Redoble y Arranca




Redoble y Arranca
Relevo intempestivo y triste final de un general "victorioso" que quiso perennizarse como jefe del Ejército y las Fuerzas Armadas.

Día histórico, el del 20 de agosto. A las 12 del mediodía, el general (r) Nicolás De Bari Hermoza Ríos, como siempre entró a Palacio de Gobierno, a lo que él consideraba era una reunión del Consejo de Defensa Nacional, y media hora después, sale a la izquierda del presidente Fujimori, relevado de la Comandancia General del Ejército y por ende del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, luego de 6 años y 8 meses en ese cargo.
El escenario estaba totalmente preparado por Vladimiro Montesinos. Todos los jefes de las regiones militares habían llegado a la Casa de Pizarro para refrendar el relevo del que durante varios años había jugado todas sus piezas para permanecer como insustituible en ese puesto. El asesor presidencial, ya había conversado con el jefe de la Marina de Guerra, Américo Ibárcena, para que algunas unidades de ese cuerpo resguardaran puestos claves de la ciudad, en espera de cualquier reacción.
Al día siguiente, en medio del beneplácito de Montesinos, se empieza a producir el cambio de mando y el reconocimiento del nuevo jefe del Ejército peruano, general de división César Saucedo Sánchez, 24 horas antes, un supuesto incondicional de Hermoza, quien llegó a ser ministro de Defensa por el defenestrado oficial en retiro. Pero por lo que averiguamos, el actual cargo a Saucedo le durará poco.

General EP (r) Nicolás Hermoza Ríos, recibiendo el saludo, por última vez, de pocos oficiales superiores del Ejército. La mayoría lo ve pasar ante el beneplácito de Vladimiro Montesinos.Defensa por el defenestrado oficial en retiro. Pero por lo que averiguamos, el actual cargo a Saucedo le durará poco.

Escribe DAVID MONTOYA

EL reconocimiento del jefe del Comando General del Ejército, general César Saucedo Sánchez como presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas -prácticamente a puerta cerrada- es un síntoma de la desazón existente en la oficialidad del Ejército, por el reincidente manejo político de esa institución.

Guardando el bastón militar. Atrás quedaron las adulaciones y los reconocimientos militares.

La forma como fue relevado el general Nicolás Hermoza Ríos, ha causado un fastidio entre los oficiales institucionalistas, que a pesar de las críticas que tienen contra él, consideran que el general "victorioso" fue maltratado y renunciado en una celada preparada desde fines del año pasado por Vladimiro Montesinos, con la anuencia del presidente Fujimori. Ellos hallaron la coyuntura perfecta luego del reciente diferendo con el Ecuador, y donde hubo presiones de uno de los representantes de los países garantes para que se cesara a Hermoza, por su posición belicista. Esta fue la justificación usada por el gobierno para convencer a los mandos militares que era necesario relevar al Comandante General del Ejército.
Otra razón para el descontento reinante entre los militares, es el poder evidente que el todopoderoso asesor cobra hoy en el seno del Ejército, con el cambio de los principales mandos en las regiones militares del país, por oficiales de su promoción de la Escuela Militar de Chorrillos.

ABRIENDO CANCHA

Hermoza recibió una ración de su propia medicina. Sus delirios militares empezaron en el momento que se aprestaba a asumir la Comandancia General del Ejército (CGE) en diciembre de 1991. Para no ganarse rencores en vano y tratar de tener un camino expedito para una larga permanencia en ese cargo, Hermoza, sugiere al entonces CGE, general Pedro Villanueva Valdivia, cesar a altos oficiales que podían sucederlo. Villanueva se niega, y al asumir Hermoza la jefatura el 20 de diciembre del mismo año su primera acción fue relevar a los generales Luis Palomino Rodríguez, Jaime Salinas Sedó, Luis Soriano Morgan y José Pastor Vives. Tres de ellos, espadas de honor de su promoción.

Auspicioso saludo. Ministro del Interior José Villanueva Ruesta, sería el próximo Comandante General del Ejército.

Un mes después, en enero de 1992, el general Hermoza asume el cargo de presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, en reemplazo del teniente general de la FAP, Arnaldo Velarde Ramírez.
El azar y el destino hacen que Hermoza junte sus deseos de perennizarse en el poder con el proyecto político de la dupla Fujimori-Montesinos. Apenas asumió el mando del Comando Conjunto, el asesor presidencial se encarga de invitarlo a participar del golpe que preparaban para el 5 de abril de ese año, propuesta que acepta muy rápidamente, con el compromiso que él pueda quedarse en el cargo por un mediano plazo. Así, para cumplir con el trato, Fujimori, siete meses después del autogolpe dicta el Decreto Legislativo 752, donde se modifica la situación militar, y queda bajo responsabilidad presidencial el nombramiento de las jefaturas de las tres armas de las Fuerzas Armadas y de la presidencia del Comando Conjunto. Un decreto muy oportuno para Hermoza, porque un mes después -en diciembre de 1992- debía dejar el cargo. Quienes podrían haberlo sucedido en 1993, eran los generales Luis Palomino y Jaime Salinas Sedó. A partir de ese momento Hermoza inicia un proceso de descabezamiento de los principales cuadros militares que le hacían sombra. En 1994, la jefatura le correspondía a José Pastor Vives; en 1995 al general Rodolfo Robles; el general Cano Chamochumbi debía tener ese puesto en 1996; el año pasado le correspondía al general Enrique Torrico Urrunaga y en el presente año, al general Santiago Gonzales, enviado a la Junta Interamericana de Defensa en los Estados Unidos. Todos ellos fueron pasados al retiro, por una u otra causa.

