Control Supremo


Extraño Secuestro
Mariano Querol. La complejidad de mantener cautivo a un siquiatra polifacético.

Hombre de múltiples intereses, Querol fue actor en "Sonata Soledad", filme de Armando Robles Godoy.

El hasta ahora inexplicable secuestro del siquiatra Mariano Querol, ha planteado interrogantes no solamente sobre las motivaciones para raptar a un profesional de limitados recursos económicos, sino sobre las situaciones que podrían estarse produciendo entre el médico especialista en terapia de grupo y los plagiarios. El contradictorio fenómeno denominado síndrome de Estocolmo -identificación de la víctima con los secuestradores-, que un sicoanalista interpretó para CARETAS, es sólo uno de los muchos y complejos vínculos que un siquiatra de la talla de Querol puede establecer con sus raptores.


Falsa vivienda
del secuestrador
adonde acudió
Querol. (Arriba)
Identikit del
plagiario.

Querol tiene una profesión, un oficio y un arte, como le recomendó su padre. Es siquiatra, relojero y eximio pianista. Interpreta con desenvoltura a Chopin y Liszt.

Discípulo de Honorio Delgado (derecha) tiene "ecos honorianos", según un colega consultado, pues Delgado andaba en un Cadillac negro con chofer y Querol en un Mercedes Benz.

A mediados de mes, el doctor Mariano Querol recibió una llamada a su teléfono celular. El siquiatra respondió "no se preocupe, tranquilícese. Venga a mi consultorio y conversaremos". Luego anotó en su agenda el nombre de Ricardo Freyre y entre paréntesis colocó la palabra "consulta".
Rocío Díaz, la secretaria del siquiatra y Juan Fernández Carlín su chofer, conserje y ayudante, recuerdan a Freyre -seguramente un nombre falso-, un tipo de l.70 m. de estatura, blanco, de cabellos lacios y rostro ovalado. Lo recuerdan porque cuando llegó al consultorio no quiso identificarse y sólo dijo "el doctor ya sabe quién soy, he conversado con él por teléfono".
Nadie sabe de qué hablaron Freyre y Querol. Como todo siquiatra, era totalmente reservado respecto a sus pacientes.
El martes 18, alrededor de las 9 de la mañana, Freyre llamó a Querol y le pidió que se reuniera con él urgentemente en su casa. Le dio una dirección en la segunda cuadra de la avenida San Borja Sur. El siquiatra salió de inmediato en su Mercedes Benz, de placa AGH-318, manejado por el chofer Fernández.
Cuando llegaron, Freyre los esperaba en la vereda. Vestía pantalón azul y saco celeste. El auto de Querol se detuvo y Freyre subió. En ese instante un Hyundai azul, con tres hombres a bordo, interceptó al Mercedes. Dos sujetos armados y Freyre sacaron a Querol del automóvil y se lo llevaron en el Hyundai.
Como es obvio, no es uno de los muchos secuestros al paso que con frecuencia se perpetran en Lima en el último tiempo, sino un rapto cuidadosamente planeado con varias semanas de anticipación. Varios detalles indican que los delincuentes no son novatos sino profesionales: la foto del siquiatra con un periódico del día enviada a los familiares, la comunicación a través de amigos y no directa.
La primera duda que surge es ¿cómo si son delincuentes avezados secuestraron a una persona que no es acaudalada? Porque Mariano Querol es un profesional exitoso y muy conocido por sus reiteradas apariciones en los medios de comunicación, pero definitivamente no es un millonario, ni mucho menos.
El rescate que puede pagar no es, entonces, cuantioso y es poco probable que tenga un seguro antisecuestros. ¿Existen otros motivos para el plagio?
Varias hipótesis, algunas descabelladas, se han tejido en los últimos días. Una de ellas lo atribuía al MRTA, grupo subversivo con antecedentes en este tipo de delitos. Según esa versión, Querol habría colaborado con Segisfredo Luza en un operativo sicosocial del gobierno hace un par de años. Todas las informaciones que CARETAS recogió a este respecto indican que esa versión es falsa.
Otra posibilidad que también se barajó es que algún individuo importante y clandestino necesitaba atención especializada. No hay confirmación de esta hipótesis.
Se conjeturó también que simplemente fue un error y que los plagiarios confundieron al siquiatra con un empresario del mismo apellido. Pero si fuera así, ¿por qué no lo han soltado al descubrir su equivocación? El misterio continuaba al cierre de esta edición, mientras la angustia y preocupación crecía entre familiares y amigos.
No obstante, un colega suyo alentaba esperanzas. "Mariano tiene cualidades excepcionales para desenvolverse en una situación dificil como ésta -dice-. Ya lo veo ahora, conversando con sus captores: `Veamos ¿qué es lo que quieren ustedes? ¿Qué puedo darles yo? ¿Cómo llegamos a una solución?'."
El asunto puede ser bastante menos fácil, sobre todo al principio, pero Querol es, que se sepa, el único siquiatra secuestrado en el Perú y quizás en el mundo.
El ser especialista en terapia de grupo, puede ayudarlo a reducir las penurias del cautiverio.

