Jefe del ejército ecuatoriano

Moncayo y su Frontera

General que comandó las tropas adversarias expone su visión de la guerra y de los impases subsistentes. Su discurso debería alertarnos.


General Paco Moncayo en su despacho en Quito con Cecilia Valenzuela, explicando impases en mapa del Perú llevado por CARETAS.

EXCLUSIVO


A un año del conflicto del Cenepa y en otro escenario, CARETAS entrevistó en Quito al general Paco Moncayo. Desde su despacho, en la comandancia del Ejército ecuatoriano, el militar elegido el hombre del año en su país, sostiene una esgrima verbal que sin embargo esboza una tensión desmesurada.

El Mapa de Moncayo


En un artículo publicado en la revista de las Fuerzas Armadas Ecuatorianas, titulado "El Protocolo de Río a la luz de la Acción Política", el general Moncayo señala que son doce los puntos inejecutables. El mapa tiene una leyenda que dice "Puntos en los cuales existe inejecutabilidad del Protocolo de Río de Janeiro" y está salpicado por ellos a lo largo de toda la frontera. Hasta el canal de Huaquillas es un tema de controversia.

Entrevista de CECILIA VALENZUELA - Fotos VICTOR CH. VARGAS

GENERAL Moncayo, ¿cómo observa las negociaciones entre las cancillerías de Perú y Ecuador en estos días en que se cumple un año del conflicto del Cenepa?
-Yo observo con mucho interés el proceso de pacificación, soy parte del proceso y esto es muy importante, porque no fui sólo parte de la conducción del conflicto, sino que fui parte de la conducción del proceso de separación de fuerzas. La MOMEP puede atestiguar todo el interés que puse para que se ponga fin a este conflicto, para que las fuerzas se separen y se eviten nuevos enfrentamientos. Yo creo que además ésta es una oportunidad histórica que están recibiendo el Perú y Ecuador para poder resolver definitivamente su problema. Creo también que no debe desperdiciarse esta oportunidad, porque nunca como hoy se ha dado en la historia triste de dos países, una situación en que ambos pueden sentarse con apoyo de la comunidad internacional a resolver este litigio.


"Siempre procuré que el daño sea el menor, haciendo del enfrentamiento bélico un enfrentamiento razonado, y no un enfrentamiento de odio".

-En su opinión, ¿ha llegado el momento de resolver definitivamente este litigio, como Ud. lo llama? ¿Siente usted como jefe del Ejército ecuatoriano que ustedes están en condiciones de quedar satisfechos con cualquier decisión que se adopte en materia diplomática?
-Pienso que nuestro país tiene una apertura a la búsqueda de una solución definitiva, los militares no podemos ser los que tomemos las decisiones políticas. Si nuestro país logra un buen acuerdo con Perú, respaldado por el pueblo ecuatoriano, nosotros no somos quienes podemos estorbar un juego de esa naturaleza. Por otra parte, debe entenderse que un acuerdo no es, ni puede ser, una imposición. Yo entiendo que el pueblo peruano no aceptaría ningún acuerdo que perciba como una imposición de los ecuatorianos. Igual va a pasar con el Ecuador, por eso, siguiendo el ejemplo de Chile y Argentina, deberíamos someter todos nuestros problemas a terceras personas, que pueden ser los propios garantes, que vayan dando la razón a quien la tenga.


"En la Cueva de los Tayos se encontraban nuestras patrullas con los peruanos desde hace 10 años".

