Nuestro Chino en La Habana


Nuestro Chino en La Habana
Los pasos sorpresivos del Presidente Alberto Fujimori en la esfera externa para lograr países que acepten como asilados a los hombres del MRTA suscitan preocupación y desconcierto en la opinión pública y al mismo tiempo producen desplantes coléricos por parte de Néstor Cerpa Cartolini. El viaje a Cuba, con todo, marca un hito y ayuda a Cuba en la búsqueda de imagen y de aceptación mundial.

Recepción afectuosa y un diálogo amplio pero preciso en el que Cuba aceptó ser asilo de los sediciosos siempre y cuando se cumplan condiciones que incluyen el pedido del Japón, los garantes (Canadá, la Cruz Roja, el Vaticano) y del propio MRTA.

foto SERPRESS

NADIE esperaba que el Boeing 757 presidencial, al partir de Santo Domingo, la mañana del lunes 3 de marzo tomaría por destino La Habana.
Algunos de los invitados a la comitiva confiesan que algo olfateaban, pero la verdad es que la operación se llevó con la pulcritud de una misión de servicio secreto como las que describió, precisamente, Graham Greene a propósito de esa hermosa ciudad caribeña.
Esta vez, sin embargo, varios analistas se han preguntado si ha hecho bien el presidente Alberto Fujimori al realizar un viaje relámpago que pocas horas después de su culminación tuvo como respuesta la ironía y la molestia de Néstor Cerpa Cartolini, el hombre que ha desencadenado este rompecabezas político de resonancias mundiales.

Pese a no ser visita oficial, el Presidente peruano fue recibido con honores militares. Derecha, sombras de los negociadores al salir de la última conversación el día lunes.

Hay en el encadenamiento de los hechos factores desconcertantes. ¿Tiene un Presidente que presentarse como un peticionario personal en pos de asilo de los emerretistas?
¿Y acaso éstos quieren cambiar la selva local -donde sienten que seguirían siendo algo- por lugares extraños donde se aburrirían bajo el imperio de una jubilación temprana?
¿No fueron suficientes en términos de "exhibicionismo" (expresión usada por Cerpa Cartolini) Toronto, Washington y Londres?
¿En qué pie queda el Presidente dominicano Leonel Fernández, cuya amable pascana fue sólo un pretexto para no dar la idea de que Cuba la bella era el único objetivo de Fujimori y su búsqueda de asilo?
Calibrar el juego de Fujimori a estas alturas no es fácil. En las casi 8 horas en que Fidel Castro y Fujimori estuvieron frente a frente en el llamado Palacio de la Revolución, sede del gobierno, la escrutadora mirada del viejo líder trataba de adivinar lo que se encondía tras los rasgos orientales del mandatario peruano.
Las filigranas iban y venían.
Fidel Castro estuvo particularmente afectuoso y atento. Esperó en el aeropuerto a la súbita comitiva, con ejército, polainas y albedríos. Trasladó a todos a la sede gubernamental y prestó oídos extremadamente atentos al relato pormenorizado de Fujimori sobre la crisis de los rehenes.
No comentaba ni daba consejos y medía los gestos.
Cuando empezó a hablar, obviamente, indicó que Cuba había seguido con preocupación los acontecimientos, sabiendo que implicaban plazos largos, negociaciones arduas y cuestiones humanitarias inaplazables.

Néstor Cerpa Cartolini en la ceja de Selva de San Martín. ¿Es un sueño auténtico su pedido de ser reubicado en ella?

Esta vez Cuba, sin embargo, no podía proponerse como mediadora (lo fue en la crisis de Colombia con el M-19) y si aceptaba eventualmente ser territorio que albergara a los emerretistas lo haría por razones estrictamente humanitarias y bajo condiciones que dejaran a salvo cualquier suspicacia que pudiera vincular a Cuba con ese movimiento.
Castro le ha dado un espacio particular a una petición específica de Japón en tal sentido. Y es explicable. Las relaciones con este país son privilegiadas y lo pueden ser más ante un comportamiento comprensivo frente a una crisis que atañe tan directamente al poderoso pero al mismo tiempo vulnerable Primer Ministro Ryutaro Hashimoto.
Ha planteado, asimismo, que los garantes tendrían que aunarse al requerimiento de asilo, es decir, Canadá, la Cruz Roja y el Vaticano, con quienes por razones diversas Cuba guarda especial deferencia.
Y, cuidado, tendría que existir el avenimiento del propio MRTA.
Dejando de lado la meticulosidad diplomática, que por lo demás los cubanos cultivan tan sólo cuando quieren dejar expresa constancia de su predilección hacia el interlocutor, la postura de Castro llevaba implícita la pregunta: ¿cuánto está dispuesto a conceder el gobierno peruano? Toda negociación implica eso, más en un caso en el que la otra parte parece haber sido ganada por una megalomanía internacional creciente.
Se especuló prontamente con un ejemplo. ¿Podrá Cerpa Cartolini aceptar que su destino se determine en La Habana, sin él participar, cual lejano actor en ensombrecido segundo plano? Alguien previó que la reacción al viaje a La Habana se tendría muy pronto desde la residencia del embajador japonés en San Isidro. Castro asintió.
Y ése es el punto medular. El Presidente Fujimori lució amoscado en el Cusco al responder a las declaraciones matutinas de Cerpa el día martes lanzadas vía varias agencias noticiosas. Dio a entender que ya no se sabía qué esperar de los sediciosos. Hasta el Departamento de Estado puso su dosis de bilis al comentar el rechazo de Cerpa a la posibilidad habanera diciendo que "cómo estarán de bajos los bonos de Cuba que hasta el MRTA se resiste a viajar a ese país".
El viaje a Santo Domingo y La Habana ha sido una acción preparada, sin duda. El efecto primero (hay avances y por eso Fujimori va ya a definir el lugar donde viajarán los asaltantes) se diluyó prestamente con los cartelones en la residencia y las declaraciones agresivas de Cerpa.
El segundo efecto buscado es el de divulgar la imagen de un Presidente que se toma el ímprobo trabajo de gestionar él mismo habitación y territorio a los rebeldes, aún cuando éstos le respondan con ácidos desplantes.

