Lo Que No Había Dicho Javicho




Lo Que No Había Dicho Javicho
El último día en el ejercicio del cargo, el viernes 7, ante los sillones del Consejo de Ministros. A los 66 años de edad, tuvo 66 días de poder e impotencia.

La renuncia de Javier Valle Riestra a la presidencia del Consejo de Ministros tiene un transfondo histórico, político y personal que va más allá de los episodios que en estos días fatigaron la crónica. La entrevista que presentamos bucea en el fondo del personaje y su historia, nuestra historia. Hijo de dos esposos sumamente ricos -Ricardo Valle Riestra Meiggs y Hortensia González Olaechea y Olaechea, que figuran entre los primeros divorciados de la historia del Perú- eligió temprano refugio en casa de sus abuelos maternos. Casona de seis salas, vasta biblioteca, ejército de domésticos y varios autos en la cochera. Y, en medio, un niño mimado, alumno del Colegio de La Recoleta que de pronto, al contemplar la multitud aprista que en 1945 marcha al reencuentro con su líder, agita el pañuelo blanco de la rebeldía. En esos años lee a Manuel González Prada, el anarquista, cuyos libros quema la dulce abuela. Después, su encuentro y su amistad con Haya lo llevarían a regidor y constituyente del aprismo. Su ascenso al premierato lo convirtió en blanco de la oposición; su salida ha arrancado máscaras al autoritarismo. Sus respuestas aquí brindan nuevo material para la polémica. Y la reflexión.

González Prada, el anarquista que rechazaba el poder, y Nicolás de Piérola, derecha, el montonero que llegó a Palacio, inspiraron al ex premier.

¿Cómo lo convencieron para que aceptara la presidencia del Consejo de Ministros?
Para mí fue un acto inusitado. El Presidente de la República me llamó el día 2 de junio a Palacio y, lógicamente, asistí a su convocatoria, porque al fin y al cabo soy y sigo siendo miembro de la Comisión Consultiva de Relaciones Exteriores. Entendí que era algo vinculado con el problema peruano-ecuatoriano, pero a boca de jarro me dijo: "Lo llamo para que sea usted Primer Ministro, porque Pandolfi ha renunciado y la juramentación tiene que ser esta tarde". Yo le dije: "No, no puede ser porque no tengo la talla emocional para estos asuntos. No me gustan las cuestiones burocráticas, ni las tensiones de los Consejos de Ministros y responsabilidades de esa índole". Pero el Presidente me dijo que yo tenía un deber con el país. "Además, recuerde que lo llamamos para que nos fortifique en el lado que se señala como flaco en el gobierno, que es el perfil de los derechos humanos", me dijo. Respondí que no podía contestar en ese momento y que si me forzaba, lógicamente, le diría que no. Me dio plazo hasta el día siguiente a las 10 de la mañana. Tras una noche de desvelo, llamé a primera hora al edecán para pedirle que me excusara ante el jefe de Estado por razones de salud. Pero el hombre volvió a la carga y me dijo que el Presidente me convocaba para las 10 de la mañana. Entonces Fujimori me dijo: "Parece mentira que un hombre como usted no entienda. Si uno busca la historia y no la encuentra es un tonto, pero si la historia lo busca a uno, y uno la rechaza, es tonto dos veces". Repliqué diciendo que era un demócrata. "Yo también lo soy; soy fruto de las urnas", respondió. "Sí, pero las urnas no son suficientes. La democracia es un plebiscito cotidiano y no se agota en el acto electoral", dije. Entonces me entregó una caja que creí contenía zapatos, pero dentro había un fajín. "El Ejército ve con simpatía su presencia aquí", añadió. Entonces entendí que aquí había algo trascendente históricamente. Después de una meditación de un par de horas, lo llamé y le dije: "Acepto mi calvario, y una hora antes de la juramentación, que sería hacia las cinco de la tarde, le dije que esto iba a ser un error, que no le convenía, que me permitiese no ir. "No se puede, ya están convocados los mandos militares, la alta administración del Estado ya está en el hall de los Pasos Perdidos. Si usted quiere, decline pasado mañana, pero ahora venga", respondió. Fui a Palacio. Luego que juré, la prensa me preguntó si era partidario de la reelección. Hay que desmonarquizar al Perú, expresé. No lo hago por estar contra Fujimori, como es lógico, sino por estar contra la reelección. Mi tesis es sufragio efectivo y no reelección, como el axioma constitucional de los revolucionarios de Querétaro, en México. Al día siguiente los titulares fueron: "Primer Ministro en contra de la reelección". El Presidente me llamó a Palacio. ¿Me llama usted para dimitirme?, pregunté. "No, en cuatro días más", dijo. "No sabe usted cuánto le agradezco que se haya pronunciado contra la reelección. Esto es un balde agua fría en este tema y yo quiero dedicarme a mi agenda", agregó. Este hombre es anti- reeleccionista y me va a escuchar, pensé. Vi que iba teniendo libertad paulatina para pronunciarme. Comencé a tener una concepción errada sobre los reales poderes que tenía yo en la presidencia del Consejo.

