La Paz Una Bomba De Tiempo




La Paz Una Bomba De Tiempo
Ecuador habría infiltrado en territorio peruano a 300 efectivos, diseminados en 20 puestos.

Viernes 8. Fujimori en Palacio, exigió retiro de tropas del Ecuador en "la orejita". Abajo, Canciller Ferrero, apostando por la diplomacia.

El hecho que ninguno de los jefes de Estado de los países garantes acudiera a la transmisión de mando en Ecuador el lunes 10 no implica un grado de desprecio por su nuevo gobernante, Jamil Mahuad, político de buenos antecedentes que se estrena en una situación muy difícil. Sí sugiere, en cambio, un rechazo implícito hacia el país que se niega a concluir con la demarcación de sus fronteras después de que una comisión técnico-jurídica establecida por mutuo acuerdo ha terminado de zanjar todo diferendo.
Esas ausencias fortalecen la causa justa del Perú.
Sin embargo, la orientación de los miembros de la Misión de Observadores Militares Ecuador-Perú (MOMEP), reunidos en maratónicas sesiones de emergencia en Quito a lo largo de la semana pasada, no son materia de satisfacción para nuestro país.
Tampoco lo es la orientación seguida en este aspecto por los altos funcionarios representantes de los garantes -es decir, Alfredo Chiaradia de Argentina, Ivan Cannabrava de Brasil, Juan Martabit de Chile y Luigi Einaudi de los EE.UU.- quienes participaron en el cónclave de Quito.
La reunión fue convocada para resolver la grave situación creada por la infiltración de tropas ecuatorianas en territorio peruano, pero ha terminado en un peligroso entrampamiento por culpa de la propia MOMEP. Ahora soldados peruanos y ecuatorianos se apuntan a menos de 100 metros de distancia.
La indebida presencia ecuatoriana a este lado de las cumbres de la Cordillera del Cóndor no sólo se expresa en incursiones aisladas de patrullas, sino en el copamiento de un área de 18 kilómetros cuadrados por unos 300 efectivos diseminados en unos 20 puestos y atrincherados tras campos minados, como lo ha revelado al Congreso el Canciller Eduardo Ferrero Costa.
A lo largo de la semana, la MOMEP bajo la coordinación del general brasileño Plinio Abreu propuso media docena de procedimientos para separar las fuerzas, pero lo que no hizo es primero pedir a Ecuador que retirara su contingente de una orejita de territorio peruano que por el momento no tiene nombre.
A lo largo de la semana, el general Carlos Calle, el oficial de enlace del Ecuador, apoyó el concepto de desmilitarizar una zona de unos 750 km. cuadrados a ambos lados de la Cordillera del Cóndor.
Este criterio fue rechazado por el Perú reiteradas veces porque debilita la eventual demarcación y el concepto mismo de su soberanía en la zona.
A través de su propio oficial de enlace, el general Raul O'Connor, y del embajador Hugo de Zela, el Perú hizo diversas contrapropuestas en permanente enlace con Palacio de Gobierno en Lima y con el Consejo de Defensa Nacional encabezado por el Presidente Fujimori.
De la desmilitarización se pasó al concepto de la zona de control vigilada, pero al establecer las referencias para el repliegue se siguió sin considerar la necesidad de retirar primero las tropas ecuatorianas.
En su exposición de 3 horas en la sesión secreta del Congreso Ferrero también indicó que la MOMEP propuso controlar y vigilar un área que es 31% ecuatoriana y 69% peruana, lo cual resulta inexplicable ya que las incursiones y operaciones de infiltración se montan en territorio ecuatoriano.
Hacia el fin de semana se fueron acercando ciertos conceptos, pero después de un viaje en consulta madrugadora a Lima, O'Connor demostró que había un error de 2 Km. en una de las áreas señaladas para vigilar, y Ecuador pidió instalar un puesto militar más en la zona, a lo que el Perú se opuso.

