Recuerdo Blanquiazul


Recuerdo Blanquiazul
A diez años de la tragedia del Fokker (dieciocho sin campeonar) Alianza retoma la gloria. El llanto íntimo esta vez es de alegría.


La madre del
futbolista Alfredo
Tomasini, consagrado como
la revelación del campeonato
descentralizado 1987,
Hella Aita de Tomasini se ha
propuesto mantener vivo el
recuerdo del deportista.

El Fokker de matrícula AE 560. Derecha: Bazalar, Marquinho e Hinostroza, con la venta del pasto se recaudarán fondos para la campaña '98.

LO tengo a la vista, Halcón. Viento, uno, siete, cero kilómetros. Autorizado aterrizar.
-Recibido señor.
Soplaba una brisa estival la noche del 8 de diciembre de 1987. Tras el primer impacto visual la torre de control del aeropuerto Jorge Chávez daba luz verde al avión Fokker de matrícula AE-560, que venía de Pucallpa transportando a los jugadores de Alianza Lima, además de cuerpo técnico, delegados y barristas. El equipo íntimo venía de ganar, colocándose con un punto de ventaja sobre sus rivales en el Campeonato Descentralizado de Fútbol.
Tras una pausa de cinco segundos, el piloto, teniente 1ro. AP, Edilberto Villar Molina (29), se comunicó nuevamente con la Torre de Control.
-Lima, Halcón.
-Halcón Torre prosiga.
-Tengo indicación del tren de nariz sin seguro, señor, voy a hacer un pasaje sobre el campo.

La noche estaba despejada y permitía perfecta visibilidad. El piloto hizo saber su intención de sobrevolar la pista, para que desde tierra se observase la posición de su tren delantero. Un foco se había encendido en la consola de mando, indicando que el seguro de la rueda de nariz no se había desplegado completamente.
Por precaución, en tierra se había ordenado a la Unidad de Rescate ubicada en las pistas hacer la observación visualmente.
-Correcto señor, me informan de las motobombas que están los trenes abajo.
-¿Los tres?
-Los tres.
El teniente Villar quiso estar absolutamente seguro. Y tras una pausa de tres minutos, mientras realizaba un viraje casi al final de la pista, hacia el mar, indicó a la torre que realizaría una segunda pasada. Por su parte, la torre instruyó nuevamente a la Unidad de Rescate para que realizara por segunda vez la misma tarea de observación del tren.
Los observadores vieron al Fokker por última vez volando sobre el mar, de sur a norte, disponiéndose a hacer otro vuelo rasante. La torre lo llamó para confirmar el pasaje y el Fokker respondió afirmativamente. Tres minutos después la torre intenta una nueva comunicación: Halcón, ¿me confirma si mantiene contacto con el terreno?, Halcón Torre, Halcón Torre, ¿escucha?

Con motivo de los diez años del accidente, que sumió en la tristeza a los íntimos, la familia aliancista prepara una serie de ceremonias y homenajes para este domingo 7 y lunes 8, fecha central. Un encuentro amistoso. se espera que con Colo Colo, subasta de camisetas, venta de terreno, souvenirs y paralelamente, una ceremonia en Ventanilla. Luego de la victoria los hinchas honran a los ídolos que partieron.

DIEZ AÑOS MAS TARDE

Una dama vestida elegantemente y con gafas negras se acerca al Estadio de Matute, donde se juega la última fecha del campeonato Clausura entre Alianza y Melgar. Atraído por el brillo de las joyas, un barrista se le acerca con intenciones bravas. Pero antes que se produzca el asalto, otro cayó en la cuenta:
-¡Aguanta cuñao, es la mamá de Tomasini!
La dama es Hella Aita de Tomasini. Pocos la recuerdan como Miss Lambayeque 1957. Porque hace diez años su distinguida belleza se marchitó y tomó la forma de la nostalgia. Ahora la reconocen como la madre de Alfredo, "el tanque blanco", goleador de la temporada futbolística del '87. Una vez disipadas las tensiones y aclarada la confusión, surge el respeto por aquella mujer que, embarcada en chalanas, batalló infructuosamente durante meses contra las agitadas aguas de Ventanilla por rescatar el cuerpo de su hijo de 22 años.
Aunque la mayoría corrió igual suerte, algunos pocos se salvaron del trágico destino. Juan Reynoso, actual capitán del seleccionado nacional, no subió al Fokker por una lesión en el muslo. Cesar Espino, ahora técnico del Sport Boys, había sido expulsado por un intercambio de palabras con el árbitro, imposibilitándolo de jugar en Pucallpa. Wilmar Valencia y Eugenio La Rosa habían dejado el cuadro, pero la tragedia los hizo más íntimos que nunca. Ahora se dedican a entrenar en los colegios a futuros cracks.