Haya en 1931. Más tarde vino la clandestinidad, paralela a la infancia de Javier.

-¿Por qué cree que él suponía que los militares iban a acoger con beneplácito su ingreso? Porque al final un poco son los militares los que lo obligan a salir...
-Y estoy muy contento de que así sea. Me han dado un golpe, ja, ja, ja. Lo que pasa es que había una concepción errada. Como era miembro de la Comisión Consultiva y allí defendía la posición del Perú en el problema peruano-ecuatoriano, y la conozco bien...
-Salió usted a Europa como propagandista de la posición peruana.
-Así es. Además fui embajador con otros. Hace tres años salí con Francisco Belaunde a España, Italia y Alemania a sostener la posición del Perú, con éxito. Por otro lado, en el tema del Tribunal Constitucional tuve una interpretación sobre el error de pretender inconstitucionalizar una ley con tres votos sobre siete. Finalmente, y sustantivamente, en el asunto de la embajada japonesa sostuve que los invasores no eran guerrilleros, que es un fenómeno de derecho, sino terroristas, y que la embajada no era extraterritorial ya que lo único extraterritorial era la persona del embajador. Esto determinó que los mandos militares me vieran con simpatía y que conversara con ellos. Me volví una especie de brazo doctrinario de ellos en la recuperación de la embajada. Eso les hizo pensar que yo estaba aliado con ellos en todas las materias. Habría sido por esto que Fujimori me llamó.
-Esa suposición de los militares, ¿podría ser compartida en ese momento por Vladimiro Montesinos, por ejemplo?
-Creo que sí, porque conversé con él sobre la temática y hemos tenido una relación amistosa, social y jurídica. Entonces de ahí podría partir la interpretación equivocada de que yo iba a sostener la estructura totalitaria, no de Fujimori sino del fujimorismo.

Los oficiales de Policía que lo resguardaban, lo rodean en el momento de la despedida.

