Premio al Maestro

La obra de David Herskovitz fue reconocida por Tecnoquímica.

Escribe MARIA ELENA CORNEJO
Fotos VICTOR CH. VARGAS

Herskovitz y su esposa Aurora: el reconocimiento del guerrero.

HAY una nítida sensación de paz que emana de David Herskovitz. A pesar de su visión seriamente disminuida que lo hace buscar un poco a tientas la mano de su esposa Aurora, sin importarle que ahora es sólo un inquilino a punto de abandonar la casa donde vivió los últimos 30 años, echando de menos con afecto pero sin nostalgia a los Basset-hound que lo acompañaron tanto tiempo, soltando pequeñas carcajadas en cada una de las habitaciones vacías donde actualmente retumba el silencio.
La entrevista se realiza de pie, en la gran pieza que fungió de taller y que todavía conserva el gran retablo que pintó en la navidad de 1989, un volumétrico de tres caras prometido al Banco Central de Reserva y un par de viejos caballetes. En ningún momento el pintor muestra síntomas de cansancio. Se desplaza pasito a pasito con la seguridad de conocer cada centímetro de parquet y explicando con su español masticado los detalles de su obra. Lo sigo conmovida dejándome guiar por la luz de su experiencia.
Herskovitz mira al infinito, sonríe con íntima complacencia con el hombro izquierdo notoriamente ladeado y recita de memoria señalando al retablo: "Quise hacer un homenaje a la familia y a la Navidad por eso le puse luces de colores. Allí está mi infancia con los edificios de Nueva York, el zepelín que vi de niño cruzando los aires, la locomotora a vapor que llevó a mi familia a la China y el yellow submarine de los Beatles".
A sus 71 años cumplidos el 3 de enero, Herskovitz está cargado de proyectos y de ambiciones. Quiere ir a Nueva York porque proyecta internacionalizarse aunque acto seguido afirme que no importa donde uno viva siempre y cuando se identifique con el ser humano. Le entusiasma la idea de radicar en Arequipa "porque se siente dinamizado con el hermoso ambiente colonial de la ciudad" y pretende concluir 6 pinturas en gran formato para incluirlas en la gran retrospectiva de su obra que hará la Sala Luis Miró Quesada Garland de la Municipalidad de Miraflores en junio próximo.
Los soldados y los tanques de la segunda guerra mundial siguen presentes en su memoria, parece que solamente le bastara cerrar los ojos para sentir nuevamente el alarido estridente de los heridos, el rugido de las multitudes, el grito ronco de la victoria, las campanas y las explosiones que con tanta fuerza supo trasmitir en cuadros.

En el taller desmantelado Herskovitz pasa delante del Retablo.

"Me gustaba la disciplina militar, ese rigor lo he aplicado siempre a mi pintura", confiesa, esta vez sí con un dejo de nostalgia.
Hijo de padres judíos, David nació en Estados Unidos pero hace más de tres décadas que reside en el Perú. A los 4 años se refugiaba en la cocina al pie de las faldas de su mamá y pintaba con grandes crayolas de colores. "Viajábamos tanto que sólo las cocinas me brindaban la sensación de permanencia". Dice que de niño no frecuentaba la sinagoga porque quería sentirse libre de ese tipo de obligaciones, aunque paradójicamente se considera absolutamente religioso. "Su trabajo es sagrado y su doctrina libre", acota su esposa.
Venciendo la discreción le pregunto cómo hace para pintar si su mundo es de sombras. "Pinto de memoria, responde calmadamente, la filosofía japonesa del Seicho Noie del maestro Masaharu Tanigushi que me ha enseñado mi esposa Aurora me ha abierto los ojos del espíritu. El mundo exterior es solamente un reflejo de nuestro mundo interior".
Debe ser cierto. Herskovitz conoce bien el dolor y el sufrimiento aunque también la plenitud y la alegría. Hace algunos años pintó una serie de Hospital de vitalidad impresionante. Ahora quiere retomar el tema con las "hermosas imágenes" del asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. "Quiero volver a lo que me enseñaron mis maestros Rembrandt, Van Gogh y Max Beckmann. Captar la fantasmagoría de la vida pero con un sentido contemporáneo".
Es inevitable preguntarle por el Premio Tecnoquímica, importantísima distinción que reconoce la trayectoria de un artista entregándole $10,000 dólares y la estatuilla Urpi diseñada por Joaquín Roca Rey. "Casi muero de un ataque al corazón", dice carcajeándose evidentemente feliz aunque a la suscrita le quede la sensación de que ningún reconocimiento puede perturbar la estremecedora paz que Herskovitz parece haber alcanzado a estas alturas de su vida.


BALLET Y JAZZ.- Del 22 al 29 el Ballet de Cámara de Lucía Alcalá actuará en el Centro Cultural Ricardo Palma de Miraflores, ofreciendo un número doble que incluye temas clásicos con música de Albinioni y Chopin y el estreno de coreografías de la propia Alcalá con música en vivo interpretada por el jazzista Carlo Calienes. 7.30 p.m.


