Adiós Colega


Adiós Colega
Falleció Roberto Grados, periodista de esta casa.

ERA un hombre acaso anónimo en el periodismo. Y es que Roberto Grados Condezo -huanuqueño, siempre discreto y de estampa robusta- optó por la delicada función de cazar patos, gazapos y otras perlas en las pruebas (de textos) que corregía cotidianamente. Pudo ser un redactor de fuste o un sagaz comentarista, dado que era un hombre culto y preocupado por el acontecer nacional, pero prefirió estar al pie del horno de una serie de publicaciones cumpliendo una labor silenciosa, aunque importante, a lo largo de casi 40 años. ¿Cuántas jornadas -que eran verdaderas trasnochadas- no habrá vivido Roberto en este oficio en el que se sentía a su regalado gusto?

Roberto Grados, en una reciente reunión.

Estuvo ligado a CARETAS desde que supo de las satisfaciones y sinsabores de los avatares de la prensa. Aquí, o más propiamente a nuestra vieja casa del jirón Camaná, llegó por primera vez al filo de los sesenta; con sus patillas largas y su inconfundible acento huanuqueño para trabajar en corrección. Era entonces un joven inquieto, vivaz, que soñaba con otras metas en el quehacer gráfico. Es así como en los setenta, llegó a ejercer la dirección y gerencia de Intergráfica de Servicios que, entre otras publicaciones, atendía a CARETAS en la composición de textos, películas y montajes. Eran los años en que las papas quemaban, y en los cuales -dando muestras de gran lealtad- siempre estuvo en primera línea cuando protestábamos contra el omnímodo poder del gobierno militar que hostigaba, requisaba y clausuraba CARETAS por defender el orden democrático. Roberto era, pues, un hombre no sólo de vocación libertaria. Con el transcurrir del tiempo, Grados abría una imprenta en Lince. Sus sueños se iban cumpliendo pero, un malhadado día acusa un repentino mal y, en ese difícil trance, pierde el taller que con tanto tesón había empezado a construir.

Al lado de Doris Gibson, protestando contra la requisa de una edición de CARETAS. Año 1969.

Una vez sano, vuelve a la corrección, labor que alterna, a veces, como redactor y editor de algunas publicaciones. Como corrector trabaja largos años en El Peruano y, últimamente, en los diarios Gestión y Síntesis. A CARETAS retorna en los inicios de la presente década. Es entonces el corrector solícito y discreto que con su trabajo y afabilidad se gana el respeto de sus compañeros. Y con esa solvencia, labora hasta el cierre de la última edición de la revista. Se despide, como siempre, con una sonrisa y el paso resuelto, sin sospechar que horas más tarde, ya en la paz de su hogar, un artero ataque al corazón le quitaría la vida. Su deceso nos sacudió el alma.