Volviendo a los Cambistas


Volviendo a los Cambistas
Ataques cruentos sucedieron cuando se discutían facultades legislativas al Ejecutivo en materia de seguridad ciudadana.

Cambistas sospechan que últimos ataques forman parte de coreografía siniestra por la exagerada parafernalia militar. En los recientes robos algo ha cambiado. Las víctimas no se negaban a entregar el dinero porque ni siquiera se lo pedían. Disparaban metralletas a mansalva.

Irónico chaleco. El promedio de ingreso mensual de los cambistas es de 450 dólares.

La granada que los pistoleros dejaron en Risso.

NO se trata sólo de un robo", dijo a CARETAS Orlando Portilla, delegado de los cambistas del jirón Risso en Lince. "Aquí hay otra cosa. Hay mucha sangre, balas, demasiados autos y armas poderosas".
Mientras CARETAS conversaba con Portilla para precisar los detalles del asesinato y robo de Johnny Bocanegra el 9 de mayo, varios cambistas pasaban y repasaban por el café de la avenida Risso donde se desarrollaba la entrevista. Constituían una suerte de cerco de vigilancia.
En pleno diálogo, un joven informó al delegado que habían venido policías de la VII Región Policial solicitando el padrón de los cambistas de Risso. El delegado respondió que llamen de inmediato a la comisaría de Lince porque "ahí están los padrones". El nerviosismo los lleva a desconfiar. Y es que -según algunas versiones- los sobrevivientes de los recientes asaltos y robos a los cambistas habrían reconocido a dos de los pistoleros. Asimismo, personas extrañas merodean por las zonas de intercambio de dólares preguntando por quienes presenciaron los recientes atracos.
El delegado recordó a CARETAS que desde hace un buen tiempo asaltan a los cambistas bajo la modalidad de "la chancha". Una persona bien trajeada solicita la compra de una suma relativamente "fuerte" (entre todos los cambistas de Risso pueden reunir entre 10,000 y 15,000 dólares). Juntando el dinero, el sujeto encañona a los cambistas con un arma, recoge el dinero, y huye solo o con algún cómplice.

Policía con arma de guerra para proteger cambistas.

Otra modalidad de asalto contra estos comerciantes ambulantes se produce cuando llegan a sus casas al final de la jornada. Ante esta amenaza, los cambistas han optado por depositar el dinero antes de retornar a sus hogares.
A veces, los asaltos se tiñen de sangre por la resistencia de los cambistas. Por ejemplo, el 3 de noviembre de 1997 fue asesinado Oscar Campos en la esquina de Risso y Arequipa. El 13 de noviembre del año pasado, Fernando Jiménez fue asesinado en la avenida Escardó en San Miguel. Lo mismo sucedió el 20 de noviembre de 1997 con Celestino Bazán en la avenida Aviación. El 6 de febrero de 1998 fueron asesinados los cambistas Raúl León Nauricopa y Saturnino Blas, entre las avenidas Las Artes y Aviación en San Borja. El 14 de febrero de este año también fue asesinado Pericles Aparicio en el Centro Comercial Arenales. El 5 de abril de 1998 se asesina a Jorge Zelada entre la calle Morelli y Javier Prado en San Borja.