El Presidente Bill Clinton de los EE.UU. escribió una carta a Fujimori recomendando la separación de fuerzas, pero sin mencionar el retiro previo de los infiltrados.
En Chile se apoyó el concepto de la desmilitarización, que corresponde a una antigua estrategia ecuatoriana, pero Argentina abogó con mayor consideración por la posición peruana y Brasil hizo tales esfuerzos de neutralidad que quizás le restaron momentum a la MOMEP.
Los garantes, por cierto, están al tanto de la irritante política de aventurerismo limítrofe seguida por la casta militar ecuatoriana, mucha de ella corrupta.
CARETAS ha obtenido un documento que demuestra que la situación en la frontera norte ha estado candente desde hace meses. El 4 de mayo, la Policía Nacional del Perú emitió una directiva y un "código de alertas" basándose en una situación evaluada como crítica: "Es posible, dice en su página 01-09, el documento, un conflicto armado con ECUADOR, como consecuencia de graves incidentes fronterizos..."
En estas circunstancias, y después de que la comisión técnico-jurídica se pronunciara en junio a favor de la tesis peruana, los garantes parecen preocuparse más por la suerte que pueda correr el conflicto interno ecuatoriano, y por el frente militar propio que hipotéticamente confrontará Mahuad si procede a resolver finalmente el diferendo con el Perú.
Ese mapa del territorio ecuatoriano, gruesamente ampliado y distorsionado, que por ley se sigue reproduciendo año tras año dificulta las cosas.
Por otro lado, en el tramo antes de llegar al poder Mahuad parece haber perdido aliados moderados en el Congreso y estructurado una mayoría precaria en base al apoyo de León Febres Cordero, que es un cabeza-caliente.
Sin embargo, la sociedad civil ecuatoriana no parece seguir ahora embrujada con la quimera de un "Ecuador amazónico" espléndido y cuando alguien de las galerías del Congreso en Quito gritó al final del discurso de Mahuad ese estribillo el aplauso fue notoriamente escaso.
Mientras tanto, en el Perú la presente generación de militares cultiva un resentimiento que se origina en el Cenepa y se enardece con las incursiones ecuatorianas, la infiltración y la letal instalación de minas en nuestro territorio.
Con los pareceres de la comisión técnico-jurídica de los garantes el Perú tiene el número ganador en la mano, pero todavía no lo puede cobrar. Sería, por cierto, una inmensa torpeza sucumbir a la exasperación y perderlo en una refriega. Pero los garantes deben tener conciencia de que aquí los nervios están de punta, que un accidente puede encender la pradera, y que según el Instituto Sueco de Transferencia de Armamento (SIPRI) el 50% de las compras de armas realizadas entre 1995 y 1996 en toda Latinoamérica fueron hechas por el Perú y Ecuador.
Más aún, la posibilidad de que un futuro conflicto quede confinado a un teatro reducido de operaciones es muy improbable, ya que ahora las fuerzas armadas peruanas piensan que en la Cordillera del Cóndor siempre estarán en inferioridad de condiciones.
Mahuad ha pedido tiempo para elaborar un plan y una propuesta. Todo agosto y quizás hasta setiembre. Podría empezar por ordenar que esos 300 hombres se retiren del territorio de su vecino.
Esa es la medida que desactivaría esta crisis en un santiamén y después las cosas se pueden tomar con soda.
Hablando del proyecto del parque binacional propuesto por Ecuador y apoyado por algunos garantes, y de la contrapropuesta peruana para crear dos reservas naturales paralelas, un militar peruano dijo riendo:
-Claro, el nuestro será el parque "minacional".

Escribe
LUIS JAIME CISNEROS H.

Jamil Mahuad, el lunes 10, al asumir el mando del Ecuador. Dijo que abordará el tema fronterizo a partir del 17.

