de Bellavista donde se jugaba béisbol, pero también al criquet y un negro Lanchita era nuestra devoción, porque realmente jugaba en forma extraordinaria, y los gringos que, por alguna razón eran más que nada ingleses, que trabajaban en la Foundation en lo que hoy día es el Terminal Marítimo y que en esa época era el dársena o en las grandes fábricas que en ese momento se comenzaban a levantar en el Callao. Recuerdo a esa madre antigua, que lo mismo barría que cocinaba, lavaba la ropa y las ollas, pero tenía tiempo para enseñarnos a leer, nos correteaba para castigarnos cuando hacíamos alguna malacrianza; estiraba la plata en la compra del pan, la mantequilla como la leche, para que nadie se quedara sin comer, cargada de hijos pero se daba tiempo para hablar con su comadre, la vecina que tenía nueve hijos.
-¿Y cómo así, en qué circunstancias se sintió usted atrapado por el torbellino de la política?
-El primer acto político al que asistí fue muy curioso. Tenía 13 años cuando Ernesto Alayza con Enrique Cipriani, Raúl Ferrero Rebagliati, Gerardo Alarco y César Arróspide debían viajar, representando a los estudiantes peruanos, al Primer Congreso Mundial de Pascua Romana en Roma. Yo era muy amigo de los hermanos menores de Ernesto Alayza. Estamos hablando del año '33. Y entonces los acompañé al terminal marítimo para despedir a su hermano; cuando estábamos en la despedida, los delegados chilenos bajaron porque también iban en el mismo barco rumbo a Génova. Presidía la delegación Eduardo Frei. Curiosamente, a ese congreso, en representación de Venezuela, iba Rafael Caldera.Mi formación de inicio ha sido siempre social cristiana.

Desde muy niño su madre acostumbraba llevarlo a bañar a la mar brava de Chucuito.

-¿Pero en esa etapa con quién simpatizaba?
-Me llamó, por ejemplo, el año '31, que era una criatura de 11 años, la atención Osores porque salía de San Lorenzo. Sólo después descubrí a José María de la Jara. Me preocupó un poco la posición de Eguiguren el año '36. Y sólo después entendí a don Manuel Vicente Villarán. Y cuando dictaba una exposición sobre la Rerum Novarum, Miguel Benavides, secretario de la presidencia de la República que estaba ahí, me comprometió para trabajar en su oficina en Palacio de Gobierno. De manera que la política siempre rondó cerca de mí.
Cuando Miguel Benavides regresó de Europa, a donde había sido destacado como visitador de consulados, lo primero que hace es ir a mi oficina, donde yo trabajaba junto a José León Barandiarán, mi maestro de prácticas. Me dice entonces: "vengo a visitarte porque tengo el proyecto de sacar un semanario. Y le digo bueno, y... "¿Me falta plata?". Yo le digo, lo único que tengo de plata es para casarme. "Métela, no tenemos cómo sacar el semanario", Palabras más, palabras menos, salió Jornada, y como yo quería prácticamente garantizar mi plata, aparezco como gerente. Pero en Jornada como gerente pasé, de la noche a la mañana, a escribir el editorial más importante, que fue "Vidaurre contra Vidaurre", por la posición que la familia Miró Quesada tomó frente al retorno de Benavides, maltratado por Prado que lo detuvo. Eso fue, al comienzo del '44.
-¿Cómo conoció a Bustamante?
-En circunstancias muy singulares. Como don José Luis no tenía gente propia, le pidió a gente amiga que buscara el personal de secretaría y de Palacio. Entonces, de Jornada salieron Mario Herrera y Augusto Tamayo. Mario Herrera para ser secretario de la presidencia, y Augusto Tamayo... Y comienzan a trabajar los dos con gran exigencia, puesto que son de primera línea.
Cuando se ahonda un poco más la situación de tirantez, Mario y Augusto se ausentan y a don José Luis lo dejan prácticamente desnudo, en abril de 1948. Y entonces pide, por favor, que me ubiquen. Yo llego a Palacio, y don José Luis me dice: "Usted se queda, reemplazando a Augusto Tamayo y a Mario Herrera", mis grandes amigos. De manera que es así que conocí a Bustamante; entrando directamente a trabajar en la oficina que había conocido yo como empleado de informaciones.
Más de una vez se me presentaba don José Luis de sorpresa, pero me daba un poder inmenso. De manera que esto me dio una gran aproximación con don José Luis. Por eso estuve ya en Palacio en otra condición, como director general. Yo tenía en esa época 25 ó 26 años, y ganaba 1.800 soles de sueldo, que era poco menos que lo que ganaba un gerente de banco. De manera que cuando cae don José Luis, seis meses después, salí con una mano atrás y otra adelante.

