culturales


Gloria Clausen

Huésped del Corazón
Cálida mirada a la trayectoria de una poeta casi desconocida.

Por Roger Santiváñez

Lírica familia. El acaudalado hacendado y poeta Octavio Hinostroza escondido tras el nombre Gabriel del Ande, su esposa la poeta Gloria Clausen y sus dos hijos, uno de ellos bautizado como Rodolfo, también vate.

RODOLFOClausen fue un rubio y barbado danés que llegó al Perú como contratista del moderno gobierno del presidente Augusto B. Leguía. El ingeniero nórdico recorrió casi la totalidad del territorio, enhebrando cintas asfálticas que rompían las montañas y albergaban en el suni para dibujar las vías de comunicación sobre el mapa. Una de esas estancias fue en Ica. Y allí nació nuestro personaje: Gloria Clausen, esa poeta que hoy rescatamos del silencio.
Luego de una infancia en el desierto paisaje del sur chico, la joven -mientras estudiaba el colegio- conoció a Octavio Hinostroza, poeta que publicaba sus versos en las revistas Folklore e Idea firmando como Gabriel del Ande. Este, amigo de Oquendo de Amat, se establece en su natal Huaraz durante la época de oro de la oligarquía con la poeta Gloria Clausen, hija de Victoria Farfán, lime-ña de prosapia y azules venas dejándose acariciar por el aire.

Sólo publicaría una breve colección: "Moneda de luz" pero la crítica le destrozó las ganas de seguir editando.

Antes de la guerra mundial hitleriana el Perú es un caleta país donde ha ocurrido un trance de Moby Dick y -vagamente peruano- un soneto de Lope firmado por la huanuqueña Amarilis. Pero aquí estamos en 1938. El ingeniero Clausen apadrina la boda de su bella hija Gloria con el poeta y acaudalado hacendado de Huaraz, Octavio Hinostroza, Gabriel del Ande. La familia Clausen ya estaba vinculada al norte; una de las muchas centrales eléctricas que el inmigrante danés construyó fue en Chimbote. Lima, 1941, nace el poeta de Los Nuevos: Rodolfo Hinostroza, fruto de un amor intensamente literario, como queda claro en Fata Morgana.
En 1949 los Hinostroza Clausen vuelven a la capital y se establecen en una ciudad impermeable a sus angustias. Gloria Clausen ha seguido escribiendo, desde los diecinueve años que tenía cuando casó con el poeta que nunca llegó a publicar. Por esos días nuestro personaje escribe una novela neoindigenista cuyo título es El árbol. Cual Penélope la poeta peruana de origen nórdico tejió las redes narrativas de su vocación: captar el alma del Callejón de Huaylas, el ser del morador andino. Decenas de cuentos y otra novela inconclusa forman parte de la obra inédita.
Hacia 1957 Gloria Clausen decide publicar. Rodolfo Hinostroza, el adolescente y callado lector de Ulises de Joyce permanece junto a ella, reuniendo bajo el cálido invierno de Lima los poemas que conformarían su primera y única colección édita Moneda de luz, Ediciones Alborada, 1959. Padre, tanto de ti he recibido:/el lenguaje de amor que perenne habla mi corazón;/ el colmenar intenso que elabora/la nítida miel de las ideas/y el árbol, tu recuerdo, para todos los cansancios/del camino. Estos versos abren el book que José Miguel Oviedo "destrozó" demostrando su arrogancia pontificadora erróneamente juvenil. Lo difícil es comprender la reseña que el rey José (Oviedo) lanzó en su leída página dominical de El Comercio. La soberbia crítica fue injusta con quien escribió: Un beso luminoso de obscuras mariposas/las miradas/... (llenáronse las manos de cosas y los vientos, /de azul presentimiento)./...Bajo el beso invisible de las constelaciones/qué trémula la noche, qué plena y conmovida/...Colmáronse los aires de magnolias heridas/como albas palomas perfumadas/...Y las galaxias fueron estación de los sueños.

