Yanacocha

Un Cerro de Oro

Y un juicio de órdago.


Laguna Yanacocha y cerro Rumi Guachac. Ya es el yacimiento aurífero más grande de Sudamérica y uno de los más fabulosos del mundo.

TODOcomenzó al llegar la ola privatizadora a las costas francesas cuando aún gobernaba el napoleónico socialista Francois Mitterrand y como consecuencia de uno de los casos de "concubinato" político galo: es decir, con la elección de un Primer Ministro conservador -en esta instancia, el ahora presidente Jacques Chirac.
Una de las empresas estatales francesas, el Bureau des Recherches Geologiques et Minieres (BRGM), que consolida los intereses mineros franceses en el mundo, poseía a través de una empresa subsidiaria de exploraciones, Mine Or, una verdadera perla valorada: el 24.7% de las acciones de la compañía Minera Yanacocha en el Perú.
Resulta que la concesión de Yanacocha abarca 25,000 kilómetros cuadrados de las sierras de Cajamarca y equivale virtualmente a toda una "provincia de oro", como la llama el Australian Financial Review.
En su primer año de plena producción en 1994 rindió 304,600 onzas, las que aumentaron a 525,000 en 1995 y se calcula que existen por lo menos 12 vetas auríferas adicionales a las que están en explotación.
De hecho, Yanacocha ya se ha convertido en la mina de oro más grande de Sudamérica y en una de las más notables del mundo.


Alberto Benavides de la Quintana, patriarca minero enfrenta do a Robert J. Champion de Crespigny, descendiente de hugonotes.

Precisamente en 1994, funcionarios públicos del BRGM, Jean-Pierre Hugon, el director ejecutivo, y André Papon, el gerente general, contrataron los servicios del banco de inversión Paribas para ofrecer al sector privado los activos mineros de esta empresa y sus subsidiarias por instrucción del gobierno francés.
Una carta del Ministerio de Industria, Correos y Telecomunicaciones, y Comercio Exterior de Francia dirigida al embajador del Perú en París Hugo Palma confirmó a pedido de nuestra representación diplomática esta decisión el 23/9/94.
Los socios de BRGM en Yanacocha eran Newmont Second Capital, filial de Newmont Mining Company, la primera empresa aurífera de los EE.UU., y Condesa, filial de Minera Buenaventura del grupo Benavides de la Quintana. Esta participaba con un 32.3% de las acciones, Newmont con 38% y un cuarto socio, la International Finance Company (IFC), brazo financiero del Banco Mundial, con 5%.
La privatización de BRGM y, específicamente, de Mine Or significó el intento de transferir la mayoría de sus acciones y el control empresarial a un nuevo dueño: exactamente al grupo australiano encabezado por Normandy Mining Ltd.
La operación, sin embargo, violó obligaciones mutuas y el derecho de preferencia pactado según el artículo 11 de los estatutos de Yanacocha, como señalan los abogados. Allí se establecía que si un socio deseaba vender debía ofrecer prioritariamente su participación a los otros. Es un procedimiento común.
De ejercer el derecho de preferencia, Newmont pasaría a tener el 51.46% de las acciones, Buenaventura 43.64% e IFC seguiría en 5% por haber entrado posteriormente al pacto.
Para eludir el derecho de preferencia, BRGM y el Normandy Group recurrieron a una serie de figuras pretendidamente legales, algunas bastante complejas, incluyendo la formación en 1995, ya con problemas legales encima, de una empresa `holding' llamada La Source.
El hecho es que Buenaventura y Newmont denunciaron la operación ante los tribunales peruanos, iniciándose así un proceso de gran importancia que pone a prueba la idoneidad de la justicia del país.
Minera Yanacocha era y es el producto de un largo esfuerzo realizado por el grupo peruano Buenaventura, que consiguió unir al estado francés, que era su socio original, con el gigante Newmont de los EE.UU.
Entre 1985 y 1990 Newmont y Buenaventura invirtieron la mayor parte del capital de riesgo requerido en exploración y prospección para demostrar la existencia de un yacimiento excepcional en Yanacocha.
En 1992, año punta del terrorismo, fue Alberto Benavides de la Quintana, una suerte de patriarca minero, quien convenció a Newmont y BRGM para que se invirtieran US$ 45 millones en Yanacocha e iniciara la explotación
Esa fue la primera gran inversión en el Perú después de muchos años, precursora de una nueva etapa en la minería del país.
Es natural, por lo tanto, que Buenaventura y Newmont se sintieran burlados en su derecho de preferencia y acudieran a los tribunales.

