Lugar Comun


Por AUGUSTO ELMORE

Por AUGUSTO ELMORE

LA catástrofe nacional debida a El Niño ya ha pasado de castaño a oscuro. La destrucción de la hidroeléctrica de Machu Picchu es algo que escapa a todo cálculo. Los peruanos tendremos que levantar cabeza luego de este aluvión de desgracias. Será una forma de probar nuestro carácter, porque el Perú, sus pueblos y carreteras van a quedar como si por allí hubiese pasado Alan García.

  • No me gusta hacer campañas que puedan parecer políticas, pero creo que objetivamente hablando, si uno ve y comprueba la increíble y difícil recuperación de Lima llevada a cabo en los dos últimos años, en las próximas elecciones municipales debería arrasar Alberto Andrade, como sucedió en su reelección como alcalde de Miraflores. Me parece mezquino de algunos políticos que forman parte de la oposición, y de la recalcitrante, el negarse a apoyar su candidatura. Aparte de que si les guste o no Andrade, los resultados cantan. Y la Constitución no dice nada en contra de esta reelección.

  • Quienes postulan al congresista Daniel Estrada, que fue buen alcalde del Cusco aunque tuvo la peregrina idea de cambiarle de nombre a su ciudad -cosa a la que nadie hace el menor caso- y de levantar colosos de dudoso gusto, se equivocan de palmo a palmo. Porque lo que el gobierno quiere es dividir. Divide et vinci.

  • Como creo que es de interés general de los peruanos conocer nuestra fauna en peligro, voy a empezar a reproducir en esta página los textos que aparecen en el almanaque publicado por la Fundación Backus Pro-Fauna. Aquí el primero: "Oso Andino (Tremarctos ornatus), especie en situación vulnerable. De coloración totalmente negra, a excepción de la zona blanca alrededor de sus ojos, es conocido comunmente con el nombre de oso de anteojos. Su estatura fluctúa entre 1.1 y 1.8 m., mientras que su peso oscila entre 50 y 160 kg. Habita los bosques montanos de los Andes arriba de los 3,000 m.s.n.m. y los bosques secos del noroeste peruano". Absolutamente prohibida su caza, claro está.

  • La gran solución a los problemas peruanos que reclama por lo general la oposición, y la de izquierda siempre, es la fórmula alanista: que se deje de pagar la deuda externa. Para convertirnos otra vez en parias. Claro es que el pago de la deuda pesa y no sé si los términos acordados habrán sido los mejores, pero las deudas hay que pagarlas, a menos que uno quiera ser calificado de tramposo. Si a la primera de bastos vamos a dejar de cumplir con lo pactado, entonces tendremos que tomar asiento y esperar sentados nuevos préstamos o apoyo cuando los necesitemos; como ahora, por ejemplo. No conozco ninguna institución, bancaria o no, que le preste a traferos.

  • Según un aviso de OSIPTEL, publicado recientemente para celebrar la reducción de las llamadas a un minuto, vamos a tener que comprarnos un cronómetro para hablar por teléfono sin arruinarnos. Y que conste que no hablo por mí, que suelo hablar lo mínimo.

  • Aquellos que cuando niños vivíamos en San Isidro, vemos con gran expectativa la remodelación y reconstrucción del Country Club, que realiza una empresa privada. Es un retorno a un atractivo pasado gracias a la modernización. Lástima nomás que se hayan perdido sus jardines, que eran parte de su atractivo. Algún intonso sin visión los vendió al mejor postor.

  • Es necesario resaltar el trabajo que la administración de la refinería de La Pampilla ha realizado en la berma que divide la autopista que pasa por delante de sus instalaciones, que ha sembrado de césped, poniendo así una nota verde en el árido entorno. Una gran extensión que divide las dos pistas de la carretera parece ahora un remanso verde gracias al trabajo ejemplar de la administración de la refinería, a la que hay que aplaudir por ello.

  • In Memoriam. Hace ya más de 40 años, un joven poeta exiliado en Buenos Aires tuvo la fortuna de entablar una afectuosa amistad con un joven diplomático peruano, que entonces iniciaba casi su carrera, y que también había hecho poesía. El diplomático no reparó en la condición de exiliado del poeta, y ambos sostuvieron desde entonces una amistad que las distancias, y tampoco las eventuales discrepancias, lograron amortiguar. Hace poco, cuando leí la noticia del fallecimiento de Felipe Valdivieso Belaunde, el joven y alegre diplomático que conocí en Buenos Aires, el talentoso profesional cuya carrera admiré y seguí, sentí una profunda pena. Supe del grave, irreparable quebranto de su salud, y a Samija, su querida esposa y compañera, le he tenido que confesar que ahora a la pena se añade la de haber evitado verlo en este último y penoso trance de su vida. Las palabras que hubiera podido llevarle no le hubieran servido de consuelo, y a mí en particular, que siempre lo vi sonriente aún en las contradicciones, verlo así hubiese significado una última visión distinta a la del afable amigo que tuve la suerte de conocer en Buenos Aires. Así lo recordaré, y también la imagen imborrable de aquella hermosa velada que compartimos en su bella casa de Ginebra, cuando era brillante embajador del Perú ante los organismos de las Naciones Unidas. Descansa en paz, Felipe.