El Choque de los Autos

El Presidente creyó que sería fácil prohibir la importación de vehículos usados, pero la abrupta medida ha despertado suspicacias sobre el curso económico, y desatado una tormenta.


Con la medida, Alberto Fujimori se encaramó a una riesgosa tolva política.


Encrespado Octavio Mavila de ARAPER. Antes y después optó por el silencio cuando se precisaba aclararlo todo: nada peor que las sospechas de favoritismo.

LA noche del lunes 29, a pocas horas de emprender su 67º viaje al exterior (ver Mar de Fondo), el Presidente Alberto Fujimori convocó a un Consejo de Ministros de urgencia.
La agenda era voluminosa, pero sobre todo con excepcional carga política. Una semana intensa, -marcada principalmente por tres temas: la prohibición de la importación de autos usados, la privatización de Petroperú y los reclamos de la CGTP- llevó a muchos a considerar que el despejado panorama nacional se tornaba turbulento y que las preferencias a favor del Mandatario podían disminuir.
En efecto, el tema de la importación estuvo en el candelero palaciego. Reconoció que se había producido una marejada de los importadores y que tal vez se podía paliar el efecto autorizando los embarques de carros que tuvieran carta de crédito abierta (como se estila por lo demás en normas de comercio internacional).
Eso explicaría, el tono mesurado con que el Ministro Manuel Vara Ochoa ha tratado de amenguar la marea. Para él, el decreto de urgencia sólo suspende -no prohíbe- y quizá por seis meses la importación de vehículos usados. Ha declarado también que está llano a recibir todas las sugerencias para arribar a un reglamento que ponga freno a indudables excesos en este rubro de vehículos usados.
Ha trascendido que el problema le preocupaba a Fujimori desde hace algunos meses. No era sólo que las importaciones de vehículos se habían disparado comprometiendo el equilibrio de la balanza comercial, sino que la línea de los vehículos de segunda mano crecía en proporción geométrica respecto de los vehículos nuevos.
Al parecer encargó un estudio al ministro de Economía, Jorge Camet, quien derivó la tarea a su asesor Fritz Dubois. Allí se empantanó el asunto, tal vez porque la instancia no compartía la idea de poner restricciones a las importaciones.
El miércoles 17 de enero, Alberto Fujimori volvió a sacar a relucir el tema de la balanza de pagos, a raíz de la visita de la misión del FMI, y lanzó una abrupta pregunta: ¿A cuánto ascienden las importaciones de autos usados en 1995 y cuáles son las proyecciones para este año? Camet se sintió en falta, pues debería ya haber tenido el estudio y las opciones sobre el asunto.
El Consejo, tras un debate normal, aprobó la suspensión de las importaciones de vehículos usados. No es estrictamente que Camet no estuviera de acuerdo, sino que simplemente la iniciativa no salió de su sector ni planteó objeciones de peso para contrarrestar la propuesta presidencial.
Entre los muchos efectos de esta medida, el primero que debe resaltarse es que, en la práctica, el gobierno reconoce que el déficit de la balanza de pagos se está tornando amenazante.
Y no es para menos. El déficit en cuenta corriente asciende a US$ 3,700 millones, es decir más del 5% del PBI, si se acepta que éste bordea los US$ 62,500 millones. Pero en los corrillos de economistas se reconoce que el PBI, conforme lo llegó a decir Germán Suárez, presidente del BCR, es del orden de los US$ 40 mil millones, de modo que el déficit de cuenta corriente podría llegar a representar un 9% del PBI. Esto equivale a poner luz roja, si se recuerda que el `efecto tequila' mexicano tuvo como detonador un déficit de un 8% del PBI.
Una segunda comprobación es que el abanico de opciones de recorte de las importaciones no es muy amplio. Por donde se corte, sobreviene el dolor y la protesta. ¿Es realmente significativo el recorte de los vehículos usados en el conjunto del déficit? Los impugnadores de la medida han señalado que no es tan importante. En realidad, representa el 10%, que no es desdeñable, pero además el gobierno consideró que era fácil de cortar.

