CHINA TE CUENTO QUE ...




Por LORENA TUDELA LOVEDAY

Ja, a Mí Con Racismos
PUCHA, no sabes, el fin de semana pasado decidí hacer trabajo de campo a ver cómo era en la realidad el asunto ese del racismo en las discotecas, hija, porque ya te podrás imaginar que si existe en el mundo un issue que me resulte interesante, ay no sé, es el de la discriminación racial, porque yo sí estoy convencida de que acá la gente podría ser mucho más agradable, fina, bonita y soportable, si viviéramos en una cultura más tolerante que a nadie le hiciera sentir vergüenza por lo fea que es, tú me entiendes.
Bueno, era un sábado por la noche y la llamé a la Pocha Ponce, una chica de C típico pero eso sí buenísima gente, que estuvo conmigo en psicología de la Católica y que la pobre, pucha, hizo una carrera meteórica, se graduó de analista en Londres y ahora tiene más pacientes que Moisés y bueno, cómo te explico, tú la ves y no das medio por ella: bajita, flaquita, amarcigadita, un poco parecida a la recepcionista de la municipalidad de San Isidro, una que usa uñas lila y se pinta el pelo como Susy Díaz pero también en súper meritoria, ¿ya? Bueno, la llamé a la Pocha y le dije para salir a tomar un trago porque no nos veíamos hacía horrores de tiempo y regio, aceptó, la recogí y nos fuimos a una cosa horrible que queda donde antes había un cine en Miraflores, hija, no sabes el olor a pila y a anticuchos que había en la puerta.

Para empezar, ag, unas colas interminables de mocosos con sus chelfas y en la puerta cuidaban unos enormes trozos de carne masculina de ésos que tú los ves y entiendes cómo en algunas culturas africanas, pucha, al pedazo de pellejo que le sobra al pene le dicen "hombre". Bueno, bien obedientes la Pocha y yo nos pusimos en la cola y ahí empecé a observar antropológicamente y me quedé pasmada, porque si quieres que te sea sincera, pucha, el material que se me ofrecía a la vista no pasaba el primer filtro en un riguroso control de calidad, pero hija, no vayas a pensar que lo digo por el color de piel, porque te lo juro que a mí Naomi Campbell me parece el no va más, sino por esa otra cholada de alma que existe, hija, que es la peor y que consiste en no saber cuál es tu lugar en la Tierra, no sé si me entiendes.
La cosa es que cuando llegamos donde el bistec que recibía los tickets, pucha, me mira de arriba abajo, me recibe el ticket y le dice al cholo blanco de su colega que estaba al costado:
Ta buena, la tía, ésa pasa.
Acto seguido la Pocha hace lo propio con el papelucho de ingreso, y el mismo bruto mononeuronal le dice:
Ta que estás piña, choche, hoy es sólo pa socios pe, vuelve otro día.
Uy, no sabes, ¿tú has sentido alguna vez que la licuadora se te pone en high y que lo único que quieres es hacer mayonesa con los huevos del hijo de la guayaba que tienes delante? Bueno hija, o sea, eso fue lo que sentí. Entonces, pucha, con un bamboleo de coronas que debe haberse sentido en todo Miraflores, lo miré al adefesio ese y lo único que le dije fue:
Perdón, ella pasa porque ha venido conmigo, permiso.
Y se acabó, nos metimos las dos, dimos una vuelta, el sitio nos pareció un burdel de Miami (nunca he estado en uno y no creo que llegue a estarlo), nos pedimos un par de vodka tonics, nos los sirvieron con vodka nacional, al día siguiente me dolió la cabeza más que si hubiera bailado guaracha con Andrés Reggiardo y eso fue todo.
Lesson learned, hija: cuando algún guanaco improvisado venga a afectar tus derechos humanos (en este caso, pucha, los de una amiga así morenita), lo único que tienes que hacer es hacerlo sentir lo que es: un residuo de humanidad más cercano al reino animal con especialidad en clepodromus rampantis, eso que vulgarmente se llama gusano, ¿me entiendes? Si lo haces con cancha y concha, no sabes, vas a terminar entrando si te da la gana al mismo Club Nacional, así seas hermana de Guadalupe. Una vez superado el problema, te digo como siempre, chau, chau (Rafo León)