No Fue Una Bala Perdida


No Fue Una Bala Perdida
En el corazón de Miraflores, Carlos Salazar, alcalde de Breña, fue muerto por disparo policial. Ante su féretro, dolido Alberto Andrade.

Foto CARLOS SAAVEDRA

A golpe de las 8 de la noche del pasado lunes 2, cuando el alcalde de Breña, Carlos Salazar Beraún salió de la reunión que había sostenido con Erasmo Wong en el local de Tiendas Wong de San Antonio, Miraflores, parecía más relajado.
Hasta ese momento, el burgomaestre había tenido un día endemoniado. Los trabajadores ediles habían tomado por asalto el local, pintarrajeado las paredes y exacerbado las ya conflictivas relaciones entre Salazar y algunos de sus regidores.
Fue justamente éste el motivo por el cual se reunió de emergencia con algunos de sus más cercanos colaboradores, asamblea que interrumpió a las 6. 30 de la tarde para encontrarse con Wong. Debía ultimar ciertos detalles sobre la construcción de un boulevar en la Av. Venezuela, uno de sus sueños más acariciados.
Al retornar a su automóvil, tras cerca de una hora, Salazar se arrulló en el asiento trasero y ordenó a su chofer, Manuel Rocha, que lo condujera a su casa. En el asiento del copiloto se acomodó su guardaespaldas, César Palomino.
El automóvil Nissan Sentra de lunas polarizadas y circulina tomó la Av. Benavides rumbó a la Vía Expresa. Cuando se encontraban frente al arbolado Parque Reducto, habiendo recorrido apenas cuatro cuadras, el burgomaestre dejó exclamar un grito desmayado.
Había sido impactado por una bala que penetró en el automóvil, le ingresó por la zona lumbar y salió por el estómago. El auto dio vuelta en U y se dirigió al Hospital Casimiro Ulloa, a menos de cinco minutos de distancia, pero el burgoamestre Salazar murió antes de entrar al quirófano. Tenía 69 años de edad.

Carlos Salazar Beraún (69), era un hombre jovial y emprendedor, pero también supo de tempestades durante su gestión. Fue alcalde de Breña en tres oportunidades. La noche de su muerte viajaba en el asiento posterior derecho de su auto. A su lado iba el guardaespaldas. La bala que lo mató tuvo una trayectoria casi horizontal, ingresó a la altura del faro, perforándole los intestinos. El capitán PNP Nilton Quipuscoa asegura que disparó luego de haber dado la voz de alto mediante el altavoz de su patrullero.

AGUILAS NEGRAS

Las primeras versiones policiales dieron a entender que se trató de un trágico accidente: el vehículo del burgomaestre fue alcanzado por una bala disparada desde el patrullero 1026 de las Aguilas Negras durante una persecución a una camioneta station wagon blanca.
Al día siguiente sin embargo, el jefe del Serenazgo de Miraflores, Erwin Pickling, informó a CARETAS que esa historia no era cierta. La propia Dirección Nacional de Criminalística no tardó en desbaratar también ese cuento.
La situación de los efectivos del patrullero al mando del capitán PNP Nilton Quispucoa Peralta, que permanece arrestado en la DININCRI, empezó a complicarse.
De acuerdo al Comunicado Oficial N. O1-98 del ministerio del Interior, el oficial Quipuscoa alega ahora que efectuó disparos contra el automóvil al considerarlo sospechoso y negarse a acatar la voz de alto.

El burgomaestre Salazar murió antes de ingresar al quirófano del Hospital Casimiro Ulloa. Su deceso ha dado pasto a macabras especulaciones.

Dicha versión ha sido desmentida por el chofer del burgomaestre quien asegura que sólo escuchó "unos cuatro" disparos. La Policía admite haber rescatado del lugar de los hechos varios casquillos.
Pero fuentes de la alcaldía de Lima tienen la versión -atribuida a uno de los tripulantes del automóvil del burgomaestre- de que el capitán Quipuscoa habría efectuado los disparos con un fusil AKM 47 desde fuera del patrullero, en posición de tiro y con la rodilla en la acera.
Eso explicaría la singular trayectoria del proyectil, que penetró en el auto por el faro trasero derecho y dio en el burgomaestre casi en línea recta, lo cual revelaría una intencionalidad criminal que ha dado pasto a una trama macabra.