PISTA CORTA

Esta es la apreciación más controvertida.
Primero, porque el decreto ha dado ocasión a que los guardianes del purismo liberal salgan al ruedo con bullicio. Incluso, por ejemplo el ex ministro Carlos Boloña ha convertido el tema en la piedra de toque de su "disparada presidencial". Ha dicho que después de este decreto, se ha iniciado otro gobierno, de una orientación distinta.
"Expreso" no ha ahorrado baterías ni tinta. Señala que se trata de un grueso error y su prédica la han acompañado casi todos los medios de comunicación.


Meses antes, el ministro Camet recibió el encargo de reglamentar la importación de usados. Al final firmó la prohibición total sin argumentar en contra. No es que la venta de los autos nuevos cayera, sino que la de los usados se disparó.

Que el gobierno se salga del cartabón liberal, no debe llamar a escándalo, pues muchos países en circunstancias de apremio deficitario pueden recurrir a algún correctivo de urgencia. El problema es de método. Lo que afecta es la sensación de sorpresa, caballazo, madrugón, al que por estilo es tan proclive Fujimori.
¿No hubiera sido más lógico que este asunto se tratara en el Congreso, participaran los agentes económicos y los dirigentes gremiales, además de las tendencias políticas? El Congreso es una instancia donde se moldean y atemperan las posiciones. Eso es lo democrático.
No es ocioso recordar que en el CCD, Reynaldo Roberts, el líbero de la mayoría oficialista, propuso una razonable reglamentación al flujo anárquico de automóviles usados. En esa ocasión, el gobierno lo desautorizó.
Por otra parte, el sector de importadores de automóviles usados resulta ser ahora un actor principal en el conjunto de la economía. Según Sergio Luna, presidente de la Asociación de Importadores de Vehículos del Perú (ADIVPER) por lo menos 18 mil familias perderían el trabajo luego de cerrar las 1,800 empresas asociadas. Las importadoras generalmente emplean a diverso tipo de personal considerando las tareas de importación, transmisión de aduana, reparación, mantenimiento de unidades, además de vendedores, personal administrativo y de seguridad.
Siempre según cifras de ADIVPER, el volumen de importaciones de vehículos usados en 1995 fue del orden de 60 mil unidades, por un valor de US$ 324 millones de dólares, lo que le reportó al fisco US$ 160 millones.


Uno de los varios importadores de autos usados, Sergio Luna: "Nosotros nos hicimos con este gobierno.No nos puede dar la espalda".

Lo abrupto de la medida ha creado un problema mayúsculo en los puertos de Iquique y el Callao, ha sobresaltado a la Zotac y ha generado incluso protestas en Miami.

