La Táctica de los Regalitos de Navidad






La Táctica de los Regalitos de Navidad
En la medida en que sigan liberando rehenes, el comando del MRTA al mando de Néstor Cerpa Cartolini -(c) Hemigilio Huertas- que tomó por asalto la residencia del Embajador de Japón, Morihisa Aoki, nueve días atrás, puede aparecer como un grupo revolucionario de torcido espíritu navideño. Pero pocos son los que a estas alturas del partido siguen creyendo en Papá Noel. La liberación de los ministros de Estado, militares, policías, congresistas, religiosos y empresarios peruanos y extranjeros del más alto nivel aún cautivos dentro del recinto diplomático responderá ahora, no tanto a la simple necesidad de aplacar la crisis malthusiana al interior del local, sino a la capacidad del Estado peruano en doblegar a los terroristas en una estrategia política donde el uso de la fuerza no está descartada.

Foto VICTOR CH. VARGAS

CUANDO el presidente Alberto Fujimori empezó a saludar a los rehenes recién liberados la noche del domingo, en el Hospital de Policía, un diplomático europeo se dio media vuelta molesto y se marchó a su casa. "No voy a esperar media hora para darle la mano a este señor" masculló mientras salía.
El reflejaba el estado de ánimo de muchos de los rehenes. Desde dentro de la residencia del embajador japonés, la situación se ve distinta. Para los rehenes era evidente que no había una negociación en curso y a veces se pensaba que el gobierno no estaba haciendo lo suficiente para rescatarlos.

Una larga y criticada demora en hablarle al país. El mensaje del sábado abrió la posibilidad de negociación.

Es más, el temor a una intervención militar se vivía como una posibilidad muy concreta, por lo menos hasta el discurso del presidente Fujimori el sábado en la noche.
En días anteriores los rehenes se enteraron por un canal de TV extranjero que una task force integrada por 400 comandos de elite norteamericanos y británicos estaba en Lima esperando órdenes para asaltar la residencia.
Si a eso se agregaba que la TV local había informado que había 28 ambulancias en las inmediaciones, y se tenía en cuenta el corte de los servicios de agua, luz y teléfono, se puede imaginar el peso de los temores que taladraban la mente de los rehenes.

Lucero Cumpa, una de las líderes cuya libertad exige el MRTA, al ser presentada a la prensa.

Hasta el sereno embajador Morihisa Aoki perdió la calma en un momento. Cuando se comunicaba por radio con una televisora local, junto con el Canciller Francisco Tudela, el generador eléctrico se apagó por falta de combustible. Pero los rehenes pensaron que habían sido interrumpidos por el gobierno que preparaba el ataque.
"¡Si hay intervención militar la relación Japón-Perú se acabó, éste es territorio japonés!", gritó Aoki. Pero ya nadie lo escuchaba afuera.
Sus primeras decepciones empezaron al poco tiempo que el comando del MRTA irrumpiera volando un muro de la residencia. Encerrado en una habitación del segundo piso, el embajador empezó a llamar al presidente Fujimori. Le contestó un edecán. "El Presidente está muy ocupado, no puede atenderlo".
De nada valieron las explicaciones. Aoki llamó una y otra vez. Cuando se dio cuenta, Néstor Cerpa estaba en la puerta, mirándolo burlón. "Adelante, embajador, siga llamando" le dijo.
Aoki insistió. Llamó unas diez veces y no pudo hablar con Fujimori. "¿Fujimori no era su amigo? ¿Acaso no lo llevaba a las inauguraciones y a repartir regalos? ¿Por qué no le contesta ahora?", se burló Cerpa. El embajador guardó silencio.
A otro personaje le ocurrió algo similar. El general Carlos Domínguez, ex jefe de la Dincote, fue el único amenazado de muerte por el MRTA. En los primeros momentos de la toma de la residencia, Cerpa le dijo que lo iban a ajusticiar si la Policía no se retiraba de las inmediaciones del local.
Domínguez empezó a llamar al director de la Policía, el general Antonio Ketín Vidal. Llamó muchas veces y sólo pudo hablar con un ayudante al que dejó el encargo. Sin embargo, la Policía se retiró.

Canciller Tudela, serenidad y ponderación. (Der) Hacinados en la segunda planta. Congresista Eduardo Pando a la izquierda.

A pesar que su vida pendía de un hilo, Domínguez se mantuvo sereno. A él le dieron más importancia que al actual jefe de Dincote, general Máximo Rivera, quizás porque Domínguez estaba al frente cuando fue detenido Miguel Rincón y el grupo que pretendía tomar el Congreso, en diciembre del año pasado.

LAS CARTAS

El miércoles fueron liberados cinco diplomáticos, incluyendo a los embajadores de Canadá, Alemania, Grecia, un consejero francés y el peruano Armando Lecaros. Apenas salieron, fueron a Palacio de Gobierno para entrevistarse con el Presidente. El comando del MRTA les había encomendado trasmitir sus demandas al gobierno y abrir por su intermedio el proceso de nogociación. Ellos se comprometieron a regresar a la residencia al día siguiente.
Cuando llegaron a Palacio los hicieron pasar hasta la antesala del despacho presidencial. Esperaron unos diez minutos hasta que un edecán salió y les informó que el Presidente estaba muy ocupado y no los podía recibir, que fueran donde el ministro de Educación Domingo Palermo.

Los diplomáticos, tensos por la situación que habían vivido, se exasperaron. El embajador alemán, Heribert Woeckell, empezó a golpear una mesa con el puño al tiempo que gritaba "¡Esto no puede ser, esto va a traer consecuencias, está en juego la vida de muchas personas!"
Los otros diplomáticos estaban también exasperados, pero calmaron a su colega. Salieron de Palacio y fueron a la Base Naval del Callao para tratar de hablar con el cabecilla emerretista Víctor Polay y cumplir así uno de los encargos de sus captores.
En la Base Naval esperaron unos veinte minutos hasta que un oficial les comunicó que a esa hora de la noche era imposible llegar hasta la celda de Polay.
Perplejos y desalentados se retiraron a sus domicilios. Todos informaron a sus gobiernos de la situación. Los embajadores de Alemania y Grecia recibieron orden de regresar de inmediato a sus países. Sólo el canadiense Anthony Vincent intentó seguir cumpliendo su papel de intermediario. No lo logró. Sólo pudo gestionar la entrega de baños portátiles para los rehenes.

Congresista J.Diez Canseco y A. Toledo, portadores de mensaje de los rehenes. También los disolvieron. Derecha, Miles marcharon por la liberación de los rehenes convocada por Fernando Andrade.

El ministro Pelermo le expresó clara y firmemente que el gobierno no quería intermediarios.
Antes, la periodista Sally Bowen había pasado por lo mismo. Como presidente de la Asociación de Prensa Extranjera, los emerretistas la hicieron portadora de un mensaje para las autoridades. Apenas salió, la medianoche del martes, buscó al ministro Juan Briones y al general Ketín Vidal, que estaban a dos cuadras de la residencia. No la recibieron.
Indignada, leyó el mensaje a la prensa.
El viernes por la noche fue liberado un grupo más grande. A las 5.30 de la mañana, Javier Diez Canseco y Alejandro Toledo habían sido despertados: iban a integrar una comisión que cumpliría el mismo papel. Tres embajadores extranjeros la integraban también, los de Brasil, Corea del Sur y Egipto.