El Presidente de República Dominicana, Leonel Fernández, también dejó abierta alguna posibilidad de asilo.

De ese modo, Cerpa que está, como lo ha dicho un comentarista, "en el inesperado pináculo de la gloria", puede empezar a cobrar el siniestro perfil de un empecinado al que nada satisface y empezar a tornarse en una figura inaguantable, incluso para la prensa extranjera que, en algunos casos, lo ha dotado hasta de un aura romanticona.
El objetivo puede ser presentar a Cerpa como el obstáculo mayúsculo para una solución pacífica.
En Santo Domingo y La Habana, Fujimori tuvo diálogos y consultas con los miembros de su delegación, incluyendo a los parlamentarios de la oposición (Alfonso Grados de UPP y Rolando Breña Pantoja, quienes no olvidarán de paso la experiencia de una plática tan generosa con Fidel) y allí señaló que las negociaciones avanzaban, lentamente, pero que probablemente el fantasma de la violencia se alejaba con esas pláticas.
El mensaje era claro: tras 8 ó 10 ó 15 citas, en caso de no poder llegar a un acuerdo, no iban a desembocar en un retorno a las posiciones intransigentes del comienzo, amenazando con ejecutar rehenes. El carro del diálogo se había echado a andar, se había flexibilizado posiciones y difícilmente iba a parar. Es esa convicción -para no llamarla hilo de esperanza- la que mueve al Presidente Fujimori a continuar en la búsqueda de alternativas que conformen la "solución integral" que ha planteado propondrá en las próximas horas.
Hay un involucramiento sincero en la cuestión por parte del Presidente, aún cuando también pesen factores personales como la exposición constante en los medios mundiales de comunicación desde que estallara la crisis. A veces parece que sus declaraciones ocasionan rabietas en Cerpa Cartolini, lo cual induce a pensar que se vuelve a fojas cero en las negociaciones que, por alguna previsora razón, los comunicados oficiales insisten en llamar "preliminares".

Fidel-Fujimori: además de una plática extensa, el infaltable mojito y la afirmación de una relación bilateral.

La prensa, como es claro, no está en condiciones de explicarse la coherencia de los pasos gubernamentales dados hasta la fecha. A la sorpresa de verse desembarcados en La Habana en vez de Barranquilla, los periodistas que integraban la comitiva y que viajaban en el Fokker presidencial -de veteranía demostrada cada vez que emprende nuevo vuelo y repotencia sus desperfectos- vivieron anécdotas, pasaron molestias, aunque fueron premiados con vistas de un Castro que siempre es noticia. No se entiende tampoco la desproporción entre el número de periodistas peruanos y el ancho caudal de cronistas nipones (¿quién confecciona la lista de los privilegiados y quién dispone que algunos medios locales sean excluidos?) ni un secreto tan extremo que impidió a los hombres de prensa cambiarse de ropa en un día extenuante y caluroso en La Habana.
Hubo quienes hicieron del vuelo inesperado un grato revuelo. El capitán de la nave presidencial no pudo aguantarse las ganas de testificar que estuvo con Fidel y se hizo fotografiar junto al líder en la pista de aterrizaje. La tripulación aprovechó el gesto, para descender prestamente de la cabina y hacer lo propio. Fidel aceptaba esta muestra de atracción casi turística que suele rodearlo por donde anda.
La comitiva oficial también tuvo ocasión durante el almuerzo y luego que por espacio de dos horas y media se habló del asunto de los rehenes y la crisis de la embajada de conversar largamente con los dirigentes cubanos. Rápidamente Fidel monopolizó los diálogos y empezaron los recuerdos de su estada en Lima (aquí tuvo un brindis tan prolongado en el aeropuerto con el entonces Presidente Juan Velasco, que salió entre picadito y rubicundo, al igual que su anfitrión local), Allende, la integración, la Ley Helms-Burton y la próxima cita de la OEA en Lima, donde Cuba será una vez más, aunque excluida, omnipresente.