El Zorro de Arriba


El Zorro de Arriba
De regreso en La Convención, Hugo Blanco revisa el pasado, juzga el presente, vislumbra el futuro... Piensa y luego insiste.

En Vía Crucis (Quillabamba), Hugo Blanco ha vuelto no precisamente para loar la vida retirada.

Tras cinco años de autoexilio en México, Hugo Blanco (63) está de vuelta. Piensa instalarse definitivamente en las altas tierras de Chaupimayo en La Convención (Cusco), donde hace 30 años lanzara el amedrentador "Tierra o Muerte" que le diera la temible fama de guerrillero. Hoy, en cambio, semeja un Papá Noel y muchos jóvenes al verlo con esa fiereza otoñal podrían considerarlo émulo de barras bravas. Hay que reconocerle a este hombre que no ha escatimado su cuota de entrega, pese a la mudanza de los tiempos. Condenado a muerte en 1963, una campaña internacional de sus camaradas trostkystas le salvó la vida pero no impidió que pasara 6 años en El Frontón. Amnistiado por Velasco, Blanco ha sido diputado, senador y polémico líder de izquierda. Hoy retorna a las fuentes -"las bases" las llama-, animado por el fuego de otra experiencia teñida por la leyenda y la esperanza -el mexicano Ejército Zapatista de Liberación del "Comandante Marcos". Cambian los métodos, no la ira frente a la pobreza, la injusticia, el atraso. Participará en estos días en el Congreso de Delegados de la CCP (Confederación Campesina del Perú), a realizarse en Lima. CARETAS lo ubicó en su nuevo hogar. He aquí los ecos del pasado, las autocríticas, la visión del Perú de hoy, teniendo al fondo la floresta, siempre verde e inédita, de la forja futura.

En 1963, indignación y protesta tras ser condenado a la pena capital en Tacna.

DE vuelta al terruño, ¿qué lo impulsó a regresar?
Comprendí que aquí es mi lugar. No puedo ser indiferente al dinamismo de mi pueblo. Debo caminar al ritmo del campesinado y compartir sus preocupaciones. Además en México no podía militar políticamente puesto que los extranjeros están prohibidos de hacerlo.
-¿Y su familia?
Mi compañera, que es profesora, se quedó en Cuernavaca donde estuvimos viviendo. Ahí están también mis dos últimos hijos, Marco David y Bruno. Espero poder ahorrar para traerlos.

Como en los viejos tiempos, cusqueño Hugo Blanco encabezando marcha de la Federación Provincial de Campesinos de La Convención, Yanatile-Lares.

-¿Trae consigo la experiencia zapatista?
Sin duda. He aprendido mucho de ellos. El mandar obedeciendo es su regla de oro. No hacen algo porque se les ocurra, sino porque la gente de base lo ordena. Ultimamente han impulsado una organización civil donde no existen dirigentes, sólo coordinadores que son reemplazados constantemente para promover la participación general. No son además la guerrilla clásica llamada por un partido para la toma del poder. Se agruparon porque las comunidades concluyeron que la única forma de defenderse era con las armas. Tampoco se consideran vanguardia del pueblo mexicano como algunos pretenden, porque saben que cada pueblo, por ejemplo, los compañeros de Michoacán, de Taumalipas o de Morelos tienen sus problemas específicos y son ellos quienes deciden qué métodos de lucha usar. Esa modestia sorprende.
-Quizás se convierta en el `subcomandante Marcos' del Perú...
No, porque el carácter es diferente. En México es un ejército armado, aquí no tenemos armas. Precisamente, creo que el subcomandante Marcos cumple ese papel muy a pesar suyo, porque el personalismo atenta contra la democracia.
-A propósito, ¿cree aún en la lucha armada?
La lucha armada no es más que un método, una táctica a utilizarse en determinados momentos. Ahora en La Convención hay que ocuparse del desarrollo, la gente debe tomar conciencia de autogobierno. Cuando los hombres seamos dueños de nuestro destino y no haya alguien dando órdenes, entonces habrá triunfado la revolución.
-¿Sigue siendo socialista?
Sí porque creo que el capitalismo en su forma más salvaje de neoliberalismo es la que lleva a grandes desigualdades. Incluyo al capitalismo campesino que hoy provoca la depredación de la naturaleza.

En Chaupimayo, reviviendo el lema "Tierra o Muerte".

