Dedo en la Llaga


COLINA EN PUNO

El proceso que se le ha abierto al general Rodolfo Robles es por los delitos de ultraje a las Fuerzas Armadas, insulto al superior, desobediencia y falsedad genérica. Le serán imputadas todas las declaraciones y denuncias realizadas desde su retorno al país en junio de 1995.
La denuncia fue planteada de oficio por el fiscal militar coronel Raúl Talledo Valdivia. Es el mismo que actuó en el caso La Cantuta, y fungió de acusador de los generales Carlos Mauricio y Walter Ledesma.
Todos los observadores coinciden en que es la denuncia del atentado contra la filial de Canal 13 en Puno, donde el general Robles descubrió a un miembro del grupo Colina, la que ha motivado su detención.

Amnistiados Martin Rivas y Eliseo Pichilingüe.

Amnistiados Juan Sosa y Julio Chuqui Aguirre.

El 17 de octubre, tres suboficiales del Ejército, pertenecientes al Servicio de Inteligencia, colocaron cargas de dinamita en Global Tv de Puno. El 6 de noviembre, la Jefatura Contra el Terrorismo de Puno detuvo a los autores materiales, los suboficiales Angel Sauñi Pomaya, Javier Urquizo y Luis Barrantes.
Todos confesaron el delito y señalaron al asesor legal del Gobierno Regional, Guido Mendoza, como el autor intelectual. Mendoza negó el hecho y fugó luego de que un juez lo pusiera en libertad provisional. Después fue recapturado por la policía.
El general Robles identificó al suboficial Angel Sauñi (a) el Inca, como miembro del grupo Colina. A partir de lo cual el caso tomó otra dimensión.
Poco después, el general Enrique Delgado y el comandante Alejandro Quiquia Cano, comandante general y jefe de Inteligencia de la IV División de Infantería respectivamente, fueron destituidos y arrestados. El general Walter Chacón, compañero de promoción y amigo de Vladimiro Montesinos, fue nombrado comandante de la IV División.

HISTORIA INCAICA

Angel Sauñi Pomaya, 33, apodado el Inca por su perfil andino, tiene doce años en el Ejército y por lo menos diez en inteligencia. Allí conoció al entonces capitán Santiago Martin Rivas.
Nacido en Chilca, Huancayo, Sauñi trabajaba en el departamento de informática del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE). Luego pasó al departamento de electrónica, encargado del espionaje telefónico.
También hizo trabajo en el campo. Su especialidad era la búsqueda e identificación de objetivos. Estuvo infiltrado cuatro meses en la universidad La Cantuta, antes de los secuestros y asesinatos de julio de 1992. Incluso fue detenido como sospechoso por la Dincote cuando estaba como agente encubierto en La Cantuta.
Tenía la libreta electoral 06117145, con la que votó en varias elecciones. Antes usó la libreta electoral 7110427 y militar 2599098635.
Según versiones no confirmadas, el participó en los operativos de Barrios Altos y La Cantuta, pero estuvo en el grupo de oficiales y suboficiales que no fueron procesados y sentenciados.
Un allegado a Sauñi reveló a CARETAS que el suboficial estaba harto del grupo Colina y quería salir del Ejército, pero no le aprobaban su pase a retiro.
Los suboficiales Barrantes y Urquizo trabajaban hace siete años como agentes operativos de inteligencia. Eran considerados gente de confianza en La Fábrica, como se conoce al SIN.
Sauñi, émulo de Santiago Martin Rivas, formó un equipo de seis o siete suboficiales de inteligencia en Puno. Sauñi trabajaba cercanamente al comandante Quiquia, que lo conocía porque antes había estado en la Dirección de Inteligencia del Ejército.
Por coincidencia, Lidia Quiquia Cano, hermana del comandante, es secretaria del general Carlos Espinoza Flores, vocal instructor militar. Espinoza sería el encargado de juzgar a los acusados del atentado de Puno, si el proceso pasa al fuero militar. Espinoza también es el vocal titular en el caso del general Rodolfo Robles.

