Tosca, a la Cubana

Con el estreno de la desmesurada obra de Puccini, Prolírica cierra su temporada de Opera.

Escribe MARIA ELENA CORNEJO

Fotos JAVIER ZAPATA

Iván del Prado, director de la Orquesta Sinfonica Nacional de Cuba, está en la batuta de Tosca.

Parte del elenco lírico: Ricardo Iturra, Oscar Imhoff, Anna Valdetarra, Steffano Pellegrini y el maestro Luis Alva.

A primera vista parece un estudiante remolón, una segunda mirada nos devuelve a un muchacho cuya actividad podría estar entre la pintura y el teatro. Forzando la imaginación creeríamos estar frente a un deportista de la lucha libre o disciplinas afines. Nunca ante el flamante director de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba.

Iván del Prado es renuente a confesar su edad pero no debe llegar a la treintena. Luce una poblada barba y una desordenada melena castaña a la que recurre cuando quiere reafirmar una idea. Es uno de los tres directores que tiene la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba e indudablemente el más joven de todos. Hace ocho años optó por la dirección luego de culminar sus estudios de violín y viola con el maestro Sidney Campbell y de ganar por concurso una beca para el Instituto Superior de Arte de La Habana en la especialidad de Dirección Musical.
Desde entonces asumió la dirección de zarzuelas, conciertos sinfónicos y óperas varias. En 1992 funda el Movimiento de Orquestas Juveniles de Cuba y en enero del año pasado es nombrado Director Asistente de la OSNC al frente de la cual ha realizado las temporadas oficiales.
Para Iván del Prado "dirigir es lo máximo que le puede pasar a un músico". No se trata de conocer solamente la partitura y mover la batuta para conciliar armónicamente los diversos instrumentos. "Un director es un creador activo que debe conocer al compositor, la época en que vivió, sus gracias y sus desgracias. Sólo así uno puede interpretar el sentido de cada obra", dice Iván gesticulando con vehemencia y amasándose de vez en cuando los cabellos sin variar un ápice el desorden.
"La orquesta suena de acuerdo al temperamento del director. Si es agrio, elegante, frío, desmesurado o nervioso, eso se transmitirá a la orquesta", dice remitiéndose a una larga lista de directores que van desde Rubinstein a Zubin Mehta.
La Orquesta Sinfónica de Cuba tiene a su cargo toda la temporada de Opera organizada por Prolírica y que con el estreno de Tosca llega a su fin. En el intermedio hay sin embargo varios conciertos como el del pianista invidente Gianluca Casalino (mañana viernes en el Santa Ursula), el recital de Victoria de los Angeles (miércoles 11 y viernes 13) y el concierto de música sinfónica cubana (el miércoles 18) que también dirigirá Del Prado.

TOSCA

La obra de Giacomo Puccini es la cuarta obra que estrena Prolírica en su Temporada '95. Este intenso drama en tres actos es -entre los clásicos- la ópera por antonomasia. "En Tosca hay de todo: drama, muertes, suicidios, enredos, conspiraciones. Hasta la Iglesia está en el medio. Es intensa, desmesurada, escrita con pasión", dice Alberto Isola encargado de la regia. Aunque es la primera vez que trabaja con Luis Alva en un proyecto lírico, no es una iniciativa reciente. En 1984 el maestro Alva le pidió que sea su asistente pero compromisos teatrales impidieron que Isola accediera a la invitación. Diez años después, ambos se encontraron en un aeropuerto y la colaboración pudo concretarse, aunque con una variante: Alberto Isola sería no el asistente sino el director de Tosca.

"Es una gran experiencia que me deja un sabor agridulce", confiesa Isola. La premura del tiempo (menos de una semana para ensayar actuación, orquesta y vestuario), la necesidad de hacer un montaje tradicional y la escasez de tiempo para plantear un diseño escenográfico distinto se enfrentaron a un grupo humano óptimo dispuesto a trabajar sin treguas y sin horario, donde músicos, coros, artistas, extras y personal de apoyo superan fácilmente el centenar. "Creo que dirigir una ópera es la máxima aspiración para un director de teatro", resume Isola.
En Tosca intervienen la italiana Anna Valdetarra (Floria Tosca), Oscar Imhoff de Argentina (Mario Cavaradossi), Adam Kruszewski de Polonia (Barón Scarpia) y el peruano Ricardo Iturra (Spoletto) amén de otras figuras de la lírica nacional como Alberto Tapia, Iván Amaro, Javier Fernández y Gabriela Quezada. A éstos hay que agregar la presencia del Coro Nacional que dirige el maestro Andrés Santa María encargado de interpretar el impresionante Te Deum que da inicio a tan intensa ópera.
"Puccini es obsceno por naturaleza y va directamente al lagrimal. No importa si tiene que meterte un dedo al ojo para que llores. A diferencia de Verdi o Rossini, en Puccini las acciones, los gestos, las distancias, están ya impresas, grabadas dentro de la música. Todo lo que tienes que hacer es abrir las paredes y dejarlas en libertad", dijo el gran director español Luis Pasqual a propósito de las obras del compositor italiano.
Tosca a la vista. Las funciones se repetirán el sábado 7, martes 10, jueves 12 y sábado 14 en el Teatro Municipal.