EL proceso de paz entre Perú y Ecuador se halla en un punto muerto tras el recrudecimiento de las tensiones fronterizas por la negativa ecuatoriana de la presencia de tropas infiltradas en territorio peruano desde el pasado 8 de julio, según denuncia del canciller Eduardo Ferrero.
En Lima, se tiene la convicción de que el incidente ha sido promovido por las FF.AA. ecuatorianas para frustrar el proceso de paz.
El malestar se habría generado por el supuesto rechazo de los mandos militares ecuatorianos a la decisión de una comisión técnico-jurídica designada por los países garantes (Argentina, Brasil, Chile y Estados Unidos) de respaldar la posición de Lima sobre el trazado de la línea de frontera.
De acuerdo a esa decisión la vertiente oriental de la Cordillera del Cóndor es territorio peruano, en tanto que la occidental ecuatoriana, tal como lo señala el Protocolo de Río.
La ventaja que supone para Lima contar con el respaldo de los garantes en uno de los dos principales puntos de litigio aún pendientes, llevó al gobierno peruano a priorizar la vía diplomática a la militar en búsqueda de una solución, resistiendo presiones de sectores del Ejército que ven en este incidente la oportunidad para forzar un acuerdo.
La infiltración se habría propiciado aprovechando la transmisión presidencial en Quito. En base a ese razonamiento los mandos militares habrían querido forzar una nueva crisis fronteriza para propiciar la ampliación de la zona desmilitarizada, como ejemplo de las dificultades de establecer los límites.
La explicación puede resultar plausible, en Lima, pero no queda claro si los garantes la comparten. Estos se han impuesto un ritmo pausado que parece más bien dirigido a enfriar cabezas y evitar tomar abierto partido por una de las dos partes.

La firmeza de la posición peruana y la denuncia de infiltración se topa con algunas piedras en el camino, que podrían explicar las dificultades de los garantes para un pronunciamiento categórico en contra de Ecuador. De hecho, Chile ha expresado, a través de su canciller Miguel Insulza, su respaldo a la ampliación de una zona desmilitarizada para propiciar el retiro de tropas ecuatorianas.
Una pregunta aún pendiente de respuesta, es por qué Perú demoró en denunciar públicamente las infiltraciones si éstas se venían produciendo desde el 8 de julio, como ha sostenido Ferrero.
Además, el secreto militar invocado por Ferrero para no revelar a los peruanos de a pie, comunes y corrientes, la naturaleza de la infiltración ecuatoriana ha despertado incertidumbre en ciertos sectores, que no dudan de la presencia de tropas de su vecino del norte pero que cuestionan los objetivos que Lima puede haberse trazado.
En medios políticos peruanos ya empieza a enervar la actitud de los garantes en el actual incidente. Lima quisiera de ellos una actitud firme y determinante, que obligue a Quito a retroceder sus tropas. Y un sector de la prensa ha creado un ambiente prebélico, que la población parece dispuesta a respalda.
En Lima, sostienen que el objetivo ecuatoriano es frustrar las negociaciones para que el nuevo gobierno de Jamil Mahuad retome de cero el proceso. La conclusión suena apresurada. Es evidente que en medio de un cambio de gobierno hay que darle tiempo para que Mahuad designe a nuevos responsables y dejar pasar unos días antes de relanzar las tratativas.
Las primeras declaraciones del nuevo mandatario parecen confirmar que aún queda mucho por armonizar. Mahuad pide como solución ampliar la actual zona desmilitarizada respaldándose en que el nuevo foco de crisis no está delimitado.
A ello se suma el rechazo de Quito a la posición de Lima sobre la propuesta del presidente Mahuad de firmar la paz. Al problema político se suma uno conceptual y hasta semántico: Lima dice que la paz ya se firmó en 1942 y que ahora hay que firmar un acuerdo que consolide la paz.
En Quito no quieren saber nada con ese discurso. "No contribuye a relanzar las conversaciones", dice la cancillería ecuatoriana.
Todo indica que asistiremos a una pirotecnia verbal hasta que se cumpla el plazo que Mahuad se ha impuesto, del 17 de agosto, para abordar el tema.

En Quito general E.P. Raúl O'Connor enlace del Perú en la MOMEP.

