Tierra Adentro

La luminosa obra de Víctor Martínez entre Lima y EE.UU.

Fotos JAVIER ZAPATA

V. Martínez ante una acuarela recién firmada que retrata a una mendiga que trabaja de pordiosera en una calle de Lima.

COMO la mayoría de provincianos, Víctor Martínez emigró de sus lares para buscar futuro. Hace 42 años salió de su Arequipa natal y aunque en sus planes no figura establecer su domicilio al pie del Misti, la tierra de alguna manera se las ingenia para seguir convocando a sus hijos predilectos.
Durante dos largas décadas se dedicó en cuerpo y alma a la publicidad, pero un buen día decidió guardar las carpetas de creativo en la gaveta y sacar a luz las del artista.
Esas que sin haber sido abandonadas del todo, estaban relegadas a un plano secundario.
Pintó con la parsimonia del hombre apurado que quiere recuperar el tiempo perdido pero sin sucumbir a la premura, sin coquetear con la moda ni marearse con el éxito. Pintó lo que vio desde niño, los polvorientos caminos que recorrió en su adolescencia, los serenos paisajes andinos y a los personajes anónimos de los pueblos. Con pinceladas precisas fue delineando gestos, expresiones, actitudes y luego les puso el alma a través de traslúcidas acuarelas o sobrios óleos donde la luz parece escaparse por dentro de los lienzos.

El taller: un óleo en el caballete y una acuarela en el tablero.

El oficio lo aprendió apenas abrió los ojos, cuando creía que el mundo estaba formado por poetas, artistas, libros, música y pinceles. Su padre, el pintor Víctor Martínez Málaga fue un extraordinario retratista que transmitió el arte a dos de sus 7 hijos: Marcelo y Víctor. El primero sigue haciendo retratos y el segundo prefirió la pintura.
Un viaje a California en 1992 para atender asuntos personales, lo vinculó casualmente con una galería de arte. Su obra fue apreciada de inmediato y la invitación para exponer en diversas salas no se hizo esperar. Desde entonces anda a caballo entre ambas ciudades. Al Perú viene a oxigenarse, a reponer fuerzas y a pintar y en California expone, vende y recibe premios. El año pasado en Nueva York le dieron el premio especial en The American Artist Professional League (evento -no concurso- que reúne obras de artistas americanos) y hace un mes le otorgaron el Premio de Excelencia en el "12th. Annual National Juried Art Show", por sus trabajos sobre el Colca y Paita, respectivamente.
"No hago realismo costumbrista. Quiero captar lo que está más atrás, lo que no se ve con los ojos", dice. "En arte no hay modas, no hay competencia ni valor económico. El artista pinta por propia complacencia y si le gusta a otra persona tanto mejor".(MEC).


Rostros del Chulel

El mexicano Jorge Ardura exhibe por primera vez en Lima una selección de imágenes que corresponden a los indígenas que viven en Chiapas. "Rostros del Chulel" o "Rostros del Alma" pretende rescatar con profundo sentido humanista el sufrimiento de esa golpeada comunidad. Cada fotografía está acompañada de obras de poetas chipanecos que se han inspirado en el Sol, el agua, las montañas y caminos de esos trajinados parajes. La inauguración es el próximo 2 de abril en el Centro Cultural de la Católica. En el mismo local se exhibe también una muestra testimonial en homenaje a don Pablo Fernández, señor del teatro recientemente desaparecido y que dedicó su vida a las tablas, a la ópera y a la danza.


EXPOSICIONES

LETRAS

BALLET


(Escucha el nacimiento de las garzas taciturnas
bajo el árbol de algarrobo.
Blanco no es un color. Es la pausa del plumaje de las garzas
hastiadas de repetir las mismas enseñanzas:
El silencio no es un acceso sino una cualidad
Y el peso de un cuerpo cuando bajo los párpados
jamás debe doblar las espigas maduras del arroz
a pesar del sueño o el fracaso acumulado
en el plumaje.)