LA DEBACLE

Instalado en la jefatura de las Fuerzas Armadas, Hermoza negocia y transa, la incondicionalidad de estas instituciones para mantener el proyecto político oficial. Su ubicación, le permite formar parte del triunvirato del poder, junto a Montesinos y Fujimori. Aporta a esta trenza, la incondicionalidad de los militares para convertirlos en el soporte político con el que no contaba el gobierno. Por eso se sentía con suficiente peso específico para tener autonomía.
Desde su alto puesto, recrea en su momento la posibilidad de perennizarse en la historia, por lo que el culto a su imagen pública, era parte de su gestión. Las revistas institucionales Actualidad Militar y Comando en Acción eran, hasta hoy, medios que endiosaban la figura del Comandante General. Sin embargo, luego de los dudosos resultados del conflicto del Cenepa, en 1995, esta imagen se empañó. Aún así, sus más cercanos colaboradores afirmaban que no estaba lejos de sus deseos la posibilidad de ser nominado Mariscal, luego que Fujimori lo denominara general victorioso.

El nuevo Comandante General del Ejército, general César Saucedo Sánchez, el "amigo" de Hermoza.

Tras la ostentosa presentación de su libro sobre la operación "Chavín de Huántar", donde aparecía como el estratega del rescate de los rehenes de la embajada japonesa, Fujimori sale al frente y lo desdice públicamente. Hermoza reacciona, y en un desafío también público, reúne a los jefes de las regiones militares, ataviados con uniformes de campaña, en un desagravio a su jefe de Comando. Fujimori saca una conclusión: Hermoza era un peligro y había que sacarlo.
El presidente de la República y su asesor empiezan a pensar la forma y el momento más adecuado para cesar a su socio, que se estaba convirtiendo en un peligro para la imagen del gobierno, y que lo teñía de más autoritarismo. Tono del que Fujimori quiere desprenderse, ahora que inicia su carrera hacia su tercera reelección.
Hermoza, representaba uno de los lados duros y oscuros del gobierno que desafió en más de una oportunidad al Congreso. Sacó los tanques cuando se investigaba el asesinato de los estudiantes de La Cantuta, a cargo del grupo Colina, del Ejército. Se presentó con todo el Estado Mayor del Comando Conjunto ante el Parlamento cuando se discutía el ilegal despojo y la campaña militar iniciada por Hermoza y su institución contra Baruch Ivcher y su canal de televisión.
En una palabra, en la lógica actual de Fujimori por aparecer más democrático o menos autoritario, Hermoza sobraba.

EL RELEVO

Hermoza había tomado la costumbre de no acudir solo a las reuniones que se realizaban en Palacio de Gobierno. Era la forma en la que se presentaba con un mando en ejercicio. El 20 de agosto último se olvidó de ello, y llegó solo a la Casa de Pizarro, a lo que el suponía era una reunión del Consejo de Defensa Nacional para tratar el asunto de Ecuador. Apenas ingresó al recinto, Fujimori, y los generales César Saucedo -su amigo- y Julio Salazar Monroe, salen a su encuentro. Sin mucho protocolo el Presidente le informa "general, he decidido relevarlo de la Comandancia General del Ejército, porque hay una petición expresa de la MOMEP en ese sentido, y porque, no hay una unidad de criterio entre la estrategia diplomática del Perú y la apuesta militar". Dicho esto, Saucedo tomó valor y corroboró la decisión "mi general, todos los jefes de las regiones están reunidos y están de acuerdo con la decisión presidencial".
El pedido de los garantes para que avanzaran las negociaciones diplomáticas era que salieran los llamados "halcones" de los ejércitos del Perú y el Ecuador, que estaban alentando un enfrentamiento bélico entre los dos países. La oportunidad perfecta para Fujimori para deshacerse de Hermoza.
Al cierre de está edición, las tanquetas de la infantería de la Marina de Guerra, continuaban posesionadas en ubicaciones estratégicas de la Plaza Mayor de Lima, a la espera de cualquier reacción sorpresiva para disuadirla con rapidez. Las órdenes de Montesinos se seguían cumpliendo al pie de la letra.

Unidades de la infantería de Marina en la Plaza Mayor de Lima, en guardia por lo que pudiera suceder.

El actual Comandante General del Ejército, en su hoja de servicios ya tenía ganada la confianza de Fujimori y Montesinos. Un día antes que se produjera el levantamiento militar del general Salinas Sedó, tratando de restablecer la democracia, Saucedo, había asumido la jefatura de la 18 División Blindada del Rímac, guarnición clave para todos los movimientos militares en Lima, que terminó con la intentona del 13 de noviembre de 1992.
En la recomposición final de los mandos de las regiones militares del Ejército, Montesinos ha logrado parte de sus objetivos al colocar a 7 generales de su promoción. Además, su cuñado, el general Luis Cubas Portal ha sido designado como jefe de la División Blindada del Rímac, el destacamento más importante en Lima.
En este cuadro favorable al asesor, según fuentes militares, Saucedo ocupa el papel de una jefatura de tránsito, que en diciembre del presente año, deberá recaer en otro de sus condiscípulos: José Villanueva Ruesta.


El Otro Cambio
El mismo día que se decidió el relevo del general Nicolás Hermoza, las Fuerzas Armadas del Ecuador reconocieron como nuevo jefe del Comando Conjunto al general Patricio Núñez, quien reemplaza en el cargo al general César Durán Abad. Este último asumió ese cargo en febrero último. Núñez antes de asumir el máximo cargo militar fue jefe del Estado Mayor del Comando Conjunto de su país, y según los que lo conocen, señalan que respecto al problema limítrofe con el Perú, mantiene una posición menos rígida.