El Hombre del Daño


El Hombre del Daño
Chupones, torturas y tinglados judiciales cifraron el '97 del asesor presidencial.

LEJOS de los reflectores que alumbran a quienes se disputan el glamoroso título de "hombre del año", entre las sombras que tanto parecen complacerlo, el capitán (r) Vladimiro Montesinos también se ha ganado "alguito" durante este `97 que termina. No sólo por los jugosos e inexplicados ingresos que hizo en sus horas libres (según consta en documentación de la que dispone la SUNAT), sino porque en un reciente sondeo de opinión de Apoyo sobre quién es el personaje negativo del año, el "Doc" obtuvo el primer lugar. Un 26% de los encuestados lo apoyó con su voto, relegando al presidente Fujimori a un decoroso placé, con sólo el 20% de las preferencias.

Asociado a los trances que más impopularidad le han reportado al régimen, el asesior del SIN, Vladimiro Montesinos, resulta una especie de Súper - Agente del recontra... suelazo.

Y la verdad es que las cifras le hacen justicia. Porque, a diferencia de tantos otros personajes del gobierno que han logrado vincular su imagen a inauguraciones, fondos mutuos y demás embelecos que neutralizan los desaguisados del régimen, el asesor del SIN ha visto su aureola, este año más que nunca, ornada por una infinidad de feos asuntos. La interceptación telefónica, las torturas y hasta la muerte de una agente de Inteligencia, así como los tinglados judiciales que condujeron al despojo del Canal 2, si bien no pueden ser inequívocamente rastreados hasta él, están asociados en el imaginario colectivo a su figura. Una sola estrella alumbra su firmamento -una bastante disputada, por lo demás, a juzgar por los últimos jaloneos entre el Presidente y el general Hermoza Ríos-; a saber, el rescate de los rehenes que el MRTA tuvo secuestrados en la residencia del embajador japonés.

OIDO ABSOLUTO

Esta sola hazaña, sin embargo, le ha valido modulaciones épicas de parte de lo más granado de la casta militar criolla. Desde el mismísimo presidente del Comando Conjunto, que declaró que "todo el país tiene una deuda de gratitud" con él por el éxito del operativo "Chavín de Huántar", hasta el Comandante General de la Marina, almirante Antonio Ibárcena Amico, quien dijo a propósito del "Doc" que "se le debe reconocer su labor permanente en aras de la defensa nacional", sin omitir ni a la Policía Nacional, que por boca de su Director General Fernando Dianderas ponderó "el trabajo conjunto, armónico y bien coordinado con el SIN", todo el sector uniformado del régimen ha derramado incienso sobre el discutido "Capitán Tormento".
Hay que decir, no obstante, que, a contrapelo de lo que cabría esperar de ellos por su condición de hombres de armas, estos oficiales no han mostrado un gran talento para la epopeya. Si Homero llamó a Odiseo "fecundo en ardides" y al divino Aquiles, "el de los pies ligeros", ellos bien podrían haber calificado al "Doc" como "pródigo en micrófonos" o "el del oído absoluto".
De otro lado, versiones recientes quieren presentarlo como el artífice de la conciliación entre el presidente Fujimori y el general Hermoza Ríos, acaso un esfuerzo por aplacar esa demanda pública - también expresada en las encuestas - para que el asesor sea apartado de las cumbres del poder.
Pero distintos indicios atentan contra este intento de presentar a Montesinos como la quintaesencia de la astucia política. Particularmente el hecho de que información tan nociva para el SIN como la relativa a las torturas y el chuponeo se haya filtrado a los medios de prensa. Esto, en realidad, lo asemeja al Súper-Agente 86, antes que a Fouché. Uno se pregunta, más bien, a qué podría dedicarse una vez alejado del gobierno. A músico, tal vez. Por su extraordinario oído, decimos.


Cinco Años Después
La memoria es cruel paso como lo demuestra el general Alberto Aciniega, es también una terca razón.

ESTOS tensos días concitaron a los memoriosos a realizar un rápido recuento de las no pocas ocasiones en que la cúpula del poder aplicó dentro de las propias filas de las FF.AA. amargos procedimientos ensayados con los opositores al régimen.
Precisamente uno de estos casos fue el del general Alberto Arciniegas Huby, destituido hace 5 años de su cargo de presidente de la Sala de Guerra del Consejo Supremo de Justicia Militar, por oponerse a que los militares comprometidos en el movimiento del 13 de noviembre de 1992, encabezado por el general Jaime Salinas Sedó, cumplieran sus condenas en Canto Grande.
Como se recordará, Arciniegas se había ganado una enorme reputación por su novedosa estrategia en la lucha contra la subversión y el narcotráfico, nada menos que en el Alto Huallaga entre 1988 y 1990. Ninguno de estos méritos valió cuando osó oponerse a la voluntad del asesor Vladimiro Montesinos, quien pasando por encima de todas las disposiciones existentes, pretendió que los detenidos por el levantamiento del 13 de noviembre purgaran sus condenas en Canto Grande. Por tal actitud fue expeditivamente pasado al retiro un 21 de diciembre de 1992. De esta injusta manera, para el general Arciniegas quedaron atrás 35 años de servicios distinguidos, y más aún, ya como civil, por denunciar estos hechos y exigir la renuncia del Comandante General del Ejército, Nicolás Hermoza Ríos, y la del asesor Vladimiro Montesinos, se le hostilizó de tal manera que se vio obligado a buscar asilo en Argentina.