-¿Cómo es que un joven como usted, proveniente de lo que el Haya de la Torre joven llamaba, irónicamente, la "gente decente" del Perú, se acerca al Apra?
-En primer lugar, en mi familia hay una tradición pierolista. Mi abuela Hortensia Olaechea Olaechea era demócrata del partido de don Nicolás, porque su tío carnal, Manuel Pablo Olaechea, fue fundador del Partido Demócrata y mi tío abuelo Pedro Carlos Olaechea fue senador por este partido entre 1895 y 1900 y ministro de Justicia de Piérola. O sea que la idea de las montoneras que entraban por Cocharcas, la idea de la democracia, estaban siempre en casa. Al pierolismo familiar le agregué mi gonzalezpradismo, la lectura de Pájinas Libres, Horas de Lucha, Anarquía...
-¿Cómo accede a estos libros que estaban proscritos en su círculo social?
-Claro que estaban proscritos y mi abuela me perseguía cada vez que los leía. Decía que González Prada era un hereje. Sin embargo, pese a que estaba en el Index Librorum Expurgatorum de mi abuela, los leía y los readquiría cada vez que ella los cremaba en autos inquisitoriales bien intencionados. Esto asociado a lo soledad de haber vivido con mis abuelos, debido a la separación de mis padres, forjó en mí una mente rebelde. Me parecía muy bien estar en ese palacete de mis abuelos, en la Lima de hace 60 años, en la calle de Divorciadas, ahora jirón Carabaya, en los altos de la Caja de Ahorros. Entonces, cuando en mayo de 1945 pasó la multitud aprista a escuchar el discurso de Haya de la Torre en el reencuentro tras la clandestinidad, yo saludé a esa multitud con mi pañuelo blanco. Tenía 13 años de edad. Mi abuelo, lógicamente, me cogió de la orejas y me sancionó. Mi primera proscripción fue la sanción familiar, pero seguí vinculado al aprismo. Sentía que esas multitudes iban a atacar la Bastilla y que me iban a liberar de un yugo, en realidad inexistente. Cuando uno es un engreído, cree que ese mundo estático es bueno, pero yo, por ser hijo de divorciados, sentía que ese mundo estático era malo y había que cambiarlo. Sentí siempre esa convicción. Cuando el aprismo fue proscrito, fui con Eduardo Chessman, hoy sacerdote del Opus Dei, estábamos en el colegio La Recoleta, a pararnos frente a la puerta del partido clausurado. Vine a conocer a Víctor Raúl en diciembre de 1957. Me acuerdo perfectamente de que él acababa de llegar de Europa y había tenido un mitin pero había regresado de su proscripción y de su asilo pero entonces no me ubicó. Quizá me vio como un pequeño burgués sin significación. Me habló de algunos vínculos con parientes míos, tíos carnales que habían sido sus compañeros en San Marcos. Me fui a Trujillo con él, Jorge Idiáquez y Jesús Alberto Asín, que conducía el coche. Pero yo era un hombre sumamente tímido en la relación con él. Encontraba en él majestad de la historia y era difícil hablar con él, para mí era un inmortal y lo trataba con la reverencia que merece un viejo luchador. Con él no se podía hablar de igual a igual, como sí se puede hacer con Fernando Belaunde o Alberto Fujimori, pero con Haya no se podía hacer eso. Nos venimos a conocer realmente cuando, por un exceso de ortodoxia, me fui al Apra Rebelde, pero no fue para traicionar al Apra, sino porque quería realizar los ideales cubanos de ese instante, de Pan con Libertad. Ese Pan con Libertad que execra el mediocre de Joy Way, tiene un contenido continental y revolucionario. Después me aparté al ver un Apra Rebelde stalinista. Yo no soy stalinista. Soy ideológicamente un aprista, aunque no pertenezca al partido, y a raíz de eso escribí un artículo en "La Tribuna": "El 10 de junio votaré por Haya de la Torre". Corría 1992. Haya me llamó desde Tarma. Me dijo "ven al partido, el mundo es amplio, el partido es enorme, las puertas están abiertas, estás amnistiado". Ahí comenzó mi amistad con Haya y el cariño de Haya por mí y el mío por él, y entonces ya pude tener otro tipo de conversación con él. Lo acompañé en su soledad de Villa Mercedes, luego del fraude electoral de 1962, perpetrado golpistamente para despojarlo.

Los militares lo pusieron y luego lo sacaron.

