Lima

El Infierno Tan Temido

Una cosa son las promesas electorales. Otra, una ciudad amenazada por el colapso ecológico. El tema atañe a cada limeño.

Todos los habitantes de Lima coinciden en que el principal y más urgente problema es el de la basura, pasados ya el terrorismo y la incuria. Los candidatos, por su parte, aluden a soluciones razonables y reclamadas por largo tiempo. Pero la gravedad del tema sobrepasa las buenas intenciones municipales y se convierte en un problema de varios sectores, del sentido de las leyes, del tratamiento ecológico y del planeamiento del uso de la cuenca de los tres ríos principales (Chillón, Rimac, Lurín). No hay tiempo que perder: las soluciones han sido esbozadas, falta la voluntad política y un sentido ciudadano de la emergencia.

La basura forma parte de un conjunto de factores de polución que dañan el medio ambiente.

EN una ciudad como Lima que la lluvia no limpia ocasionalmente, la basura ha sido siempre un capítulo pernicioso y antiguo.

Muy a menudo los nuevos virreyes y también los flamantes alcaldes (como el propio Ricardo Belmont) iniciaron sus gestiones con grandes y heroicas ofensivas de limpieza pública.
Punto neurálgico de toda campaña, el actual gobierno movilizó la semana pasada a personal del Ejército para erradicar toneladas de basura a lo largo de la Avenida Túpac Amaru. Alberto Fujimori dirigió personalmente la acción cívica, aunque, claro, con el fin de apoyar desembozadamente al candidato oficialista.
Muchos se preguntan con razón: si el gobierno central tenía a mano los recursos para limpiar, ¿por qué dejó a la ciudad vivir en un infierno y no actuó antes?
Como es previsible, el problema no ha sido solucionado. Lo que se ha hecho es sobre todo decorativo.
Y es que para ponerse de acuerdo sobre lo que la basura significa en Lima habría, primero, que mirar el mapa sobre los factores contaminantes que amenazan a la ciudad y la colocan al borde de un colapso ecológico.
"El de la basura es realmente un problema muy grave: toda Lima está contaminada", sostiene Luis Olivera, técnico de DESCO y autor junto con Gustavo Riofrío y Juan Carlos Callirgos de una propuesta integral para manejar y llevar a buen destino los residuos de la capital.
Iván Dibós, el sufrido teniente alcalde de la actual administración, señala por su parte que en el Municipio existen estudios y planes muy elaborados para salvar a la ciudad de su principal flagelo, pero que el recorte del famoso DL 776 hizo naufragar por la falta de rentas.
Beatriz Merino, de la Comisión de Ecología y Medio Ambiente del Congreso, recuerda por su parte que en el país existen 1,500 dispositivos legales y más de un Código que presuntamente defienden el medio ambiente. Lima es sin embargo la ciudad más sucia de Latinoamérica. Existe en ella una suerte de "contaminación integral".
Algunos datos alarmantes:
  • De las 29 mil hectáreas cultivables que había en 1920 en los "deltas" del Chillón, Rímac y Lurín queda ahora tan sólo un 5%.
  • Lima urbana tiene un déficit de 2,500 hectáreas de áreas verdes, parques,etc.
  • La contaminación del Rímac llega al doble del límite permisible.
  • De las 3,500 toneladas diarias de basura que produce Lima, sólo se pueden recoger 1000, el resto queda en las calles, los botaderos peligrosos y por cierto en el Rímac.
  • Hay 2 rellenos sanitarios en Lima, pero los camiones de la mayoría de los distritos se ahorran el viaje y botan la basura en cualquier lugar, y no pocos hacen negocio con la misma.
  • Buena parte de los chanchos, patos, cabras, parte de los pavos y pollos se crían con basura, a veces tóxica, con residuos de hospitales incluso.
  • Tres de cada 10 muertes en Lima se deben a afecciones respiratorias, unas 35 mil al año, la mayoría agravadas por contaminantes. Las infecciones respiratorias son la primera causa de morbilidad: asma, bronquitis, alergias.
  • Miles de hectáreas de los terrenos cultivables alrededor de Lima se riegan con aguas servidas para producir panllevar.
  • Dentro de 25 años no quedará un metro fértil alrededor de Lima, si su depredación sigue al ritmo actual.
  • Los desagües constituyen otro problema y son la razón de la epidemia de cólera que causó 4,400 muertes. El Rímac proporciona el 60% del agua potable de Lima y sin embargo descargan en él, aguas arriba, minas, industrias, ladrilleras, curtiembres y los desagües de 240 mil personas. Los colectores de Santa Eulalia y Chosica descargan en el Rímac.
    Cuando los candidatos a la Municipalidad metropolitana tejen proyectos e intentan respuestas están presentando tan sólo una cara de la Luna.

    Tanto Iván Dibós, actual teniente alcalde, como Beatriz Merino, de la Comisión del Congreso sobre Medio Ambiente, señalan que por leyes no nos quedamos. Falta abordar integralmente la cuestión.

    Lo que hace de Lima un caso particularmente difícil es la naturaleza múltiple de su polución. De vuelta al tema de la basura, existen ciertos supuestos sobre los que se han planteado una serie de propuestas, pero que al carecer de sustento en la práctica han devenido en inviables. Olivera los denomina los mitos de la basura.