DETRAS DE LA ESCENA

No es coincidencia que la detención del general Robles se haya producido cuando arreciaban sus denuncias sobre las actividades del grupo Colina.
Según fuentes castrenses, militares vinculados a inteligencia iban a hacer llegar a Robles nuevas informaciones sobre Colina que podrían tener efectos devastadores sobre la cúpula.
Difícilmente puede pensarse que el comandante general, Nicolás de Bari Hermoza, haya sido ajeno a la operación. Es sabido que la justicia militar no goza de independencia. Y quienes lo detuvieron no son miembros de la policía militar sino del SIE, que dependen directamente de Hermoza.
¿El presidente Alberto Fujimori sabía? Seguramente sí. Es muy improbable que un acto con consecuencias políticas nacionales e internacionales de esa envergadura no le haya sido consultado. No parece casual que hayan esperado el regreso de Fujimori de su gira por el Asia.

Jefe del Comando Sur Wesley Clark en Lima y editorial crítico del New York Times.

Vladimiro Montesinos, hombre fuerte del SIN y blanco de las denuncias de Robles, es considerado por varios congresistas y familiares de Robles como el cerebro de la operación.
Por último, apresar al general Robles cuando visitan el país el jefe del Comando Sur, general Wesley Clark, y el ex presidente George Bush, representa una suerte de desafío y prueba de fuerza. Y no es la primera vez que actúan así.
La masacre de Barrios Altos, en noviembre de 1991, se efectuó cuando una comisión de la OEA visitaba Lima. El golpe del 5 de abril de 1992 coincidió con la llegada del subsecretario Bernard Aronson.
En el futuro podría temerse lo peor cada vez que recale en el Perú algún dignatario norteamericano.

EFECTO MC CAFFREY

El periodista peruano Gustavo Gorriti, radicado en Panamá, calificó estos hechos como el "efecto McCaffrey", en alusión al respaldo que proporcionó el zar antidrogas de los EE.UU. al hombre fuerte del SIN Vladimiro Montesinos cuando visitó el Perú.
No pocos analistas piensan lo mismo. El apoyo norteamericano habría envalentonado a Montesinos y la cúpula militar -según esta hipótesis-, para atropellar las libertades ciudadanas y los derechos humanos.
Un editorial del influyente New York Times del lunes 25 apunta en esa misma dirección. Titulada "Ayuda Americana anti-drogas va al Sur", la nota toma el caso de dos países, Colombia y Perú. Dice:
"Los programas americanos para combatir a las drogas en Latinoamérica han dependido por mucho tiempo de una alianza non-sancta. Estados Unidos ha mandado cientos de millones de dólares en armas y equipos a los ejércitos con records atroces en derechos humanos y un mayor deseo en combatir a las guerrillas que a las drogas.
Conseguir metas americanas en la región -combatiendo a la cocaína y promoviendo la democracia y los derechos humanos- dependen de prevenir que la ayuda sea usada en guerras de contrainsurgencia. Recientes desarrollos muestran que Estados Unidos necesitan asegurarse de que su ayuda no será mal usada."
Y refiriéndose al Perú, dice el NYT:
"El general Barry McCaffrey, zar antidrogas de la nación, tiene un buen record en cuanto a asuntos de derechos humanos. Pero en una reciente visita a Perú parecía dar su beneplácito a Vladimiro Montesinos, el jefe de facto de la inteligencia peruana. El señor Montesinos solía trabajar como abogado de narcotraficantes. Grupos peruanos y norteamericanos de derechos humanos lo acusan de haber creado escuadrones de la muerte y el Congreso peruano ha tratado de investigar los cargos que tiene sobre protección a narcotraficantes".
"El general McCaffrey estuvo con Montesinos en privado, pero halagó la efectividad de la unidad de inteligencia en un encuentro con los peruanos. Preguntado por un reportero acerca de Montesinos, el general McCaffrey dijo que confiaba en que todos los asesores del gobierno eran honestos".
"Los comentarios del general McCaffrey fueron noticia de primera plana en Perú, donde se tomaron como respaldo a la popular teoría de que Montesinos disfruta de la protección de Washington. Esta percepción ha aumentado su poder y lo ha ayudado a bloquear las investigaciones del Congreso. El general McCaffrey perdió una importante oportunidad de distanciar al gobierno americano del señor Montesinos".
"Recientemente Washington ha reconocido los efectos venenosos de las relaciones de sus hombres de inteligencia con abusivos oficiales en Latinoamérica. Debe mantener sus programas de lucha antinarcóticos libres de cometer los mismos errores".
Quizás ahora McCaffrey lamente lo que hizo en Lima. Ojalá que no sea demasiado tarde.