Rodolfo Hinostroza y nueva generación de poetas en ciernes.

Gloria Clausen y su compañero de entonces, el poeta Demetrio Quiroz Malca, ofrecen todos los miércoles en su morada de Lince open house donde llegan Sarina Helfgott, Cecilia Bustamante, Francisco Bendezú, Emilio Galli y el rockanrolero Hugo Neira. El día de 1959 en que se celebró la publicación de Moneda de Luz, con un grabado en la carátula de Elva Echave, Eleodoro Vargas Vicuña en el éxtasis de la medianoche le pidió a Gloria le escribiera un poema sobre el puño almidonado de la manga en su camisa y todos los miércoles se leían versos y relatos que luego irían a formar la nueva literatura peruana. Sérvulo Gutiérrez también aterrizaba pasado de vueltas y sin embargo lúcido en sus trazos impecables.
Bajo la joven mañana/temblorosa de gozo como una potranca de luz/ me derramo/oh dulzura/desde las pupilas colmadas...Y es la tierra entera/obscura mariposa/en el jardín de las galaxias/busca su flor/es un pardo corazón que vaga/perdido/dichoso/como el mío. La poesía de Gloria Clausen fue considerada por el doctor Augusto Tamayo Vargas en su Literatura Peruana.
El tono purista puede comprobarse en la biblioteca que la familia del crítico ha donado al Centro Cultural Ricardo Palma de Miraflores. Toda la luz sobre mi sombra reza dicha poesía; y en ese mundo escapado de las novecentistas aulas del Colegio Nuestra Señora de Guadalupe, Rodolfo Hinostroza escribía los primeros atisbos de Consejero del lobo.
Gloria Clausen decidió no volver a publicar poesía, decepcionada por la crítica de Oviedo. Después de su separación del poeta Demetrio Quiroz Malca pasó sus últimos días en la paz de Lord Nelson, Miraflores, junto a su hija Gloria. Descansó el 25 de agosto de 1985. Tenía 65 años y quien redacta este documento escuchó al autor de Contranatura decir: Creí que era Edipo, y no; la pérdida de ella es más grande y más fuerte. Es un huracán, un vórtice que te arrastra, que te quiere llevar con ella hacia el abismo. Pero no, recuperaremos este icono. Gloria Evohé.


CINE

CONCURSO

LETRAS

MUSICA

EXPOSICIONES


Tierra de Color
El arte de Cajamarca en la Católica.

Andrés Zevallos en envidiable training artístico.

EN la Galería del Centro Cultural de la Católica se ha inaugurado la muestra "Cajamarca: tierra de pintores", que reúne una selección de obras de Mario Urteaga, José Sabogal, Camilo Blas y Andrés Zevallos a quien se le rindió un emotivo homenaje por su trayectoria artística.
El caso del maestro Zevallos (1916) es de veras singular. Cuando era estudiante del último año de artes plásticas una crítica lapidaria lo acom-plejó a tal punto que colgó prácticamente los pinceles y dejó de pintar. Deprimido y desmoralizado intentó trabajar "en lo que sea" para mante-nerse y entró como asistente en una dependencia del ministerio de Salud. Poco a poco fue metiéndose en el tema, ascendió en el escalafón burocrático y al cabo de algunos años se convirtió en un experto en malaria. Después de 7 años se dio cuenta que no era lo suyo y regresó a Cajamarca para trabajar en el campo. Allí se sintió compenetrado con la gente del pueblo, conoció a humildes analfabetos que le dieron lecciones de vida y comprobó en la práctica lo que decía Hesse: "el conocimiento es transmisible, la sabiduría no". En la chacra empezó de nuevo a "hacer manchitas" casi a hurtadillas, reflejando como siempre el sentir y quehacer de la gente de su región. Pero días aciagos lo esperaban. Enviudó y su pequeña chacra le fue confiscada por fragores políticos a los que era ajeno. Fue camionero, mimeografista y maestro primario de dibujo. Al sacar su título docente recién pudo desempeñarse como profesor a tiempo completo, y en ese mismo colegio se jubiló luego de 30 años de labor. Más tarde, cuando se creó la Casa de la Cultura le propusieron la dirección, pero a don Andrés le parecía un honor demasiado grande y aceptó sólo por 3 meses "para organizar algo mientras buscaban un director". Se quedó 17 años y su mandato fue uno de los más exitosos que haya conocido Casa de Cultura alguna en el país.
En 1979, Elida Román que había visto su obra en Cajamarca, le propuso hacer su primera individual en Galería 9. "Tuve tanta acogida que sentí que había regresado a la pintura". Lo invitaron a Alemania, México, Estados Unidos, y en cada sitio los halagos le devolvieron la sonrisa.
Ahora, a puertas de cumplir los 80 años, Andrés Zevallos está en plena actividad. Pinta y escribe. Es autor de "Cuentos del Tío Lino" que ya va por la cuarta edición, una biografía de Mario Urteaga y un libro "Tres Pintores Cajamarquinos".
A tal señor, tal honor.


