Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

Rectificaciones


EL nombramiento de Antonio Ketín Vidal como director de la Policía Nacional ha sido un retroceso del gobierno que todos han saludado como positivo. En efecto, el 18 de diciembre, en una ceremonia policial, Alberto Fujimori defendió a capa y espada al ministro Juan Briones y a la cúpula de la Policía Nacional, representada por el cuestionado Víctor Alva Plasencia.
Fujimori sostuvo ese día que a él nadie le iba a imponer cambios en el comando policial. Posteriormente repitió lo mismo varias veces. Pero al poco tiempo licenció a Alva y nombró a Vidal.
Se tragó sus propias palabras, pero ganó puntos al designar a un oficial que ha adquirido un bien ganado prestigio de eficiencia, honradez y pundonor. Hoy día se han renovado las expectativas en la posibilidad de un cambio que mejore a la policía.
Sin embargo, el trabajo que Vidal tiene por delante no es sencillo. Las posibilidades de transformar una institución venida a menos en los últimos lustros es particularmente difícil. Sobre todo si no va a tener muchos recursos a su alcance, como insinuó el ministro Briones cuando los periodistas le preguntaron si iba a producirse un aumento del presupuesto para la policía. "No, tendrá que recurrir a su imaginación", dijo con sorna Briones, con el nuevo director, muy serio, a su lado.
No todo se resuelve con dinero, pero es imposible tener una policía eficiente con oficiales y guardias ganando 700 u 800 soles al mes. Si se quiere mejorar el caótico tránsito limeño, por ejemplo, se requiere, entre otras cosas, un sistema de sanciones severo. Pero éste no puede funcionar si el valor de una papeleta equivale a una semana de salario del policía que la pone. Las posibilidades que ese policía acepte un soborno son muy altas.
Y ni qué decir de áreas críticas como la lucha antidrogas. Si las FF.AA. se van a retirar de esa misión, todo el peso recaerá nuevamente sobre la policía, que no tiene actualmente los recursos materiales ni humanos para asumir esa tarea.
En 1989, cuando Sendero destruyó el puesto policial de Uchiza, asesinando a varios efectivos, el país pudo ver asombrado cómo los pobladores criticaban abiertamente a los policías, a los que calificaban de corruptos y abusivos, respaldando implícitamente la acción subversiva.
Después de esos sucesos, las FF.AA. empezaron a reemplazar a la policía, que se fue retirando de las zonas cocaleras. Pero el retorno no fue nada auspicioso. El año pasado el reinstalado puesto policial de Nuevo Progreso fue también arrasado por el terrorismo, y de nuevo la población expresó su descontento con la actuación de la policía.
Como han propuesto varios especialistas, la lucha antinarcóticos requiere de una policía especializada, bien pagada y sometida a controles muy estrictos. Si Ketín Vidal logra el apoyo para organizar eso, obtendrá éxitos notables.
En suma, el cambio de Alva por Vidal constituye una enmienda oportuna del gobierno.

  • Otra rectificación importante de Fujimori ha sido la nueva propuesta a Chile, que ha sepultado definitivamente las Convenciones de Lima. La "nueva diplomacia" que puso en marcha el gobierno desde 1992, basada en el "pragmatismo" y la conducción directa del propio Alberto Fujimori ha resultado un fracaso rotundo, a juzgar por los resultados que se pueden apreciar en nuestras fronteras norte y sur.
    En su momento las Convenciones de Lima fueron criticadas por la oposición, especialistas en el tema y la prensa independiente, al tiempo que eran defendidas con la complacencia acostumbrada por el oficialismo y sus ayayeros.
    Hoy ya están definitivamente enterradas, pero a costa de haber provocado fricciones indeseables con nuestro vecino del sur, porque se crearon expectativas infundadas en Chile -que era el favorecido por el acuerdo suscrito por el gobierno- y después se incumplieron. Lo mismo ocurrió con Ecuador, con las consecuencias que hemos sufrido.
    En síntesis, otra rectificación que venía siendo reclamada por la oposición que, aunque tarde, ha llegado.
    Estas modificaciones en la política gubernamental no deberían conducir a la oposición a una tibieza mayor de la que ya tiene sino, por el contrario, a reavivar los ánimos alicaídos. Si el gobierno retrocede y rectifica, es un reconocimiento que se equivocó. Y eso debe ser recordado cada vez que se planteen nuevas críticas.


    CARETAS 1396