EXPOSICIONES

TEATRO

SEMINARIO

FOTOGRAFIA


Danza India

Sólo una función, el martes 10 de octubre, dará el grupo de bailarines indios, venidos especialmente para interpretar el "Kathak", danza de carácter espectacular y romántico propio del norte de India. Kathak significa "contador de cuentos" e inicialmente combinaba la recitación con la danza dentro de un marco religioso. Años después se incluyeron elementos seglares y grupos de bailarines sofisticándose y complejizándose cada presentación. Va en el Centro Cultural de la Universidad Católica a las 8 de la noche.


Premio Canatur

En solemne ceremonia realizada en el auditorio del Museo de la Nación, la Cámara Nacional de Turismo (Canatur) entregó los Premios Anuales "Benjamín Roca Muelle" a un grupo personalidades que aportaron al desarrollo de esta actividad en el país. Entre ellas figuró el periodista y antropólogo Alvaro Rocha -en la foto, al centro, acompañado de sus padres-, colaborador habitual de CARETAS y del diario El Mundo, por la calidad de sus artículos y particularmente por haber dado a conocer zonas del Perú que, pese a ser poco conocidas y a veces peor promocionadas, poseen enorme potencial turístico. Su columna "Excursión" ya tiene un par de años entre nosotros. Felicitaciones.


Verano de Madera

Eduardo Tokeshi, un sujeto en estado de gracia.

Cambio estacional adelantado en la octava muestra de Tokeshi, que sigue en la galería Fórum de Miraflores.

1.-Serrucho, martillo, clavo: el hombre (Lima, 1960) trabaja ahora sobre madera, madera cortada en largas tablas y vuelta a ensamblar después de haber sido pintada, en muchos casos separadamente. Cuadros integrados, pues, por retículas concebidas como piezas detonantes que al yuxtaponerse componen una suerte de organismos en estado de incandescencia. El culto al fragmento como unidad semántica y posibilidad de trastocamiento expresivo lo emparentaría con recientes teorías sobre los fractales y el caos, pero también pueden explicarse a través de su inicial opción por la arquitectura y su oficio paralelo de escenógrafo en difundidas producciones televisivas y teatrales.

Comparada con la muestra que realizara en noviembre del año pasado en la Galería de la Municipalidad de Miraflores, se establece aquí un regreso a los contornos del cuadro, luego de haber apostado juguetonamente por su irrisión: los fragmentos de aquel desbaratamiento formal aparecen ahora religados -si no fuese en tal soporte, diríase que tejidos, hilvanados- en sonriente representación del triunfo de la mano de obra sobre los restos de un naufragio premeditado intelectualmente.
2.- Patrón de sintonía, zapping, brillo: no se piense que lo de la sonrisa alude a un derrame de alegría, pues por ahí se filtran una que otra nube gris ("Viaje al interior") que ciertamente no hacen un invierno, pero sí delimitan la expansión de lo que en buena cuenta no es más que celebración de la intensidad con que el espectáculo de lo real desfila por el ojo avizor del artista.
Piezas como "Vidas paralelas", "Autorretrato con mano de perro", "Aproximación a los jardines" aparecen cual postales entresacadas de un inagotable parque de diversiones multimedia, en el que la vitalidad se alterna con lo esperpéntico, lo fantasmal y lo lúdico, encarnados en formas que apelan a técnicas aparentemente tan opuestas como el fino trazo a tinta -del más depurado linaje oriental- o la estética del dibujo animado underground tipo Bart Simpson. Y es que la preocupación por la figura ha estado presente en la obra de Tokeshi desde aquellos primeros trabajos donde lo humano apenas emergía como un tenso relieve entre fardos y vendajes: la retorcida aunque siempre aséptica insinuación de un grito.
La figura permanece elusiva, fragmentada, minimizada y a ratos curiosamente oculta entre los fogonazos de color que ha descargado sobre estos pedazos de madera. Pero entonces estamos abordando ya el asunto del manejo de la luz (Luz), recurso unificador en esta muestra y acaso -ver "Importancia de la luz (entre mis cosas)", "Sobre la ausencia"- del alma del artista.
3.- Amor, humor, poesía: todo indica que la diferencia de este conjunto pictórico con muestras suyas recientes estriba en el peso del concepto, que ha disminuido en favor de una suerte de inteligencia poética liberada de impuestos canónicos, por muy vanguardistas que éstos fueren.
Si bien el lirismo no es una novedad en el trabajo de Eduardo Tokeshi, esta vez luce una elegancia que no mitiga la efusividad del sentimiento. El color, la luz, el calor, el brillo son nada más que elementos de una alegría sabiamente contenida pero no por ello menos visible y que él mismo identifica como un abrir y cerrar de puertas, velar elementos, destapar cosas, experiencias sociales o personales, profundas o anecdóticas.
En semejante juego de luces, el melancólico humor con que recibe el don que se le ha dado en gracia potencia la delicada arremetida de sus imágenes, conmovedoras como siempre es conmovedora la confrontación de lo transitorio con lo eterno. Y es que, como bien ha dicho Joseph Brodsky sobre el poeta, la amada y la musa, en el arte, en la poesía, se halla la mejor expresión de lo eterno, el indestructible sentimiento íntimo que no se lleva el zapping de la existencia y que a ciertas alturas permite que un par de golondrinas juntas sí hagan un verano. (Oscar Malca).


CARETAS 1383