-En las últimas semanas, en que se fue perfilando una discrepancia cada vez más aguda con el régimen actual, ¿concluyó en que había algo de esquizofrénico en el gobierno de Fujimori?
-Sí, hay cierta demencia con cierta torpeza, que no es demencia ni torpeza de Fujimori. El me parece que es un hombre que tiene un círculo de hierro que lo corrompe políticamente, porque el hombre tiene cierta sanidad y cierto patriotismo, pero los que lo quieren utilizar lo llevan por un camino que va al despeñadero. Yo se lo he dicho a él. Pero, paradójicamente, cuando pasé el Rubicón de hacer esa acrobacia política de enfrentarme a una minoría, con la que tengo tanta comunión ideológica, y derrotarla ideológicamente y lograr la aprobación de Nueva Mayoría-Cambio 90, en esos momentos estábamos en pleno estado de gracia, en pleno idilio político. Al día siguiente me marché a España, después de este triunfo y después de comparecer ante el propio César Hildebrandt que me sometió a una interpelación muy radical. Pero al volver encontré una incomunicación absoluta, una ruptura absoluta. Fujimori ni me llamó, ni lo llamé a él. Llegué a Palacio, tardó en la cita y me dio sólo una audiencia de 45 minutos, totalmente precipitada. Quizá mi discurso escrito era una cosa, que fue aprobado en el Consejo de Ministros, y otra mi exposición oral, en que señalé mis discrepancias y que yo no asumía ni el activo ni el pasivo del régimen, que una de mis piernas era el 13 de noviembre de 1992, es decir, el legitimismo constitucionalista de quienes entonces se sublevaron, y la otra pierna era mi simpatía por Chavín de Huántar, que era la defensa del Estado. Pero esa posición de decir yo convocaré al referéndum quizá fue perturbador y se vio que yo no estaba en el libreto. La ruptura comienza el 7 de junio, cuando, paradójicamente, la mayoría parlamentaria me da su voto de confianza. ¿Qué pasó? Hasta entonces podíamos cohabitar, podía haber un modus vivendi entre nosotros. Fui a ver a Fujimori. Tuvimos una audiencia de 45 minutos el 24 de julio, y cuando le comencé a decir: indulte a Gustavo Cesti y a Yehude Simon, dijo "no"; devuelva sus atribuciones al fiscal Miguel Aljovín: "no", derogue la ley que desnaturaliza el referéndum: "no". Todo era no. Entonces dije qué hago acá. Antes se había producido el incidente de Lori Berenson, que fue la primera discrepancia pero eso fue antes del 7 de junio en que dije que esta extranjera debía ser expulsada y declarada non grata y él sale y declara contra mí y yo voy a Palacio y le digo: "señor, creo que debo irme". Y él dice: "no, si usted está de contrapeso acá. Así que habíamos llegado al entredicho radical del caso de Lori Berenson con tesis totalmente antitéticas, pero al volver al Perú, pese a la victoria en el Parlamento, el hombre me decía no a todo. Nos encontrábamos y nos saludábamos con las justas.
-¿Cuánto dura el viaje a España?
-Catorce días, desde el 9 hasta el 22 de julio.
-En ese interludio es que se conspira contra usted.
-Es que alguien decide que este hombre es nefasto. De eso estoy absolutamente convencido. Claro, en ese lapso también hice declaraciones a El País de España, que son reproducidas por El Comercio, en que digo que soy enemigo del 5 de abril. Lo repudio, yo no he venido a defender el 5 de abril.

Valle Riestra, 1980, agitador de la juventud aprista, pero con las manos en los bolsillos.

