Sida: El Precio de Vivir


Sida: El Precio de Vivir
La terapia combinada aleja la muerte pero cuesta una fortuna.

Jorge, seropositivo del grupo Código Blanco, lleva terapia triple desde hace 7 meses. Ha renacido.

Escribe RUTH LOZADA

NO responden para nada con el típico retrato del enfermo de sida. No son ni los clásicos homosexuales promiscuos, ni drogadictos. Son gente joven, amas de casa, trabajadores independientes, ingenieros de sistemas, muchachos de 20 años, infectados por ignorancia o por un tonto fin de semana porque nunca pensaron que a ellos les podía tocar.
"Es como la lotería. Basta que tengan sexo una sola vez sin protección", explica el doctor Eduardo Gotuzzo, director del Instituto de Enfermedades Infecciosas y Tropicales "Alexander Von Humboldt" de la Universidad Cayetano Heredia, uno de cuyos pacientes, un profesor de 38 años afirma aún no saber cómo se infectó con el VIH. "Muchos se niegan a aceptar que cuando solteros andaban por allí, vieron una chica bonita, simpática y se acostaron con ella sin tomar ninguna medida" comenta el médico no sin malestar por la desinformación de los nuevos seropositivos. "Otros, muchachos de 15 años que alguna vez tuvieron relaciones con un hombre aunque después dicen que el homosexual no es él sino el otro, y a los 23 años se casan, infectan a su mujer, tienen sexo fuera de su pareja y siguen infectando".

Es en este contexto que los nuevos casos de heterosexuales seropositivos siguen en aumento. En el sector de las mujeres también la proporción se ha incrementado, si en 1986 existían 20 hombres infectados por una mujer ahora la relación es de 3 a 1. El 70% de ellas monógamas. Su riesgo ha sido su propia pareja. En nuestro país a junio de 1998 se han reportado un total de 6,942 casos desde 1982, pero según Naciones Unidas en 1997 hubo a nivel mundial 5.8 millones de nuevos infectados.
El panorama del contagio es pues devastador, a diferencia de la terapia contra el sida que en los tres últimos años ha sufrido un cambio radical y la amenazadora enfermedad ha pasado de ser un mal mortal y sin esperanzas a una enfermedad crónica, al menos para algunos. Esto ha sido posible gracias a la introducción de nuevos fármacos inhibidores de la proteasa (ritonavir, indinavir, saquinavir, nelfinavir) que aplicados en combinaciones llamadas `cocteles', con inhibidores de la transcriptasa (el conocido AZT o los 3TC, D4T, DDC y DDI) han dado resultados sorprendentes y hoy un enfermo de sida es comparable con un diabético o con un hipertenso que siguiendo fielmente un tratamiento antiviral durante toda su vida, puede prolongar de manera importante su existencia y morir como cualquier ser común y corriente.

Nueve de los once medicamentos aprobados internacionalmente. Lo difícil es que el paciente comience a tomar de 15 a 20 tabletas de un día para otro.

Los inhibidores de la proteasa actúan evitando que el virus madure y se multiplique. Ocurre que desde el momento en que se produce la infección, el virus ataca a los CD4 (linfocitos de defensa) y se multiplica 10 mil millones de veces por día, destruyendo a su vez la misma cantidad de linfocitos. La carga viral (cantidad de virus por cada milílitro de sangre) y los CD4 son los factores en los que se centra la nueva terapia.
El doctor Raúl Salazar, jefe del Servicio de Medicina Interna del Hospital Almenara del IPSS, viene realizando desde noviembre de 1997 un protocolo con 145 pacientes que reciben los cocteles de fármacos, aunque la meta es incorporar a 300 seropositivos hasta fines de año. "En más del 80% los resultados son impresionantes. Muchos estaban esperando sólo la muerte, ahora ya están trabajando y llevan una vida normal" explica el especialista. Las mejoras se evidencian no sólo en el aspecto físico -el paciente pasa del típico aspecto demacrado y enflaquecido a recuperar su peso y vitalidad, se siente menos cansado y las infecciones oportunistas se reducen considerablemente evitándose las hospitalizaciones; también sus defensas aumentan y el virus incluso llega a ser eliminado de la sangre, pero no erradicado. "Está demostrado que el virus desaparece de la sangre, semen, secreciones vaginales, pero permanece instalado en el tejido linfático, por lo que el tratamiento debe ser de por vida".

