La Larga y Delicada Frontera de la AMAZONIA




La Larga y Delicada Frontera de la AMAZONIA
Un paraíso de la biodiversidad que, sin embargo, no es El Dorado con el cual sueñan (y soñaron) algunos gobernantes.

Tras la firma del Acuerdo de Paz y luego de los explosivos sucesos de Iquitos, la Amazonía, una vez más, se convierte en el lugar hacia donde apuntan todas las miradas. Resulta urgente que el debate sobre ella conduzca a decisiones y las decisiones a hechos tangibles, concretos. De por medio está el bienestar real de los pobladores de esta región, la tantas veces postergada descentralización e incluso la posibilidad de que el acuerdo con Ecuador se materialice sin violencia, con equidad y desarrollo. El Ejecutivo enviará en estos días al Congreso un proyecto de Ley de Promoción y Desarrollo de la Amazonía, y en el mismo Legislativo existen por los menos 3 proyectos más. CARETAS, entretanto, quiere aportar alcanzando algunos datos y puntos de vista que permitan entender que la Amazonía no es ni un Cielo ni un Infierno, ni El Dorado ni el Lejano Oeste. Es una región compleja, difícil, llena de posibilidades pero también de enormes problemas.

Escribe RAMIRO ESCOBAR LA CRUZ

AUN hoy, esas imágenes míticas de El Dorado o el Paititi que desvelaron a los conquistadores sobreviven, de forma larvada, en la imaginación de algunas autoridades. Pero ahora ya se saben algunas cosas concretas sobre la Amazonía. Por ejemplo, que constituye el 64 por ciento del territorio nacional y que el 85 por ciento de nuestras líneas fronterizas (incluida Tiwinza) están en esa región.
Los habitantes de Loreto, San Martín, Ucayali y Madre de Dios suman una población de 1 millón 500 noventa mil 700 cincuenta y seis personas, incluidos 63 grupos étnicos, cuyo aporte a este agregado (aunque usted, limeño, no lo crea) es de unos 220 mil peruanos. A ellos se agregarían pobladores de Ayacucho, Junín, Amazonas, Huánuco, Pasco, Puno y Cusco, con lo cual se llegaría a unos 2 millones.

La pesca y la explotación de madera son dos actividades económicas importantes en la selva. Lo mismo que el petróleo, pero nótese que todas son básicamente extractivas.

Esta constatación -convertida en avaro cálculo electoral- es una de las razones por las cuales la Amazonía ha sufrido una sempiterna displicencia por parte del poder político. Otras razones son las dificultades de acceso y el desconocimiento real de la zona, lo que ha dado lugar a proyectos desde sensatos hasta disparatados (ver artículo adjunto).
La selva es rica en recursos, pero éstos no son eternos. Prueba de ello es la enfermiza fiebre del caucho, que empezó en 1880 y que para la segunda década de este siglo era ya un recuerdo. Se talaron miles de hectáreas sin misericordia, hasta que un manejo más técnico de este recurso promovido en el Asia se trajo abajo su potencial.
La actitud básicamente extractiva y mercantil de aquella época persiste. En la segunda mitad de este siglo se evidenció nuevamente con el petróleo, cuya producción hasta ahora se mantiene, a un promedio de 30 millones de barriles anuales.
Nuestro petróleo, sin embargo, adolece de una desventaja comparativa. Es más pesado y, por tanto, tiene menos precio a nivel internacional. Además, la Crisis del Golfo Pérsico hizo que su precio bajara hasta en 60 por ciento. A eso, entre otras cosas, se debe que el 10 por ciento que, en teoría, le corresponde a Loreto por el canon petrolero se haya achicado.
Para obtener cada barril de petróleo se echan a ríos y cochas 3 ó 4 barriles de agua caliente y salada. Otro tanto ocurre con los relaves del narcotráfico, en la zona del Alto Huallaga, y con los lavaderos de oro en Madre de Dios. Ojo: un recurso no renovable (el petróleo) pone en riesgo un recurso renovable (la pesca).

Un majaz y un lobo de río. El primero ya se ha hecho domesticable, mientras que el segundo es una especie en extinción y, a la vez, una de las joyas de nuestra biodiversidad.

