El Lío De La Selva




El Lío De La Selva
Historia y avatares del, nunca cumplido, sueño de un Loreto Federal.

Escribe RAMIRO ESCOBAR LA CRUZ

RAMON Ramón Castilla, ese hombre duro pero inteligente que fue uno de nuestros mejores gobernantes, no fue sólo el libertador de los esclavos sino, también, el primero en hacer que la selva no fuera presa del olvido. Organizó una expedición militar a la Amazonía y el 7 de enero de 1861 fundó el Departamento Marítimo Militar de Loreto.
El mariscal no era ningún tonto. Sabía que nuestros vecinos podían provocar incursiones no muy gentiles y que los "bandeirantes" -esos aventureros que, a sangre, fuego y bandera, se apoderaban de cualquier territorio- estaban al acecho. Eran épocas de mucho sudor, y miles de lágrimas, sobre todo entre los indígenas, quienes fueron esclavizados y, como ahora, ignorados olímpicamente a la hora de tomar cualquier acuerdo.

El capitán Guillermo Cervantes, líder de un levantamiento en Iquitos, acompañado de su Comité Revolucionario y al lado en pose guerrera. La aventura duró seis meses.

Loreto, sin embargo, logró prosperar, sobre todo gracias a la fiebre del caucho, aunque siempre contando con el despecho de una capital que quedaba a cientos de kilómetros y varias semanas de distancia. Esta displicencia hizo que en 1896 estallara el primer brote de ardor regional hasta ahora latente.
Curiosamente la encabezaron un cusqueño, el militar en retiro Mariano José Madueño, y un limeño de origen piurano, el entonces prefecto coronel Ricardo Seminario y Aramburú. Tomándole la palabra al presidente Nicolás de Piérola, quien había dejado entrever sus intenciones federalistas, proclamaron el Estado Federal de Loreto el 2 de mayo de ese año.
Madueño y Seminario no eran precisamente separatistas. Sólo pretendían lograr la autonomía para la región y con ello presionar para que todo el país se vuelva federalista. Pero el "Califa" ordenó dominar a los insurrectos. El barco Constitución, al mando del ministro de Guerra, Juan Ibarra, partió del Callao, el 29 de junio de 1896 y llegó, exhausto pero decidido, al escenario de los acontecimientos, 72 días después, luego de dar la vuelta por el Estrecho de Magallanes, y entrar por Bahía (Brasil).

Una manifestación, con presencia militar, en las calles de Iquitos, a comienzos de siglo. La selva siempre estuvo caliente.

Otras expediciones, encabezadas por los coroneles Eduardo Jessup y Emilio Vizcarra fueron por vía terrestre y, hacia comienzos de julio de 1896, la rebelión fue aplacada. Tres años después, el propio coronel Vizcarra, nombrado Prefecto de Loreto por su mérito antisubversivo, se levantó en armas y se proclamó "Jefe Supremo de la Nación Selvática".
Llegó a nombrar algunas autoridades, pero en Moyobamba encontró un trágico Waterloo. El 27 de febrero de 1900 una turba integrada por civiles e indígenas, cansados de los abusos cometidos por sus tropas, lo arrastró por las calles hasta que, en la Plaza de Armas, una mujer de apellido Tapullima lo mató golpeándole el cráneo con una piedra. La revolución había terminado.
Pero las escaramuzas, cuyo combustible era la marginación centralista, estallaron con toda fuerza en 1921, con la famosa revolución del capitán Guillermo Cervantes. El 5 de agosto de ese año, dicho militar se alzó en armas debido a los malos manejos de las autoridades políticas y militares de la región, lo que lo condujo luego a tomar medidas cada vez más radicales.
El Comité Revolucionario formado destituyó al Prefecto, Luis F. Escudero, y emitió una suerte de "cheques billete", similares a los que circularon durante una época del gobierno de Alan García. Asumió, además, el manejo del presupuesto público, que se consideraba dispendios, y decretó la reorganización de los Centros Escolares Elementales.

La bandera es la misma, a pesar de los deseos autónomos. Derecha: Raúl Morey Menacho, actual federalista.

Las mismas medidas fueron dictadas para Yurimaguas, Tarapoto y Moyobamba, a donde ya se había extendido la rebelión, con un notable apoyo popular. Al fin, el gobierno de Leguía reaccionó llamando a los revolucionarios "ladrones y usurpadores" y enviándoles tropas para poner fin a sus ínfulas.
Los rebeldes ganaron algunas batallas en la zona, pero poco a poco se hizo evidente la inferioridad militar de éstos. Por añadidura, la población se desmoralizó por la falta de alimentos. El 13 de enero de 1922, el capitán Genaro Matos, de las fuerzas leales a Leguía, ocupó Iquitos, mientras Cervantes se refugiaba en el Ecuador.
En los años posteriores hubo acciones nacionalistas en defensa del territorio, siendo la principal de ellas la toma de Leticia, ciudad entregada por Leguía a Colombia por medio del Tratado Salomón-Lozano.
La Junta Patriótica, un movimiento de cierta envergadura, llevó a cabo la toma de dicha ciudad en 1932. A pesar de ser una acción militar, todos sus ejecutores, a excepción de uno, fueron civiles comandados por el ingeniero Oscar Ordóñez.
Las Fuerzas Armadas del Nororiente apoyaron la acción con la cual se desató la Guerra con Colombia, conflicto en el que destacó el legendario sargento loretano Fernando Lores, quien murió en el combate de Gueppí el 26 de marzo de 1933. También sobresalieron en ese conflicto Leonardo Alvariño Herr y Francisco Secada Vignetta, ambos oficiales de la incipiente Fuerza Aérea Peruana.
Entre el 16 y el 26 de febrero de 1956 hay un nuevo alzamiento en Iquitos, esta vez encabezado por el general Marcial Merino, Comandante General de la División Selva, en contra del general Manuel A. Odría. Se trataba, al parecer, de un general con inclinaciones democráticas, pues acusaba al mandatario de privar a la ciudadanía de "las libertades fundamentales para organizarse política y cívicamente..."
Se habló de recuperar Leticia, por lo que la población iquiteña pasó de la sorpresa a un ánimo expectante. El dictador amenazó con un bombardeo, lo que no hizo sino exaltar más a la población. Merino, sin embargo, fue perdiendo el control de la situación y la esperanza. Terminó exiliándose en el Consulado Brasileño.
No hubo luego otra rebelión de grandes dimensiones, salvo una revuelta de regular intensidad en febrero de 1957, ocasionada por la subida del precio del transporte urbano. En junio del mismo año, sin embargo, se produjo una asonada casi calcada, por su furia e intensidad, de la recientemente acaecida en Iquitos.
Fue exactamente el 1ro. de junio de 1957 y estuvo encabezada por estudiantes. Hubo apedreamiento de cines y tiendas, muy serios, al punto que el Ejército amenazó con decretar el Estado de Emergencia. Incluso se registró un muerto, víctima de una bala perdida.
¿Cuál había sido la causa? Pues que al propietario de uno de los cines se le ocurrió subir los precios de las entradas justo el día en que iban a estrenar una película de "Cantinflas". La población no se lo perdonó, como ahora no parece dispuesta a perdonar al gobierno si no le muestra dónde está el detalle de las negociaciones con Ecuador.