  • Según un censo de ARAPER (Asociación Automotriz del Perú, correspondiente a los importadores de autos nuevos), la semana previa a la dación del decreto de urgencia había en el Callao 28 mil autos usados en stock.
    Se estima que en Tacna habría entre 10 y 15 mil otras unidades. Sólo en las 24 horas antes de la entrada en vigencia del decreto, los importadores se dieron maña para ingresar 4 mil carros de Chile.
    "El Mercurio" de Santiago señaló que en Iquique se habrían quedado varados en la ZOFRI entre 25 a 30 vehículos. El sábado pasado, sólo un barco trajo 4 mil vehículos. Según ARAPER, 10 mil automóviles estaban en alta mar.
  • Chile ha sentido la pegada. El presidente Eduardo Frei visitó Iquique este lunes y aunque la Cancillería y el propio Presidente desmintieron que la medida tuviera alguna relación con las Convenciones de Lima, hay un sabor agridulce en el tenor de las informaciones. Para Chile es un problema este estacionamiento fortuito e inesperado. Estas unidades están prohibidas de circular en el país sureño (desde 1985), hasta el punto que tienen que ser transportadas en camiones en el tramo Iquique-frontera. Bolivia y Paraguay sólo podrían absorber cantidades menores.
    El mercado de automóviles usados representa el 15% del total movimiento de la Zofri-Iquique. Del total de 60,000 automóviles que ingresaron al Perú el año pasado, 40,000 ingresaron por Tacna vía Chile.
  • Julio Carrasco, Gerente General de la Zotac, señala que en Tacna hay varios problemas.
    En los últimos tiempos, son 32 las empresas que se han instalado dentro de la Zotac en Tacna para comercializar vehículos usados. De éstas sólo 3 son de capital nacional. 10 pensaban iniciar sus labores en febrero. Sólo estas empresas se han quedado con 10 mil autos sin ingresar al país. La inversión realizada por ellas hasta el momento es de US$ 6´400,000.
    "El presidente peruano ha ido más de una vez a mi país -confiesa el importador coreano Nau Ku Kin, hoy aposentado en Tacna- y esperé que sea reelegido para traer mi capital y resulta que ahora no puede inaugurar mi almacén en febrero. He quedado endeudado con 2 millones de dólares con el Banco Central de Corea". Pero quizá, el dolido comerciante no calibró bien el escoger buen puerto. Optar por Iquique en detrimento de Ilo y Matarani -visitados reflexivamente por el mandatario peruano el último viernes- no fue un gesto apropiado.
    La Zotac dejará de recibir US$ 250 mil por los servicios que brindaba, (cada concesionario pagaba US$ 150 por el servicio de estacionamiento de cada lote, es decir, 675 metros cuadrados).
    Los terrenos en cesión de uso para almacenamiento (hasta por un período de 10 años) que suman un total de 181,575 metros cuadrados, representan un ingreso para Zotac del orden de los US$ 3'449,925. Los importadores pagaron US$ 1'281,969 pero aún adeudan US$ 2'168,556. "Esperamos que estas cesiones de terrenos no se pierdan y se puedan reconvertir para almacenar autos nuevos u otro tipo de productos", señala Julio Carrasco.
    En Tacna hay ahora 500 empresas importadoras de vehículos. Se estima que emplean a más de mil tacneños. Sin considerar talleres, 30 agencias de aduana, choferes que llevan los carros, albañiles que construyen las terminales de almacenamiento y, en general, el florecimiento de la actividad económica tacneña.
    Indirectamente, al dejar de comprar productos en Tacna, la ZOTAC dejará de percibir el arancel corrrespondiente, del cual por ley 17% se destina a la ZOFRI-ILO, 42% al Proyecto Especial de Agua y Energía de Aricota , 7% al Municipio de Tacna y 3% al Municipio del Alto de la Alianza.

    ¿IRSE EN COCHE?