Canto General
El comandante general del Ejército exhibe su pericia literaria.

Síntesis y suma filosófica, histórica, militar, diplomática y humana de un soldado. La loa hecha carne.

Facsímil del prólogo de Vladimiro Montesinos. Flores de uno a otro.

LOS jefes militares, por atávico reflejo, sueñan con encarnar la grandeza. Grandes el país que ensalzan, las batallas, los pensamientos y la posteridad que les espera.
César, Aníbal, Napoleón, De Gaulle, cada uno en su medida, se representa ante sí descomunal, obviando el descaro de la memoria y el olvido.
El Perú de hoy tiene su General que aún no encuentra biógrafo pero sí la suficiente inspiración como para pintarse a sí mismo.
"Lecciones de este Siglo" se titula la obra que el general Nicolás de Bari Hermoza Ríos presentó en cónclave académico el día sábado pasado en la Universidad del Pacífico, por consejo y mediación de su hija Carla, alumna de ese centro de estudios.
Obra imponente de 383 páginas (234 de las cuales las ocupa un cuadro infinito de las acciones terroristas entre 1990-1996), precedido por un prólogo animoso de Vladimiro Montesinos Torres y que culmina con una bibliografía que acredita que nuestro General Victorioso ha batallado por igual con las armas y el pensamiento (Aristóteles, John Stuart Mill, Bertrand Russell, Nietzsche, Camus se unen a historiadores y diplomáticos peruanos, a ediciones de El Peruano, obras del IEP y del fondo editorial de la Universidad Católica, junto con adalides de la modernidad como Alvin Toffler y Miguel Angel Cornejo).
Al general Hermoza la filosofía parece atraerle irremisiblemente: una obra anterior suya es nada menos que "Filosofía de un Soldado" y quizá por ello, aparte de las flores que se entrecruzan los cruzados, muestre admiración por Montesinos ("El Dr. Vladimiro Montesinos Torres, de cuya amistad me precio, es un hombre que con la modestia propia de los seres grandes, ha escogido voluntariamente el duro camino del trabajo silencioso y persistente, ajeno por completo a las vanidades de la publicidad, de los reconocimientos oficiales, de los aplausos efímeros..."). Este a su vez, se pone a las órdenes de su General ("porque nunca dejé de ser soldado").
Reseñar los cuadros en un cuadro mayor sería tarea fácil. Lo es menos adivinar en síntesis cuál la filosofía del máximo dirigente militar. Poético, elocuente, guerrero y reflexivo, Hermoza Bari recorre el diapasón literario, el de la alabanza y la convicción patriótica hasta llegar al clímax: "El que comanda en todos los niveles no es un jefe común y corriente, tampoco es un superhombre, es un lider integrado a sus hombres jerárquica y disciplinariamente, y bajo su liderazgo los conduce a las empresas más difíciles que se pueda imaginar".
Será difícil olvidar estas páginas que ingresan, desde ya, en el terreno de una literatura inigualada en un país proclive a estampar, en letra impresa, auténticas peras del olmo.