Mal Menor Por JAIME BEDOYA

Cuatro Ideas para Yoshiyama

1 Desviar el río Rímac.- Operación nocturna de ingeniería hidráulica sicosocial. Tres mil sacos de arena, estratégicamente ubicados a mitad del cauce tras la pequeña catarata marrón del Puente de Piedra, provoca divortium acquarium. Las aguas y residuos de huaico dócilmente descienden por Abancay hasta la calle Junín, donde quinientos sacos más, escoltados por patrulla anfibia del BAP Matarani, dirigen el torrente hacia la plaza. La natural pendiente respeta el frontis de Palacio. Preparar spots ecológicos: "Palacio, el Oasis". Objetivo cumplido: alfombra de la Municipalidad estropeada.

2) Techar el Jirón de la Unión.- El lugar tolera hasta tres niveles más, ganando espacio en la reducción de techos (1. 65 m., equivalente a estatura del peruano promedio más 5 cm de rebose). Primer nivel, a ras del piso, laboratorio en vivo de la sana competencia: tiendas de cuatro polos a un sol versus congeladoras en la vía pública vendiendo helados. Segundo piso: Callejón Gastronómico. Intercalar churros con pollos broster para adecuada recirculación térmica y efecto invernadero turbo plus. Aire caliente retenido al medio satura la estructura, asegurando primeras grietas a la semana. Tercer piso: venta de dólares, cigarros y tarjetas telefónicas para los teléfonos públicos qe estarán en el primer piso. Objetivo cumplido: el Jirón implota en treinta días, el centro muere de hambre.

3) La Casa del Manifestante.- Reacondicionar la Casa de los Petisos para acoger despedidos municipales, de limpieza pública, e incluso de la CPT. Establecer sistema de marchas escalonadas estableciendo turnos de refrigerio, reposo, brainstroming de temas (crucifixiones, desmayos, cánticos rimados, etc) con premios a la creatividad y ascensos administrativos tipo Burger King. Acondicionar sala de prensa con TV, fax, internet y boletín diario de photo opportunities (ie: "12 horas, lanzamiento de pintura a estatua de Pizarro"). Incluir venta de souvenirs y organización de campeonatos de fulbito de camaradería con la Policía. Ob-jetivo: acabar con la improvisación en los reclamos.

4) Reponer el Angel de la Pileta.- Efecto visual a propósito del año de los 500 mil turistas. Aludir a una tradición recuperada, pero actualizada según cánones de modernidad local: en vez de un ángel, busto del Presidente (ver efigie ya existente en colegios). Sonriente, la mano derecha sostiene el marco de los anteojos mientras que la izquierda, generosamente ex tendida hasta el casi doblez de las falanges, representa el ilimitado alcance de sus decisiones. Del centro de la palma brota un simpático chorro de agua mineral edulcorada con Nutrasweet. Objetivo cumplido: recuperar Lima.


