CONTROVERSIAS


Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

Pacto: Ilusiones y Realidades
NO había transcurrido una semana de la firma del pacto entre Perú y Ecuador y ya se derrumbaba una de las supuestas ganancias anunciadas por el gobierno. La compra de dos aviones de combate Kfir y el repotenciamiento de otra docena (nuevos radares, misiles, sistema de armas), así como la adquisición de fusiles FAL por Perú y Ecuador, desmienten las afirmaciones del presidente Alberto Fujimori en el sentido que de inmediato se iba a producir un significativo ahorro en armamentos.
Es más, Fujimori tuvo la desfachatez de acusar a sus críticos de ser una suerte de agentes de los traficantes de armas, que supuestamente se oponían al acuerdo. Ahora resulta que los primeros beneficiados son precisamente los vendedores de pertrechos bélicos. Y los negocios van a seguir, pues con la suscripción del acuerdo se ha levantado el embargo que habían establecido algunos países al comercio de armas con Perú y Ecuador. ¿La FAP renunciará ahora a la compra de tres nuevos y costosísimos MiG-29 a Rusia? ¿Fujimori cancelará el contrato? ¿Llevará a la práctica sus promesas de ahorro en armas?
Al día siguiente de la pomposa ceremonia de Brasilia, "el jefe del Comando Conjunto (de las FF.AA. del Ecuador), Patricio Núñez, y el comandante de la FAE, Hernán Batallas, se mostraron totalmente contrarios a una posible reestructuración del rol de las FF.AA. una vez que se firmó el acuerdo de paz con el Perú". (Diario Hoy, Quito, 28.10.98).
Un día después, en "una ceremonia en honor a los héroes del Cenepa", el presidente Jamil Mahuad manifestó que "una vez firmada la paz con el Perú, las FF.AA. continuarán resguardando la soberanía del país", en un implícito respaldo a lo anunciado el día anterior por los jefes castrenses. (Hoy, 29.10.98). Está demostrado, pues, que esa supuesta ventaja del pacto no es tal, como se dijo en esta columna la semana pasada. Era sólo un argumento propagandístico del gobierno y sus nuevos aliados, para tratar de convencer a la opinión pública de las bondades de un acuerdo rechazado por la mayoría de la población.
Adicionalmente, hay que señalar que es también falaz la tesis que una vez colocados los hitos los problemas desaparecen. En 1975, el Perú estuvo a punto de ir a una guerra con Chile, país con el que no existe ningún problema de límites y con quien la frontera está perfectamente establecida.
Como bien recordó Carlos Chipoco en el debate en el Congreso, la principal base aérea de la FAP se construyó en La Joya, Arequipa. A lo que habría que añadir que en Tacna y Moquegua se establecieron cuarteles que albergan a las fuerzas blindadas. Y que la flota peruana está diseñada para enfrentar a la chilena.
Todo esto quiere decir que la paz y la confianza entre dos países va mucho más allá de la colocación de hitos en la frontera.
Y es que el argumento principal del gobierno es el siguiente: con el acuerdo de Brasilia terminaron los problemas con Ecuador. Así se justifica la cesión de Tiwinza, Teniente Ortiz y los tratados de Comercio y de Integración, que hacen concesiones que van mucho más allá de lo establecido en el Protocolo.
Si esto fuera cierto, valdría la pena pensarlo. Es decir, si vamos a obtener la paz definitiva, si vamos a gozar de enormes beneficios con la integración económica, si no vamos a gastar un centavo más en comprar armas, ¿no se justifican las concesiones?
El punto es que ese razonamiento es falso porque se han hecho concesiones y no se ha resuelto el problema. En otras palabras, el asunto no es sólo que se termine de demarcar la frontera, sino los problemas y tensiones que en el futuro van a acarrear los tratados de Comercio e Integración.
Por último, hay que señalar otra falacia del gobierno y sus defensores.
Ahora presentan el pacto como la solución de un gravísimo y crucial problema del Perú. La verdad es que el tema de Ecuador nunca fue un asunto trascendental para el Perú hasta 1995.
Antes, a pesar del conflicto de 1941 y el de 1981, en el Perú no se consideró al Ecuador como un gran peligro, ni militar, ni diplomático, ni geopolítico. El dispositivo militar peruano, descrito anteriormente, es una prueba de ello.
Tampoco hubo en el pueblo peruano una especial animadversión contra nuestros vecinos del norte. La ojeriza contra los ecuatorianos se empezó a desarrollar con fuerza luego de la guerra del Cenepa, y fue promovida por el gobierno y sus voceros periodísticos. Ellos presentaban a los ecuatorianos como desalmados, traicioneros, irracionales, criminales. Ahora esas mismas personas y esos mismos medios de comunicación los muestran como buenos, confiables y sensatos.
Ambas visiones interesadas son, por supuesto, falsas. Pero el punto es que fue el gobierno cívico militar de Alberto Fujimori el que, con sus errores, nos embarcó en el más sangriento conflicto de este siglo y el que convirtió las relaciones con Ecuador en un problema de primer orden para el Perú.
En conclusión, el desacuerdo con el pacto de Brasilia no es porque se han hecho concesiones excesivas, sino porque se han efectuado concesiones y eso no ha resuelto el problema.

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