Réquiem para un Idolo


Réquiem para un Idolo
"Lolo" Fernández murió el martes. Quién lo diría.

La última foto con la casaquilla crema del equipo de sus amores, el segundo domingo de octubre de 1953 el día que se retiró de las canchas para siempre. (Der.) En la cubierta del barco, rumbo a Alemania, con el vistoso uniforme de la delegación peruana.

Estaba muy enfermo. En las últimas semanas el inigualable Teodoro, "Lolo" Fernández, ya perdía la batalla final e inevitable. Hacía siete años que estaba internado en la Maison de Santé y el desenlace se esperaba, pero costaba tanto imaginar postrado al gran "Cañonero", que en todas las redacciones la noticia cayó como una terrible y sombría visita.
A los 17 años debutó jugando por la "U", cuya casaquilla sería la única que conocería en su prolongada trayectoria. Eso fue en 1930, cuando el Perú todavía no se sacudía de los 11 años de gobierno de Augusto Bernardino Leguía y el joven Teodoro Fernández salió a la cancha para ocupar el puesto de wing izquierdo, que muy pronto cambiaría por el de centro delantero en el que jugó de allí en adelante.
Cada vez son menos los que recuerdan su figura en las canchas, su trote algo lento, con la cabeza levantada, pidiendo pelota, metido a fondo en el área chica, alzándose sobre los más recios defensas para terror de los arqueros.
Claro, todo el mundo sabe que fue goleador, que tenía dinamita en los pies y que por alto iba bien al cabezazo. Pero lo que otros recuerdan del gran "Lolo" y su paso por las canchas, fue el estoicismo que lució frente a los más duros rivales. Jamás el lamento, nunca el reclamo airado ante el árbitro. Si un foul artero lo derribaba, sencillamente hacía el esfuerzo de levantarse para pedir que lo dejen a él cobrar la falta.
Sólo dejó de vestir la casaquilla crema cuando tuvo que defender la blanquirroja en las Olimpiadas de Berlín y en algunos sudamericanos, como el de 1936 en el que el fútbol peruano se proclamó campeón por primera vez.
"Lolo" fue uno de los últimos olímpicos que sobrevivía, de ese célebre equipo que integraron "Campolo" Alcalde, "Manguera" Villanueva, "Titina" Castillo, Orestes Jordán, Arturo Fernández, su hermano, y el "Mago" Valdivieso, entre otros.
Equipo de juego atildado pero bravo a la vez, que en las olimpiadas se impuso a Finlandia y Austria, desafiando las iras del Fuhrer Adolfo Hitler, a quien no se le ocurrió mejor pretexto que mandar anular el partido en el que fue derrotado el equipo austriaco, de su país natal.
En octubre de 1953 se retiró definitivamente de las canchas. El segundo domingo de ese mes 30 mil personas fueron al Estadio Nacional a despedir al Cañonero, que por última vez se puso la chompa crema que llevaba la "U" prendida con un imperdible sobre el lado izquierdo del pecho.
Esa tarde "Lolo" le entregó la posta al "Cholo" Manuel Arce, y cuando hacía abandono del campo lloró como un niño. Puesto de pie el público le brindó una interminable ovación, premio que turbó aún más al gigante de las canchas, al hombre que había hecho goles desde 40 metros del arco y que en las postrimerías de su carrera se exhibió también como un organizador dentro del campo.
En esa oportunidad (Caretas 51) informamos del acontecimiento titulando a la nota "Llanto del adiós", palabras que resumieron lo que fue esa tarde en el José Díaz. Hoy que la partida es definitiva, nos sumamos al pesar de la familia, los amigos, la afición y, por qué no, de todo el país que ha perdido también a un ciudadano ejemplar.