Yo leo la historia peruana y hay una historia que para mí es absolutamente distorsionada, pero entiendo claramente que cuando un peruano lee nuestra historia, percibe que nuestra historia es absolutamente falsa, que distorsiona los hechos en esta mutua relación. Por eso pienso, honestamente, que como en todo diferendo, hay que pedir otra cabeza fría, que con objetividad le vaya dando la razón al que la tiene en cada caso.
-General, usted dirigió personalmente las operaciones el año pasado desde Patuca y narra lo sucedido, desde la perspectiva ecuatoriana, en su Diario de Guerra. En sus narraciones hay un detalle: usted lamenta que por órdenes superiores, me imagino que se refiere a una orden del presidente Durán Ballén, no pudo atacar puestos peruanos. Pero usted hace este comentario en un contexto en que se está refiriendo a la presencia del Presidente Fujimori en la base peruana de Ciro Alegría. ¿Qué es lo que usted lamenta?
-No, yo le quiero contar lo que pasó. Hay muchos comentarios que no se apegan a la verdad. Yo nunca he mentido, no tengo por qué mentirle a Ud. ni a mí mismo. Se dice que aquí la guerra la hemos hecho porque no nos querían dar las regalías del petróleo que teníamos antes, pero ese problema se resolvió en 1994, el Congreso nos las concedió por diez años más.
Se dice que aquí los militares no hemos obedecido, que le hemos impuesto al poder civil la guerra, eso es absolutamente falso. Las decisiones se tomaron en Consejo de Seguridad Nacional, donde está el Presidente del Ejecutivo, del Legislativo y Judicial, donde está la cúpula de la conducción política del país. El general Moncayo era un militar, disciplinado, profesional que cumplió las órdenes que recibió del fuero político. Se dice que el presidente Sixto Durán había llegado a un bajísimo nivel de popularidad y quiso con esto ganar popularidad, yo no creo eso, sería creer que nuestro presidente es un monstruo, ganar popularidad con las vidas, con la mutilación de los soldados. De manera que se dicen muchas cosas que parecen absolutamente verdad.
-Dígame las razones reales, no los pretextos.
-Ahora bien, ¿yo qué he hecho? He cumplido con mi deber de soldado, con el mismo interés, con el mismo convencimiento, que estoy seguro lo habrá hecho el general López Trigoso, o el presidente del Comando Conjunto, el general Hermoza Ríos, porque esta es nuestra posición de militares. También quiero decirle con mucha veracidad, que jamás cumplí mi deber con odio, siempre procuré que el daño sea el menor, haciendo inclusive del enfrentamiento bélico un enfrentamiento razonado, con sentimientos y no un enfrentamiento de odio.
Inclusive cuando estuvo el Presidente (Fujimori) en ese sector, sin saber exactamente en qué área estaba, dispuse suspender los vuelos, por dos razones prácticas. Primero, porque imagínese lo que habría sido que un imprudente jefe de Estado que asoma en el área de combate sea víctima del fuego del contrincante. ¿Se da cuenta de lo que habría significado eso para la historia de nuestros países? Entonces he conducido las operaciones con serenidad, con criterio de lo que este enfrentamiento indeseable significaba para la historia de América Latina. No era un bárbaro conduciendo una guerra bárbara, sino un ser civilizado, un hombre cultivado, conduciendo una guerra que no querían los ecuatorianos. Tomé todas esas precauciones.
-Sin embargo usted en su diario lamenta no haber podido atacar puestos peruanos.