EL SINDROME DE ESTOCOLMO

Tal como lo señala el último libro de Gabriel García Márquez, "Noticia de un Secuestro", a menudo el plagiado y los plagiarios establecen vínculos afectivos, el denominado "síndrome de Estocolmo", lo que ayuda a todos, pues se protegen mutuamente. Esto, por supuesto, lo sabe Querol.
El síndrome de Estocolmo lleva ese nombre porque el fenómeno fue analizado por primera vez a raíz de un asalto a un banco en Estocolmo, Suecia. Los delincuentes fueron descubiertos y la Policía rodeó el establecimiento. Los asaltantes tomaron entonces como rehenes a empleados y clientes. El incidente duró varios días y los rehenes se identificaron con los raptores, a tal punto que colaboraron con ellos, protegiéndolos de las acciones policiales.
El efecto fue duradero, pues una de las secuestradas se comprometió en matrimonio con uno de los delincuentes que purgó prisión a consecuencia del asalto.
Quizás el caso más espectacular fue el de Patricia Hearst, hija del magnate de la prensa norteamericana Randolph Hearst, secuestrada a principios de 1974 por el exótico Ejército de Liberación Simbionés. Ella se enamoró de uno de los secuestradores y se unió al grupo, participando en atracos armados efectuados por los subversivos, hasta que fue capturada y sentenciada, aunque el presidente Jimmy Carter la indultó.
Un destacado sicoanalista peruano, que prefirió no ser identificado, conversó con CARETAS y ensayó una interpretación del síndrome de Estocolmo.
El secuestrado vive traumáticamente una situación de impotencia, al no poder responder la agresión de que es objeto -explica-. Nosotros somos taliónicos, si a uno lo atacan, lo natural es querer responder al atacante. Si no se puede, si se está imposibilitado de responder con la agresión mínima indispensable para mantener el equilibrio, y se tiene que suprimir o reprimir esa agresión, ella se acumula y va dirigida contra uno mismo. Entonces se puede producir un infarto cardiaco o un derrame cerebral.
El síndrome de Estocolmo sería entonces una suerte de mecanismo de defensa inconsciente del secuestrado, que no puede responder la agresión de los secuestradores y que se defiende también de la posibilidad de sufrir un shock. Así, se produce una identificación con el agresor, un vínculo libidinal en el sentido de que el secuestrado empieza a tener sentimientos de identificación, de simpatía, de agrado por su secuestrador.
Esto es un desafío a la razón -continúa el sicoanalista-, o a lo que se considera como la respuesta natural, válida, lógica, comprensible. Es una comprobación de lo que dijo Freud, que el inconsciente es la influencia más decisiva en la conducta humana.
En otro plano -agrega el sicoanalista- esto puede estar vinculado al masoquismo primario. Existe un sentimiento de culpa que se presenta no por la acción, sino por la intención. Si uno tiene el deseo de que su padre muera y eso ocurre por cualquier otra causa, uno se echa la culpa, porque mágicamente, por el pensamiento precategorial que nosotros hemos tenido en determinado momento de nuestro desarrollo, ese pensamiento se proyecta hacia afuera y uno se siente como si lo hubiera matado, por el deseo de que se muera, y se siente culpable.
Hay un fenómeno ético-moral que hace al hombre sentirse culpable no por las cosas que hace sino por las cosas que quisiera hacer.
Todos tenemos un potencial de neurosis básica, de sicosis básica, de perversión básica -concluye el sicoanalista-, pero la sociedad, la educación, la cultura, nos han permitido sublimar estos factores y desarrollar un yo saludable, en que estos elementos se han quedado a nivel latente, a un nivel en el cual están descansando o adormecidos, pero frente a determinados sucesos, internos o externos -como un secuestro- se despiertan.
Hasta aquí una posible interpretación del síndrome de Estocolmo. El hecho es que una buena relación entre el secuestrado y sus captores es positiva para todos. Y Mariano Querol, que ha tratado a víctimas de secuestros, lo sabe.