En la Amazonía el consumo per cápita de pescado al año es de 50 kilogramos. La abundancia y variedad del recurso -paiche, palometa, dorado, entre otras especies- lo hace posible, aun cuando incidentes como el ocurrido hace unas semanas en Pacaya-Samiria -cuando fueron asesinados tres guardaparques- dan cuenta de una explotación irracional.
Nuestros bosques tropicales, de otra parte, tienen una extensión de 75.7 millones de hectáreas. En ellos se encuentran especies tan codiciadas como la caoba y el cedro, y numerosas plantas medicinales.
La deforestación en la Amazonía, no obstante, se calcula en 400 mil hectáreas por año y esto se debe a la ausencia de planes de manejo forestal, factibles de poner en marcha, pero que exigen una mayor conciencia ambiental en los empresarios.
Es cierto, asimismo, que el suelo amazónico es muy pobre, pero depende cómo se le use para que no se convierta en un recurso de usar y tirar. Los sistemas agrosilvoforestales constituyen una perspectiva interesante.
Se basan en una estratégica alianza entre especies forestales y frutales como el camu-camu. Esta última especie contiene 30 veces más vitamina C que la naranja. Su demanda actual en el mercado japonés se calcula en 20 mil toneladas métricas anuales.
La Amazonía, de otra parte, es uno de los lugares más megadiversos del planeta. Como muestra baste señalar que en su conjunto, gracias a abrigar entre 800 mil y 5 millones de especies de plantas y animales, representa entre el 15 al 30 por ciento del total de especies encontradas en toda la biosfera.
La primera posibilidad que ofrece esta dispendiosa biodiversidad es el ecoturismo. Según Roger Rumrill, profundo conocedor de la Amazonía -y a quien debemos buena parte de la información aquí consignada- en el próximo siglo será la tercera o cuarta actividad económica a nivel mundial.

Un pueblo que espera. La extrema pobreza en la región amazónica afecta a cerca del 50 por ciento de la población. ¿Hasta cuándo?

En toda nuestra región amazónica existen 4 Parques Nacionales (Cutervo, Tingo María, Manu, Río Abiseo, Yanachaga-Chemillén y Bahuaja-Sonene), una Reserva Nacional (Pacaya-Samiria), un Santuario Nacional (Tabaconas-Namballe), 3 Zonas Reservadas (Manu, Apurímac y Tambopata-Candamo) y 2 Reservas Comunales (Yanesha y Tamshiyacu-Tahuayo).
En estas zonas ya existe actividad ecoturística, aunque para su prosperidad resulta necesario promover los estudios de carga turística. Con ellos se puede determinar cuál es la capacidad de soporte de determinadas zonas, cuántas personas las pueden visitar, en qué lapso.
La variedad de paisajes y escenarios hace que sean también viables el etnoturismo, el turismo científico, la observación de aves, etc. (ver mapa). Sólo en la región Loreto se han identificado 26 zonas con alto potencial turístico, algunas todavía desconocidas, como la ubicada entre los ríos Peneya y Angusilla (cuenca del Putumayo).
La fauna silvestre, todavía una fuente de alimentación para pobladores de la selva (la llamada "carne de monte"), también merece planes de manejo. El majaz, un roedor de gran tamaño, ya ha sido reproducido en cautiverio gracias a un proyecto llevado a cabo por la Universidad de la Amazonía Peruana.

El prometedor camu-camu y, al lado, un producto derivado de él. La demanda internacional de este fruto amazónico alcanza las 20 mil toneladas métricas anuales.

En la actualidad, cerca del 50 por ciento de los habitantes de nuestra Amazonía vive en extrema pobreza y con niveles de salud alarmantes. En las ciudades de Nauta y Requena, capitales de provincia, hay un solo (uno/1) médico. Y la desnutrición, según Rumrill, alcanza la espeluznante cifra de 60 por ciento entre los niños que están entre los 2 y los 9 años.
Para revertir esto circulan diversas propuestas, que se podrían agrupar en dos tendencias: la de los que sueñan con una Amazonía libre de impuestos (como es Manaos en el Brasil), y la de los que apuestan por la biodiversidad como la gran ventaja comparativa.
Las facilidades tributarias son indispensables en la región, por las mismas dificultades de acceso, por los altos costos de la energía (que puede costar hasta 150 veces más). Pero es definitivo que el desarrollo sostenible debe tener aquí su oportunidad.
De lo contrario, no sólo estaremos hablando dentro de unos años de una década perdida, sino de una región destruida. No por la hipotética infiltración ecuatoriana, sino por la incapacidad que nosotros mismos para gobernar un territorio tan difícil como hermoso.