-Sí, yo lo lamento. Primero es un diario escrito sobre el conflicto y mi deber era conducir las operaciones al éxito, como era el deber de los comandantes peruanos, a quienes respeto. Mi deber era tener éxito, por eso soy militar. A mí se me ordenó no atacar ningún puesto militar peruano y el Presidente (Durán) en todas sus intervenciones hizo mucho énfasis en esta disposición. Nosotros, veíamos cómo por el eje Jiménez Banda-Soldado Pastor, se conducían todos los abastecimientos, todos los refuerzos (de los peruanos) y jamás pudimos atacar. Hubiera sido lo lógico, para evitar que las tropas lleguen en condiciones adecuadas, éstas sí a atacar nuestras posiciones. De manera que desde un punto de vista estrictamente operativo y no desde un punto de vista humano, ni emotivo, ni filosófico, era lógico que para un comandante sea una restricción enorme no poder usar todos los instrumentos de la conducción.
-¿Siente que lo limitaron?
-Claro, esa fue la percepción mía pero la obedecí. Es otro punto importante, yo soy un militar profesional. He sido muchos años profesor, maestro, he analizado con los alumnos del Estado Mayor, en el Instituto Superior de Guerra, la relación entre la política y la estrategia y he defendido siempre, el mejor espíritu clausewitziano, el que la guerra sólo es un instrumento de la política y ni siquiera es el único instrumento de la política, es el instrumento de última instancia, el indeseable instrumento de la política, al que no se debe llegar sino porque todos los demás instrumentos han fracasado. Entonces en ese sentido y con esa percepción jamás he tomado una decisión violentando o desobedeciendo las instrucciones de nivel político.
-Usted, general Moncayo, es uno de los estadistas ecuatorianos más respetados y además es uno de los peores críticos del Protocolo de Río de Janeiro, que su país y el mío firmaron en 1942. ¿Qué documento vale más para usted, el Protocolo de Río de Janeiro o el Tratado de Itamaraty?
-El Protocolo de Río de Janeiro es un instrumento jurídico que está firmado, que está ratificado, que tenía un fin, el fin era paz, amistad y límites. ¿Después de 50 años hemos tenido paz, hemos podido reforzar nuestra amistad? No tenemos siquiera límites. El Tratado de Itamaraty es de otra naturaleza, y no debe ser percibido como punto de derrotas ni de victorias, sino como defensa de dos países que en vez de continuar con la guerra, deciden sentarse a discutir el problema, algo que debieron haber hecho hace mucho tiempo atrás. Es un Tratado que tiene una percepción completamente diferente, yo creo que es una oportunidad histórica este tratado y si así lo interpretan los dos países y logran un acuerdo, pero un acuerdo no puede ser una imposición. Toda negociación implica aproximación, si los ecuatorianos quisiéramos imponer una posición al Perú, el Perú no nos va a aceptar nunca, si el Perú nos quiere imponer -como penosamente algunos ideólogos de la seguridad nacional, como el general Mercado Jarrín, escriben en sus libros- no vamos a tener ninguna solución.
En el supuesto no consentido que el Perú está rearmándose y lance una nueva campaña como la de 1941, para imponernos la colocación de los hitos, así tuviesen éxito militar y así nos obligasen a poner los hitos, ¿cree usted que esa es la solución? Es un diferimiento por otros 50 años de esa situación. Porque un país que sienta que fue obligado a poner los hitos después de una guerra, estará preparándose para reivindicar la humillación que ha recibido. No hay solución bélica para el problema ecuatoriano-peruano, eso deben entenderlo los profetas del exterminio que lastimosamente todavía existen en su país. Tenemos que buscar una solución de paz, estamos acabando el milenio ¿cómo es que no pueden entenderse esos pueblos que son casi idénticos en contextura sicológica, social, que comparten tantas cosas?