De "Libro de Daniel" (Jaime Campodónico/Editor)
de Javier Gálvez.


PARQUES DEL PERU

La periodista Bárbara D'Achile orientó su vida a la protección, difusión y conservación de áreas ecológicas de nuestro país. Sus escritos periodísticos relacionados con la Amazonia han sido recogidos en un extraordinario volumen editado por el Banco Latino y Peisa, rotulado como "Uturunkusuyo: el territorio del jaguar", que se suma a un anterior "Kuntursuyo: el territorio del cóndor" dedicado a los santuarios ecológicos de la costa y sierra del país. El impecable volumen de 355 páginas, tapas duras y fotografías a todo color son un regalo para los sentidos. Volveremos.


El Pintor Olvidado

Se conmemoran cinco años de la partida de Gamaniel Palomino.

Gamaniel Palomino.

NACIO en el barrio de Santo Cristo, uno de los más antiguos y tradicionales de la ciudad, que acaso la mayoría de los limeños de hoy no tenga la menor idea de dónde queda. En ese barrio, que está en las inmediaciones del cementerio, Gamaniel Palomino Albarracín (1921-1991) sintió, quizá desde niño, la íntima necesidad de dibujar en su block de pauliche sus evocativos rincones y personajes, como la Plaza de Santo Cristo y su iglesia de edad centenaria; las beatas, las floristas del Presbítero Maestro o el negro "Machete", bandolero de leyenda. En ese limeñísimo barrio se hizo hombre a la par que dibujante, pintor y grabador.
Estudia pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde es uno de los discípulos preferidos de José Sabogal. Desde entonces hay una estrecha comunión entre el joven pintor y el maestro, que se hace más patente cuando injustamente Sabogal es separado de la escuela. Palomino y un grupo de alumnos se solidariza entonces con el maestro, y en signo de protesta se van con sus paletas y sueños para conformar la "Asociación 43" como una manera de continuar agrupados.
Gamaniel, que era de extracción humilde, conoció el trabajo desde temprana edad. Y en ese designio pasó por una suerte de oficios para volver una y otra vez y siempre a la pasión de su vida: el arte. Pero no sólo dibuja, también -para agenciarse algunos cobres- hace caricaturas, sobre todo de deportistas que llegan al alma popular -"Lolo" Fernández, "Bom Bom" Coronado- que publica en los diarios Universal y La Crónica. Y en los años '50, para poder subsistir, funge de sastre. Algo inconcebible, que sólo puede ocurrir acá, donde el artista para yantar, a veces, tiene que hacer hasta de ambulante.

Lustrabotas, grabado en linóleo, que refleja su sensibilidad social.

Los grabados de Gamaniel, a decir, de los críticos, destacan por la fuerza del trazo, la rotundidad de las figuras y el hondo humanismo de sus personajes.
En su vasta obra, toca principalmente temas sociales como la infancia desvalida o bien se inspira en minorías étnicas, a una de las cuales pertenecía. Antonio Rengifo lo compara con Pancho Fierro. "Y es que desde la época de Pancho Fierro -dice- nadie ha captado, como Gamaniel, la aureola de dignidad y lozanía de los negros".
Era alto, de pocas palabras, tímido, aunque de sonrisa picarona. Demasiado modesto; a pesar de sus éxitos nunca tuvo afán de figuración. Hizo multitud de exposiciones, y tuvo entre sus mejores amigos a médicos, siquiatras y a un grupo de periodistas casi tan románticos como él.
Gamaniel fue también periodista. Una de sus mejores semblanzas fue la que hizo de Cordero y Velarde, su vecino en la calle Paruro, donde Palomino vivió hasta el fin de sus días. Su sonrisa, a veces triste y otras picarona, se esfumó para siempre la mañana del 22 de marzo de 1991. (D.T.L.)


CARETAS 1407