Hipótesis:"¡Rescaten Al Canciller Tudela!"



"¡Rescaten Al Canciller Tudela!"
La historia secreta de Juan Valer, el comando que recibió la orden de sacar sano y salvo al ministro Tudela de la residencia nipona, y la cumplió aún a costa de su propia vida.

EL martes 22, poco después de las tres de la tarde, el canciller Tudela se encontraba junto con el ministro Muñante y el emabajador de Bolivia, Jorge Gumucio, en la habitación del embajador Aoki en la residencia nipona, fingiendo que hacía las cosas que más o menos había venido haciendo durante los otros 125 días de su encierro.

Menos de 48 hrs. antes del asalto Valer visitó a su familia. Estuvo alegre y juguetón. Sólo el sabía de la difícil misión que debía cumplir. Derecha, Tudela, instantes después de su rescate.

Por dentro, sin embargo, libraba una batalla para que la inquietud no lo dominara. Sabía que en cualquier momento se iniciaría la operación de rescate y sabía también que, al percatarse de que eran atacados, los emerretistas procurarían ejecutarlo a él antes que a cualquier otro de los rehenes. Cerpa se lo había dicho más de una vez.
Afuera, en el pasadizo, un subversivo montaba guardia. Para salir de su rango de visión, Tudela se ocultó detrás de una columna y, al producirse la primera explosión, en lugar de tenderse en el suelo, aprovechó la confusión para pasarse a un cuarto contiguo.

Al momento del asalto, Tudela habría estado en el llamado pabellón C y aprovechó la conmoción inicial para pasar al D, donde se encontraba la puerta de escape. Su huida, sin embargo, no estuvo libre de fuego enemigo. Derecha, comando herido retirado del campo de batalla.

El terrorista entró con su arma en ristre y apuntó a Muñante, pero al ver que su objetivo principal no estaba ahí se lanzó a buscarlo.
Mientras tanto, en la otra habitación los comandos ya habían logrado abrir la puerta blindada que daba a la terraza y ayudaban a salir a los primeros rehenes. El emerretista distinguió a Tudela poco antes de que cruzaraal otro lado y le arrojó una granada, que felizmente chocó antes de explotar contra una especie de arco que se formaba en el techo. Las esquirlas hirieron de todos modos en la parte superior del cuerpo al Canciller, quien no obstante continuó con su huida.
Ya en la terraza, pero siempre dentro del ángulo de visión del subversivo, un valeroso comando lo cubrió con su cuerpo mientras ambos corrían hacia la escalera que conducía a la libertad. En ese momento Tudela escuchó disparos provenientes de la habitación que había dejado y sólo atinó a saltar hacia adelante. En el aire sintió que una bala le perforaba la pierna.
Nada más caer en los escalones, escuchó que de arriba alguien decía: "El comandante Valer ha caído". Comprendió que el hombre que lo protegía había sido alcanzado por las balas del terrorista que había querido ser su verdugo. "Bájenlo", ordenó, mientras se preguntaba quién sería ese valeroso soldado.

Emotiva escena durante el sepelio de los héroes. El Comandante Valer fue casi un tutor de Kenji. Al centro, ensayos del asalto se practicando a lo largo del verano pasado. Derecha, almirante Giapietri, su intervención habría sido crucial en el rescate.

"CHIZITO"

Dos días antes del operativo, el comandante EP Juan Valer Sandoval había recibido la visita del presidente Fujimori, en la explanada de Las Palmas, donde los comandos realizaban sus últimas prácticas. Valer, a quien sus íntimos llamaban "Chizito" por su cabello ensortijado y rubio, era un viejo conocido del Mandatario, pues desde 1994 éste le había confiado la seguridad de su familia. Según fuentes militares, ese día el Presidente le indicó al comandante -hoy póstumamente ascendido a coronel- que su misión era proteger y rescatar con vida al canciller Francisco Tudela y al embajador Aoki. A lo que el oficial se comprometió.
Pero la historia que culmina con su lamentable muerte, se inició en realidad el 18 de diciembre de l996, un día después de la toma de la residencia. Valer recibió en esa fecha la llamada de un coronel.
"Busca entre tus hijos (hombres comandos a quienes él había instruido) a los mejores para una misión especial, sumamente suicida...", le dijo su superior.
"A la orden, mi coronel, pero ¿de qué se trata?", preguntó él.
"Es la recuperación de la residencia. Tú sabes lo delicado de esta misión, así que no quiero fuga de información. ¿Entendido?"
"Sí, mi coronel".
Valer fue integrante de la 82 Promoción, "Teniente Luis García Ruiz" y pertenecía a la Infantería. Egresó con el grado de subteniente, en enero de 1978.
Cuatro años después fue ascendido a teniente del EP, y en 1984 ingresó a la Escuela de Comandos del Ejército.
Su preparación incluyó manejo de explosivos, curso de anfibios, técnicas de rescate de rehenes e intervenciones rápidas, supervivencia y pruebas de arrojo y valor, paracaidismo y escalamiento de montañas. Obtuvo el primer puesto y se le concedió la insignia "Pachacútec", máximo galardón de un comando.

