¿Llegó la Hora de Cantar?


¿Llegó la Hora de Cantar?
En caso de que todo marche sobre ruedas y se arribe a fin de mes con una solución de paz, el canto unánime, sin vencedores ni vencidos, correspondería por igual a ecuatorianos y peruanos, y por cierto a los vecinos y amigos países garantes. Sin embargo, el énfasis en los plazos podría no conseguir sus objetivos, teniendo que aplazarse una solución hasta que asuma el nuevo gobierno ecuatoriano. La presión del presidente Alberto Fujimori no ha sido todo lo feliz que se quisiera en el intento del 30 de mayo.

La sorpresiva visita de Alberto Fujimori a Fernando Enrique Cardoso en Brasilia tuvo sonrisas y apretones de mano, pero Itamaraty tuvo especial cuidado en rápidamente tomar contacto con Quito asegurándole que no había ninguna posición tomada en un asunto en que los garantes deben tener estricta neutralidad. A la izquierda, Jamil Mahuad en Lima, probable presidente de Ecuador. Lo comparan, en talante, con Alberto Andrade.

IMPROBABLE. Como era de temerse, el vecino país del norte ha empezado a dar signos de que requiere más tiempo. Y en vez de lamentarlo, de pronto, se percibe que tanto hechizo apresurado podría de repente contrariar el afán común de una paz definitiva.
¿Hizo bien el presidente Alberto Fujimori al viajar a Brasilia para reunirse con su homólogo brasileño Fernando Enrique Cardoso en un último intento por conseguir que Ecuador asegure que habrá una solución final en las negociaciones para culminar la ejecución del Protocolo de 1942?
Es algo que nadie está en condiciones de señalarlo mientras que no se sepa a ciencia cierta qué ocurrirá con el encuentro de las 4 comisiones técnico-jurídicas que empezó el lunes 18 de mayo.
Los indicios de que Ecuador no está en condiciones de arribar a un acuerdo al 30 de mayo se han multiplicado. No sólo porque no parece coincidir con el parecer de la subcomisión sobre fijación en el terreno de la frontera terrestre común (que el Perú respondió a los dos días de haber recibido el informe y que Ecuador recién dio a conocer el lunes 18) sino porque la evolución de la situación interna, en pleno proceso electoral, deja poco margen de juego al presidente Fabián Alarcón.


Presidente Fabián Alarcón, con problemas. A lado: cancilleres Eduardo Ferrero y José Ayala Lasso: últimos esfuerzos. Seguido: Diego Cordovez ex canciller ecuatoriano y candidato presidencial Fredy Ehlers, tercero en las preferencias.

El presidente Fujimori creyó que ese contexto era una ocasión positiva para forzar la mano, a lo cual la Cancillería ecuatoriana y los mandos militares respondieron con inocultable perturbación: no es cuestión de fechas límite sino de contenidos de fondo. No por mucho madrugar, se amanece más temprano, en lenguaje refranero.
¿Tiene el Perú la seguridad de que con apremios podrá conseguir un acuerdo final satisfactorio para las partes y que cuente con la adhesión de la ciudadanía ecuatoriana? ¿Alarcón podrá el 30 de mayo comprometer a la nueva administración entrante el 10 de agosto con este acuerdo de paz que destierra décadas de prédica amazónica y derechos imaginarios pero en la entraña misma del nacionalismo ecuatoriano?
La premura de Fujimori puede tener poderosas razones internas (entre ellas disminuir el bochorno por el enojo del zar antidrogas norteamericano, Barry McCaffrey) pero éstas no se condicen con los intereses nacionales.
Para algunos, el abrupto viaje a Brasilia favoreció indirectamente a quienes abogan por disminuir a Alarcón, provocando la sensación entre los ecuatorianos de que el Perú apelaba a una presión insostenible.
Hay versiones que dicen que el impulso viajero de Fujimori no fue consultado, por lo menos daba la impresión que el inquilino de Torre Tagle, Eduardo Ferrero, estuvo enterado súbitamente del viaje, la madrugada del viernes 15 de mayo, cuando ya el avión presidencial había despegado de Lima.

Grupo de oficiales y soldados peruanos preparando el hito Boca del Río Bombonaza el 27 de setiembre de 1942. ¿Continuará la tarea este año?

