Culturales




El Gesto Interior
Después de cinco años de ausencia. Patricia Vega retorna al circuito de las galerías locales.

La Galería Cecilia González, ubicada en el Olivar de San Isidro, es el marco ideal para una nueva incursión de la artista Patricia Vega. Caracterizada por un constante afán de experimentación, Vega deja tras de sí cinco años de intensa búsqueda, en los que dedicó buena parte del tiempo a la crianza de su hijo. Fruto de esa honda experiencia es "Post Partum", una muestra individual que alude tanto a la conmoción afectiva inherente a la maternidad, así como a largo proceso de creación artística. Ambas dimensiones son facetas complementarias de una actitud personal.

Un lirismo de raigambre oriental impregna las obras recientes de la artista.

HA transcurrido un lustro desde que una galería limeña albergara una exposición individual de Patricia Vega, artista nacida en las productivas canteras de la Universidad Católica. Un atento examen de las obras que componen su reciente muestra, presentada por la Galería Cecilia González, corrobora lo que desde hace un tiempo deviene una suerte de consenso en un importante sector de críticos locales: la obra de Vega, con serenidad y vuelo poético, avanza por una vía particular, sin precipitarse compulsivamente en las tentaciones de aquello considerado novedoso por quienes fungen de dictadores estéticos o se autoatribuyen semejante título.
Es la propia creadora quien, a la manera de un etéreo y delicado cicerone, introduce al cronista en el universo particular que ha edificado progresivamente, a lo largo de cinco años de intensa actividad. Sorprende, en primera instancia, la austeridad minimalista de su lenguaje actual, que contrasta de modo significativo con el desarrollado hasta 1993. Los solitarios ambientes de la galería, que aún no ha sido abierta al público, sirven de marco a las reflexiones que la pintora elabora ante los requerimientos periodísticos. Ella no se apresura. Sonríe amistosamente y medita sus respuestas, que son transmitidas con el mismo espíritu de transparencia y equilibrio que caracterizan al conjunto en exhibición.
"Me interesa el gesto y no recrear una realidad o representarla: el trazo es lo que es, por sí mismo. El color, incluso, es accesorio". En cuanto a Post Partum, título que ostenta la exposición inaugurada recientemente, Vega considera que aquél puede ser explicado desde dos puntos de vista: el primero se relaciona con la experiencia de la maternidad, que de algún modo la apartó de la actividad pública, pero que redundó en una afirmación vital y afectiva. El segundo aspecto, más explícito, es una alusión al complejo proceso de gestación artística en el que estuvo inmersa, y cuyos resultados son visibles.
Desde minúsculas ramas de casuarina, colocadas en paneles colgantes, hasta tenues grafismos efectuados apenas con un ligero movimiento de las falanges, cada obra ejemplifica las vertientes abordadas por Patricia Vega, quien confiesa haber accedido a estos registros sin una elaboración demasiado consciente. Ciertas reminiscencias ideográficas de la cultura china motivan una nueva inquisición del visitante. La respuesta no se hace esperar. "Mi actitud ante la pintura y, en general, la práctica del arte, ofrece muchas resonancias del taoísmo, en el cual he profundizado durante los últimos años. Una de las señales de mi búsqueda personal es el círculo, presente en muchos de los trabajos expuestos y que aluden a un antiguo tratado de estética taoísta". Para Vega, esta línea geométrica "es todo" y simboliza un retorno cíclico, un peregrinaje dirigido inexorablemente a su propio punto de partida. En el caso concreto de su producción, el viajero que reinicia la febril jornada ya no puede ser el mismo, aunque las huellas del aprendizaje y de la educación sentimental anuncien su secreta presencia.
Tanto la pintura de acción -con la que la obra de Vega solía asociarse en tiempos fundacionales- así como la pintura gestual, son todavía irrefutables elementos de referencia -especialmente en lo que atañe a la expresión de gran vuelo lírico-. Si el arte de Vega fue calificado alguna vez como hermético, este juicio cede posiciones ante la irrupción de una concepción estilística que se resiste a tomar partido por una tradición pero que, paradójicamente, denuncia sus genealogías sin que ello constituya una claudicación respecto al evanescente sentido del desarraigo que emana de los lienzos.
"Es un lujo crear en medio del caos, en medio de esta violencia cotidiana. Es una lucha de la que nadie escapa. Siempre he sentido que Lima es una ciudad hostil, con un pobrísimo movimiento de consumo de arte y enemiga de toda manifestación espiritual. Eso predispone al aislamiento, a la insularidad y, al mismo tiempo, a la sensación de pertenencia a otro lugar, al mundo si se quiere". La pintura de Patricia Vega ha absorbido, con todos los riesgos que eso implica, las sistemáticas agresiones de una sociedad herida de muerte por los monstruos de la intolerancia. De su aventura surgen, incólumes, los avatares de la paz interior, como única y sutil arma defensiva. (José Güich Rodríguez).