Una primera prueba será la reunión de los altos mandos militares fronterizos en Bagua, prevista del 18 al 20 de agosto.
Voceros de la base militar El Milagro han dicho que la cita se realizará de todas maneras, como viene ocurriendo periódica y alternadamente en Patuca y Bagua, y que se evaluará el cumplimiento de la cartilla de seguridad.
Tampoco se debe descartar que las conversaciones puedan retomarse al más alto nivel, con la mediación del presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, quien estaría promoviendo una reunión en Brasilia.
La transmisión de mando en Paraguay, programada el 15 de agosto, podría servir de telón de fondo para un primer encuentro Fujimori-Mahuad.
Mahuad afirma estar dispuesto a firmar la paz para evitar un conflicto armado. Pero al mismo tiempo sostiene que para ello "es necesario que encontremos, con el invalorable apoyo de los garantes, propuestas que sean dignas para nuestros países, insistiendo en la desmilitarización de la zona actualmente bajo tensión.
El nuevo inquilino del palacio de Carondelet confía en que la paz se firmará a corto plazo, pero también ha dado a entender su disposición a revisar todo el proceso. En caso de no producirse la paz, ha dicho, "habría que examinar qué pasó y tratar de remediar lo que haya evitado que el proceso culmine felizmente".
El cambio de la cúpula militar en Quito puede significar una buena señal y resaltar la necesidad de un nuevo enfoque en las tratativas con Perú.
Así como fue un acierto del presidente Fujimori no acudir a Quito a la investidura presidencial de Mahuad del 10 de agosto, el Jefe del Estado tendría ahora que aprovechar un lugar neutral como la reunión de Asunción para desarrollar lazos directos con su homólogo ecuatoriano, al margen de cualquier presión castrense.
Si algo se debe reconocer a Fujimori y a su canciller, es que desde el inicio de la crisis han sabido guardar la sangre fría y no caer en las provocaciones. Y, al recibir el martes al canciller de Argentina, Guido di Tella, el mandatario muestra que sabe manejar el tiempo y sus relaciones con los garantes a favor de la posición peruana.


Zona No Franca
Tareas y responsabilidades de la Momep en la frontera caliente.

DOS horas después que Jamil Mahuad Witt leyera su primer discurso como presidente del Ecuador, el canciller Eduardo Ferrero Costa en conferencia de prensa le salió al frente, aclarando que: "La propuesta de zona de control no es lo mismo que una área desmilitarizada". En las palabras de Ferrero se notaba un cierto hartazgo por la estrategia y el estilo ecuatoriano de tergiversar los hechos y jugar con las palabras. Mahuad insistiría en referirse a una "ampliación de la zona desmilitarizada".
¿Cuál es la diferencia entre "zona de control", como propone el Perú, y "zona desmilitarizada", como insiste en llamar el Ecuador?
El país del norte quiere una zona "que tendría la forma de un paralelogramo con una extensión de 500 kilómetros cuadrados, ubicados al Sur de Alfa y de la zona desmilitarizada que actualmente supervisa la MOMEP", según la versión del diario El Universo, de Guayaquil.

El Cenepa desmilitarizado, y la cabecera del río Santiago Zona Alfa bajo vigilancia de la Momep. En el círculo Ecuador propone incluir la "Orejita de la discordia".

Lo que la MOMEP propuso inicialmente, y el Perú rechazó -el viernes 7 de agosto- a través del general Raúl O'Connor, el oficial de enlace peruano ante la misión de observadores militares, fue la creación de una nueva zona desmilitarizada que dejase bajo control de éstos a 68% de territorio peruano y 32% ecuatoriano. Propuesta desventajosa para los peruanos. En este momento se discute una nueva proporción de los territorios que quedarían bajo control de la MOMEP: 36% de terreno ecuatoriano y 64% peruano.
El Perú propone una franja de aproximadamente 50 kilómetros, debajo de la actual zona desmilitarizada. Es decir, en las mismas cumbres de la Cordillera del Cóndor.
La diferencia estriba en que la franja se ubicaría en un terreno ya delimitado, y por lo tanto no alteraría la jurisdicción de cada país a ambos lados de la línea fronteriza. Ecuador quiere una nueva zona desmilitarizada que cubriría la parte del territorio peruano infiltrado por sus tropas, y que dejaría el área bajo jurisdicción internacional. Acceder a esto -como ha advertido la Cancillería peruana- sería "pisar el palito", y crearía un mal precedente.