Y es que Fujimori tiene una propensión a personalizar cualquier asunto, aunque luego se demuestre que su aceleración causa efectos contraproducentes. La trama laboriosa de las conversaciones con Ecuador no es fruto de un gesto de audacia, no por lo menos del primero del viaje de Fujimori a Ecuador en enero de 1992 que tendría, tras la "limpieza" inmisericorde de Torre Tagle, su baño de realidad en el conflicto del Cenepa en enero-febrero de 1995.
Sea por un baladí intento de hacer malabares que oculten el escándalo de Vladimiro Montesinos manipulando la visita de McCaffrey o por el afán indisimulado de ganar votos aunque fuere con avemarías ajenas, Fujimori quiere que se lo vea como el único actor de la paz.
Y eso es incorrecto, porque el trabajo que vino después de lo del Cenepa es obra conjunta de los diplomáticos y de los militares, de los peruanos, los ecuatorianos y los países garantes. La grandeza de una causa normalmente no se deriva de un solo hombre, sino de las voluntades que se han ido anudando. Fujimori, en efecto, ha tenido la virtud en todos estos trámites de haber promovido un estilo distinto (darle cara al problema con Ecuador y asumirlo con franqueza en lo que tiene de anacrónico y de absurdo) pero el curso técnico se debe agradecer a esforzados colaboradores de Torre Tagle, incluidos Francisco Tudela y Eduardo Ferrero.
Los países garantes han tenido en estos dos largos años de tratativas una labor relevante que alguna vez se conocerá en sus detalles. De un cansancio explicable pasaron a una actuación de fina política que consistió en vencer las suspicacias y los reflejos alimentados por 57 años en las cancillerías de ambas naciones, brindando vías de salida, buscando nuevas aperturas en un ajedrez realista.
Ecuador ha puesto también una cuota de esfuerzo notable. Ha renunciado a sus afanes de soberanía amazónica y ha reconocido que el marco de las tratativas es el Protocolo de Río, dejando de lado los exabruptos que por tantos años boicotearon una hermandad que está llamada a ser fructífera.

Presidente Jaime Roldós Aguilera arengando al pueblo de Quito durante el conflicto del Falso Paquisha en febrero de 1981.

Ahora, ante la eventualidad que el 30 de mayo no sea la fecha feliz de la paz final, se recuerda que no es la primera vez que el pan se quema en la puerta del horno. Es mucho lo que se ha caminado ahora, de modo que ya no será posible tornar a fojas cero. Son distintos los tiempos para posturas como las de presidentes que como Galo Plaza, José María Velasco Ibarra o Jaime Roldós enarbolaron banderas maximalistas, desoyendo los llamados a la conciliación. Ecuador ha tenido el coraje de calibrar y descartar lo que algún ciudadano de ese país llamó "utopía de Macondo" para referirse a la ambición amazónica, debe tener ahora el mismo temple para continuar en la senda de la paz, aún cuando se presenten retrasos como el que se presume se producirá en estos días.
El presidente Fabián Alarcón está en una situación preocupante. Se mantiene en el poder simplemente porque la clase política y las FF.AA. apuestan por la continuidad del orden democrático, maltrecho ya con el desafuero de Abdalá Bucaram hace un año y meses. En Quito se bromea sobre esto, señalando que la grisácea campaña electoral en buena medida lo es porque nadie quiere librar batalla contra Alarcón para que no se caiga del todo.

Este es el mapa que podría considerarse origen de la ilusión macondina del destino amazónico y bioceánico de Ecuador. Obra de la imaginación y de la imprecisión cartográfica. El diseño se basa en la Real Cédula de 1563 de Felipe II, creando la Audiencia de Quito.

Hay que agregar que las figuras que habrían animado el proceso electoral ecuatoriano -Jaime Nebot y Abdalá Bucaram- están ausentes. Es verdad que este último ha decidido que su agrupación (el PRE, Partido Roldosista Ecuatoriano) apoye al independiente y multimillonario Alvaro Novoa, que escala posiciones en las últimas semanas como para colocarse como el segundo lugar en las preferencias del electorado, no obstante que la Democracia Popular mantiene la punta con Jamil Mahuad, alcalde de Quito y figura de un perfil muy semejante a la de Alberto Andrade.
Todo parece indicar que las elecciones del 31 de mayo no determinarán un triunfo abrumador de Mahuad (preocupa incluso el ausentismo que podría ser de un 40% según las encuestas), con lo que necesariamente se producirá una segunda vuelta el 12 de julio próximo. Mahuad ha realizado una gestión edilicia impecable y es un hombre moderado que se ha colocado al centro de la escena política, evitando grandes definiciones de objetivos. Tiene entre sus colaboradores a Diego Cordovez, el experimentado ex canciller que entabló negociaciones con el Perú cuando Carlos Torres y Torres Lara fue su homólogo.
Si Alarcón no cuenta ya con el favor popular, es de suponer que se incline a pasar el encargo de las relaciones con el Perú a su sucesor, elegido en las urnas y con la fuerza del estreno de una gestión. Es lo mínimo que puede pedirse para un asunto de tanta trascendencia en un país de pasiones políticas y de rotundos cambios de opinión.