Operación Pandolfi

En el cambio del equipo ministerial, el Presidente Alberto Fujimori ha ido más lejos que la uniformidad económica: ha aprovechado para retomar la costumbre autoritaria y evitar el recalentamiento político.

Menos de 9 meses han bastado para que el ejercicio del diálogo y la apertura que parecían iban a distinguir el segundo gobierno del Presidente Alberto Fujimori se cierren de un portazo. La fórmula ha sido la recomposición del gabinete ministerial. Muchos han querido ver en ello el relanzamiento del modelo económico. Hay indudablemente búsqueda de unidad en el equipo para enfrentar retos como el de la privatización, el ajuste fiscal y las reformas estructurales -tal como lo exigen no sólo la coyuntura local sino también las "sugerencias" del FMI- pero también soluciones políticas a temores del Ejecutivo. Fujimori y su entorno temen al referéndum y apelan al carpetazo para frenar una conquista constitucional desde el Congreso. El endurecimiento continuará en los frentes de Salud y Educación -donde hasta el cierre de la presente edición muchos de los candidatos para ocupar esas carteras le corren al compromiso. Nuevo gabinete para un estilo que supone más de lo mismo.

El presidente Alberto Fujimori,
junto con el embajador del Japón,
Masashi Higaoki y el viceministro
de Salud Alejandro Aguinaga,
prueba moderno equipo con
la ayuda de la colega
Aurea Sampén.

Primer Ministro Alberto Pandolfi: un salto inesperado y nerviosismo del primer momento. Un técnico en la primera línea.

LA entrevista tuvo lugar el domingo 31 de marzo por la noche.
El rostro de Alberto Fujimori lucía duro y frío. No se extendió en muchas consideraciones y tampoco le pidió expresamente la renuncia a Dante Córdova, el trajinado Primer Ministro. "Entre todas las opciones, me he decidido por apoyar al ministro Jorge Camet", dijo.
En su fuero interno Dante Córdova pensó que no había otra alternativa que poner sus cargos a disposición del Presidente.
"Como Ud. lo sabe, personalmente no estoy de acuerdo con los alcances de un programa que supone una mayor contracción del gasto social y de la lucha contra la pobreza", dijo Córdova.
Hubo uno que otro intercambio de opiniones -especialmente lo que podría ocurrir con el despacho de Educación. Cruel ironía: pocos días atrás, Federico Mayor, director general de la Unesco, había dicho que lo que se venía haciendo en el Perú era muy interesante. Pedía que Córdova fuera a Jamaica, en mayo próximo a explicar a sus colegas del continente la tesis del rol protagónico de los maestros.

Sonrisas en el cambio
de posta. Sandro Fuentes
y flamante ministro de
Trabajo, el economista
Jorge Gonzales Izquierdo.
Puede que también
se le encargue la Copri.
Promete no hablar de economía
en público.


Galería de nuevos ministros. El primero, titular de Agricultura, Rodolfo Muñante, viene del Pronaa y se le atribuye carácter complicado. En el centro, Daniel Hokama de vuelta al ruedo, tras 10 meses de recuperación de males físicos. Se dejó extrañar. Su desafío: Petroperú y Camisea. Ardorosa ministra Elsa Carrera: innecesario ataque a Alberto Andrade. No puede con su genio.

Lo de Educación, hasta el cierre, también es ilustrativo. La juramentación del gabinete Pandolfi se demoró el miércoles 3 porque se estaba a la espera de la respuesta de Luis Carlos Rodríguez, decano de la ESAN y compañero de maestría de Jaime Yoshiyama, quien finalmente declinó hacerse cargo de la cartera de Educación. ¡Cómo no! Habría que ser un mago para llevar adelante una reforma educativa sin subirles el sueldo a los maestros y sin una compensación especial para los directores, gestores según la ley de la nueva escuela.
La partida de Dante Córdova y los otros ministros ha sido interpretada como la derrota de los "populistas" frente a los triunfantes "liberales" capitaneados por Jorge Camet y Jaime Yoshiyama. Como es natural, el oficialismo presenta el asunto como la limpieza del camino para "relanzar" el modelo peruano. El "afinamiento" quedó atrás; ahora se espera el milagro de la "reingeniería".
Los datos de la realidad, sin embargo, no ayudan mucho a recomponer ese cuadro. Si se analiza con atención lo que ocurre con el nuevo gabinete se advierten algunas paradojas.

