Santa Sarita




Santa Sarita
Documental de Sarita en Festival de La Habana y aniversario de su muerte, el 20 de diciembre.

Escribe GASTON AGURTO

Fantasmal aparición o parecido actoral de Norka Ramírez, que en el documental de 35 minutos encarna a Sarita.

SOLO hay dos instrumentos físicos que corroboran la existencia histórica de aquella mujer llamada Sarita. 1.- Una foto en la que aparece con su familia (que fue tomada en el ya desaparecido estudio Romero, Caridad 676-Lima); de allí se edita la imagen que ha servido para sostener el culto. 2.- La partida de defunción (número 28, folio 56) que se encuentra en la división de registros civiles de la Municipalidad de Bellavista. No hay partida de nacimiento, ni de bautizo, ni certificados de estudio. Un hagiógrafo se las vería en serios problemas.
Lo que hay son miles de devotos agradecidos. También hay historias populares que le atribuyen actos milagrosos en vida, como la que recogió Fernando Ampuero en CARETAS 803: "Un día la santita iba caminando por una callejuela del Callao, cuando le salieron por delante unos hombres. Querían robarle y le revisaron los bolsillos. No encontrando nada de valor, decidieron violarla. Ella no se resistió; les dejó que rompan su vestido y la tumben al suelo. Pero cuando esos hombres abrieron sus piernitas, no les quedó más remedio que persignarse. El sexo había desaparecido. No tenía nada entre las piernas: era como un codo. Nada".
El hermano de Sarita, Hipólito Colonia, de 74 años, recuerda que en Lima ella trabajó como empleada doméstica y como vendedora informal de pescado y de ropa. Además, otras imágenes le vienen a la mente: Sarita a los doce años cocinando para los hermanos luego de que su mamá muriera. Sarita rezando en el oratorio de la vieja casa de Huaraz. Sarita con viruela, atada de manos por su padre para que no se rascara e infectara el rostro. Sarita dejando de comer para darle su plato a los vecinos pobres con más hambre...

Partida de defunción en la Municipalidad de Bellavista. Causa de la muerte: paludismo pernicioso.

Entre los ensayos sociológicos, el de Ana María Quiroz (Los Nuevos Limeños, edición de Sur y Tafos, 1993) intenta explicar el culto desde el punto de vista de los fieles "transgresores": delincuentes, prostitutas y otros marginales. Obviamente, estos tienen peticiones nada "convencionales". Que se atragante con su propia lengua una vecina chismosa, que el próximo atraco resulte óptimo o que tras un coito el cliente quede satisfecho. Sarita no exige, a diferencia de los santos reconocidos por la Iglesia, una escala de valores de conformidad con la norma establecida. Es por eso que para sus devotos los límites de Sarita son los del bien y el mal. Para ellos, Sarita no tiene límites.
Y de hecho, la Iglesia no la tiene ni siquiera en la lista de espera para la beatificación. Monseñor Durand, haciendo de equilibrista entre la devoción popular y las rígidas normas eclesiásticas, que no aceptan santos sin milagros comprobados, reconoce a una joven bondadosa y altruista. Pero nada más. Monseñor Irizar, actual obispo del Callao, es más directo. Al ser consultado telefónicamente, mandó decir que no quería hablar del tema.

La imagen, -soporte del mito, realizada a petición de la madre enferma. Y dos de sus personajes: Esther (79) e Hipólito (74), hermanos de Sarita.

VIRGEN EN CINTA

A la parafernalia multimedia que rodea a Sarita Colonia Zambrano (1914-1940) -vasta imaginería producida por los familiares, canciones chicha, rock, vales, libros de cuentos, ensayos universitarios, obras de arte- se suma un documental en video de producción independiente dirigido por Judith Vélez, cineasta de 36 años.
A diferencia del resto, el video (hecho en base a fotografías de época, entrevistas y la aparición de Sarita Colonia encarnada por la actriz Norka Ramírez) no sólo enfoca la vida de la santa no declarada, sino que además intenta explicar su culto desde una perspectiva histórica y sociológica.
-¿Cuál es su teoría?
-La familia Colonia Zambrano, que era de Huaraz, llega a Lima con la primera oleada de migrantes allá por los años veinte. He seguido ese recorrido con mi cámara y he tratado de entender la lucha de esas personas por integrarse a una sociedad con la que no se identificaban -la Lima aristocrática del presidente Leguía-. Como respuesta, construyeron un mundo cerrado en el que mantuvieron sus costumbres y sus fiestas patronales.
-¿Qué ocurre tras la muerte de Sarita?
-El culto no se da de inmediato, se hace masivo con los años. En la década del cincuenta, durante el gobierno de Odría, las migraciones se agudizan. Mientras, los hijos de los primeros migrantes buscan identificarse con iconos de la ciudad. En los años sesenta y setenta, invitados por el presidente Velasco, llega una nueva y más grande ola migratoria. Pero ahora al llegar encuentran una ciudad que les ofrece muy poco. Esta generación desamparada es la que hace estallar el culto de Sarita, que era provinciana y había padecido como ellos.


El culto tras las fronteras. Judith Vélez ordena la poca memoria de Sarita y las migraciones.

MUERTE Y RESURRECCION

El video reproduce la versión familiar de lo que pudieron haber sido los momentos previos a su muerte. Sola en casa y como era costumbre en la época, Sarita -Norka Ramírez- bebe un frasco de aceite de ricino (medicina laxante hoy en desuso por producir fuertes irritaciones en la mucosa intestinal) y luego, cansada, va a recostarse en un sofá.
Cincuenta y ocho años después, su hermana Esther Colonia, de 79 años, recuerda ese día. "Llegué a la casa y encontré a Sarita recostada, como ida, no sé qué tengo, me dijo, me siento mal. La llevé al hospital y allí murió en el momento en que se le practicaba una transfusión de sangre". Esa es la versión familiar. La versión oficial, registrada en la partida de defunción atribuye "paludismo pernicioso" como la causa del fallecimiento. Dicha enfermedad era transmitida por un mosquito del género Anopheles que habitaba en las regiones pantanosas de la Lima de aquellos años. Los síntomas eran escalofríos, fiebre y sudoración. Se obstruían los vasos sanguíneos del cerebro produciendo coma, delirio, y finalmente la muerte.
En todo caso, el cuerpo de Sarita terminó en la fosa común del cementerio Baquijano y Carrillo del Callao, que era donde se enterraba a aquellos que habían muerto sin poder pagar sepultura. Para identificar el lugar, el padre de Sarita, que era carpintero, clavó una cruz con el siguiente escrito: "Aquí descansan los restos mortales de Sarita Colonia". Lo que sigue es historia, mito, fe. A los pocos días empezaron a aparecer inscripciones sobre la madera, luego flores, luego velas. Aquellos que habían sido favorecidos por Sarita, seguían pidiéndole favores después de muerta. Y lo más asombroso, al parecer seguían recibiéndolos.