Disco Duro




Disco Duro
El general retirado y hoy diputado Paco Moncayo, agita el tema del Cenepa al parecer para mantener el status quo de las fuerzas armadas ecuatorianas.

Gral. (r) Moncayo: declaraciones con sabor a pólvora.

LA víspera de Navidad, el general ecuatoriano Paco Moncayo, dejó su presente: "la guerra duró hasta mayo, después de Itamaraty, después de Montevideo. Qué va, si yo en junio asumí las funciones de comandante del Ejército y en el sector Cusumasa-Bumbuiza seguíamos combatiendo".
Es decir que la guerra del Cenepa no terminó el 17 de febrero de 1995, con la Declaración de Paz de Itamaraty. Tampoco el 28 de febrero de ese mismo año, tras la Declaración de Montevideo. Según Moncayo, se extendió más allá de cualquier compromiso diplomático con los países garantes.
Parece una parte de la película que nadie ha visto, pero que todos saben que existe. El propio Fujimori reconoció que uno de los combates más cruentos del Cenepa ocurrió el 22 de febrero en Tiwinza. Los garantes deploraron estos hechos en una declaración conjunta fechada dos días más tarde y transmitieron a las partes "el mensaje de una seria y profunda preocupación". Los enfrentamientos continuaron con regularidad e intensidad, por lo menos hasta la Declaración de Montevideo, cuando se acordó el envío inmediato de observadores al área de tensión militar.
El embajador Antonio Belaunde Moreyra, asesor de la comisión negociadora de Itamaraty que encabezó por entonces el vicecanciller Eduardo Ponce de Vivanco, rememora en su libro "Nuestro problema con el Ecuador" el clima vivido en esos días: "los combates continuaron y nuestro convencimiento es que ello se debió al injustificable propósito de las fuerzas armadas ecuatorianas de no abandonar las cabeceras del Cenepa (...) En realidad el cese al fuego se ha respetado a partir del 1° de marzo, salvo tiroteos menores que no tuvieron secuencia porque no nos dejamos engañar y no contraatacamos".
Belaunde Moreyra precisa que en aquella primera semana de marzo del '95 culminó temporalmente el ciclo diplomático de los sucesos con el Ecuador, y comenzó la fase de conversaciones militares a nivel de la MOMEP.
Entre la Declaración de Paz de Itamaraty y la creación de la primera área desmilitarizada, acordada el 25 de julio, mediaron cinco meses. ¿Es posible que en ese tiempo hubieran existido combates? "Es probable", dijo una fuente militar a CARETAS, y agregó: "cuando una frontera se calienta es muy difícil enfriarla rápidamente; pero ésos no son combates, porque no persiguen objetivos políticos, son escaramuzas, intercambios de disparos".
Por otra parte, la cartilla de seguridad cuya finalidad fue reglamentar los movimientos de tropas tanto en el área desmilitarizada como fuera de ella se empezó a diseñar el 1 de agosto, luego que la MOMEP verificó la separación de fuerzas y reducción de efectivos y armas fuera de la zona desmilitarizada.

Fujimori ha planteado un nuevo rol para las FF.AA. Centro: jefe del Comando Sur de los EE.UU., Michael Wilheim. Derecha: ministra de Gobierno del Ecuador -responsable política de las Fuerzas del Orden- economista, y mujer, Ana Lucía Armijos.