  • El presidente Alberto Fujimori ha optado, en efecto, por darle todo el poder al ministro Jorge Camet y satisfacer a algunas otras personas del corrillo de Jaime Yoshiyama, quien, sin embargo, se ha cuidado de mantener un bajo perfil. Pero en ninguno de ambos casos les ofreció el Premierato.
  • El nombramiento de Alberto Pandolfi como Primer Ministro y ministro de Pesquería es una jugada barroca por lo inentendible. ¿Cómo el hombre de la privatización de Petroperú resulta desligándose de la COPRI? Experto en cemento -donde ha sido, con el compás del tiempo, estatizador y privatizador- Pandolfi logró interiorizarse del tema de Petroperú. Era lógico pensar que llevarlo al Premierato servía para indicar el peso que le da el régimen a la privatización. Pues, nada de eso. Se le encarga ahora Pesquería -donde a todas luces tendrá que aprender de cero-, un ministerio más bien simbólico pues lo único que le resta es dictar algunas normas. ¿Es que se quiere que sea un Primer Ministro a tiempo completo? Tal vez, pero ¿cómo se compadece ello con la valoración que con Pandolfi se volverá a un Premierato menos protagónico puesto que por ahora el mandamás es el MEF?

    Saludos, sonrisas. Jorge Camet aparentemente tiene limpio el camino.

    -El caso de Agricultura es también curioso. Absalón Vásquez dejó el portafolio anunciando que volvía a la cátedra. Palacio le dice que eso no puede ser: o va como asesor directo del Presidente o marcha a Roma, a la FAO. Se nombra en su reemplazo a Rodolfo Muñante, un cajamarquino "impredecible", que ha tenido no pocos problemas con los productores agrarios cuando estuvo al frente del PRONAA (Programa Nacional de Asistencia Alimentaria). Se suponía que se ceñiría al cartabón fondomonetarista -se sostiene que en Agricultura la reforma liberal aún está pendiente-, pero resulta anunciando que continuará la política de Absalón Vásquez. ¿Para qué cambiarlo? Por lo menos Vásquez tenía una experiencia de más de 4 años, recorriendo el país por todos los rincones. En el sector, y dado el carácter de Muñante, se piensa que habrán tempestades y cambios antes de lo previsto.

