Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

El Cuento del Golpe

HACE cuatro años, el 5 de abril de 1992, a las 9 de la mañana, en el quinto piso del Pentagonito, Vladimiro Montesinos y Nicolás Hermoza expusieron a los jefes de las cinco regiones militares la situación del país. Sendero Luminoso estaba a punto de tomar el poder si no se adoptaban medidas extraordinarias, les dijeron. El general Rodolfo Robles, entonces jefe de la Tercera Región Militar (Arequipa), relata en esta edición de CARETAS los detalles de esa reunión.
Montesinos, el hombre fuerte del Servicio de Inteligencia y "especialista" en guerra antisubversiva, fue el encargado de pintar el negro panorama, ayudado de videos, fotos, diagramas y paneles. La conclusión es que había que cerrar el Parlamento, intervenir el Poder Judicial y limpiar todos los obstáculos que supuestamente impedían a las FF.AA. acabar con la subversión.
Los golpistas sabían que estaban tocando una fibra sensible de los institutos castrenses. Desde años atrás, existía la sensación generalizada en las FF.AA. que las instituciones civiles constituían una traba en la guerra contrasubversiva. El Parlamento con sus comisiones investigadoras y sus leyes blandas, el Poder Judicial que liberaba a terroristas, la prensa que acogía las denuncias de violaciones de los derechos humanos, estaban en la mira de los uniformados.
Sin embargo, Montesinos engañó a los mandos militares la mañana del 5 de abril cuando sostuvo que Sendero estaba a las puertas de tomar el poder. Los servicios de inteligencia conocían, a esas alturas, la real debilidad de la organización subversiva.
El experto Carlos Tapia ha escrito un libro, que próximamente publicará el IEP, donde se muestra la verdadera dimensión de SL en ese momento. (Ver también extractos en esta edición). Si bien Sendero era una organización capaz de causar grandes daños con sus atentados y provocar pánico entre la población, no tenía posibilidades de tomar el poder. Los manuscritos de Abimael Guzmán capturados por la policía en la casa de Chacarilla, en enero de 1991, cuantificaban las fuerzas senderistas en el país y las armas que poseían. Esa información -y más- tenía el SIN cuando Montesinos realizó su presentación ante los mandos militares el 5 de abril de 1992.
En esos meses, los peores de la ofensiva senderista sobre Lima, los subversivos contaban con 300 miembros organizados en sus fuerzas "principal" y "local", en una ciudad de más de 6 millones de habitantes y donde se concentran no menos de 100,000 efectivos de las fuerzas del orden. Contando las "milicias", es decir, elementos de apoyo, los senderistas no llegaban a 2,000 en Lima. Esta información consignada en libro de Tapia, está tomada de la computadora de Guzmán.
Todo el "Ejército Popular" en el país -salvo el Huallaga de donde Abimael no tenía información-, tenía unos 150 fusiles, 100 metralletas y 235 revólveres y pistolas.
En realidad, sin contar con el detalle de la información, se podía concluir que SL no podía ganar la guerra. Como se escribió en esta columna un par de semanas antes del golpe "es imposible que Sendero Luminoso tome el poder en el país. Abimael Guzmán jamás va a gobernar el Perú." ("¿Puede ganar Sendero?", 23.3.92)
Sendero fue un pretexto, hábilmente manipulado, para justificar el golpe, que tenía como verdaderos objetivos hacerse del poder absoluto y gobernar indefinidamente.
Montesinos venía trabajando activamente en esa dirección desde el principio. Ya en noviembre de 1990 fraguó una acusación contra el general Juan Fernández Dávila, un institucionalista que debería comandar el ejército el año siguiente, y la filtró a la prensa. Fernández Dávila fue pasado al retiro. Un general débil, Pedro "Pechito" Villanueva ocupó entonces la comandancia general. Lo destituyeron antes que finalizara su comando, a mediados de diciembre de 1991 remplazándolo con Nicolás Hermoza, que ya estaba en la conspiración golpista.
Lo primero que hizo Hermoza, piloteado por Montesinos, fue pasar a retiro a los generales Jaime Salinas Sedó, Luis Palomino y José Pastor Vives, institucionalistas que deberían dirigir el ejército si se hubieran respetado los cauces normales. El terreno estaba preparado.
El golpe debió producirse en junio de 1992, pero lo adelantaron a raíz de las denuncias de Susana Higuchi y la posibilidad de una comisión investigadora del Parlamento.
Para lograr su propósito, Montesinos y Hermoza les contaron a los mandos militares -predispuestos a escuchar eso- el cuento que Sendero estaba a punto de ganar la guerra. Se salieron con la suya y siguen instalados en el poder, que no abandonarán hasta que alguien los eche.


CARETAS 1408