Por FERNANDO ROSPIGLIOSI


Un Año Después

LA cúpula civil-militar que gobierna el país ha tenido relativo éxito en impedir un debate serio sobre el conflicto del Alto Cenepa, iniciado hace exactamente un año. Los juicios y sentencias a los generales Carlos Mauricio y Walter Ledesma, los ataques y amenazas a los que presentaron una visión diferente del conflicto y sus resultados, así como el control y la influencia que mantienen sobre importantes medios de prensa, han ayudado a eso.
Sin embargo, es dudoso que la gente crea sus cantos de victoria. Más bien parece predominar una suerte de incredulidad pasiva, similar a la que existía en los países comunistas con las verdades oficiales: no se creían pero tampoco se discutían.
A pesar de los reclamos de triunfo, la cúpula civil-militar es consciente de la derrota. Por eso se ha visto obligada a efectuar algunos cambios. En las instituciones castrenses han salido todos los jefes, salvo el general Nicolás Hermoza, pieza clave del poder. Se ha anunciado también el retiro de las FF.AA. del combate al narcotráfico. Y en el ministerio de RR.EE. el ingreso de Francisco Tudela ha instalado en Torre Tagle, por primera vez después de cinco años, a una persona que conoce de relaciones internacionales y que está manejándose con propiedad en el cargo.
El año pasado me tocó el poco agradable papel de ser uno de los primeros en señalar la derrota que sufrimos en el Alto Cenepa. Cuando Alberto Fujimori anunció la noche del lunes 13 de febrero el cese del fuego unilateral, después de haber tomado Tiwinza y desalojado a las tropas ecuatorianas, había algo raro en su actitud. Quizás su inusual modestia y el llamado a la concordia nacional. Pero quien me convenció que habíamos llevado la peor parte fue un general, Daniel Mora Zevallos, en ese momento jefe de la Oficina de Informaciones del Ejército.
En efecto, el martes 14, a las 5.30 de la tarde, en el Hotel Las Américas, Mora dio una conferencia de prensa. En la sala, atestada de corresponsaes extranjeros, el general repitió la versión oficial. Cuando le pregunté si la bandera peruana ondeaba en Tiwinza, respondió: "Bueno, Tiwinza es un área de 30 kilómetros cuadrados...", y se fue por la tangente. Le insistí y contestó trazando un círculo en un mapa, "Mire, Tiwinza es un área de 30 kilómetros cuadrados..."
El problema es que los ecuatorianos habían hecho públicas las coordenadas exactas de Tiwinza -3° 27' 57.18" Sur, 78° 15'; 8.72" Oeste- a principios de febrero. El puesto estaba ubicado en territorio peruano, que ellos reclaman como suyo. Pero no cabía duda de su ubicación exacta.
Los periodistas extranjeros hicieron muchas preguntas difíciles, que Mora, sudando copiosamente, no pudo responder de manera satisfactoria. Quedó claro para casi todos ellos cuál era la verdad.
Regresé a CARETAS y escribí "La peor derrota desde 1879". El título era provocador -como lo requería el momento-, pero no inexacto. Todo lo dicho allí se comprobó cierto después -incluyendo el título-. Los ecuatorianos seguían en territorio peruano, en el Alto Cenepa y en la zona del río Santiago, la aviación peruana había sufrido el peor desastre de su historia y la amenaza futura persistía. Es decir, una situación por completo diferente a la del Falso Paquisha en 1981.
En los días siguientes las FF.AA. peruanas trataron desesperadamente de tomar Tiwinza y expulsar al invasor, a costa de grandes pérdidas. No lo consiguieron plenamente. Sólo la presión de los garantes, básicamente los EE.UU., logró que se respetara el cese del fuego y se estableciera una zona desmilitarizada. Sólo así salieron los ecuatorianos del territorio peruano -aunque no de la zona del Santiago-.
Hoy día, internacionalmente, caben pocas dudas de cúal fue el resultado del conflicto. El analista norteamericano Gabriel Marcella, de la Escuela Superior de Guerra del Ejército de los EE.UU., dice en reciente artículo:
"La limitada victoria del Ecuador en el Cenepa origina una nueva entrada en el antiguo conflicto: Ecuador ha logrado una victoria militar sobre Perú por primera vez desde la batalla de Tarqui en 1829. Los ecuatorianos integraron exitosamente estrategias militares, operaciones y tácticas con una acertada campaña de información en ambos niveles, lo nacional (diplomacia) y lo militar (operaciones sicológicas). Este es un logro significativo para la nación ecuatoriana." (Ver extractos en esta edición).
Asumamos sin complejos los resultados de ese conflicto, cuyas consecuencias, por fortuna, no son todavía irreversibles. Será la mejor manera de evitar que se repita.


CARETAS 1398