Me Tiraron A Matar


Me Tiraron A Matar

El general de división EP (r) Jaime Salinas Sedó, acompañado de CARETAS, retornó después de cinco años al escenario -entonces, un taller de reparación de autos; hoy, una fábrica de hielo- donde un grupo de militares planificaba los últimos detalles para devolver al país al orden institucional, socavado por el presidente Alberto Fujimori luego del golpe del 5 de abril. En esta entrevista detalles inéditos de lo que sucedió en la madrugada del 13 de noviembre de 1992. Salinas en el lugar recordó cómo intentaron matarlo, y la manera en que el presidente Fujimori quebró todo su planeamiento al escapar hacia la residencia japonesa, evitando así un hecho que definitivamente hubiera cambiado la historia del país.

Salinas Sedó, frente al taller que usó de centro de operaciones, grafica cómo fue baleado.

Actualmente dedicado a labores académicas como presidente del Instituto Latinoamericano de Estudios Civiles y Militares (ILACIM), el general Jaime Salinas Sedó relata aquí en exclusiva los entretelones del episodio que finalmente lo llevó a estar recluido en el cuartel del Real Felipe por más dos años.

Entrevista JIMMY TORRES


El General Insurgente
"Nunca quisimos matar a Fujimori".

Aún preso en el Real Felipe, siguió combatiendo con la pluma.

¿No fue una aventura un poco descabellada lo del 13 de noviembre del '92? ¿Estaban seguros de que podían tener el control de las FF.AA.?
-Hasta ahora nadie se imagina la fuerza con que contábamos. Para empezar, había descontento por la forma como se manejaba las FF.AA. Ese descontento aún subsiste. En aquel entonces el detonante fue el autogolpe del 5 de abril, decisión que no tuvo la aprobación del Comando Conjunto, de los oficiales generales, sino sólo de un pequeño grupo que convocó a la alta oficialidad a una reunión, donde el expositor fue Vladimiro Montesinos. Este utilizó como argumento para el golpe la urgencia de combatir la subversión, según lo ha relatado el general Rodolfo Robles, entonces jefe de la III Región Militar.

El cadete Salinas en práctica de tiro. Derecha. Fujimori hasta mostró el fusil con el que, aseguró, lo iban a matar.

Yo me encontraba en el retiro cuando un grupo de oficiales, descontentos y humillados porque el general Hermoza les ordenó conseguir firmas para la Asamblea Constituyente en favor de Jaime Yoshiyama, me buscaron para que me decidiera y encabezara el movimiento.
No había otra alternativa para detener a la dictadura. Todos estaban de acuerdo en ejercer el derecho de insurgencia consagrado en la Constitución de 1979. Increíblemente algunos de los que inicialmente nos apoyaban y estaban en las reuniones, ahora ocupan puestos de responsabilidad en la conducción de las FF.AA, pertenecen a la cúpula del alto mando.
-¿Liderar el movimiento de insurgencia no satisfacía una ambición personal?
-Si hubiera tenido alguna ambición personal o política, habría aceptado dar un golpe de Estado al ex presidente Alan García. En enero de 1990, yo era jefe de la II Región Militar. Un divisionario acudió a mi despacho y me entregó el "Plan Verde". Me dijo que yo era "el hombre" y que contaba con todo el apoyo de las FF.AA. para dar el golpe y tomar el poder. Le expliqué mis convicciones democráticas y no acepté.
Luego, en vísperas de la trasmisión de mando de García a Fujimori, mi estado mayor se negó a participar en el desfile militar. Había descontento y la Marina se había levantado por la destitución de su comandante general y la de varios almirantes.

Los complotados no imaginaron que el Presidente iría a la residencia japonesa. Ellos sólo pensaban detenerlo. Fujimori, sin embargo, aseguró después que pretendieron asesinarlo. El episodio fue revelado por CARETAS, que reprodujo, además, los diálogos de esa noche entre el mandatario, Montesinos y Hermoza.