DEMASIADO PARA 8,000 SOLES

Sin embargo, en los recientes robos algo ha cambiado. Los cambistas no se niegan a entregar el dinero porque ni siquiera se les pregunta. Simplemente se les dispara.
El sábado 9, algunos minutos después de las 2.30 de la tarde, en la esquina de la avenida Risso y Merino en Lince, los dos policías que cuidan el banco se habían retirado porque esa dependencia, ese día, sólo atiende hasta las 12.30.
Al frente, en una turronería, estaba Johnny Bocanegra, un novato cambista que hacía mucha luz con los 8,000 soles que tenía en la mano. Error de aprendizaje. Lo acompañaban dos familiares y un compañero de trabajo.
De pronto, a un costado del banco, se estacionaron dos carros con lunas polarizadas. Un auto del año y una camioneta Cherokee. Del auto bajaron dos sujetos que, según las versiones de los sobrevivientes, tenían porte de militares o policías. Uno de ellos sacó una metralleta UZI de su casaca y comenzó a disparar. Antes de la ráfaga, empezaron a correr en varias direcciones. Hubo 6 heridos entre cambistas y transeúntes, pero Bocanegra se quedó parado y la ráfaga lo alcanzó.
Los dos pistoleros miraban serenos a algunos metros del cuerpo cuando una motocicleta se acercó y buscó en los bolsillos de Bocanegra. Súbitamente, el herido levantó la cabeza. El sujeto de la metralleta dio una orden y el motociclista remató un tiro de revólver en la cabeza del caído. Antes de abandonar el lugar, los delincuentes arrojaron una granada tipo piña que no explotó. Testigos indicaron que aparte del trío de atacantes había por lo menos dos hombres en la Cherokee como equipo de contención. ¿Semejante aparato para robar 8,000 soles?
No es el único caso con estas características. El 30 de abril a las 2.30 pm en la zona comercial del Ebony en San Borja, un Toyota se estacionó en la esquina de la calle 23. Bajó un hombre con una pistola en la mano y gritó "¡entréguenme la plata, carajo!" y disparó al suelo sorprendiendo a un grupo de cambistas. Roberto Grández Cárdenas fue el primero en arrojar el dinero. Pero al intentar sacar otro fajo de billetes de su bolsillo recibió tres balazos. Otro cambista, Carlos Ramírez, trató de correr pero una bala lo hirió. Del auto bajó otro par de sujetos, uno con fusil FAL y el otro con revólver. Uno recogió el dinero de las víctimas y el que tenía el FAL comenzó a disparar a lo primero que se movía. En esas circunstancias, asesinó al peatón Manuel Herrera e hirió al cambista Alpeano Pisiruco.
Nuevamente, ¿cómo explicar la exagerada parafernalia militar y la deliberada intención homicida?
Como se recordará, estos hechos sucedieron en momentos en que el debate sobre la delegación de facultades legislativas al Ejecutivo para legislar sobre seguridad ciudadana echaba chispas y candelas. ¿Acaso los delincuentes querían provocar al gobierno? La experiencia demuestra que ante ofensivas de la Policía y los gobiernos, los delincuentes más bien se retraen. Estos parecen querer propagar el pánico mediante acciones que, como la del atraco a los Hochschild, un lector llama de "neoterrorismo".

COMISARIAS, MUNICIPIOS Y CAMBISTAS

Estas matanzas callejeras han determinado que la Policía destaque efectivos con armas de guerra a las zonas donde se cambia moneda extranjera y sugieren otras medidas de seguridad.
A su vez, algunas municipalidades como las de Lima Metropolitana y Miraflores desean formalizar el comercio de moneda extranjera, sacándolo de la calle, concentrando en puestos ubicados en mercados y centros comerciales. Quizá sea la solución para esta actividad que, por sabe qué siniestras razones, se ha convertido en muy peligrosa.

SIN EMPADRONAR

En Lima hay entre 2,500 y 3,000 cambistas. Una parte de ellos no está empadronada por los municipios ni las comisarías.
En Lince operan cerca de 180 distribuidos en determinadas cuadras de Risso; Arenales; Tomás Guido y Joaquín Bernal. En Miraflores existen cerca de 450 cambistas distribuidos en las avenidas Shell y Larco, frente al cine Pacífico, Café Suizo, avenidas Pardo y Espinar, 28 de Julio con Larco, Vía Expresa.
Los cambistas de estas zonas manejan no más de un promedio de 1,500 dólares cada uno.
En la actualidad no se permite el empadronamiento de nuevos cambistas por razones de seguridad y porque el negocio está de baja. La legión limeña de cambistas está integrada por ex empleados públicos y privados, estudiantes y diversos tipos de desempleados incluyendo algunos ex policías. Su ingreso mensual promedio no pasa de unos 450 dólares.
Que estos modestos blancos hayan sido objeto reciente de ataques tan cruentos resulta altamente sospechoso.


Detonante
Volvo del empresario minero Luis Hochschild luego de ataque. Su asesinato detonó el debate sobre seguridad ciudadana en medio de ataques a cambistas y transeúntes. Se enrareció la discusión sobre la delegación de facultades al Ejecutivo. En la noche del asesinato la Policía decía que tenía varias pistas. Ahora no tiene ninguna.