Characato en la Luna

Los inventos de Pedro Paulet, un visionario desconocido.

Hoy jueves en la galería de exposiciones del Banco Continental, se inaugura una singular muestra sobre el inventor arequipeño Pedro Paulet. La exposición está acompañada de charlas diarias sobre la vida y obra de este ilustre arequipeño.


Pedro Paulet Mostajo.

FUE un arequipeño, don Pedro Paulet Mostajo, el pionero indiscutible de la era espacial. Hizo de todo en la vida, menos rendirse a la indiferencia. Fue arquitecto, ingeniero, mecánico, químico, economista, geógrafo, escultor, diplomático, escritor, periodista, conferencista e inventor visionario. Todos estos oficios le correspondieron y a cada uno de ellos dedicó tiempo, paciencia y talento.
Pedro Paulet nació en Tiabaya, Arequipa, el 2 de julio de 1874. No conoció a su padre ya que a los tres años quedó huérfano y desde entonces jugó en solitario. Sobrino del tribuno arequipeño Francisco Mostajo, dejó de lado la herencia del verbo para dar rienda suelta a la imaginación. En sus primeros años de colegio se hacía llevar a la estación de ferrocarril a la hora del recreo para admirar el vapor que despedían las locomotoras. Ese embeleso lo trasladaría después a los fuegos artificiales, esos castillos luminosos con que los arequipeños suelen festejar sus fiestas cívicas y religiosas.


El avión torpedo fue diseñado para navegar en el espacio sideral, donde no existe el aire ni hacen falta hélices ni planeadores. No tuvo financiamiento y el motor se perdió en un corralón anónimo.

No había cumplido aún los 12 años cuando crea sus propios y primitivos cohetes. Taconeaba pólvora extraída de cohetes pueblerinos en canutos de carrizo, los ataba fuertemente con pitas de cáñamo y les añadía rudimentarias redes hechas con piedras, fierros o pedazos de metal, para definir la correlación del explosivo con el peso y determinar así la propulsión y la velocidad del artefacto.
El vecindario y la familia recibieron con espanto tales inventos, con lo que el niño se refugió en el campo. Al cumplir los 15, con el auxilio de los pirotécnicos locales construye cohetes con cámaras impulsoras más largas y de mayor duración. La suerte estaba echada.


La "girándula", rueda de bicicleta que sirvió al experimento.

Pasó el tiempo y Paulet viajó a París a estudiar ingeniería y arquitectura en La Sorbona. Conoció a Charles Friedel, químico y mineralogista famoso, al célebre Marcelin Berthelot, a Pierre Curie y su esposa Marie Selodowka, descubridores del polonio y el radium, y a otros ilustres de la época. Toda su carrera universitaria la dedicó Paulet a estudiar diversos tipos de explosivos y a experimentar con ellos. Así concluyó que el propulsor más conveniente para el motor de su invención debía ser un combustible líquido. Para concretar esta idea y la factibilidad de su aplicación, nuestro sabio consultó a muchos maestros. En estos diálogos se gestó el principio de los futuros viajes espaciales.
Pero habían dos palabras que quitaban el sueño al universitario: acción y reacción. En largas noches de vigilia, Paulet se sumió en cálculos complicados para encontrar la mejor manera de aplicar la tercera ley de la Mecánica de Newton: "Toda fuerza ejercida en una dirección y sentido produce la aparición de otra de la misma magnitud, y de la misma dirección, pero en sentido opuesto".
Poco a poco la máquina soñada se fue haciendo tangible. Empezó por inventar la "girándula", esto es, una rueda de bicicleta provista de tres cohetes alimentados por tubos unidos a los radios. La carga (un derivado del ácido pícrico de gran volatilidad) pasaba por los conductos y hacía girar velozmente la rueda. La fatalidad llegaría casi de inmediato. Un incencio originado en el laboratorio cuando ensayaba con un explosivo, creó la alarma. La explosión le perforó un tímpano y lo obligó a suspender temporalmente los ensayos. Cuando los reinicia, se refugia en lugares desiertos actuando en forma clandestina y protegiéndose de la policía francesa que andaba muy susceptible a raíz de unos atentados anarquistas.
Después de muchos cálculos, Paulet construye su primer motor a reacción. A medida que la forma de la máquina se perfila tiene necesidad de recurrir a diseños por lo que se matricula en dibujo técnico en la Escuela de Bellas Artes de París.
En 1900 el gobierno peruano lo nombra Adjunto al Comisariato de la Exposición Universal de París, diseñando y construyendo el pabellón peruano, lo que le vale una condecoración del gobierno francés como Oficial de Instrucción Pública. Seis meses después inicia su carrera diplomática como Canciller del Consulado peruano en París.
En un paréntesis, se traslada a Bélgica y diseña el Avión Torpedo a Autobólido mientras busca financiamiento para su proyecto. En Londres crea una fábrica de juguetes irrompibles que tuvo que cerrar cuando estalló la primera guerra. Henry Ford y la Sociedad Astronáutica Alemana le hacen tentadoras ofertas para comprarle el proyecto. Los americanos quieren el monopolio y la nacionalización del invento, los alemanes pretenden utilizarlo como arma de guerra. Paulet rechaza ambos ofrecimientos en espera de mejores tiempos.
Regresa a Lima en 1935 después de 25 años de estancia europea. Entre las mil ocupaciones profesionales, Paulet busca apoyo económico en el Ministerio de Aviación para construir su avión torpedo y su motor a reacción, pero sólo el silencio contestó su demanda.
En el '41 el gobierno lo destina a Buenos Aires. Antes de partir encarga a Héctor, su hijo mayor casado con una japonesa, el cuidado del motor que tanto lo había desvelado. Pero el destino le tenía reservada otra mala jugada. En medio de la Segunda Guerra Mundial, Perú rompe relaciones con Japón y todos los súbditos japoneses deben abandonar el país. Antes de irse, Héctor deposita el motor en un lugar que creía seguro pero termina abandonado en un corralón. El invento se pierde irremediablemente. Pero todavía faltaba un golpe adicional. En 1944 los diarios anuncian con gran suceso que un capitán americano había hecho un vuelo a bordo de un avión propulsado por un motor a reacción. El dinámico sabio se convierte en un hombre triste y silencioso. Un año después, el gobierno lo licencia por límite de edad. Es todo lo que pudo soportar el corazón de Paulet que cayó fulminado con la carta de cese en las manos.