En esos momentos yo manejaba la región militar más poderosa, tenía a las Fuerzas Especiales, a la División Blindada, y ese 29 de julio, muy temprano el general Mauricio y el almirante Vargas acudieron a mi despacho. La insinuación era clara. Todos estaban molestos por los cambios de Panizo por Montes Lecaros en la Marina, de Vucetich por Velarde en la FAP, y por la salida de nuestro jefe del SIE, el coronel Rafael Córdova y otros cambios; entre ellos el mío, que pasaba a ser secretario del Ministerio de Defensa.
Era la oportunidad del golpe. Fujimori tan sólo era respaldado por un grupito del SIN y Montesinos. Nuevamente la Constitución prevaleció en mi decisión. Mi región salió a desfilar. Antes adopté medidas: ordené al general Juan Peirano y a la blindada tomar posiciones en caso de alterarse el orden.
-¿Pero ustedes no se daban cuenta de todo este plan de copar y dominar a las FF.AA. por parte de Montesinos?
-Sí. Pero la decisión la toma el Comando. Recuerdo que cuando Fujimori salió electo, el coronel Rafael Alcanche, subjefe del SIN, al notar la presencia de Montesinos en el Círculo Militar y sabiendo que el ex capitán estaba prohibido de ingresar a las dependencias castrenses, le informa el hecho al coronel Córdova. Este a su vez elabora una nota informativa con los antecedentes de Montesinos, su pasado y la forma como fue dado de baja del Ejército, y se la entrega al comandante general, Jorge Zegarra.

A los que intervinieron les dijeron que era un fortín del MRTA.

En esos momentos, se voceaba que el ministro de Defensa iba ser el general (r) Jorge Torres Aciego. Zegarra le informa a Torres sobre Montesinos y luego se lo dice a Edwin "Cucharita" Díaz. Ellos sonreían y señalaban que iban a estudiar esa denuncia, pero sabían que Fujimori ya conocía todo lo relacionado a Montesinos.
-Usted también sabía quién era Montesinos, lo conocía, y sin embargo lo recibió en su despacho...
-Sí, sabía quién era Montesinos. Fue mi alumno. Recuerdo que era muy tranquilo, flaco, esmirriado. Lo vi como a uno más en la Escuela. Sabía de los problemas que había tenido en el Ejército; y cuando estaba como jefe de la II Región Militar, mi segundo era el general José Valdivia, a quien se lo había involucrado con el caso Cayara. El me pidió que por favor recibiera a Montesinos, que era su abogado. Yo le dije: "Tú sabes que Montesinos está prohibido de ingresar a los cuarteles. Pero voy hacer una excepción por ti y por la imagen del Ejército". Valdivia no soló llegó con Montesinos. También vino con el fiscal Hugo Denegri. Ellos explicaron su plan de defensa ante las acusaciones. La verdad que, con los antecedentes de Montesinos, era consciente de que se iba a hacer mucho daño a las FF.AA. y no me equivoqué.

Milagrosamente ninguna de las balas impactó en los insurgentes.

-¿Hizo algo para evitar las manipulaciones al interior de las FF.AA. y el enquistamiento de Montesinos?
-El 26 de julio de 1990 ya se sabía de algunos cambios, incluido el mío. Un general, que había estado con "Cucharita" Díaz en el SIN y otros oficiales, se enteró del plan para descabezar a las FF.AA. Con esa información acudo a donde Zegarra, mi comandante general. Le informo y él me dice: "Si te van a cambiar, tendrán que pasar sobre mi cadáver" . La verdad es que Zegarra estaba desinformado y después, por sus actos, me di cuenta de que también se había sometido. Sólo quería concluir su jefatura.
En la ceremonia de Palacio, ubico a Andrés Reggiardo, mi amigo de barrio y le indico que hay un malestar muy peligroso en las FF.AA. Le pregunto el porqué de los cambios. Me responde que ése no es su campo, que esos temas los ve Vladimiro Montesinos.
Luego voy al Círculo Militar para hablar con el ministro Torres. Le cuento lo sucedido. No le concedió importancia y le dije que había el rumor de que yo malversaba fondos. Torres me dice que no haga caso. "Tú eres unos de los mejores, te quiero a mi lado, vas a ser mi secretario general, es un puesto de confianza, vas a hacer el viceministro de Defensa. Es mejor puesto que de comandante general...", me dijo.
Me trató de endulzar, pero no le creí. Mi cambio era un hecho y tuve que aceptarlo como soldado. Mi reemplazo en la II Región fue Valdivia, uno de los amigos de Montesinos que, estoy seguro, era quien le informaba lo que pasaba.
-¿Y cuando estaba en el Ministerio de Defensa veía cómo llegaba Montesinos?
-No sólo lo veía llegar, veía cómo manejaba a las FF.AA. y era quien tomaba las decisiones de los cambios y los pases al retiro. El traía las resoluciones de Palacio y los corregía o le hacía cambiar sus planes al ministro.
La secretaria del ministro me dijo que a Montesinos no se le tenía que pedir documentos y cuando llegara podía ingresar directamente al despacho. Yo era el secretario y ordené una contramedida. Además, por seguridad, tenía que recibir el mismo trato que el resto de personas. Torres me llamó algo ofuscado y me indicó que Montesinos era el hombre del Presidente. A los pocos días me enviaron a la Junta Interamericana de Defensa (JID) en Washington.