Novela de Hoy
Pilar Dughi es flamante ganadora del concurso de novela BCR. El libro, que fue presentado con el título "Libreta de ahorros", se editará como "Puñales escondidos". El argumento es una intriga bancaria y sirve a Dughi, psiquiatra con estudios de doctorado en literatura, para desenmascar las frustrantes relaciones de los usuarios de servicios públicos con el burócrata (esta vez una ventanillera llamada Fina Artade) quien ostenta un pequeño poder en la red. Las grandes compañías, entes anónimos, personifican su omnipotencia a través del funcionario. Entretenimiento, política y suspenso contribuyen al aderezo.


Flama de Tola
La Galería Luis Miró-Quesada Garland, de la Municipalidad de Miraflores, ha inaugurado la muestra del laureado artista peruano José Tola. En la inauguración de dicho evento, Tola recibió el importante Premio Tecnoquímica , con el que se rinde tributo a una actividad artística sobresaliente. Justo reconocimiento a un artista absolutamente comprometido con su arte, que hace caso omiso a las invectivas y a los torpes manotazos de quienes, ahogados en su propia mediocridad, pretenden tergiversar lo que ha sido una carrera vertiginosa e intachable en el universo del arte. Larga vida al Demiurgo.


Cerro Verde
Muestra individual del pintor Piero Quijano en el Centro Cultural de San Marcos.

Los edificios son copiados de revistas o del natural.

LA cuarta muestra individual del pintor Piero Quijano, en el Centro Cultural de San Marcos, reúne acrílicos que el artista ha realizado desde 1993. Alumno de Bellas Artes y de la Escuela de Artes Visuales de Río, la propuesta de Quijano se mide dentro de los parámetros de una formalidad compositiva gráfica. No se debe esto al uso del negro, como podría creerse. Piero ha optado, al igual que los pintores jóvenes, por dibujar sobre la mancha con tonos luminosos e iridiscentes. El acrílico invita a ello. El tema es autóctono. Los rostros caracterizan rasgos andinos y recuerdan las estampas de Sarita Colonia. Fuera de un lienzo donde un moreno presenta una actitud misteriosa y oscura, al lado de un antiguo auto rojo, los personajes no asumen un rol en particular; presentan su rostro bajo escalonados cerros, donde la estructura arquitectónica de la ciudad es lo más interesante. Rosados, fucsias, naranjas, celestes, amarillos y verdes muy fríos sobre tierras mate sustentan el colorido ambiente chicha, propicio a los personajes. Las variaciones de edificios art-noveau peruanos (como el del City Hall), bajo cielos rosados o amarillos, forman parte del paisaje urbano. Hasta el 18 de setiembre.


Otras Vías
Está en circulación un nuevo número de la revista "Rumbos". Caracterizada por su sobria y cuidadosa presentación, la reciente entrega incluye artículos e informes valiosos para todo aquel interesado en conocer las diversas riquezas naturales de un país inagotable. Destaca, particularmente, un texto sobre ornitología peruana ilustrado con notables fotografías de Barry Walker, Heinz Plenge y André Baertschi. Por su parte, Peter Frost narra las peripecias de un viaje entre los Andes y el océano. Asimismo, es digna de encomio una nota, magníficamente ilustrada, sobre la exposición Lo Sagrado y Lo Profano, dedicada a exaltar la belleza de la piedra de Huamanga.