EXPOSICIONES

MUSICA

LETRAS


Amazonía

Antonio Migliori es un pintor autodidacto que se inclina por ilustrar el exuberante mundo de la Amazonia. Se inició en el taller Uskoayar de Pablo Amaringo y descubrió el universo mágico de la selva y la diversidad de las etnias que pueblan la zona. Con acuarelas y lápices de color, Migliori ha recogido en una veintena de cartulinas de diverso formato los rostros impenetrables de shipibos, asháninkas, jíbaros y yaguas para mostrarlos en su primera individual en el Club Suizo de Miraflores (Genaro Castro Iglesias 550, Urbanización Aurora). Hasta fin de mes.


LAS MIL HOJAS.- Atractivas publicaciones han llegado a esta redacción. La bimestral Debate que edita Apoyo analiza la venta de Petroperú, la creciente inversión chilena, la educación a través de la nueva Ley de Centros Privados y se entretiene con los pronósticos sobre el Oscar. Arkinka, estupenda revista de arquitectura, diseño y construcción que dirige Frederick Cooper da cuenta de proyectos nacionales y extranjeros. Volando de Aeroperú bajo la dirección de Carmen y Marisa Romero y Bienvenida de Faucett con la batuta de Cecilia Raffo abordan Cajamarca y las guitarras de Daniel Moncloa, y el Valle del Colca, respectivamente. En tanto que Incontri de la Asociación Italiana en el Perú en edición bilingüe revisa notas de interés para la colonia.


Santos Andes

En el Instituto Riva Agüero se revive la Pasión de Cristo.

Detalle de una Cruz del Camino.

EL Domingo de Ramos es el inicio de un ritual que se repite religiosamente en todo el mundo católico y que culmina una semana después con el Domingo de Resurrección. En el interín, procesiones, ceremonias, ritos, ayuno se van desarrollando con el único fin de recordar vívidamente la Pasión y Muerte de Jesucristo.
Cuando los españoles llegaron a la América panteísta e impusieron su doctrina, el hombre andino asumió la nueva religión pero sin dejar del todo su mundo animista y mágico. Se dio entonces un sincretismo religioso de matices particulares según el pueblo donde se desarrollara. La Pascua, una festividad importantísima en el calendario litúrgico católico fue inculcada tempranamente por las autoridades religiosas coloniales, convirtiéndose tales celebraciones en un fiel reflejo de lo que pasaba en la Península. De allí que en Sevilla y Ayacucho, por ejemplo, la Semana Santa tenga tan íntimos parentescos.
El Domingo de Ramos cierra la cuaresma, tiempo de pasión cristiana que sucede a los carnavales, festividad pagana que crea un espacio de desorden, de licencia, de tentación por el mundo del demonio y de la carne. En este contexto el diablo aparece no como un personaje maligno sino más bien como una personalidad traviesa que desbarata el orden. En contraposición, la cuaresma es un período de reflexión, de conciliación, de penitencia donde el hombre caído se redime a través del sacrificio de la cruz.
"En los Andes, la imagen de Jesucristo se asoció a la del Inca en la medida en que ambas simbolizaban un orden divino que está por encima de cualquier oposición", dicen los antropólogos Gerardo Damonte y Lara Gómez, organizadores de la muestra junto con Juan Ossio, Luis Repeto y María Isabel Fuentealba.
"Las manifestaciones andinas de la Semana Santa aunque ceñidas a un patrón hispano reflejan las interpretaciones particulares que en cada región se dieron a este momento litúrgico. Estos matices regionales son resultado del esfuerzo del hombre andino por vincular la tradición católica con la ancestralmente suya, forjando así su propia identidad".

Representación de la Pasión en una calle de Ayacucho.

En ese sentido, el Museo de Artes y Tradiciones Populares del Instituto Riva Agüero de la Pontificia Universidad Católica del Perú, se anticipa a las pascuales actividades con esta exposición que pretende mostrar tres versiones andinas de la Semana Santa: las de Huamanga y Cajamarca, más eclesiales y cercanas a la tradición católica, y la de Jangas en el Callejón de Huaylas donde se celebra el ritual del Huerto de Judas, una interpretación pagana de la Semana Santa.
Cruces de Porcón (Cajamarca), iglesias de Quinua, retablos de López Antay y La Piedad del ceramista Leoncio Tineo recientemente fallecido (Ayacucho), andas de hojalata de los Mendívil (Cusco) y fotografías del Archivo de Música Tradicional Andina de la PUC, de Hellen Perea, Renate del Risco y Lily Mussla, muestran el recogimiento y devoción de una población que cubre sus calles de alfombras de flores, enjaeza a llamas y asnos para rememorar el Domingo de Ramos y quema fuegos artificiales el día de la Resurrección.
La muestra estará abierta del 26 de marzo al 26 de mayo en Jr. Camaná 469.


CARETAS 1406