Paco Moncayo con el general Walter Ledesma en Israel, en 1986: "El conoce mi forma de pensar".

-¿Se siente usted satisfecho con lo que logró en el conflicto del Cenepa en el sentido que realmente el Tratado de Itamaraty abre una nueva discusión y deja en segundo plano los artículos del Protocolo? ¿Ese era uno de sus objetivos?
-Pienso que no hemos sacado el Protocolo de Río de Janeiro de la discusión. Yo no creo que sea un triunfo del Ecuador, para mí es un triunfo del Perú, del Ecuador y de América Latina, hemos logrado por fin sentarnos a discutir como países civilizados un problema que existe. El Perú se ha negado reiteradamente a aceptar que hay un problema. Pero si no hay un problema, ¿qué pasa que no podemos vivir en paz?
-Usted sostiene que Tiwinza, Cueva de los Tayos y Base Sur, estaban en su territorio, que fueron atacados. Entonces explíqueme, ¿por qué sembró minas en toda el área de lo que considera su propio territorio? ¿Estaban esperando una incursión?
-Le voy a dar la respuesta, usted vaya a Tiwinza y encuentra bananeras pequeñas como para abastecer a los destacamentos, chacras, que no se inventan. Vaya a Base Sur y encuentra eso, estaban en nuestro poder no de la noche a la mañana. Usted sabe que es un área no delimitada para nosotros, no demarcada para ustedes. Si hubiera habido una actitud de búsqueda de solución, no tendría que haberse dado lo que se dio. Primero, la clara amenaza del comandante del batallón (peruano) Callao de selva al coronel Aguirre de desalojar ese fin de semana, es que así era de fácil si se entendía que se podían hacer las cosas, le digo que nosotros no estábamos defendiendo posiciones, entonces mal hubiera podido yo sembrar minas porque mi propia gente habría caído en esas minas. Pero cuando fuimos atacados, en Soldado Monge, en Teniente Ortiz, en Etza, en Coangos, en Cóndor Mirador, solamente ahí ordene que se coloquen minas en una posición estrictamente defensiva. Usted sabe que la defensa implica el uso de estos medios y cuando se insistió en tomar Tiwinza y en tomar Base Sur, ordené que se defendieran esas bases que eran simples bases logísticas. Al ser posiciones defensivas, evidentemente, se colocaron minas, pero no hubo un uso irresponsable de esas minas.
-Su ejército gracias en gran medida a su trabajo y dedicación está modernizado. Usted jugó un papel muy importante en esa modernización ¿No debe considerarse a esto como un acto belicista? ¿No se estaban preparando?
-No, eso muestra la permanente preocupación que ha tenido el pueblo ecuatoriano de ser agredido y de estar en condiciones de repeler una agresión. En todo eso creo que hay más bien una conciencia defensiva en el pueblo ecuatoriano y tiene antecedentes. A este país no le ha sucedido tragedia más grande en su historia que la invasión de 1941. Eso causó un trauma histórico al pueblo, un trauma del que no ha podido deshacerse. Le puedo asegurar que jamás el Ecuador ha pensado en tener una Fuerza Armada en condiciones de realizar una ofensiva al territorio peruano, que nuestra opción y nuestra percepción permanente como país es una percepción de defensa y de disuasión.
-¿Conoce usted al analista norteamericano Gabriel Marcella?
-Sí, como no.
-¿Ha leído su último artículo sobre el conflicto del Cenepa?
-Como no.
-El hace una evaluación de las pérdidas aéreas que tuvo mi país y los daños que tuvo el suyo, ese análisis confirma que el Perú realmente no estaba preparado para el encuentro con Ecuador. La falta de preparación ¿no indica acaso que el Perú no tenía intenciones belicistas? ¿Usted cree que el Perú está loco como para iniciar una agresión si no está preparado?
-Yo me he hecho la misma pregunta, si todo lo que ha sucedido en la historia de las guerras hubiese sido racional, yo estoy seguro que no hubieran habido guerras. A mi juicio, hubo un exceso de confianza de los mandos y un menosprecio al sector ecuatoriano que en los libros que escriben militares peruanos se percibe.
-Pero ese no es un análisis...
-Me parece a mí que no hay otra explicación lógica. Tal vez pensaron que iba a suceder lo del 81.
-¿Desde cuándo estaban ustedes en Tiwinza, desde hace cuántos años?
-Bueno, Tiwinza y Base Sur están en manos nuestras alrededor de una década y había un acuerdo, yo le he escuchado al general Carlomagno Andrade hablando con el general Hermoza Ríos, cuando hubo un incidente -debe haber sido en el año 1992-, cuando dos patrullas nuestras que en el sector de Base Sur se toparon tanto peruanos como ecuatorianos, el general Carlomagno Andrade habló con el general Hermoza Ríos, ambos quedaron de acuerdo que ni los unos suban, ni que los otros bajen de la Cueva de los Tayos. En la Cueva de los Tayos se encontraban nuestras patrullas con los peruanos todo el tiempo, era natural, normal, esa es la verdad, esa es la realidad. Hay videos, hay fotos, hay todo y si se quiere decir la verdad, se va a reconocer que así estábamos viviendo, en paz y aplicábamos la cartilla.


Tropas peruanas en Tumbes: esa frontera también está en cuestión, según Moncayo.