EL FRENTE INTERNO

Si esto es conocido, ¿por qué, entonces, el general Moncayo sostiene que la guerra fue más larga?
Todo indica que el destinatario del presente navideño del congresista de la Izquierda Democrática es el frente interno. Las declaraciones de Moncayo coronan en Ecuador un amplio debate sobre el nuevo rol de las fuerzas armadas tras el acuerdo de paz. Debate, por cierto, que tiene como telón de fondo el recrudecimiento de la delincuencia que obliga a los ecuatorianos a replantear las obligaciones y prioridades de sus fuerzas armadas.
La agenda de reformas del presidente Mahuad pasa por la redefinición del concepto de "empresas estratégicas", e incluye, como primer punto, su privatización. Más temprano que tarde, los militares ecuatorianos tendrán que dejar la administración de muchas de ellas y las regalías que reciben.
"No hay que olvidar que en su libro `Las Fuerzas Armadas y la sociedad', el general Moncayo critica el proceso de globalización, la economía libre de mercado y los procesos de privatización que dicho modelo propone", anota el general Walter Ledesma, quien no pierde de vista las elucubraciones intelectuales del pensamiento Moncayo.
En cuanto al creciente clima de violencia en Ecuador, éste se expresa en el aumento de bandas delincuenciales, narcotráfico y grupos guerrilleros. El canciller José Ayala Laso, manifiestó recientemente el temor de que estas bandas armadas se conviertan en grupos terroristas autosostenidas con el pago de secuestros (Expreso de Guayaquil, 9/12/98).
La preocupación es tal que el subsecretario adjunto para asuntos latinoamericanos de los EE.UU., Peter Romero, sugirió no hace mucho la necesidad de "reorientar" la ubicación de las tropas del ejército ecuatoriano al norte del país "para combatir el narcotráfico y la guerrilla". La respuesta del ministro de Defensa, José Gallardo, fue contundente: "cómo manejamos las Fuerzas Armadas, lo decide el gobierno nacional y lo decide el alto mando militar" (El Universo, 9/12/98).

Según el general Moncayo la guerra del Cenepa no terminó en febrero de 1995. Se extendió más allá de cualquier compromiso diplomático con los países garantes.

Similar respuesta recibió el jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, Michael Wilheim, quien en una visita que realizó a Ecuador la primera semana de diciembre, recomendó "reducir y reorientar el rol de los militares ecuatorianos".
Wilheim vino luego al Perú, y aunque se desconoce si transmitió la misma inquietud al gobierno peruano, el presidente Fujimori sostuvo una semana después de la visita, durante la clausura del año académico de la Escuela Militar de Chorrillos, la necesidad de reformular el concepto de defensa y seguridad nacional.
Fujimori admitió aquella vez que definido el asunto fronterizo con el Ecuador, la función inalienable de la defensa y la seguridad nacional tendrá que ser reformulada, y "el Ejército, profesional y moderno, deberá adaptarse a una nueva relación de cooperación en lugar de confrontación con el vecino país del norte".

FUEGO CRUZADO

En Ecuador, el debate ha sido intenso y ha encontrado una gran resistencia en los altos mandos. Moncayo ha dicho también que "las fuerzas armadas reciben una terrible arremetida desde los sectores económicos altos, que buscan con la firma de paz con el Perú, un camino para debilitarlas y para que pierdan la importancia que han tenido".
Con el argumento de que las fuerzas armadas ecuatorianas ganaron el conflicto del '95, el general que condujo al ejército ecuatoriano durante la guerra del Cenepa, responsabiliza a la clase política de su país haber negociado en condición de debilidad los acuerdos de paz con el Perú. Si firmamos la paz en términos desventajosos fue porque entre 1995 y 1998 hemos tenido cinco presidentes, vicepresidentes y ministros fugados, presidentes de la Corte de Justicia enjuiciados, hemos destrozado la economía. O sea, una gravísima inestabilidad política muy similar a la de antes de la guerra de 1941. Así hemos vuelto a negociar de débil a fuerte.
El general Moncayo se queja de no haber podido imponer el statu quo a los garantes. "Militarmente Perú nunca pudo con nosotros. Intentó desalojarnos varias veces. Pedía tiempo para desalojarnos, mientras alargaba las negociaciones. Cuando vio que era imposible derrotarnos militarmente, tuvo que aceptar negociar en Itamaraty. Después de eso, volvió a atacarnos con más furor todavía, esperando para la llegada de los observadores, haber reconquistado las cabeceras del Cenepa. No pudieron hacerlo y por esa razón tuvieron que volver a aceptar negociar la paz en Montevideo".
Hoy se sabe que, en efecto, las tropas peruanas no lograron consolidar su victoria en la cabecera del Cenepa. Así lo confirma el numeral 2 de la propuesta vinculante de los garantes que obliga al Perú a entregarle al Ecuador, en propiedad privada, un área de un kilómetro cuadrado, "en cuyo centro se encontrará el punto que el Ecuador proporcionó a la MOMEP, denominado como Tiwinza". Fueron las tropas ecuatorianas las que entregaron Tiwinza a los garantes.
La frontera terminó de enfriarse el 26 de octubre pasado con la suscripción, en Brasilia, de los acuerdos de paz. Sin embargo, la batalla parece continuar, aunque, esta vez no son disparos sino declaraciones con sabor a pólvora y los contendores están en un mismo lado de la frontera.