MALA RACHA

Según estas mismas fuentes, hace unos meses las autoridades metropolitanas habrían sido advertidas sobre el inicio de una campaña de amedrentamiento a medida que se acercaran las elecciones municipales.
El nerviosismo en predios municipales, por cierto, tiene cierto asidero. Es indudable que más de un personaje en las antípodas del poder han sido víctimas de una racha de delincuencia supuestamente común en poco más de un año.
En noviembre de 1996, el entonces presidente del Tribunal Constitucional, Ricardo Nugent, salvó milagrosamente la vida en un tiroteo en la avenida Villarán, también en Miraflores. Esa vez, murieron tres guardaespaldas del magistrado. La Policía sostuvo entonces que el automóvil de Nugent se cruzó justo en el momento en que secuestradores intentaron plagiar a un empresario extranjero. Como la eventual víctima del secuestro nunca apareció y el caso jamás se aclaró, las versiones acerca de un intento de amedrentamiento contra el magistrado crecieron a tal punto que la congresista Martha Chávez, siempre ocurrente, llegó a postular la tesis de que los responsables del ataque podrían hallarse entre las filas de la oposición.

El chofer Manuel Rocha, al centro, niega haber escuchado la voz de alto del patrullero.

En marzo de 1997, le tocó el turno al congresista Javier Diez Canseco, cuando su camioneta, en la que por azar no se encontraba, fue asaltada, sus ocupantes fueron secuestrados por unas horas, hasta que el vehículo apareció incinerado.
Un mes más tarde, la víctima fue Blanca Rosales, editora general del diario La República. Ella fue asaltada por delincuentes comunes, quien luego de permanecer secuestrada 40 minutos con una pistola en la cabeza, la dejaron libre, devolviéndole posteriormente no sólo el auto, sino también su cartera, tarjeta de crédito y hasta su teléfono celular.
Y en julio del año pasado, Luis Angeles, periodista político del diario Ojo, fue también asaltado por secuestradores al paso, según determinó la Policía, quienes le propinaron una soberana golpiza, sin robarle un sol, hecho que ahondó aún más las sospechas sobre un plan para atemorizar a políticos de la oposición y a la prensa.
El caso del alcalde Salazar Beraún escapa, sin embargo, de éste patrón.

Trabajadores de Breña depusieron su medida de fuerza sólo después de la muerte del alcalde.

No deja de ser cierto que el pretender amedrentar a un político desde un patrullero y con personal uniformado revelaría una torpeza inédita. Sin embargo, a nivel de la familia del burgomaestre como el de sus colegas en Somos Lima, el beneficio a la duda parece haberse disipado.
El capitán PN Quipuscoa es un policía con una larga foja de servicios en unidades especiales de la Policía y considerado como un especialista en tiro, pero el hecho que se encuentre tan relegado, a sus 38 años, en el escalafón parece reflejar una trayectoria institucional no necesariamente ejemplar.

TEMPESTAD EN BREÑA

A pesar de su edad y de haber sido alcalde de Breña en más de una oportunidad, Salazar Beraún, durante su presente gestión edilicia había cosechado tempestades.
En las azarosas horas posteriores al crimen, las exequias del alcalde develarían no sólo amenazas, sino también odios y rencores en la municipalidad de Breña. La dirigencia ultra del Sindicato de Trabajadores Municipales (SITRAMUN) había incluso llegado a declarar en un telenoticiero -respecto al conflicto que los enfrentaba con el alcalde- que "si quieren sangre, sangre tendrán", lo que tornaba aún más explosiva la violenta situación que se venía incubando desde la declaración de trabajadores excedentes en enero pasado.

El sentimiento de Eduardo Mostajo, alcalde de Lince, ante la muerte de su colega de Somos Lima. Derecha: Erwin Pickling del Serenazgo de Miraflores.

"Mi padre recibía amenazas a cada rato, por teléfono, en la calle. Eso ponía de mal humor a mi viejito, pero él sabía seguir con la frente en alto", recuerda Mirtha Salazar, hija del burgomaestre fallecido.
El 20 de enero pasado -a través de una resolución edil-, Carlos Salazar Beraún había dispuesto la evaluación de los trabajadores del municipio, confeccionando un reglamento y designando una comisión para que se encargue del proceso. Dicha medida concluyó con el despido de 157 obreros y 39 empleados, purga que fue la gota que rebalsó el vaso.
Fue así que casi medio centenar de obreros se atrincheró en la sede del Consejo de Breña el lunes 2 por la mañana. Sólo la trágica muerte del burgomaestre logró hacer a los trabajadores despedidos deponer su medida de fuerza.

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Los distintos hechos violentos y controversiales sufridos por Ricardo Nugent, Blanca Rosales, Luis Angeles y Javier Diez Canseco; los mismos que tuvieron siempre una explicación oficial llena de vacíos y dudas, han motivado las suspicacias en Somos Perú respecto a lo que efectivamente sucedió con el alcalde de Breña.