Con sus padres y sus seis hermanos, Fernando, Augusto, Santiago, Carmen, Luz y Angela, en un retrato tomado en 1960. Derecha, en su época de estudiante sanmarquino.

-Pero había ahorrado.
-Jajajajá...
-El poder siempre seduce, el poder ¿en qué medida lo ha seducido a usted?
-Yo diría que la vocación de poder es intrínseca, está metida en todo ser. El capitán del equipo de fútbol ejerce poder, el mejor bailarín en las fiestas sociales, ejerce una forma de liderazgo dentro de su medio y de su ámbito. Hay en el ser una vocación de escalamiento al mando. A nadie debe asustar, entonces, esta vocación que está metida en la propia condición humana. ¿Cuándo viene el mal? El mal ya viene como una especie de adicción en el ejercicio del poder.
-Ahora digamos, ¿qué factores concurrieron para que usted no pudiera llegar a Palacio las veces que fue candidato?
-Un defecto que tengo, quizás impresionado por algunas expresiones de Unamuno. Yo quizá he heredado eso. Entonces, cuando inicio mi campaña, detrás de la reforma agraria y del golpe militar, detrás de la comunidad industrial que se intentaba, justo habíamos lanzado los comunicados pertinentes, pero habiendo vivido la realidad de muchos hombres del campo, a quienes alcanzó todo este movimiento reformista que resucitó la revolución militar, fui prácticamente el hombre marcado por la prensa ya cautiva para distorsionarle su discurso o para presentarlo como el restaurador de lo viejo; el latifundio, la empresa abusiva, los derechos sociales postergados. Me miraron como una especie de...
-Digamos que lo satanizaron.
-Tan brutalmente me deformaron y satanizaron, que sólo la gente que iba a las plazas y me escuchaba en vivo y en directo, podía saber de qué estaba hablando, porque quienes leían lo que supuestamente había dicho, publicado en El Comercio, pero bajo propiedad del gobierno revolucionario, no podían entender. El impacto en cambio de los sectores marxistas, incluso del Apra, había sido muy concurrente con el pensamiento de la Junta Militar. Era evidente que nosotros estábamos afuera. Por eso cuando llegamos a la Asamblea Constituyente, quizá ya desde la Asamblea Constituyente, proyectamos otra figura, pero no suficientemente publicitada.