  • Jorge Gonzales Izquierdo seguramente es el economista más reconfortado. Según quienes lo conocen, estaba en su guión personal el ser ministro. Ha anunciado que no hablará en público de economía y afirma que logrará el milagro de poner en marcha el programa de empleo juvenil que deberá permitir incorporar 160 mil jóvenes en 5 años. Locuaz y didáctico, Gonzales Izquierdo puede por lo mismo cometer el error de hacerse notar demasiado, que es el rasgo que disgusta a Palacio. Lo notable es que se le encargue la presidencia de la COPRI, la papa caliente que debilita y chamusca al más pintado.
  • No es una casualidad que se demore el inquilinato de Salud y Educación, los dos ministerios sociales que deben expresar el sentido de las famosas "reformas estructurales". En buen romance, el ajuste fiscal y la privatización son inevitables en ambos. Por eso, el presidente Fujimori ha pensado en ingenieros, antes que en médicos o educadores. En realidad, va a necesitar de políticos y de una capacidad de persuasión mayor que la que hasta ahora ostenta.
    En Salud, se piensa en llevar adelante el modelo chileno. Una vez cumplida la privatización del sistema de pensiones -las AFP- ahora se piensa instaurar el sistema de los ISAPREs que implica la desaparición del sistema de seguridad social -y no sería de extrañar por lo tanto que en el IPSS, Luis Castañeda sea una de las bajas previsibles en el corto plazo- y la entrega "a la comunidad organizada" del sistema de salud pública. Esto implica serios riesgos sociales, en un país en el que ambos sistemas han sido el colchón mínimo que hizo soportable el ajuste y que ahora ayuda a que el enfriamiento no lleve a la pulmonía fulminante.
    Como han recordado algunos, el modelo chileno incluso aportó a la vida nacional el estrellato de Hernán Büchi, un ingeniero que resultó un ortodoxo por antonomasia. Por eso ingenieros para salud.
    El tema educativo implica la problemática herencia de Córdova. Es cierto que al partir, el ex premier encareció tanto en privado como en carta pública que no se varíe el rumbo de lo hecho. Córdova intentó levantar la mística del maestro, ya por los suelos. Hay indudable sensación de frustración en el sector, el consuetudinario patito feo del régimen. Pocas veces se ha cortado tan por lo sano la reivindicación de mejores sueldos y un escalafón que hiciera honor a los mejores gestores del sistema -los directores de los planteles- como la impulsó Córdova. El mismo día que Córdova anunciaba aumentos, Economía decía que ello no era posible. Ni siquiera se dijo con eufemismo que se estudiaría, simplemente se alejó cualquier compromiso de mejora del magisterio. ¿Quién puede comprometerse a hacer mejoras en la calidad educativa con un magisterio de nuevo compungido y sin ánimo? El que lo haga es un kamikaze o alguien tan alejado del quehacer educativo que le baste el razonamiento de los números y los tajos de la austeridad fiscal. Alberto Fujimori ha desaprovechado una gran oportunidad para rehacer el sistema educativo. La privatización en ese sector implica el mayor costo político de los próximos años.
    Este es el cuadro en el que se da la recomposición ministerial y el inicio de lo que pomposamente el oficialismo llama "la Era Pandolfi".
    No ha sido un lío de tendencias económicas el detonante exclusivo.
    El nuevo gabinete surge para hacer frente al recalentamiento político y al enfriamiento económico. En lo político, está el asunto de la privatización, un tema que Córdova quiso abordar seriamente buscando una racionalidad y, por cierto, una investigación a fondo de cómo se produjeron las anteriores privatizaciones y qué mecanismos de garantía se adoptarían en adelante para evitar que intereses particulares se mezclaran con los intereses del país.
    Tampoco es completamente clara la pugna Camet -resto del gabinete Córdova. Los hombres del MEF temían que la campaña contra el ministro Camet partiera del propio Palacio. Y aún no se sabe todo lo que se ha acumulado en la relación Fujimori-Camet, que parece indestructible pero que como en los matrimonios longevos se hace de pasiones marchitas y renovados dimes y diretes.
    El reencuadre ministerial supone una serie de decisiones políticas que exceden únicamente el marco económico.
    He aquí algunas hipótesis:
  • El Presidente Alberto Fujimori retoma su condición de jugador, árbitro e hincha en el gobierno. "Esta vez -habría dicho- yo asumo la responsabilidad de nombrar a todos los ministros".
  • El gobierno percibió que empezaban a cerrársele, peligrosamente, varios espacios. La discutida privatización de Petroperú provocó el resurgimiento de la oposición y el riesgo de un "referéndum" negativo para el régimen.
  • El Presidente sintió que el experimento de un Primer Ministro que ejerciera, en efecto, esas funciones desbordaba su propia visión autoritaria del ejercicio del poder.
  • Las divergencias en el Gabinete -formales y pequeñas en muchos casos- estaban dando la impresión que se quebraba la cohesión interna. Los "delfinatos" presumibles o probables empezaron también a activarse. ¿Para qué tantas pagodas si lo que se requiere es una sola basílica?


    CARETAS 1409