"RECUERDENME CON ALEGRIA"

Después de casarse con Marina Collado, en 1982, Valer tuvo dos hijos: Valeria y Giovani.
"Mis amigos tenían la idea de que, por ser militar, era un ogro. Pero cuando lo conocían se quedaban asombrados de su personalidad. Era un tipo con un carisma muy especial", lo recuerda su esposa. "Pero parece que presagiaba que algo le iba a ocurrir y nos decía siempre recuérdenme con alegría", agrega.

Comando Raúl Jimenez, bromeando a la hora del rancho. También murió durante el rescate.

La noche del domingo 20, Valer llegó a su casa de San Miguel cerca de las ocho. Se le notaba más alegre que nunca. Abrazó a sus hijos, bromeó y comió como si no hubiera ingerido alimentos en varios días.
Permaneció por cerca de hora y media ,y al retirarse le dijo a su esposa que se ausentaría por unos días.
Esa noche a los comandos se les había dado un permiso especial para visitar a sus familiares. Se les indicó también que debían escribir una carta a su ser más querido y se les hizo firmar un documento donde señalaban que ellos por voluntad personal accedían ir a la misión encomendada.
Con uniforme policial y en pequeños grupos, para no despertar sospechas, los comandos fueron ingresando esa noche a las casas aledañas a la residencia desde donde se habían construido los túneles.

EN LOS TUNELES

La mañana del lunes, los miembros del cuerpo de elite estaban en sus ubicaciones, en el interior de los túneles. Las cargas explosivas habían sido colocadas y tan sólo se esperaba la señal para iniciar el ataque.
Los comados se pasaron todo el día en las galerías y por la noche se les dijo que podían subir a la base a descansar. Ellos, sin embargo, prefirieron permanecer en sus posiciones.
Cerca del mediodía del martes, los mandos de cada patrulla ya habían recibido la consigna de que pronto se realizaría la incursión. Se inició el rito del pintado de rostros y los movimientos de los brazos. No podía haber arengas; el silencio era fundamental.
A las 3 de la tarde ya tenían la confirmación del ataque. Valer y su grupo se desearon suerte dándose con el puño derecho en el hombro.
Al interior de la residencia, no todos los rehenes estaban al tanto de lo que estaba por suceder. Uno de los cautivos japoneses, Yoshiaki Kitagawa, presidente de la Mitsui, ha relatado, por ejemplo, que poco rato antes de la incursión se encontraba en la primera planta y que uno de los rehenes peruanos le sugirió que mejor subiera, recomendación que obedeció sin comprender completamente.
Quienes ocupaban la habitación colindante con la terraza por la que luego huirían tantos rehenes, por su parte, se enteraron de lo que se venía cuando vieron al congresista Pando y al vicealmirante Luis Giampietri mover un escritorio de madera que los emerretistas habían adosado contra una puerta de madera, la que ellos ignoraban a dónde conducía. Se trataba en realidad de la famosa puerta blindada, que luego el marino procedió a abrir con una llaves que le facilitaron los funcionarios de la embajada.

LA INCURSION

Al producirse la explosión a la altura del comedor, donde los emerretistas jugaban fulbito, Valer salió a toda velocidad por uno de los túneles que daba al jardín, ganando rápidamente la pérgola de la residencia. Sus compañeros lo siguieron. Algunos entran por la puerta que Giampietri había dejado entreabierta y se produce un enfrentamiento en esa habitación.
Juan Julio Witch refiere que uno de los comandos pronto estuvo volcado sobre él, diciéndole que no se moviera y disparando contra algún subversivo. Eventualmente, logró sacarlo y el sacerdote se arrastró hasta la escalera.

El jueves 22 de mayo, al cumplirse el mes del rescate en la residencia nipona, el Padre Juan Julio Witch oficiará en la Iglesia de Fátima una misa de Acción de Gracias por los rehenes sobrevivientes y en recuerdo de los caídos.

Es a través de la puerta blindada, también, que Valer ayuda a escapar a Tudela, pero, como señalábamos al principio, en ese esfuerzo fue abatido por los disparos del emerretista al que llamaban "22".
Según sus compañeros, el comando sólo atinó a decir: "Me dieron. Sigan adelante, déjenme aquí. Sigan ustedes y cumplan la misión. Es una orden..."
Lo dejaron al lado de algunos rehenes, perdiendo una gran cantidad de sangre. Uno de los médicos que estaba en el operativo lo auxilió, pero su evacuación no era posible mientras el operativo no concluyera.
Cuando se escuchó el grito de victoria, ya era tarde. Valer, el comando que pudo sobrevivir a numerosas pruebas de riesgo durante su entrenamiento y a más de una emboscada en Ayacucho, había muerto; pero lo había hecho en su ley.
En su uniforme se encontró la carta que escribió a su familia." Al escuchar la carta, sabrán que, como consecuencia del rescate he perdido la vida. Espero que los objetivos se hayan logrado porque por ello hemos trabajado y muchas veces dejando responsabilidades en nuestra querida Escuela Superior de Guerra'', anotó.
Por último, el deseo que expresa en las líneas finales, lo pinta de cuerpo entero: "Pido a todo el mundo que me recuerde como el Comando Valer". Así se hará.