¿COMO OPERA LA MOMEP?

Desde hace tres años y medio la MOMEP actúa sobre una zona desmilitarizada que es un cuadrángulo de 528 kilómetros cuadrados. El primero de agosto de 1995, unos 40 oficiales con rango de observadores -diez por cada uno de los países garantes-, y todos ellos bajo la coordinación de un general brasileño, comenzaron a patrullar esa área. En marzo de 1996, nueve oficiales peruanos, e igual número de militares ecuatorianos se integraron a la Misión, que cuenta con la dirección política de los garantes.
El patrullaje regular de los hombres de la MOMEP, en la zona desmilitarizada, se ejecuta por aire para evitar las minas. Estos grupos de trabajo están formados por seis oficiales. Uno por cada país garante, más un peruano y un ecuatoriano. Los equipos de verificación suben a los helicópteros de lunes a sábado, durante tres horas al día, a partir de las 8 de la mañana. El objetivo: detectar desplazamientos de tropas, construcción de instalaciones, y ensanchamiento de trochas. Es decir, cualquier movimiento que pueda alterar la paz en las zonas desmilitarizadas, incluidas sus partes adyacentes.
En los puestos PV-1 (Perú) y Coangos (Ecuador) se albergan unos 50 efectivos militares en cada país. A estas bases suelen llegar los observadores militares, que las han convertido en sus centros de operaciones permanentes.

LA ZONA ALFA

Pero esta zona no es la única que se encuentra bajo supervisión de la MOMEP. No se ha mencionado la existencia de otra área denominada "Alfa", que se formó como una medida complementaria, luego de los incidentes de agosto y setiembre de 1996. Las detonaciones de minas, enfrentamientos con arma corta, y ataques con artillería y mortero, provocaron la intervención de los observadores.
La Misión exhortó a ambas partes a poner fin al movimiento de sus patrullas, pero, según un informe publicado en la revista "Joint Force Quarterly" (JFQ), ante la negativa de los dos lados, se creó esta área de seguridad.
La Zona Alfa tiene 10 kilómetros a ambos lados de la frontera, y se extiende desde el Hito 19 (Cusumaza-Bumbuiza), hasta el Hito 21 (Yaupi-Santiago). Comprende un terreno de 230 kilómetros cuadrados. Una patrulla, formada por dos observadores garantes y un representante de cada parte, vigilan el territorio de Alfa, una vez por semana.
La MOMEP tiene pleno conocimiento que en Alfa permanecen soldados peruanos y ecuatorianos acantonados en sus guarniciones. El Ecuador cuenta con los puestos de Teniente Ortiz, Etza, Etza Viejo y Soldado Monge; y el Perú, con Chiqueiza, Inca Roca, Pachacútec, Cahuide y Tambillo.
Aquí, los observadores militares hicieron un inventario de cada puesto -tropas y armas- logrando una retirada gradual de guarniciones y armas de fuego indirectas. Sólo quedaron 80 soldados en cada guarnición. La tarea principal de los observadores es cuidar que no se incremente el número de efectivos ni de armas.
¿Qué es lo mejor, ampliar la zona desmilitarizada - como quiere el Ecuador, o crear un espacio de control temporal? Según el coronel norteamericano Glenn Weider -quien escribió un artículo en JFQ (que circula entre militares)- el integrar a oficiales peruanos y ecuatorianos en la misión tenía el objeto de crear un clima de mutua confianza que favoreciera la tarea diplomática. Pero una presencia continua de los observadores militares podría hacer perder la credibilidad y el control de los objetivos trazados de la Misión.
La discusión de estos días parece fortalecer este punto de vista.(Mabel Barreto)