Según Salinas, Hermoza le debe muchos favores a Montesinos, razón por la cual le trata de limpiar la imagen. "Hace hasta lo imposible para que las FF.AA. y la sociedad le tengan gratitud eterna", dice.

-¿Cómo es que llega Hermoza a ser comandante general, si de acuerdo con el escalafón no tenía ninguna posibilidad?
-Es verdad; Hermoza estaba muy retrasado. Nunca tuvo un puesto de comando destacado. Con los cambios y el retiro de varios oficiales a partir de julio de 1990, logra subir unos puestos y en 199l, es jefe de estado mayor. Como comandante general estaba Pedro Villanueva.
Yo me encontraba en la JID. Al retornar a Lima en abril de 199l, me reúno con Montesinos, y éste formalmente me ofrece ser ministro de Defensa. La noticia se filtró y uno de los que se entera es Hermoza. Como era mi amigo, lo fui a visitar y él me dijo: "Jaime, tú sabes que siempre te he considerado como el mejor de mis amigos. Como vas ser ministro sabes que por línea de antigüedad me corresponde ser comandante general en 1992. Tenemos una amistad de más de 30 años, sólo te pido respetes mi antigüedad. Yo te aseguro mi más absoluta lealtad y confianza; vamos a trabajar en equipo, en provecho de la Institución".
Yo le respondí: "Nico, no te preocupes. Son sólo rumores y hay que mantenerlo con absoluta reserva. Esperemos que se den las cosas. Yo estoy regresando a la JID, manténme informado". Y él me aseguró que así lo haría, a diario.
En diciembre de ese año, lo llamé para saludarlo por su cumpleaños y me enteré de su nombramiento como comandante general. Conversé con su secretaria, Adela, y ella me dijo que estaba reunido con Malca, que era el nuevo ministro de Defensa. Ese día Hermoza estaba firmando mi pase al retiro. No tuvo la decencia de comunicármelo. Atrás quedaron la lealtad a morir y el amor eterno.
-¿Habría aceptado la propuesta de Montesinos de ser ministro de Defensa?
-Cuando estaba reunido con Montesinos en abril del '91, alguien del Pentagonito lo llamó por teléfono y le informa sobre el traslado de personal de Inteligencia de Puno hacia Lima.
Montesinos, contrariado, me lo cuenta y dice: "Esto no lo voy a permitir. Voy a llamar al ministro -Torres- para alertarlo". Coge su celular: "Mi general, le van a llevar una resolución con unos cambios de oficiales y suboficiales..."
Torres le debe haber contestado que estaba con el comandante general, Pedro Villanueva. Montesinos continuó:
-"Distráigalo usted. No firme nada. Guarde esa resolución y despache cuanto antes a Villanueva. Ya después le voy a dar órdenes" Y luego comentó: "Caramba, el viejito con todo se ataranta".
Ese diálogo me dio tanta indignación que le dije: "Oye, Vladimiro, ¿tú quieres que yo sea ministro para tratarme así como al pobre Torres?".
-"No, mi general -me respondió-; con usted es otra cosa. Usted maneja la institución. Yo a usted lo respeto. Lo que pasa es que Torres está desactualizado. Todos se le quieren subir encima, y yo tengo que estar cuidando de que no le vayan a meter un torpedo. Esto es cuestión de Inteligencia. Me interesa que usted sea el ministro".
Le aclaré que en esas condiciones no podía aceptar y le encargué decirle a Fujimori que si aceptaba ser ministro, trabajaría directamente con el Presidente y no con él. Nunca más me llamaron...
¿Por qué falla la insurreción si lo tenían todo planificado y, según su versión, contaban con un buen apoyo de las FF.AA.?
