Controversias


Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

El Aniversario de Vladimiro

LA posibilidad de interpelación a Alberto Pandolfi y otros ministros, para que respondan preguntas vinculadas al hombre fuerte del Servicio de Inteligencia Nacional y asesor presidencial Vladimiro Montesinos, ha provocado pánico en el gobierno. Más precisamente, en un sector de él.
Muchos no se explican por qué. Es obvio que Pandolfi no va a ser censurado, sólo tiene que responder unas pocas preguntas. Pero esas interrogantes son demasiado comprometedoras para Montesinos. Por ejemplo ¿defendió o no en 1978 al capo del cartel de Medellín Evaristo Porras Ardila, que fugó de la cárcel y cuyo expediente desapareció? CARETAS ha publicado anotaciones manuscritas de Montesinos sobre el caso. ¿Avaló o no al narcotraficante colombiano Jaime Tamayo en el alquiler de una casa en 1979? Y así, sucesivamente.
El poder de Montesinos quedó de manifiesto cuando la mayoría oficialista abandonó el hemiciclo el jueves 12 para impedir la interpelación. Esta semana será nuevamente puesto a prueba.
El viernes pasado le tocó al ministro de Defensa, general (r) Tomás Castillo Meza, representar un papel poco decoroso. Castillo, que se retiró del Ejército con un bien ganado prestigio profesional, se vio obligado a hacer el ridículo leyendo un informe burdamente preparado, en el que se pretende negar la autenticidad de los informes de inteligencia de la Marina que prueban la vinculación de Vaticano con militares en el Huallaga.
Los programas de TV que difundieron los documentos de la Marina, Contrapunto y La Revista Dominical, se han reafirmado en la autenticidad de los mismos. Incluso han propalado las cintas grabadas que comprueban la veracidad de los informes. A estas alturas, quedan pocas dudas de quién está mintiendo.
El general Tomás Castillo, pues, fue enviado al sacrificio.
A pesar de su situación comprometida, el ex capitán debe gozar en su fuero interno. Maneja generales, ministros y parlamentarios. Empresarios y oficiales de la más alta graduación hacen antesala de varias horas en su oficina, para hablar unos minutos con él. El Ejército lo ha condecorado.
Pero su pasado no lo abandona. Sobre todo en estos días. Quizás por eso su preocupación por la posibilidad de que se recuerden pasajes escabrosos de su vida.
Hace exactamente veinte años, el 28 de setiembre de 1976, el capitán de artillería Vladimiro Montesinos, fue dado de baja y expulsado deshonrosamente de su institución.
Lo echaron, como se sabe, por fraguar documentos y viajar sin permiso a los Estados Unidos, y luego lo sentenciaron a un año de prisión. Pero había más. En octubre de 1983 fue denunciado por el delito de Traición a la Patria en el fuero militar. Montesinos huyó al Ecuador. Después, un tribunal presidido por el coronel Jaime Montesinos acordó sobreseer el caso.
Le pudo ir mucho peor, pero la complicada situación que vivía el Perú en 1976 posibilitó que saliera bien librado de una acusación que podía haberlo llevado al cadalso.
La trayectoria de Montesinos fue peculiar. Después de salir de la Escuela Militar, en 1966, estuvo destacado un año en la Tercera Región (Arequipa). Desde 1967 hasta mediados de 1976, casi diez años, se las arregló para permanecer en Lima y muy cerca del poder.
En 1973 ya era ayudante del general Edgardo Mercado Jarrín, comandante general del Ejército y miembro de la Junta de Gobierno. Cuando Mercado pasó a retiro, entró al equipo del general Enrique Gallegos, ministro de Agricultura. Y en 1976, al del nuevo comandante general y ministro de Guerra, Jorge Fernández Maldonado.
Eran ya los tiempos turbulentos de Morales Bermúdez. La sublevación del general Bobbio forzó la salida a mediados de 1976 de su nuevo protector, Fernández Maldonado. Por primera vez después de muchos años, Montesinos tuvo que hacer lo que cualquier oficial del Ejército peruano: servir en una remota base de provincias. Hasta ese momento, la mayor parte de su carrera la había pasado adulando, aconsejando y espiando en los corredores del poder.
El 2 de agosto de 1976 fue enviado al Algarrobo, Sullana, al Grupo de Artillería de Combate N° 51. No lo soportó. Llegó el 25 de agosto y pidió vacaciones. Y a continuación se fue ilegalmente a los EE.UU.
El 28 de setiembre de 1976 fue dado de baja. Según varias versiones, no se le juzgó por delitos mayores porque eso hubiera comprometido a varios generales muy importantes a los que había servido -o utilizado-, rompiendo el delicado equilibrio de poder que existía en ese momento, cuando varias facciones militares se enfrentaban por el rumbo que debería tomar el gobierno.
Por coincidencia, veinte años después de su expulsión del Ejército, el obsceno pasado de Vladimiro Montesinos se ventila públicamente otra vez.