EL HOMBRE

"Extraño su voz amistosa y su consejo cordial. Han secuestrado la voz de la razón", dijo a CARETAS el lingüista Luis Jaime Cisneros, refiriéndose a Querol.
El cineasta Armando Robles Godoy, uno de sus más entrañables amigos, que dirigió al polifacético Querol en la película "Sonata soledad", habló con CARETAS desde el Cusco y le envió un mensaje:
"Estás pasando por un momento muy duro y doloroso. Sé que lo sabes y así lo estás viviendo. No eres víctima de un crimen, sino de algo muchísimo peor, eres víctima de una equivocación, de un error terrible de los tantos que separan a los hombres de los hombres y los convierten en enemigos. Y lo más absurdo es que esto te suceda a tí, que tanto amas a los seres humanos y tanto haces por ellos. Te doy el más cálido abrazo, junto con toda mi familia. Pensamos en tí constantemente. Estoy seguro, porque te conozco y te quiero, que tú, en este momento, no estás pensando ni remotamente en como castigar a tus secuestradores, sino en cómo ayudarlos. Tu amigo de siempre, Armando Robles Godoy".
Otro amigo suyo, que prefirió permanecer en el anonimato, contó a CARETAS que el padre de Mariano Querol le dijo una vez que todo hombre debería tener tres cosas: una profesión, un oficio y un arte. Y él las tiene. Es siquiatra y profesor de sicología médica en la Universidad Cayetano Heredia. Es un relojero experto, capaz de reparar piezas antiguas. Y es también un eximio pianista, que interpreta con desenvoltura a Chopin y Liszt.
Pero aquí no acaban las habilidades y hobbies de Querol. Habla correctamente cuatro idiomas -alemán, francés, inglés y castellano-, es un diestro carpintero, aprendió a bailar marinera norteña y ahora último estudiaba danza moderna, y practica el riesgoso deporte del motocross, entre otras cosas.
Discípulo del legendario Honorio Delgado -trabajó con él en el Larco Herrera- tiene "ecos honorianos", según un colega consultado, pues Delgado andaba en un Cadillac negro con chofer y Querol en un Mercedes Benz también con chofer.
A los 70 años, Querol se ha negado con éxito a respetar el paso del tiempo y de la edad. Divorciado desde hace muchos años, bajo de estatura, ágil y en buen estado físico, tiene fama de ser un exitoso don Juan. Sus amigos y la opinión pública esperan con impaciencia que sus captores rectifiquen el error y lo devuelvan sano y salvo.


Horror en Tres Actos
Raptos de periodistas colombianos narrados por García Márquez

ACABA de aparecer "Noticia de un Secuestro", de Gabriel García Márquez, libro que relata las terribles experiencias de una decena de periodistas raptados en Colombia. Algunos extractos:

LA SITUACION

  • La luz del cuarto era tan escasa que necesitaron un momento para acostumbrar la vista. Era un espacio de no más de dos metros por tres, con una sola ventana clausurada.
  • En un programa de televisión de gran audiencia, se transmitió una entrevista por televisión a un siquiatra que impartió una serie de instrucciones sabias para mantener el ánimo en espacios cerrados. Este fue el primero de una serie de ocho programas que habían preparado.
  • El enmascarado le explicó las reglas del cautiverio: podía ir al baño del corredor, escuchar radio y ver televisión sin restricciones, pero a volumen normal. Después lo hizo acostar, y lo amarró de la cama por un tobillo con una cuerda de enlazar.
  • Sólo podía hablar para asuntos urgentes y siempre en susurros. No podían levantarse del colchón que les servía de cama común, y todo lo que necesitaban debían pedirlo a los dos guardianes que no las perdían de vista.
  • El televisor permanecía encendido, como en los dormitorios de niños, aunque nadie lo viera. Las rehenes escrutaban los noticieros con una atención milimétrica para tratar de descubrir mensajes cifrados de sus familias.

    DEL SECUESTRADO

  • Empezaron a inventar juegos de optimismo. Como vivían en las tinieblas se imaginaban que serían libres en un día de Sol.
  • A las secuestradas el médico les recomendó caminar a buen paso por lo menos una hora diaria. Al cabo de dos semanas, Maruja llegó a dar con paso rápido hasta mil vueltas contadas: dos kilómetros. El estado de ánimo de todas mejoró.
  • Algunos de los familiares tenían programas de televisión con horarios fijos, y los utilizaron para mantener una comunicación que ellos suponían unilateral, y tal vez inútil, pero la sostuvieron.

    DE LOS FAMILIARES

  • Nydia Quintero (madre de la secuestrada Diana Turbay) convenció a la esposa de otro secuestrado que había muchas cosas que hacer por la liberación. La invitaba a sus actos cívicos y religiosos, y le inculcó su espíritu de lucha.
  • Había organizado la toma de los noticieros de radio y televisión en todo el país por grupos de niños que leían una solicitud de ruego para que liberaran a los rehenes. Había conseguido que se dijeran misas a las doce del día en ciudades y municipios para rogar por la concordia. Hubo una manifestación de paz con pañuelos blancos en numerosos barrios, y se prendió una antorcha que se mantendría encendida hasta el regreso sanos y salvos de los rehenes.
  • Por gestión suya los noticieros de televisión iniciaban sus emisiones con las fotos de todos los secuestrados. También se hacía un llamado por la liberación de los rehenes al iniciarse los partidos de fútbol en todo el país.
  • Publicaron en el periódico notas editoriales sin claves para compartir con Pacho (el secuestrado) noticias divertidas de la vida familiar.

    DE LOS SECUESTRADORES

  • La condición común era el fatalismo. Sabían que iban a morir jóvenes, lo aceptaban, y sólo les importaba vivir el momento. La disculpa que se daban a sí mismos por su oficio abominable era ayudar a su familia, comprar buena ropa, tener motocicletas, y velar por la felicidad de la madre, que adoraban por encima de todo y por la cual estaban dispuestos a morir.
  • Vivían aferrados al mismo Divino Niño y la misma María Auxiliadora de sus secuestrados.