    No hay, francamente, soluciones parciales. Para Dibós y Beatriz Merino lo primordial es trazarse un Plan de Recuperación Ecológica de Lima, que supone una coordinación multisectorial, la creación de una autoridad autónoma de la Cuenca del Rímac (pero con poder real) y otros elementos, incluyendo una legislación pertinente.
    Entre el Cementerio y Monserrate se precisa, por ejemplo, crear un malecón con 67 hectáreas de parques y la canalización del Rímac de 4.5 kms, evitando así el botadero de basura que es hoy. Los ríos contaminados por otra parte contaminan a su vez las aguas del subsuelo. La ley de aguas debería ser drástica al sancionar la contaminación del Rímac.
    Hay que combatir la contaminación de salida al mar. Se requieren más lagunas de estabilización y tratamiento de desagües como las de San Juan de Miraflores.
    Hay que promover la recolección de basura no convencional y defender la contaminación del aire, especialmente en una ciudad donde el colchón de nubes propicia el efecto "invernadero" que si bien no es tan grave en términos de contaminación industrial o automotriz como en Santiago de Chile, sí lo es en zonas céntricas de la capital. Las curtiembres deberían reubicarse, los vehículos viejos sin revisión técnica requieren un programa de caducidad.
    Respecto a la basura monda y lironda, el tema de la industrialización hay que verlo también integralmente. Un canadiense produce en promedio 4 kilos de residuos al día, mientras un poblador de Villa El Salvador genera no más de 300 gramos. Con esta cantidad, que es más o menos el ponderado de Lima, cualquier posibilidad de reciclaje industrial queda descartada. "Se necesitan volúmenes mucho mayores para pensar en una alternativa industrial", dice Olivera. "Y aquí no queda casi nada para el tacho".
    Otro mito es el de la tecnología o, más propiamente, el del camión compactador. "Las condiciones urbanas, incluso dentro de un mismo distrito, son diferentes", anota el experto. Un camión compactador funciona óptimamente en áreas de alta densidad poblacional, con buenas vías. Pero en un lugar como Comas está demás. Allí son apropiados camiones de baranda y aun triciclos, que de ninguna manera suponen un símbolo de atraso, pues en Venecia, por ejemplo, están muy difundidos.
    "Lo que pasa -afirma Olivera- es que la limpieza pública es un servicio de compromiso social, de alta sensibilidad para la población, y por ello más susceptible de ser manipulado políticamente". "Por ello es frecuente que se ofrezca compactadoras como la panacea del mal, pero éstas no necesariamente constituyen la solución en todos los casos", agrega.
    Finalmente está el mito de la privatización. Por sí sola, enfatiza Olivera, tampoco resuelve el problema. En su opinión hay mecanismos intermedios que han dado buenos resultados -como el de las pequeñas empresas autogestionarias- y que deberían seguir siendo estimulados.
    Sin embargo, lo que el técnico de DESCO recomienda con carácter de urgencia es estructurar un plan maestro para ser ejecutado coherentemente en todo Lima. "Porque si bien distritos como Miraflores, Surco, San Isidro, San Borja y La Molina tienen bajo control la limpieza, el hecho de que haya otros donde los muladares menudean termina afectando a la ciudad entera", explica.
    Dicho plan maestro debería empezar por una identificación de las tecnologías adecuadas a cada `textura urbana'; es decir, de los sistemas de acopio que más convienen a los distritos de Lima y Callao. Aquí hay que contemplar camiones compactadores, triciclos, centros de acopio, plantas de transferencia y otros. Y luego se debe hacer una evaluación de los lugares de disposición final (rellenos sanitarios) con el propósito de potenciarlos. DESCO propone que la dirección del plan maestro sea encomendada a una autoridad metropolitana multisectorial, con una participación activa de los municipios distritales.
    Olivera sostiene de otra parte que no se puede seguir postergando el estudio de los costos reales del servicio de recojo. "Ningún distrito en Lima cuenta con una estructura de costos del servicio de limpieza pública. Y así no se puede aplicar una estructura de tarifas", anota. El experto señala asimismo que la escasez de recursos por deudas crónicas se vio agravada cuando se suspendió el cobro de arbitrios y baja policía en las facturas de luz. "Personalmente creo que debería volverse a este método de cobranza y también, ya que se trata de tener limpia a toda la ciudad, aplicar algún tipo de subsidio cruzado, de tal forma que quien vive en La Molina, por ejemplo, tenga un gravamen distinto al de un poblador de Canto Grande".
    El plan maestro también debería contemplar la formalización de todos aquellos agentes que actúan al margen de los servicios regulares. Casi 2,000 de las 3,500 toneladas de desperdicios que Lima produce diariamente tienen un destino diferente al de los rellenos sanitarios. Y es que los desechos -aquellas materias que son susceptibles de reciclaje- son llevados a diversas plantas industriales por recuperadores que se encargan de hacer una selección callejera. Si bien el reciclaje impide que grandes volúmenes de desechos se acumulen, el procedimiento comporta una normatividad rigurosa.

    CARETAS 1383