Los Negros en el Perú

Trayectoria de una raza en el Instituto Riva Agüero.


Fotografía de Lorry Salcedo del libro "Africa's Legacy". "Photographs in Brazil and Peru", publicado el año pasado en EE.UU.

CUADRO DE CASTAS:

De indio y negra nace lobo
De español y mulata nace morisco
De lobo y negra nace chino
De chino e india nace cambujo
De cambujo e india nace tenteenelaire
De tenteenelaire y mulata nace albarazado
De albarazado e india nace barcino
De barcino e india nace campamulato
De indio y mestiza nace coyote
De mulato y mestiza nace cuarterón

HAN transcurrido 500 años desde que un pequeño grupo de nativos tumbesinos, sorprendidos por la presencia de un negro, se dieran a la tarea de lavarlo afanosamente para cambiar el color de su piel. "Lo hacían lavar para ver si su negrura era color o confación puesta", escribió el cronista Cieza de León.
Lejos quedan los tiempos en que las negras no podían llevar como atuendos perlas, sedas ni oros, salvo que fueran casadas con español. Los tiempos han uniformado colores, razas y sectores, y los negros han formado parte activa del proceso de mestizaje y de la construcción del Perú como nación, sumándose a los levantamientos contra la corona española, luchando por la Independencia y enriqueciendo sustantivamente la cultura nativa.
Los primeros negros que llegaron al Perú provenían de Panamá, Las Antillas y el Caribe. Posteriormente se otorgaron "licencias" para traer negros desde Africa iniciándose el comercio negrero que estuvo regulado por portugueses ya que España no tenía colonias en ese continente. Pese a la esclavitud, los recién llegados se integraron a la sociedad, tomando y aportando una serie de elementos que permitieron el mestizaje y luchando con todos los medios a su alcance para lograr la libertad.
Cuando en 1854 don Ramón Castilla abolió la esclavitud, la influencia cultural negra alcanzó mayor relevancia.
La exposición organizada por los alumnos de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la PUC pretende dar un panorama general -y lamentablemente bastante limitado- de la presencia negra en el Perú y sus manifestaciones culturales en la danza, música, religión (infaltable la procesión del Señor de los Milagros), comida, literatura, entre otras.


EXPOSICIONES

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LETRAS

CURSOS


Mimo Porteño


Daniel Quiroga regresa a Lima para presentar el unipersonal "Sin pelos en la lengua", dos monólogos muy divertidos creados por el propio actor. El argentino es un viejo conocido entre los teatreros nacionales. Estuvo aquí el año pasado presentando "De amor también se muere" (ver fotografía). Ahora, amén de las presentaciones en La Noche de Barranco (1, 2, 3 y 4 de febrero a las 9 de la noche), dictará un curso sobre manejo del espacio y el espacio como estímulo creativo. Las clases se inician el 5 de febrero y continuarán diariamente hasta fin de mes. Inscripciones en el CC de la Universidad Católica.



CERAMICA.-El Museo Nacional de la Cultura Peruana está exhibiendo una muestra sobre "La tradición alfarera de Lima-Huarochirí", que intenta demostrar la continuidad de una antigua herencia practicada desde tiempos prehispánicos en todo el territorio andino. (Alfonso Ugarte 650, Lima). De martes a sábados de 10 a.m a 4 p.m. Vaya con cuidado que los choros abundan.


CARETAS 1399