Estudio de la universidad de Pittsburg con dos inhibidores de la proteasa. La carga viral llegó a nivel indetectable.

Podría pensarse que quien se sabe atacado por el mal debería aceptar sin reparos la nueva medicación, sin embargo eso no ocurre así, salvo con aquellos que se sienten cercanos a la muerte. Y es que la terapia triple tiene sus bemoles: llega a producir náuseas, diarreas y otro tipo de efectos que para un enfermo de sida sin síntomas pueden resultar intolerables por muy pasajeros que sean, además de lo molestoso que es el tener que ingerir 20 pastillas diarias en promedio. Por este motivo el paciente a ser medicado es seleccionado cuidadosamente. "Tienen que firmar un compromiso, con un testigo, de que no abandonarán la terapia, porque si lo hacen el virus evoluciona, se hace resistente y hay que buscar un nuevo esquema de tratamiento".
Creado en 1992 el Comité de Sida del Hospital Almenara comenzó a trabajar únicamente con el doctor Salazar, pero fue desde 1985 que llegaron los primeros casos -a la fecha han atendido más de 1,200 pacientes de los cuales unos 400 ya fallecieron. Ahora 15 profesionales integran el comité y brindan tratamiento integral y hasta personalizado a los pacientes. Cuentan con un sólido grupo de apoyo `Código Blanco' integrado por enfermos, familiares y médicos unidos por la misma tragedia y las mismas ganas de vivir.
El doctor Salazar tiene además exigencias presupuestales que lo obligan a cuidar la buena administración de los fármacos. Lograr que el IPSS adquiriera los nuevos medicamentos le llevó 18 meses de esforzados trámites e insistencias y es que administrar tres medicamentos del cóctel de fármacos cuesta aproximadamente 1,000 dólares mensuales por paciente, sin contar que el seropositivo necesita también medicinas para prevenir y tratar las infecciones oportunistas, vitaminas, así como diversas pruebas de laboratorio en series de tres al año. De allí que el IPSS inicialmente aprobó la terapia triple sólo para 100 pacientes, por ocho meses, y si bien hoy en día el presupuesto ha sido ampliado hasta diciembre de 1998 para 300 afortunados seropositivos en total, el consultorio de VIH-Sida recibe aproximadamente entre 15 a 20 pacientes diarios, algunos enviados de los policlínicos que quedan en lista de espera de un mal que sin tratamiento avanza inexorablemente.

Gotuzzo, si no fuera por las donaciones. Der.: Salazar: espera una ampliación del presupuesto.

En el Hospital Cayetano Heredia es gracias a las donaciones de algunos ex alumnos, gestionadas por el doctor Gotuzzo, que contados pacientes reciben uno o dos medicamentos de manera gratuita. El resto debe ser adqurido por ellos y eso para muchos puede implicar unos 15,000 dólares anuales a los que hay que sumar el lucro cesante, período de tiempo en que el enfermo está incapacitado para trabajar. Para el doctor Gotuzzo es la ética del naufragio del Titanic la que explica el porqué un paciente de un hospital del Ministerio de Salud no recibe un buen tratamiento. "Hay 1,500 pasajeros pero sólo botes para 100. Estimo que en el Ministerio de Salud la discusión puede ser si gastar en tratamientos de prevención para 23 millones de peruanos o gastar en medicinas para curar a 500 personas".
El alto costo del tratamiento fue también tema del Congreso sobre Sida realizado en Ginebra el mes pasado, que culminó en un compromiso internacional para hacerlo accesible. "En el Perú primero habría que eliminar el 18% del IGV que grava las medicinas, buscar el sistema de venta directa sin intermediarios para reducir un 20% adicional, hacer licitaciones donde la calidad sea un aspecto fundamental y negociar un precio razonable aumentando el volumen de compra. El Estado podría comprar para los hospitales de las Fuerzas Armadas, para los del Ministerio de Salud, el IPSS, todo en un solo paquete", sugiere Gotuzzo.
Vivir tiene un precio para los seropositivos y mientras sólo algunos han logrado asirse de un pequeño salvavidas, otros se hunden en la ruina o en la desesperación de saber que no son prioridad nacional.