-Desde el punto de vista de su política económica, su reconversión para seguir planteamientos que no fueron de su campaña electoral, sino de la campaña electoral adversa, comandada por Vargas Llosa, una rectificación conveniente. Dos, la carencia de un convencimiento doctrinario auténtico dentro de lo que es la tesis de un mercado abierto, de una competencia sabiamente regulada, buscando los límites oportunos de cualquier exceso de una concepción económica que para el caso social cristiano está en los principios de suplencia y de solidaridad, ha impedido al gobierno actuar con la elasticidad conveniente en el momento preciso. No puede negarse que como consecuencia de su política, la inflación desapareció, la estabilización de la economía se construyó, la reinserción en el mundo internacional de las finanzas y el tratamiento de su deuda externa pudo negociarse. Todo lo cual constituye logros evidentes que una política marxistoide o una política social demócrata no hubiera podido hacerla. El precio que se paga, desde el autogolpe del 5 de abril del '92, con la quiebra total de las instituciones democráticas, constituye la otra cara de la misma moneda, en donde nada tiene que envidiar el gobierno de Fujimori a las más duras dictaduras democráticas del Oriente, en donde muchas libertades se ejercen, pero el control último, en las decisiones del poder está prácticamente concentrado en muy pocas manos.
Independiente de eso, fuera de la política económica que nos lleva a la estabilización, es evidente que en otros campos, como es el campo de la violencia social, que incluso llegó a estimularse como el bárbaro discurso de Alan García elogiando la posición de los senderistas en Ayacucho. Cosa que la gente no ha olvidado... Considero que la lucha contra la subversión social, con cambio de sistema a otro extremo antidemocrático también está en el haber de Fujimori.
-En breves palabras, ¿cuál es su opinión, de Odría a esta parte, de los hombres que llegaron al poder?
-Es muy difícil, porque se puede incurrir en injusticia o exceso.
-Digamos Odría.
-Odría tiene un mal de nacimiento, que no lo convalida, porque no sólo se aúpa en el golpe, que en este caso fue traición, porque era su ministro de gobierno. Se puede pensar bien en el balance, desde el punto de vista de las políticas concretas en el caso. A Odría lo benefició la situación de la guerra del Oriente. Desde el punto de vista de los resultados del gobierno, calificar entonces a los gobiernos con una frase, renunciando a la calificación de tipo ético sobre su origen, sobre su comportamiento y sobre su proyección, no me parece adecuado.

Tras un chapuzón en el río del Sepa, adonde fue como ministro de Justicia, en 1963.

-No digamos en una frase, que es muy difícil en el momento, sino un breve comentario.
-Belaunde ha tenido mala suerte en las dos oportunidades en que entregó el poder, o que lo sucedió. De Velasco, ya sabemos cuál es el balance de la dictadura militar desde el punto de vista económico y político. Todavía no nos rehacemos del mal... Y en el segundo caso, le tocó a Alan García. Otra forma distinta, con mejor ropaje, pero el mismo mal. Sin embargo, su gobierno es de una transparencia incuestionable...
-Hace un rato me iba a hablar de Velasco.
-Velasco es un caso extraño, raro y singular para mí. Creo que sentía por mí una aproximación y una amistad evidente. A raíz de la muerte de mi padre vino el jefe de la casa militar, llego a la iglesia, y en realidad no tenía persona a quién consultar y aproveché que don Pedro Beltrán se me aproximó saliendo de la iglesia, y le digo, don Pedro, qué hago. "Usted es el alcalde de Lima, y la atención del Presidente, del Jefe de Estado y no del Presidente de la República, es algo que usted no puede desconocer ni maltratar, su deber es retribuir lo protocolar, ir en el carro de la presidencia y después agradecer" Era la lección de decoro cívico que me daba un hombre, enfrentado con el poder, como era Pedro Beltrán. El diálogo con Velasco fue muy largo y, además tiene muchas cosas de confidencia política, y por lo cual nunca me he atrevido a relatar. Nunca tuve con él un diálogo agrio.
La verdad es que las oportunidades fueron solamente tres o cuatro. La anécdota más grata fue la inauguración de la Plaza Castilla. Unos días antes le dije al jefe de prensa, vaya usted y vea cuál es el orden en los asientos y cómo es la disposición del estrado. Revilla, me dice: "doctor, al centro está el Presidente, los ministros se sientan en el sitio de la derecha, el Presidente del Jurado de Elecciones y el Arzobispo de Lima ocupan los asientos correspondientes y usted está en el extremo derecho". Entonces le dije llame usted al director de Protocolo, era el protocolo civil, no el protocolo de Relaciones, yo había sido ministro de Justicia, de manera que conocía perfectamente a todo mi personal. Entonces le dije, ¿por qué me has colocado en ese sitio? Avisa a Palacio que no voy ... A los cinco minutos, me llama Montagne, y me dice: "Carajo, qué pasa". Qué conchudos son ustedes. Le dejan al alcalde el último sitio, yo soy el dueño de casa, el alcalde elegido por el pueblo de Lima. Yo no le puedo ceder la prioridad en el sitio sino a quién es más que yo, y quién es más que yo es quien va a presidir el acto que es Velasco. "Espérate hermano". Yo era muy amigo de muchacho del general Ernesto Montagne. Se acerca al poco rato: "nos has fregado. Nos vas a hacer correr a todos. Velasco dice que tienes razón". Esta es la razón por la cual terminé sentado junto a Velasco. Ahí fue cuando me invitó un cigarro, le encendí el cigarro, las fotografías...