-Usted no tiene un partido detrás, no representa un poder económico o un grupo de presión, es decir, que todo su poder era simbólico, un poco el poder de un pensamiento y de un punto de vista. ¿Usted sintió que este poder simbólico se quebraba si no renunciaba?
-Yo debía tener autoridad moral ante el país, porque si no lograba nada, parecía un viejo reblandecido y con Alzheimer que se sentaba en una silla a hacer de monigote, y ese papel no lo iba a desempeñar nunca. Cuando comprendí que no había disposición a acceder a un plan mínimo de democratización, lógicamente llegué a la conclusión de que tenía que marcharme. Pero entonces pensaba el hombre está de viaje, vienen las Fiestas Patrias, viene el problema con el Ecuador, no debo marcharme. Hasta que, felizmente, Joy Way con su totalitarismo y con su actitud fascistoide me dio la ocasión, y sobre todo la remató el Consejo Supremo de Justicia Militar, al publicar un comunicado insolente contra mí respecto a la situación de Abimael Guzmán.
-¿La información sobre Abimael Guzmán es veraz?
-Pero, por favor, usted no tiene más que recurrir a su memoria. ¿Están o no en una base naval Abimael Guzmán y su mujer? Sí. ¿Se les ha visto a los dos por la televisión sin el traje a rayas vestidos de comando? Sí. En tercer lugar, ¿no es público y notorio que el Presidente de la República envió una torta por su cumpleaños a la señora Iparraguirre, mujer de Abimael Guzmán, condenada a cadena perpetua por terrorismo? ¿Sí o no? Entonces, ¿eso no es un régimen deferente, no es un régimen distinto? Lo es. Además tengo información de que a Guzmán le llega bibliografía, lo cual me parece absolutamente justo, porque eso ha sido fruto de una capitulación negociada por los servicios de inteligencia. Este hombre ha quedado muerto en vida, descalificado cívicamente, como un claudicante, con cartas vergonzantes al servicio de inteligencia y de apología al 5 de abril. Entonces, es lógico, en busca de esa paz social, que ese hombre tenga ese estatuto. Yo no protesto. Lo que dije es que recordemos que los 2,500 condenados por esto no pueden salir media hora a un patio y no pueden leer nada. Entonces es necesario rectificar eso. Yo no pedí amnistía ni indulto, sino que aludía esa situación.
-La otra cuestión es que usted un poco se ve obligado a renunciar porque casi ninguna de sus propuestas ha sido aceptada. ¿Podría enumerarlas que sí fueron aceptadas?
La noche de la víspera de que Fujimori se marchara a Nueva York, nos reunimos con el ministro Jorge Baca. El Presidente le dijo al ministro que me diera toda la colaboración para mi mensaje, y me preguntó qué es lo que deseaba. Le dije: "Indulte a Leonor La Rosa, pase al retiro a su marido, indulte a los policías acusados de negligencia por la ocupación terrorista de la embajada de Japón y promulgue los indultos de 65 personas acusadas falsamente de terrorismo y recomendadas por la comisión ad hoc, retiremos las tropas de las universidades y cesemos las comisiones reorganizadoras". Me dijo: "muy bien, el día de su informe diga que usted ha decidido que las tropas salgan de las universidades".
-¿También la salida de las comisiones reorganizadoras?
-Claro, eso ya está aprobado en el último Consejo de Ministros. Se acordó que la comisiones de San Marcos y Villarreal cesan el 31 de diciembre, y el 31 de marzo las de La Cantuta y Huacho. Bueno, tiene que aprobarlo el Parlamento. Ahí también Joy Way es un reaccionario que dice que no deben salir de Huánuco, porque allí hay mucho terrorista. Entonces me pareció que estábamos en buen camino. Pero cuando Fujimori regresó y tuvimos otras conversaciones, me dijo no a todo.

Alan García, Fujimori, Montesinos y Joy Way: personajes de una tragedia en busca de epílogo.

-¿Cuál es su balance respecto a su polémica y distanciamiento con Alan García? ¿Quién es Alan García para usted?
-No ha habido una polémica doctrinaria con Alan García, porque si nos someten a un test ideológico todos contestamos lo mismo. Mis discrepancias con Alan fueron debidas a... Honestamente tengo que forzarme para saber por qué peleé con Alan, porque yo le tengo estimación. No fue una cuestión doctrinaria, fue...
-¿Vetos, corrupción?
-Que él no pudiera dar explicaciones satisfactorias de determinadas conductas. Pero creo que ese entredicho debe quedar superado, sinceramente. El es un hombre inteligente, simpático, muy agradable, es un hombre que tuvo la audacia de llegar al poder, fue un gran histrión, una síntesis oratoria de Haya, Sánchez, Prialé, etcétera, pero que no debe ser presidente del Perú definitivamente, porque no hay un problema de inexperiencia o un problema doctrinario en él, sino un problema de personalidad. Yo sé que algún día volverá, porque han prescrito las causas contra él y ha habido insuficiencia probatoria. Le faltó un poco el coraje de comparecer ante el Tribunal y enrostrarlo. Esto que he hecho yo de estar en el vientre del dragón, él debía hacerlo ante un Poder Judicial en crisis e ir a la cárcel como fue Carlos Andrés Pérez a los 75 años, o como lo hizo el mariscal Petain a los 92, cuando fue acusado de colaboracionista, le faltó ese coraje cívico.
-La crisis de los partidos políticos en el Perú los ha conducido a su virtual desaparición. ¿Cómo observa este fenómeno? ¿Qué cree que pasará con los partidos políticos?
El fujimorismo es una cúpula sin partido, el Apra es un partido sin cúpula. Sin embargo, el Apra es un partido que, por su vieja tradición, por su raigambre provinciana norteña, tiene un destino. Si ahora colocó 10 escaños, en las elecciones del 2000 puede duplicar eso. AP está vinculada a la figura de Fernando Belaunde, que ha sido un gran líder pero desgraciadamente está en el epílogo de su existencia. Luis Bedoya Reyes mismo es un hombre que ha sido un maestro de diversas tiendas. El PPC se ha dispersado en diversas tendencias y él se ha quedado solo, y también ya pasó su etapa.
-¿Y Pérez de Cuéllar?
-Es un hombre sumamente respetable, pero creo que su momento ya pasó.