-¿Qué diferencias encuentra entre el Chaupimayo de la época guerrillera y el Chaupimayo de hoy?
Pocas, creo que subsiste el esfuerzo colectivo para beneficio de la comunidad. Cuando votamos al hacendado Romanville en la época del '60 teníamos apenas una escuelita. Nosotros mismos pagábamos a los profesores y eso en plena lucha porque el hacendado lo prohibía. Recuerdo que a un campesino se le ocurrió contratar una maestra para que enseñara a sus hijos y a otros niños más. Cuando el hacendado se enteró, lo agarró a sopapos. Tras la expulsión del hacendado se logró construir cuatro escuelas primarias, un colegio secundario, una carretera de más de 24 kilómetros, una posta médica, servicios de agua potable en todos los poblados y la instalación de una antena parabólica, todo con el esfuerzo y aporte económico de los propios compañeros.
-Chaupimayo fue además cuna de una legendaria lucha...
La gente luchaba por trabajar menos días para los hacendados y con ese fin formaron sindicatos. Sin querer empezamos una Reforma Agraria al decidir trabajar sólo para nosotros. En Chaupimayo tuvimos que hacer una huelga porque el hacendado no quería aceptar la nueva situación. De pronto nuestra huelga se había extendido por todo el valle. El gobierno salió en defensa de los hacendados y atacó al Movimiento Campesino, empezando por los sindicatos más débiles. Se guardaron a Chaupimayo como postre. Lo nuestro fue un movimiento de autodefensa del campesinado que se había sentido agredido en su lucha por la tierra. Más tarde vinieron los incidentes con la Policía, por eso nuestro lema fue `Tierra o Muerte'. Esa ha sido nuestra guerrilla, totalmente diferente al MIR, el Ejército de Liberación Nacional, Sendero Luminoso o al MRTA, organizaciones políticas que en nombre de los explotados luchan por la toma del poder.
-La lucha por la tierra lo llevó no sólo al destierro, sino también a la cárcel, ¿qué recuerda de El Frontón?
Recuerdo que había una relación magnífica con lo que se conocía entonces como la "flor y nata" de la delincuencia peruana. Eran muy buenos compañeros. Nunca tuve ningún conflicto con ellos. Fue una época muy simpática, a tal extremo que me chocó la libertad. Tuve que ir al siquiatra, pues tenía que aprender a relacionarme con gente normal.
-¿Nicolás Lúcar hoy periodista fue también compañero de batalla?
Sí, era un buen compañero, pero desgraciadamente capituló. No juzgo mal a quienes dejan la lucha por dedicarse a sus propios problemas, pero sí juzgo mal a la gente que usa los conocimientos que ha adquirido en la lucha para usarlos en beneficio propio.
-Hace poco escribió `Reflexiones desde México', ¿cuál es su autocrítica?
No haber dado más importancia a la democracia. Democracia en el sentido de mandato de la mayoría. Creo que debemos buscar el consenso. Hay que recoger las voces de las minorías. Mucha gente dice hablar en nombre de un grupo, pero pocos lo hacen en su representación auténtica.
-¿Siente algún malestar respecto a la situación actual del país?
El malestar que siento es el mismo que experimenté en México. Parece que el mundo estuviera gobernado por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Las leyes y políticas económicas de nuestros países parecen sacadas en fotocopia. Es un mal universal, sin perspectivas de cambiar pronto porque suponiendo que Fujimori no fuera reelegido, saldrá electo Pérez de Cuéllar o Andrade, todos neoliberales.

Fraternal reencuentro con el campesinado. Su prédica aún persiste.

-¿Aspiraciones políticas?
Siempre las he tenido. Mi aspiración política es que la gente llegue a autogobernarse.
-¿Aspiraciones políticas individuales?
Nunca las he tenido. Fui diputado y senador cuando creí que debí serlo. Y aunque ahora hay mucha gente que me vocea como próximo alcalde provincial, ni siquiera podré postular pues es requisito tener dos años de residencia y yo he llegado apenas el mes pasado. No pienso siquiera ser dirigente nacional de la Confederación Campesina del Perú. Antes creía que era más importante estar en la Dirección Nacional de Campesinos, pero creo que estando en Chaupimayo interpreto mejor las cosas.
-¿A que se dedicará?
Estoy plantando verduras. Pienso vender mis cosechas en el mercadito de la Federación en Quillabamba.
-Como en Lima que vendía café...
Sí, no tengo prejuicios. Una vez un periodista me dijo, "oiga no le da vergüenza vender café molido a tres cuadras del Congreso donde los diputados están vendiendo el país".
-¿Y sus sueldos de congresista, no ahorró?
No, mis sueldos me los gastaba en ir a las bases. Por eso cuando terminó el Senado me quedé con los bolsillos vacíos.
-¿Piensa quedarse en Chaupimayo?
Me quedo. Esta es mi realidad, lo que mejor interpreto.
-¿Escribirá sus memorias?
Cuando tenga tiempo, ahora hay muchos problemas por resolver.