EL PROCESO

El proceso, que enfrenta a importantes estudios de abogados como el de Guillermo Gulman, y el Rodrigo, Elías y Medrano (sumándose a ellos la opinión de Jorge Avendaño y Fernando de Trazegnies, además de Manuel Pablo Olaechea y Francisco Moreyra García Sayán) por el lado de Buenaventura-Newmont, y el estudio Echecopar (que incluye a Alfonso de los Heros) por el de BRGM-Normandy, ya tuvo un primer resultado.
La 4ta. Sala Civil de la Corte Superior de Lima, ratificando el fallo del Quinto Juzgado en lo Civil, dictó una medida cautelar inapelable que retiene bajo custodia del Poder Judicial tanto las acciones en discusión así como US$ 90 millones fijados como su precio provisional y que han sido depositados por Newmont y Buenaventura.
De esta manera los demandantes se han asegurado que Normandy no disponga de las acciones. Hasta que termine el juicio ni intente negociar con ellas.
De no mediar esta medida cautelar, señalan, podría darse el caso que Newmont y Buenaventura triunfen en los tribunales sin conseguir la devolución de las acciones, ya que hipotéticamente Normandy podría haberlas vendido y esparcido en diversas plazas financieras del mundo. Sería esa una victoria pírrica, porque lo que está en juego es el derecho de propiedad y de escoger con quién uno se asocia.
Tomar precauciones con el Normandy Mining Group no es exagerado. El grupo -que hasta hace poco se llamaba Normandy Poseidón con insinuaciones de catástrofe marina- es controlada por Robert J. Champion de Crespigny, un descendiente de hugonotes con el apetito empresarial de un tiburón.
Contador de 48 años, su recorrido en la minería es relativamente corto pero meteórico, y a veces ha descuidado las formas. En octubre de 1994 fue denunciado ante la justicia australiana de haber presentado estados financieros sobredimensionados de una empresa suya, Brunswick, en la fusión con otra minera, Bendigo Gold. Según el periódico The Age, la diferencia fue calculada en 10 millones de dólares. Champion de Crespigny, sin embargo, logró una absolución ajustada.
Según la prensa especializada australiana, su estrategia en Yanacocha consistiría no sólo en consolidar su presencia en ese fabuloso yacimiento vía el 24.7% presumiblemente adquirido a través de Mine Or y La Source de BRGM, sino de terminar engulléndose a la propia empresa Buenaventura.
Resulta que BRGM y sus subsidiarias también tienen una participación del 15.3% en el accionariado de Minera Buenaventura. Además, Mine Or y La Source poseen el 40% de Chaupilona, empresa que es beneficiaria del 3% de las regalías de Yanacocha, y el 40% de Minas Conga, que posee vastas concesiones que rodean a Yanacocha.
Si todo esto pasara al control de Champion de Crespigny, Buenaventura tendría su noche de San Bartolomé.
En un artículo titulado `La conquista normanda del Perú' del Australian Financial Review del 19 de diciembre pasado, se señala abiertamente que, como Buenaventura es una empresa que se cotiza en la Bolsa de Valores de Lima, la intención lógica del grupo australiano es comprar allí acciones adicionales de la empresa peruana para desplazar al grupo Benavides de la Quintana y lograr el control de Yanacocha.
Este sería el caso del `take over' de la mayor empresa minera peruana privada por un incursor extranjero que comenzó metiéndose por la ventana.
Y, no cabe duda, los sueños de Champion de Crespigny son realmente de grandeza. Hace poco, a fines de 1995, inició gestiones para la fusión del Normandy Group con otras tres empresas australianas dedicadas a la explotación aurífera: Posgold, Gold Mines of Kalgoorlie y North Flinders Mines. Este nuevo consorcio se convertiría de entrada en la tercera empresa aurífera del mundo con un valor de unos US$ 3,000 millones. Pero la propuesta está en estudio por el resto de los accionistas, y un revés en el juicio de Yanacocha haría que este proyecto se trunque y la `Cabecera de playa de Normandy', como llama a la incursión en el Perú el diario The Australian, no llegue a mayores.
El proceso puede durar meses (o pasar la barrera del año), pero Buenaventura y Newmont parecen esperar el resultado con la tranquilidad que les otorga la medida cautelar dictada. Claro que a nadie le place tener congelados US$90 millones, pero lo que está en juego es mucho, mucho mayor.


CARETAS 1400