Abelardo Sánchez León


Nos Habían Goleado Tanto
Disección de una estrategia que no resultó. Para el autor, Francia '98 nos queda grande.

Por ABELARDO SANCHEZ LEON

EL sábado 11, justo 24 horas antes del partido Perú-Chile, ESPN transmitió el encuentro entre Italia e Inglaterra. La situación deportiva y social era exactamente la misma a la que vivíamos nosotros. Inglaterra jugaba de visitatante en Roma, solamente necesitaba un empate para clasificar al Mundial de Francia, los ánimos estaban caldeados, 5,000 británicos llegaron de visita y la radio del Vaticano, por primera vez en su historia, emitía el partido en varias lenguas. Yo, echado en mi cama, pensaba que si el Perú planteaba el partido tal como lo estaba haciendo Inglaterra, todo nos iría bien. Pero olvidé un aspecto fundamental: Roberto Palacios no es Paul Gascoigne ni los peruanos tenemos la fibra, la certeza histórica, la disciplina táctica de los ingleses. Ellos habrán abandonado Hong Kong, pero no el sentido de la dignidad.
El partido Perú-Chile fue todo lo contrario. Los futbolistas peruanos, cuando salen a jugar al extranjero, consideran que los primeros 15 minutos son de estudio estático, porque simplemente no se mueven, miran pasar a los rivales sin hacer ningún movimiento. Quizá esto se deba a que interpretan tranquilidad y cuidado del balón con dejadez o indiferencia. En esta oportunidad, además de ello, se sumó un nerviosismo exagerado. Por supuesto que en esos primeros 15 minutos nos suelen encajar un gol, tal como ocurrió en esta oportunidad, y recién allí, como si fuese una cachetada, despiertan, se concentran y consideran que de repente ellos mismos pueden también hacer un gol. Esta selección habrá mejorado, pero no al punto de asumir grandes momentos deportivos con calidad sicológica. En verdad, en los grandes momentos deportivos, el Perú no ha rendido acorde a las circunstancias. Los partidos transcendentales nos quedan grandes. Por eso, los chilenos recurrieron a todo, como resulta habitual en ellos, para hacernos sentir inseguridad y temor: mal recibimiento, insultos y entonació de los himnos. No sé, pero diera la sensación de que el himno chileno les dio mayor coraje y confianza. El nuestro, en cambio, sólo responsabilidad o eventual vergüenza. Si pudo haberse evitado que se entonaran , no llego a entender por qué los dirigentes no hicieron gestiones para que no se hiciera. Allí se empezó a perder el combate.
A nosotros, los peruanos, por cierto, nos resulta difícil analizar un momento preciso; es decir, los noventa minutos del partido jugado en Santiago, por ejemplo, sin salirnos de ese encuadre, sin recurrir al pasado o al futuro. Durante esos noventa minutos hubo demasiados errores. Tantos, que no se podía sacar un resultado positivo. Después de la catástrofe sicológica del himno, vinieron esos terribles primeros 15 minutos donde "nos dejamos estar" y yo añadiría "sin ser". Después vino la famosa "reacción peruana" y la no menos famosa "mala suerte". Pero lo que nos enseñó el primer tiempo fue que el Perú no cuenta con grandes individualidades (ya lo sabíamos) pero ni siquiera con individualidades que hagan bien lo que tienen que hacer. Juan Reynoso estuvo lento, nervioso, inseguro y fue el culpable directo del primer y del tercer gol chileno. Estuvo igual que en Guayaquil. No es posible que un jugador de su llamada experiencia motive una jugada como la del pechito adefesiero. Nolberto Solano, frío como un témpano, le llegaba al huevo llegar a Francia; estoy seguro que ni transpiró. Mejor juega en el Boca. Roberto Palacios es un jugador que no rinde en los partidos transcendentales. Es cierto que ha metido tres goles hermosos de larga distancia, pero no es un estreala que gravite. El chileno Marcelo Salas, sí. Palacios, no. Lo único digno que hizo Oblitas, fue sacarlo de la cancha. Balerio no atraviesa por un buen momento, ni en la selección ni en el Sporting Cristal. Ya estuvo inquieto frente a Uruguay, y ahora ante Chile, estuvo lamentable. Fue el culpable directo del segundo gol, y ni siquiera se picó cuando Marcelo Salas le sacó cachita. Balerio nunca gritó, nunca tuvo mando sobre su defensa. Oblitas hubiera optado por Miguelón Miranda, que no es mejor, pero por cábala, ya que en ese aspecto tiene su ventaja comparativa. Por último, Olivares las vio negras cuando ingresó el chileno Marcelo Vega, que le sacó conejos en la cintura.
Juan Carlos Oblitas también cometió gruesos errores. Mientras el entrenador chileno sacaba a Castañeda que ya tenía tarjeta amarilla, Oblitas sacó a Pereda en lugar de a Jayo. Pereda no es un gran jugador, pero era el mejor de la cancha. Si Solano brilla en el Boca Juniors de volante, ¿por qué lo amarró a una punta intrascendente? La selección nunca debió arrancar con Jorge Soto de volante, perdido en el medio campo, sin dominio de balón y sin sus heterodoxas escapadas al terreno rival; allí debió estar Solano... Por qué puso a Julinho, que hace meses que no se viste de corte y teme el juego fuerte del rival... pero... uno se cansa de analizar unos noventa minutos que fueron sobre todo humillantes para el fútbol peruano, y uno acaba dándole la razón al antipático de Iván Zamorano cuando dice que el fútbol chileno tiene cierta paternidad sobre el peruano (remitirse a las estadísticas) y a los complejos, a los malditos complejos, que es lo que más duele. En ese terreno, Juan Carlos Oblitas no tiene ya injerencia. Pero debemos poner las cosas en su lugar: hemos pasado de José Velásquez a Juan Jayo, de César Cueto al "Chino" Pereda y de Julio César Uribe a Roberto Palacios. Estas comparaciones solamente sirven para demostrar que los grandes resultados se alcanzan cuando hay grandes jugadores. Hemos perdido, debemos decirlo, ante un cuadro regular. Este Chile no es gran cosa, pero nosotros fuimos incapaces de asustarlo. Esta selección ha logrado avanzar, pero contiene todavía el remanente del microambiente de la sociedad peruana de la última década: jugadores demasiado frágiles, sin roce, sin seguridad en sí mismos.