Salve Sérvulo




Salve Sérvulo
El 9 de setiembre se inaugura gran retrospectiva de Sérvulo Gutiérrez en el Museo de Arte de Lima.

Sérvulo era un consumado hombre de salón. Sus interpretaciones de la marinera, junto a María, hermana entrañable, eran muy celebradas en el mítico Karamanduka.

LA cuenta regresiva se ha iniciado, en medio de trajines administrativos, llamados corteses aunque insistentes y más de una aceleración repentina del pulso cardíaco. Es que tanto Leandro Valencia, alto funcionario del Patronato de Telefónica del Perú y el historiador del arte Luis Wuffarden, pese a contar con un equipo humano eficiente, no se dieron abasto para reunir alrededor de doscientas obras salidas de la cabeza ateneaica de Sérvulo Gutiérrez, cuya gigantesca retrospectiva será inaugurada el 9 de setiembre en el Museo de Arte de Lima. Se trata de un esfuerzo conjunto y complejísimo, desplegado en torno de la producción de un artista peruano fallecido hace treinta y siete años.
Valencia hace alusión a las lógicas dificultades que los organizadores se vieron obligados a afrontar para insuflarle corporeidad al proyecto, cuyos primeros esbozos se remontan a agosto del año pasado. "Muchas obras, especialmente óleos, permanecían en el extranjero. Es el caso de India Desnuda, pieza que estuvo fuera del país durante casi cuarenta años. Por otro lado, resultó verdaderamente titánica la labor de comunicarnos con más de ciento cincuenta propietarios residentes en el Perú. Puedo afirmar que todos ellos han sido extraordinariamente generosos, al otorgarnos sin vacilaciones la autorización respectiva. Sérvulo es, en verdad, un nombre mágico, que genera adhesiones inmediatas".

Los instrumentos y artículos personales -zapatos, calcetines, cigarros y hasta un dado- son mudos testigos de las frenéticas jornadas de Sérvulo en los predios del arte. Derecha: temprana imagen de Sérvulo en la intimidad del hogar paterno. Nada presagiaba que, en la remota posteridad, su nombre sería inmortal.

Leandro Valencia agrega que los responsables de transportar los valiosos objetos a la sede de la muestra comenzarán a visitar los domicilios respectivos a partir del 30 de este mes. Mientras tanto, en el Museo de Arte, se ultiman detalles técnicos destinados a acondicionar la sala de exposiciones que albergará a las obras. Según el funcionario, no se ha dejado de lado la vena escultórica de Sérvulo, pues el equipo del Museo restaura, en estos momentos, Las Amazonas, piezas de estatuaria que adornan el frontis del Museo de Historia Natural, situado en la Av. Arenales.
Luis Wuffarden, sobre quien recae la enorme responsabilidad de la curadoría, explica el panorama general del acontecimiento. "Tendremos la oportunidad de apreciar obras de Sérvulo escasamente conocidas o bien, desconocidas. Entre los óleos, sobresalen el primer lienzo que se atribuye a su autoría (pintado a mediados de la década de 1930), así como un Bodegón fechado en 1944, que ilustra el acercamiento fugaz de Sérvulo Gutiérrez a una de las vanguardias europeas: el cubismo. No sólo se incluyen óleos; también se da cabida a ese vasto territorio de espontaneidad que caracterizó al artista. Así, el público conocerá dibujos sobre diversos y, a veces, sorprendentes materiales: desde una servilleta hasta una tarjeta de invitación". Wuffarden destaca, entre las piezas raras, el mítico biombo propiedad de la familia Soldi, restaurado para la ocasión. El historiador menciona, además, los murales donde Sérvulo estampara imágenes de una arrebatadora y tenebrosa belleza, que han sido convenientemente rescatados e integrados al plan de la exhición. El catálogo, en pleno proceso de preparación, ha sido ilustrado con las fotografías de Daniel Gianoni, reconocido especialista en dichos menesteres.

Miguel Martínez Ríos muestra una serie de facturas y cuentas de Sérvulo, cuya contabilidad era hiperbólica. Centro: impresionante máscara mortuoria del artista, fallecido en 1961. Derecha: Doris Gibson en la mirada del venerado maestro.

Como contraparte perfecta, los objetos personales que fueran utilizados por Sérvulo Gutiérrez forman una suerte de colección paralela y subterránea, atesorada con afecto por sus familiares cercanos. María Gutiérrez de Martínez y su esposo, Miguel Martínez Ríos -hermana y cuñado de Sérvulo- recuerdan con nostalgia y afecto al ser humano que solía llegar maltrecho al domicilio fraterno. Ello ocurría después de los extensos y líquidos periplos que el artista realizaba en esa Lima inasible de la década del 30, cuando la vida de Sérvulo oscilaba entre su vocación por la pintura y amor al boxeo. Miguel evoca los días de juventud. En innumerables ocasiones, fungió como segundo del joven púgil, quien compensaba su baja estatura con una agilidad felina sobre el cuadrilátero y, sobre todo, con una potencia descomunal en los puños, que utilizaba para demoler a sus rivales. "Sérvulo boxeaba elegantemente. Conocía todos los secretos del oficio. Yo lo orientaba y asistía en los combates. En nuestra casa siempre había un lugar para él. Al regresar de sus noches de bohemia, se ponía en manos de mi esposa. De aquí salía otra vez en forma, gracias a la buena alimentación y al cariño de su familia".
De esas lejanas estancias, queda hoy un puñado de objetos venerables que los hermanos de Sérvulo atesoran sólo como pueden hacerlo quienes han experimentado el trato íntimo con un personaje tan entrañable y proteico. De este modo, es posible eliminar las distancias que impone el paso de los años y descubrir la espátula y la última paleta que usara el pintor. Más allá, un retrato de Doris Gibson en tinta china. Y en una esfera más doméstica -no por eso menos conmovedora- un par de finos calcetines, el último par de zapatos y un dado, con el que Sérvulo organizara interminables sesiones lúdicas con sus sobrinos. He ahí al hombre.