ATACAN LOS RECUERDOS

El equipo íntimo da la vuelta olímpica. Waldir se ha subido al arco, azuzando a la tribuna. Los hinchas han invadido el campo y se pelean por la camiseta de Marquinho, por los chimpunes de Hinostroza, por un rizo de Bazalar. Algunos jugadores regresan a camarines semidesnudos.
Los dirigentes se han percatado de la importancia de esos y otros souvenirs, sobre todo si se quiere recaudar fondos para reflotar al equipo. Es por eso que, tomando el asunto a la altura del desarrollo profesional del fútbol, han consultado a expertos marqueteros de Apoyo. Y, entre otras novedades, han resuelto poner en subasta mil camisetas firmadas y vender los siete mil metros cuadrados de grass bermuda donde Alianza Lima se coronó campeón luego de dieciocho años.
Esa tarde de victoria, estaban en el palco azul las madres del fatídico equipo. Cinco goles. Dos vueltas olímpicas. Para Hella de Tomasini estar allí era traer el recuerdo de la última vez que vio al hijo: con el pelo largo, en su mustang azul, le dijo Me voy al sacrificio, mamá. Irónicamente, se refería a su labor de "jalar" a los defensores del equipo rival para dejar en libertad a sus compañeros atacantes. Piensa en mí durante el partido -le respondió ella. No te preocupes, mamá, los defensas del equipo contrario me lo van a recordar a cada momento. Luego los recuerdos vienen desde más lejos: ve a Alfredito jugando al fútbol en el jardín de casa con sus amiguitos del Markham y su perro salchicha, llamado indistintamente Nerón o Papelito Cáceres. Por último, Hella retorna al estadio y levanta la mirada. Entre nubes blanquiazules, Alfredo Tomasini, Luis "el Potrillo" Escobar, "Caico" Gonzales Ganoza... los jugadores desaparecidos aparecen. Están sonriendo por el triunfo por fin obtenido. (GAT).


Cielo de Tambores
Redoble por los finados y compás de espera por los íntimos del mañana.

Ultima fotografía del equipo, Pucallpa 1987.

1. La Generación Pedida. En el mar de Ventanilla, hace diez años, se cayó un avión pero también se cayó el sueño de toda una generación, no sólo aliancista, sino del fútbol peruano.
Alianza Lima perdió al "Potrillo" Escobar, a Casanova, a Bustamante, a Tomasini, a Farfán, a "Caico" Gonzales Ganoza y a un manojo de jugadores, aunque menos destacados en ese momento, con certeza destinados a librar épicas jornadas al lado de los primeros. Al mismo tiempo, las selecciones peruanas perdieron la contraparte de talento que requerían los contingentes celestes y cremas que pronto pasaron a hegemonizar los campeonatos locales. Piénsese nomás en los solitarios, estériles esfuerzos que, a su mejor hora, desplegaron los Del Solar, Carranza, Balán, Reynoso, Olivares, Maestri, Palacios, en cuanta selección heredaron durante la última década. Porque desde entonces hasta ahora, y como nunca, Alianza Lima se convirtió en un aportador minoritario de jugadores al combinado nacional.
Con la hornada de los Cueto, Velásquez, La Rosa, Duarte, Rojas, ya en el ocaso, el equipo íntimo comenzaba recién a resurgir con una nueva y esperada generación de jugadores llamados a suceder al grupo de estrellas que en años anteriores había sacado lustre a la casaquilla blanquiazul con vibrantes espectáculos, títulos indiscutibles y glorias orquestales.

2.- El Pasado del Futuro. La sequía titulera -dieciocho años- tiene pues, parcialmente, explicación en la irreparable desgracia de Ventanilla. No tanto por lo que pudieron hacer los finados, como por lo que representaban para el imaginario aliancista en esa precisa coyuntura de la historia futbolística peruana.
Ese equipo, siguiendo una tradición íntima, provenía casi totalmente de las divisiones inferiores del club, que, por otro lado, debe ser el principal surtidor de material humano en el campeonato local: malos, buenos, regulares, no importa, convendría llevar una contabilidad de los jugadores que, en los distintos equipos de primera, han jugado alguna vez en Alianza Lima. Repito: no es que sea bueno o malo, es sólo una constatación. Creo que ni la U, ni el Cristal, ni el Boys -otros semilleros más o menos activos- han puesto semejante cantidad de futbolistas en equipos de primera.
Sin embargo, ésto, que no deja de ser admirable, tiene su lado oscuro. Toda esa horda de egresados de la escuela aliancista, exhibe una cierta condición serial, como cortados por una misma tijera: individuos hábiles en el dominio de la redonda, pero también indisciplinados, irregulares, de pobre visión para el juego colectivo, poca resistencia a presiones sicológicas sostenidas -sea por obra de eventuales rivales, críticas periodísticas o aplausos del respetable- y por añadidura, portadores de deficiencias endémicas entre los deportistas nacionales, como bajo estado físico, escasa estatura y peor alimentación.

3.- El Futuro del Pasado. la culpa no es de la institución de La Victoria, ciertamente. Excepto el Cristal, la gente que saca el resto de clubes son de similar talante. No obstante, quienes se encargan de las inferiores en el equipo rimense parecen haberse dado cuenta del desperfecto, y ya desde pichones distinguen a los gavilanes que serán, algo notorio en la clase de gente que hoy promociona a su primer equipo.
Toca al alianza ponerse las pilas al respecto. Tras un prolongado cacicazgo del "Cholo" Castillo, luego heredado por su hijo, en la división de menores del club, todo indica que la tradición se resiste a periclitar. Es cierto que han aparecido los Chévez, incluso el malogrado "Loverita" Ramírez, pero de un tiempo a esta parte el semillero luce como un eriazo cualquiera. Aparte de Waldir, Valencia -algo devaluado últimamente- y el desubicadazo de Jayo, el resto de egresados ha sido mera comparsa. El equipo campeón de 1997 es un solo de contrataciones o recuperaciones de (buenos) futbolistas que abandonaron la institución íntima siendo juveniles o infantiles.
Cada vez que se elimina a una selección peruana del mundial, revive la cantaleta de volver a las canteras, de trabajar con los jóvenes, sin que, desde luego, jamás se haga nada, pues son apenas tres o cuatro clubes los que pueden afrontar tal reto.
El mejor homenaje que podrían recibir los finados, tanto como sus hinchas, es en síntesis sepultar definitivamente la arraigada costumbre grone de poblar los equipos juveniles con clones criollos de los teledivos afroamericanos. Arnold y Webster, quimbosos y pintureros seguramente, pero de muy limitada proyección en el fútbol moderno. (S. Letal).