Feliz Reposo
Luego de desatar a la lucha armada, Abimael Guzmán descansa como todo un guerrero.

Después del acuerdo de paz, Abimael y Elena disfrutan de su estancia en prisión. Para Polay, la rigidez carcelaria.

PARA ambos, 1992 fue el año de su derrota y captura. Uno cayó en junio, y el otro el 12 de setiembre. Los dos fueron los líderes principales de sus organizaciones terroristas. La única diferencia que se conocía entre Abimael Guzmán y Víctor Polay es que el primero, apenas pisó cárcel, empezó a enviar cartas a Fujimori, proponiéndole un acuerdo de paz e instó a sus huestes -por televisión- a plegarse a su propuesta.
No era lo único. El 6 de agosto, Javier Valle Riestra calificó de injustas las condiciones carcelarias de Víctor Polay Campos, y reveló que el jefe senderista "goza de una prisión confortable, escuchando a Bach, Wagner y a Fred Astaire, acompañado de su mujer". Más que una prisión de seguridad, para Guzmán la prisión militar de la Base Naval del Callao parece un condominio de reposo, donde sus vecinos -por los azares del juego político- no gozan de esas comodidades.
Esa cárcel, a la fecha, es ocupada -además de Guzmán y la Iparraguirre- por Polay, Peter Cárdenas y Miguel Rincón Rincón; Guzmán y los narcotraficantes Vaticano y El Barón.
"Gonzalo", aparte de escuchar música clásica con Elena, tiene acceso a una biblioteca seleccionada. Incluso sus pasos de Zorba el griego deben de haber mejorado.
Otras versiones indican, que como en cualquier espacio clasemediero, Elena Iparraguirre -como "dueña de casa"- pide y envía encargos con sus custodios militares. Algunas fuentes señalan que ella habría influido en el traslado de Nelly Evans al penal de Yanamayo. Claro, tres son multitud.
Mientras que los otros presos de la Base Naval del Callao, cada uno por separado, salen de sus mazmorras por 30 minutos al día, los líderes senderistas pueden pasear juntos el tiempo que desean.
Los emerretistas y los narcotraficantes, lo único que tienen en la prisión militar es una Biblia muy pequeña. Por cierto, Otilia Campos de Polay, que vio a su hijo por última vez el 14 de junio, nos cuenta: "Víctor Alfredo me ha dicho que la Biblia es el libro más revolucionario que ha leído en toda su vida".
En realidad, los favoritismos para con Elena y Abimael fueron inaugurados por el propio Fujimori con la torta de cumpleaños para la consorte del líder senderista. Estas preferencias parecen un premio por la rendición pública.
Por eso no es raro que el panfleto senderista "El Diario", en su edición de junio último, publique una extensa carta, que firman el presidente Gonzalo y la camarada Miriam, el 1 de mayo de 1994, desde la Prisión Militar Naval. Allí señalan: "La guerra popular no puede ni debe continuar y, más aún, objetivamente ha entrado a su fin, querrámoslo o no".
Valle Riestra, en conversaciones informales, ha resumido en una frase la cómoda situación de Guzmán: claudicante por prebendas. (David Montoya)