culturales


Fuerza Gaucha
Las sobrecogedoras creaturas de Miguel Angel Bengochea.

Autorretrato del argentino Miguel Angel Bengochea. Su propuesta crítica, denunciativa y existencial se exhibe en El Olivar.

ES imposible permanecer indiferente ante las imágenes de Miguel Angel Bengochea. Sus personajes son rotundos, deformes, agresivos, con los rostros surcados de profundas arrugas que les salen del alma, o de más adentro si pudieran. Parece que hubieran crecido de pronto sorprendiendo al propio pintor en los límites establecidos. La mayoría no mira al espectador pero se adivina que tienen la tristeza larga de tanto venir andando. Por eso están quietos, como ensimismados en el plato de comida que tienen al frente y con un gesto parecido al del autómata que se alimenta sin placer y sin angustia, por la pura obligación de sobrevivencia.
"Yo pinto lo que conozco, lo que siento desde adentro, no lo que está de moda, esa pintura light sin compromiso que sólo sirve de adorno y no de denuncia", dice Miguel Angel Bengochea (Buenos Aires, 1945), argentino atípico de discreto acento porteño y asomos de timidez.

"El almuerzo", 1994. Oleo sobre tela (1.46 x 1.14 cm.) de la serie "Comidas". La muestra auspiciada por la firma Mc Donald's Perú y Roberto Lukac estará abierta al público hasta mediados de octubre en Matilde Acha de Brenner 245, el Olivar de San Isidro.

Hijo de obreros y habitante de los barrios marginales de la capital bonaerense, estudió en el taller del maestro Juan Carlos Castagnino eminente dibujante que marcó a fuego al joven aprendiz. No es casual entonces que su impronta aparezca como fundamento de la imagen en toda la obra adulta de Bengochea.
Algunos críticos -con la manía que tienen de poner apellido a la producción- circunscriben a los pintores en algún "ismo" determinado. Pues bien, Bengochea prefiere definirse él mismo como un realista expresionista con una propuesta crítica, denunciativa y existencial. "Bacon se declaraba realista más que expresionista. Yo asumo la misma calificación", se corrige.
Su paleta por tanto es limitada. Prefiere los colores oscuros emparentados con la escuela renacentista española y como ellos, propone una luz a cada color para cerrar la forma.
Para Bengochea el dibujo es asunto primordial. Sus cuadros prefieren formatos grandes pero empiezan con pequeños bocetos donde el artista registra hasta los mínimos detalles. Luego decanta, compone y los dibuja al tamaño. Les saca una fotografía y los proyecta en la pared con un aparatejo llamado "episcopio" el mismo que ya usaba el Canaletto en el siglo XVII.
La serie de "comidas" y "vestidores" que exhibe en la Galería Cecilia González de El Olivar de San Isidro, muestra escenas cotidianas de gente del pueblo "a quienes la muerte acecha y la vida es una lucha constante que deja la piel en carne viva".
Por eso sus personajes esperpénticos, caricaturescos, grotescos, están recubiertos de una pátina de ternura por donde rezuman trozos de vida ya vivida. Allí está la historia de América Latina, la historia de una Argentina desgarrada por la ferocidad de la dictadura y sus miles de muertos sin nombre, y la historia de una ciudad dura, cosmopolita y deshumanizada.


Once Años
Danza Contemporánea Atelier cumple once años bajo la dirección de su gestora Molly Ludmir. Un fragmento de cada una de las coreografías trabajadas a lo largo de su trayectoria: "Lamentos", "Cuerpos Vacíos", "La Parca", "Pecados", "Novias", "Caballo Cojo", "Apetencias y Deseos", y "Anaís, Comprensión del Amor", se están presentando en el Centro Cultural Juan Parra del Riego de Barranco. En la antología participan Violeta Noriega, María Laura Rheineck, Gladys Acosta, Martha Carrera y Fany Rodríguez. Como invitado especial está el cubano Roberto Murias. Hasta el 23 de setiembre a las 8 de la noche.


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