-¿Cuántos años están allí?
-Debe ser una década que estábamos allí. Nunca ha habido presencia de soldados peruanos.
-El general Walter Ledesma, un militar peruano a quien usted conoce personalmente porque estuvieron juntos cuando eran coroneles, en Israel, lo ha definido recientemente como el nuevo perturbador de la paz en América Latina. ¿Qué opina sobre esta definición?
-Mire, el general Ledesma, que en mi concepto es uno de los militares latinoamericanos más interesantes e inteligentes, con quien yo tengo el gusto de tener amistad, ha adoptado una actitud también contraria a mi persona. No la justifico en él, porque él sí me conoce bien. El sabe cuál es mi forma de pensar. Cuando supe que él había salido del Ejército peruano a mí me dio mucha pena por él, porque yo esperaba que tuviera una carrera más larga. A mí sinceramente me ha sorprendido, me ha dolido que Ledesma salga con esa interpretación sobre mi persona.
-General, todavía Ecuador no ha definido cuáles y cuántos son, para ustedes, los llamados impases subsistentes. Usted, en un artículo publicado en la revista de las Fuerzas Armadas Ecuatorianas "El Protocolo de Río a la luz de la Acción Política", señala que son doce los puntos inejecutables.
-No, no dije que son inejecutables...
-Lo dice, les llama puntos en los cuales existe inejecutabilidad del Protocolo.
-Discúlpeme, ese debe ser un subtítulo puesto por el editor. Pero después, si lee, en el contexto verá que dice que son puntos donde hay problemas ¿no?, hay muchos problemas.
-Habla de doce puntos y los menciona. Pero mire, este es el mapa de mi país ¿podría marcar, con este lapicero, los lugares donde usted considera que hay problemas?
-Hay muchos problemas que son fruto de los naturales cambios geográficos: que un río se cambió de cauce, que una isla que estaba en un lado pasó al otro, hay problemas en toda la periferia nuestra, así es que hay que buscar una solución a todo esto.
No importa si son 10, 20, 30 ó 12, lo importante es el ánimo que tengan los países para encontrarles una solución, porque lo mismo da que sean tres, si están en posiciones absolutamente enclaustradas de una percepción maniquea y si son cincuenta pero hay un ánimo abierto a la solución.
-General, para nosotros es importante saber cuántos y cuáles son los lugares que ustedes cuestionan. ¿No se atreve usted a decirme y marcar cuántos cree que son?
-En ese artículo están mencionados, la palabra escrita es palabra irretractable, así es que en ese artículo están.
-Entonces, son doce...
-Son los que pueden ser ¿no? No me acuerdo, no me han dado una memoria privilegiada, no me acuerdo, hay problemas en Lagartococha, en el Napo, en el Bombonaza, en el Pastaza, hay problemas en el hito 20 que no existe, hay problemas en todo el sector de la Cordillera del Cóndor, donde no existe el divortium acuarum, hay problemas en la Tina, en las islas de Macará, hay problemas en el codo del Hualtaco, el propio canal internacional de Huaquillas construido para dar una solución momentánea, pero no dio ninguna solución al problema.
-¿Cómo trazaría usted la frontera?
-Yo le he dicho e insisto, yo soy un militar, yo no soy el canciller del Ecuador, yo no soy el Presidente del Ecuador, que es el responsable de la política internacional. Yo soy un soldado que trata de solucionar problemas, este es un artículo escrito en función de mi afición a escribir, no es un artículo oficial del gobierno ni de la Cancillería.
-La verdad es que me hubiera gustado llevarme un mapa marcado, por usted, porque el Canciller Leoro no ha dicho nada tadavía sobre los impases subsistentes...
-No puedo tomarme atribuciones que no me corresponden, no soy quien tiene que definir la frontera.
-Usted es un lector de Sun Tsu, usted y los militares ecuatorianos lo son ¿verdad?
-No hay militar que no lea y cite a Sun Tsu, al menos los especialistas en inteligencia tienen una veneración por Sun Tsu.
-¿Y usted también comparte esa veneración?
-En efecto.
-Entonces recordará uno de sus axiomas que dice "La guerra descansa en el engaño del enemigo". ¿Cuánto de ese axioma han aplicado ustedes para manejar la guerra sicológica y la guerra de información en su último conflicto con mi país?
-Sí, Sun Tsu dice una verdad y yo le voy a responder a eso con otra verdad que es un axioma de las relaciones públicas, no hay arma mejor que la verdad. Administrar la verdad es mucho más fácil que administrar el engaño, porque más pronto cae el mentiroso que el ladrón.


CARETAS 1399