Con Eduardo Frei Montalva, señera figura de la DC chilena, en el aeropuerto de Lima. Año 64.

-¿Qué es lo que más lamenta no haber hecho en su vida?
-Yo he sido un hombre que no ha tenido nunca el logro de lo que aspiraba, estudiante todavía soñaba volver a mi colegio Guadalupe para ser maestro. Mi vocación era la historia, independientemente de que mi profesión iba a ser el derecho, pero vi que uno de mis maestros cuando estaba en primero de media corría detrás del automóvil en que retornaba Prado, don Manuel, y en plena entrada al jirón de la Unión, le grité a mi maestro, algo así como lacayo. Cuando aspiré a ser profesor de Guadalupe, este señor era director general de Educación, y le bastó ver mi nombre para cerrarme el camino...
Mi vocación era la docencia.
-Mucha gente teme la vejez, pero veo que usted capotea los años pícaros con mucho ánimo y serenidad.
-No, no la he sentido. No se cómo me cogerá la percepción física de la vejez. Sé por grandes ejemplos, como el caso de don José Luis, que pasó los 90 años, como el de Carlos Rodríguez Pastor, la lucidez mental, no es verdad, siempre acompaña al hombre hasta muy avanzada edad. Lo vi también en don Luis Miró Quesada. Pero, en cambio, la fortaleza física y el desplazamiento son cosas distintas. Yo no he sentido la vejez física.
-Lo veo a usted muy entero.
-Practico miércoles, sábados y domingos paleta frontón. Mantengo el ejercicio de todas mis actividades con la naturalidad que puedo, con la frecuencia que la naturaleza permite y no cometo excesos.
-¿Cuántas horas duerme?
-Ocho horas clavadas con tranquilidad de hipopótamo. No conozco problemas urinarios a la medianoche, insomnios. Práctica muy vieja ha sido antes de ir a la televisión, escuchar música y dormir antes de ir a una entrevista. Y donde quiera y a la hora que sea me echo y duermo.
-Me imagino que ahora trabaja menos.
-Voy a recuperar mucho trabajo porque me he mantenido con un ejercicio muy medido de la profesión para no confundirla con la política. Ahora que viene este congreso, y pienso declinar la presidencia, voy a poder recuperar mucho, ya a estas alturas de la vida, mi dinámica profesión.

Además practica paleta frontón tres veces por semana.

-¿Cómo transcurren sus horas, se levanta temprano?
-No, no. Me despierto entre las siete y siete media. Tranquilamente, sin mayor gimnasia que la que se pueda hacer en la cama, con flexiones de piernas y brazos o sentado también al filo de ella con flexiones de cabeza, dentro de una higiene normal, mi baño, mi desayuno.
-¿Su dieta es normal?
-Yo no viviría de dietas, porque tengo un apetito salvaje. Lo único que ocurre que por más ejercicios que haga, a esta edad lo único que engrosa es el hígado, y eso sí me mortifica. Tengo la amarga experiencia que cuando adelgazo comienzo por adelgazar de la cara, ahí sí me detengo.
-Doctor Bedoya, ¿qué es la vida para usted?
-Un don que Dios nos da, y que hay que vivirla a plenitud al interior de sí mismo escuchando las voces que Dios ha grabado en nosotros.
-De repente, diga doctor Bedoya, ¿no llora nunca?
-Sí, he llorado muchas veces. Siempre en soledad, hasta que el sentimiento me traicionó cuando despedía públicamente, cuando despedía a Boby Ramírez del Villar.
-¿Cómo ve el futuro del país?
-El Perú es un país de promesa incumplida. Por eso siempre tiene sitio la esperanza para hacer hoy lo que antes dejamos de hacer. Pero al Perú sólo lo haremos los peruanos, en nuestro esfuerzo, y no por obra de la casualidad o de la dádiva.
-Gracias, doctor Bedoya.