    Un argumento inquietante de los opuestos al decreto es que éste es producto de una campaña de los importadores de autos nuevos. Algo le dolió al Presidente Fujimori, que rechazó de inmediato la especie. Lo real es que la gente de ADAPER se movió en los diarios con una semana de antelación y que no ocultó su simpatía por la medida. Octavio Mávila, presidente de la Asociación e importador de carros Honda, sin embargo, mantuvo un perfil bajo innecesario, ya que en estos casos es mejor ser claro y despejar cualquier duda, puesto que se supone que no hay nada bajo la mesa.
    Tomás Unger, en cambio estuvo locuaz en tanto que reconocido técnico automotriz, pero hubiera sido más ilustrativo que confesara que es socio de Mavila en la famosa Motorshow y, por lo tanto, es parte interesada en el debate.
    El intenso debate a lo largo de la semana ha puesto en claro que al país se le pasó la mano en el asunto de los autos usados. En el Perú, a pesar del aluvión automotriz, nadie se desprende de su entrañable carcochita. De modo que el parque no se renueva y ha ido creciendo. Cerramos 1995 con 800 mil unidades. El ministro Vara ha enfatizado que la obsolescencia de ese parque bordea el 45% y que ello ocasiona contaminación, mayores costos de mantenimiento, fuga de divisas por repuestos y mayor gasto de gasolina y lubricantes.
    En los carros que han ingresado ha entrado de todo. Hay carros siniestrados, con timón a la derecha, antiguos y otros cuya marca y año parecen conejillos de indias. Un conocido empresario contó que un lote de carros sumergidos en una de las últimas inundaciones fluviales norteamericanas han llegado a Lima, tras de un intenso trabajo de secado, planchado y almidonado.
    También se mencionan los "camiones nucleares". Estos provendrían del Japón, donde han servido en plantas nucleares (en Japón hay 1,300 plantas nucleares) y ahora son dóciles transportistas en La Parada. Del uranio a la lechuga.
    Los socios de ARAPER frente a la acusación responden que "no tenían ninguna desesperación". "Nunca hemos vendido tanto como ahora", afirman. Y es cierto. En 1992 vendieron 15 mil carros y han saltado a 28 mil en 1995. Las proyecciones para este año hablan de 35 mil unidades.
    El "boom" de los autos nuevos se explica por una notable flexibilidad en los programas de crédito. Lo clásico era obtener un crédito por 12 meses, merced a una inicial sustantiva. Ahora se pueden pagar hasta en 60 meses, sin cuota inicial. Hay algunas marcas que se venden por cuotas de hasta US$ 120 mensuales.
    Como se puede apreciar en el cuadro 1, sin embargo, los autos usados han tomado la delantera sobre los nuevos. Este año se calcula que iban a venir hasta 200 mil unidades.
    Los de ARAPER por otra parte señalan que "no es que la medida nos haga saltar de alegría. Mañana pueden elevarnos el ISC de la noche a la mañana".
    Y aunque se suspendan las importaciones, el mercado interno de autos usados tiene para rato. Varios estudios mandados a elaborar por Araper a Apoyo, Macroconsult y la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental analizaron el impacto de la importación de autos usados.
    Macroconsult estimó que si en 1993 el dueño de un automóvil usado debería invertir en promedio 230 dólares en repuestos en 1995 la cifra se incrementó en US$ 70 adicionales. Además, siempre según Macroconsult, 5 de cada 7 automóviles habían fundido motor en los 10 primeros meses o demandaban una inversión superior a los US$ 1,500.


    Redoble por Marcas

    Ventajas comparativas para el sueño del auto propio.

    VEINTISEIS marcas de automóviles se comercializan en la actualidad en nuestro país, desde el módico Tico de manufactura coreana, y que ha inundado el Sur Chico, hasta el legendario Porshe de implacable cilindrada teutona. El primero vale US$ 7,500, y el segundo no baja de US$ 100,000. Entre uno y otro extremo hay, sin embargo, cerca de medio millar de modelos norteamericanos, japoneses y europeos en las vitrinas nacionales.
    Hace dos años el crédito para comprar un auto nuevo no superaba los doce meses, pero en la actualidad es posible adquirir un carro hasta con 60 meses de plazo, pagando la cómoda suma de US$ 120 dólares mensuales por una unidad recién salidita de fábrica. Ello explica por qué el año pasado se vendieron 28,000 autos nuevos, y las proyecciones para 1996 apuntaban -antes de decretarse la veda de autos usados- a 35,000.
    Los concesionarios, a su vez, ofrecen garantías que oscilan entre un año y 20,000 Km. hasta dos años y 50,000 Km., lo suficiente como para recorrer la costa peruana de cabo a rabo unas 25 veces.
    En contraste, el mercado de autos usados se encontraba básicamente al margen del mercado crediticio, y para hacer realidad el sueño del auto propio había que tener el billete.



    CARETAS 1399