OLOR A TINTA

El Invisible
La vida imposible de J.D Salinger.

En Busca de J.D. Salinger.
Ian Hamilton.
Mondadori

  • Esta es la historia de una dificilísima empresa: la de escribir una biografía acerca de quien quizá sea el más íntimo y huidizo de los escritores norteamericanos, pero a la vez uno de los más originales e inteligentes. A través de los años J.D. Salinger se ha encargado de dejar tras de sí una larga estela en la que abundan testigos que no quieren hablar, archivos que se guardan celosamente y múltiples versiones en su mayoría carentes de sustento. Sin embargo, Ian Hamilton muestra lo buen sabueso que es y nos permite atisbar al Salinger arrogante de los primeros años, trasmutado luego de la guerra y sumergido finalmente en un insólito y ferviente anonimato que perdura hasta la actualidad. Precisamente fue el afán por develar el misterio lo que involucró al autor y al personaje en el célebre proceso judicial que los enfrentó hace una década y que aquí se incluye.
    Este intenso trabajo permite que tengamos noticia de cómo fueron sus primeros años de escritor y del lento pero firme camino que lo llevaría a la consagración y la fama, al volcar su tan inusual sensibilidad e ingenio en cada uno de sus libros.
    Hamilton supo que no podía escribir una simple biografía y, consciente de ello, dotó de un estilo ágil y de un carácter confesional a su prosa, pues dejando de lado la mera intención indagatoria nos ofrece valiosas reflexiones sobre el personaje, sus ideas y su obra.


    Ojos Bonitos, Cuadros Feos
    Mario Vargas Llosa
    Ed. Peisa 91 páginas

  • Tradicionalmente la dramaturgia vargasllosiana ha sido tributaria de su novelística. Es decir, inferior. En ese sentido, Ojos Bonitos... no es la excepción. La esperada indagación en las honduras de la crítica y sus implicancias, es apenas un arañazo en el lienzo, diluyéndose el texto en acumulación de clichés y lugares comunes de sus personajes, que acaban impregnados de inconsistencia y previsibilidad.
    Zanelli, un supuestamente hiper despiadado crítico de arte de El Comercio, no conoce más adjetivo que el de "imbéciles" (lo repite sin cesar todo el texto: págs. 17,22,27,40,41,43,75,77) para referirse al vulgo que tanto desprecia. Sus teorías sobre la crítica y el arte son impecablemente estereotipadas (el talento no se enseña, el crítico es un frustrado, etc.) prescindibles ante una certera cita de Degas (pág.54). Entre otros detalles de sofisticación fallida, piropea al joven marino con un inverosímil y formalón "buenmozo" que abre y cierra el texto. En los años '50, Zanelli tal vez hubiera sido un gurú.
    El marino, por su parte, proviene de un elemental molde macho-karateca-moraloide de inevitable deja vu leonciopradino. Alicia es apenas un personaje soporte. El propio MVLL ha advertido que los verdaderos personajes de esta obra son Mahler y Mondrian, cuya presencia con seguridad han de ser más evidentes en la puesta en escena que en el texto.


    Umbral 7
    Revista del conocimiento
    y la ignorancia

    Antares Editores

  • Los puntos sobre las íes: interesante selección, impecable edición e indispensable lectura, en esta estimulante entrega de `Antares' que llega a su sétimo número bajo la dirección de Luis Fernando Rozas. No hay que dejar de leer el texto de la brasileña Clarice Lispector "La hora de la estrella", ni el artículo de Renato Sandoval "Vallejo, agonista entre dos culturas", notas sobre un ensayo de mayor aliento que el escritor publicará en breve, ni las esclarecedoras "Palabras" de Carlos Rodríguez Saavedra, ni a Federico More, Juan Ríos y Fernando Savater. En realidad no hay que dejar de leer ni una sola página en este volumen seleccionado con encomiable criterio. Una bondad adicional: son 205 páginas que sólo cuestan diez soles.