Hubo un soplo. El jefe del batallón de tanques, el comandante Moyano, quien estaba con nosotros en el taller y a quien lo íbamos a emplear para un movimiento de intimidación, tuvo temor y le contó todo lo que pasaba al entonces jefe de la división blindada, general César Saucedo, hoy ministro de Defensa.
Todo el planeamiento estaba previsto. Personalmente hablé con altos oficiales. La Marina estaba comprometida, así como la FAP. La discusión era cómo detener a Fujimori. La FAP tenía su plan: Fujimori quedaría detenido en la Base de Pisco, luego se capturaba a Hermoza y a Montesinos.
También contábamos con el apoyo de varias regiones militares. Ellos sólo esperaban que se produjeran los hechos para alinearse. Pero esos nombres van a morir conmigo. El único nombre que se filtró fue el del almirante Vargas Prada. Un amigo suyo, un contralmirante, lo delató.
Teníamos gente que se quedó a dormir en el Pentagonito, en el Comando de Instrucción (COINDE), y en la Dirección de Fuerzas Especiales (DIFE), así como en el SIN. El plan era capturar a Fujimori. Lo teníamos "ploteado" -vigilado- y ante los hechos pensábamos que se refugiaría en el Cuartel General o en el SIN, que eran los lugares donde solía dormir. O tal vez podía actuar como otros presidentes, dando la cara. Nunca se nos ocurrió que fuera a reaccionar en función de sus ancestros, refugiándose en la residencia del embajador japonés. Cada uno es dueño de sus propios medios.
¿Pero realmente qué pasó? ¿Hubo descoordinación? ¿Por qué el mayor Ormeño salió de la II Región Militar esa noche rumbo a Palacio?
Esa noche no se presentó un general de división. Señaló que su mamá estaba mal de salud. Las condiciones estaban dadas. Pero queríamos evitar un derramamiento de sangre. No teníamos apuro. A las 7 de la noche del 12 de noviembre, nos instalamos en el taller. Había una especie de apagón. Dirigía las operaciones con una vela. Primero les di órdenes a los de la FAP. Luego a los de la Marina. Me quedé con los del Ejército y a los de la Blindada. Les dije que estuvieran en alerta ya que ellos tenían que hacer la pantomima de tomar Palacio. Iba a ser un acto simbólico. No iba a haber ningún disparo.
Al ser detenido Fujimori, todo iba a ser fácil. Los oficiales coincidieron conmigo. Hermoza y Montesinos, al enterarse de que Fujmori estaba capturado, se iban a morir de miedo. A ellos había que inmovilizarlos y perdían todo su poder.
A la medianoche cancelamos la operación. El mayor Ormeño y la Policía Militar tenían como misión informar en qué momento Fujimori salía de Palacio. A Ormeño, por falta de comunicación, no se le había informado de la cancelación. En su vehemencia, pensó que lo estábamos necesitando y se fue a Palacio.
¿Se arrepiente del 13 de noviembre o podría volver a liderar un movimiento similar?
No me arrepiento de mis actos. Estando en prisión aprendí bastante. Ese 13 de noviembre "Tuto" Pérez intentó matarme. Me persiguió hasta el Pentagonito, pero gracias a Dios pude salvarme. Todo por querer recuperar el orden constitucional.
El plan era que San Román asumiera la presidencia. El Congreso se reabriría y luego, mediante una ley, se autodisolvía convocando a elecciones, y todo retornaba a la normalidad.
Siendo general de división, observaba las injusticias. Ahora que soy un ciudadano peruano, veo más injusticias de un poder dictatorial. Téngalo por seguro que si hubiera otro gobierno de facto, si se viola la Constitución y se quiebra el sistema democrático con otro 5 de abril, voy a estar al frente de mi pueblo cuando salga a insurgir.