Transición


Por HAROLD FORSYTH

Elección, Reelección y Re-Reelección

Por HAROLD FORSYTH

TODO el mundo está sorprendido por la extraordinaria lección democrática que acaba de dar el pueblo panameño al acudir pacíficamente a las urnas para expresar su posición frente a la posibilidad de que el presidente Ernesto Pérez Balladares pueda postular a una reelección inmediata, en 1999.
Al margen de que el resultado haya sido abrumadoramente contrario a dicha reelección, es estimulante comprobar hasta qué punto un pequeño país como Panamá -"recortaron como un queso tu cintura", diría Pablo Neruda- carente de tradición democrática y cuya única arma ha sido su canal, se haya convertido en un paradigma de estabilidad institucional.
En efecto, las elecciones de 1994, que ungieron como ganador a Pérez Balladares, fueron consideradas un modelo de civismo y por más que el Presidente se haya empeñado en una nueva postulación sin solución de continuidad, la fortaleza de las instituciones es tal que el cambio de la Constitución a través de un referéndum era la única vía posible. Y ya el pueblo decretó.
La ola reeleccionista está presente, en mayor o menor medida, en varios países latinoamericanos y ésta se origina en la uniformidad ideológica, en la falta de proyectos alternativos y en los éxitos obtenidos. Pero el problema no es, finalmente, si la reelección inmediata es buena o no, sino si procede plenamente ajustada a derecho o si es el producto de una imposición vertical. Veamos los tres casos más saltantes.
La reelección inmediata que buscó y obtuvo el Presidente argentino Carlos Saúl Menem fue el producto de una negociación ejemplar entre el propio Presidente -con el pleno respaldo del peronismo- y la Unión Cívica Radical personificada por el ex presidente y sagaz político Raúl Alfonsín. El resultado fue el llamado "Pacto de los Olivos" a través del cual Menem se allanó a un conjunto de reformas institucionales a cambio de la aceptación por los radicales del derecho del Presidente a postular de inmediato para un nuevo período que, a partir de entonces, tendría una duración de sólo cuatro años en vez de seis. El arreglo se convalidó en el Congreso y fue aceptado por todos. Las recientes amenazas de Menem para postular a una segunda reelección inmediata, que culminaron con una "renuncia" a esa supuesta opción, fueron simplemente un amague táctico, de esos en los que el "Turco" es connotado especialista.
El presidente Fernando Henrique Cardozo ha tenido una excelente gestión que ha transformado el rostro del Brasil y asegurado la gobernabilidad democrática. Su reelección inmediata -a la que se presenta el próximo 4 de octubre- ha sido producto de una inteligente negociación parlamentaria cuyo resultado final nadie ha cuestionado.
La reelección del presidente Fujimori, en 1995, fue, en cambio, producto de una nueva Constitución gestada, a su vez, a partir del autogolpe del 5 de abril de 1992. Esto, sin duda, enrarece la pureza legal de dicha reelección la que, sin embargo, fue reconocida por todos en aras de la unidad. Pero una candidatura a una re-reelección inmediata en el año 2000 no sólo violaría la Constitución -lo que es, finalmente, lo de menos- sino que nos haría aparecer ante propios y extraños como un pueblo minusválido, merecedor por derecho propio de un honroso lugar en el cuarto mundo.

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