Alberto Andrade

A Pesar del Chino

Foto JAVIER ZAPATA

Arremetida en las últimas cinco semanas.

En la Avenida Abancay, el candidato de Somos Lima alienta a seguidores. A menos de 40 días, la lucha por el sillón municipal de Lima viene demostrando que el apoyo oficial no es una varita mágica y que Jaime Yoshiyama o saca a relucir su personalidad o puede conocer la derrota. Por su parte, Alberto Andrade trata de equilibrar el hecho de continuar adelante en las encuestas con la necesidad de no provocar los celos presidenciales.

NO hay vírgenes en política, pero los dos contendores para Lima Metropolitana se han refugiado en dos patronas, no por nada, enfrentadas por el regionalismo.

Alberto Andrade aceptó ex profeso ir a Jauja para las celebraciones de la Virgen del Rosario. Yoshiyama se encomienda a la patrona huancaína, la Virgen de Cocharcas.
No es el caso de los padrinos. Pese a "todo el apoyo", Jaime Yoshiyama no logra doblegar la ventaja de Alberto Andrade que va solo en el partido, aunque sin presentarse como opositor.
Los pasos de ambas campañas están siendo medidos al milímetro. Y es que, cualquier error puede costarles caro, cuando se entra ya al tramo final de los 30 días decisivos.
"Es cuestión de piernas", alegan algunos. "Esa disyuntiva no es cierta, porque Yoshiyama no corre por cuenta propia, le han puesto un carro de lujo", replican otros.
Ambos candidatos, por ejemplo, buscaron reunirse con el periodismo. Y lo consiguieron a su manera.
En la ceremonia protocolar en el Municipio miraflorino -donde se premió a los medios y a destacados y veteranos hombres de prensa- se oyeron referencias tales como: "no es preciso que esté el padrino para felicitar a los hombres de la prensa". En el almuerzo en el Club Huancayo -el cuartel yoshiyamista-, se oyó en cambio, frases tales como :"Uds. no merecen medallitas ni diplomas. Aquí estamos los amigos".
Jaime Yoshiyama desfila por los pueblos jóvenes. Alberto Andrade peina las calles de los barrios de clase media. Los estrategas de ambas tiendas reconocen sus puntos fuertes: las clases A y B están con Andrade, las de C y D están con Yoshiyama.
Estas apreciaciones, sin embargo, no son tan convincentes.
Aparentemente deberían haber operado dos factores que el propio presidente Alberto Fujimori consideraba demoledores:
-el efecto Belmont ("No queremos que por celos al alcalde, Lima sufra las consecuencias") y
-el efecto oposición ("Andrade representa, en el fondo, a las fuerzas políticas tradicionales").

Jaime Yoshiyama y el júbilo de la inscripción de sus listas de concejales y alcaldes distritales. Consabidos almanaques de por medio.

Hay algo en la mecánica desarrollada por el oficialismo que no está funcionando. En el almuerzo en el Club Huancayo, el sábado 30, uno de los "gerentes" de la campaña de Jaime Yoshiyama, Oswaldo Sandoval ( que por lo demás ha colocado a uno de sus hombres en la lista de regidores) señalaba que en una encuesta privada, con un universo de más de 4 mil personas, Yoshiyama ganaba ya por dos puntos a Andrade. Y que esperaba que Apoyo (cuya encuesta fue difundida el domingo 1º) anunciara ya un empate.

No fue así. Incluso algunos medios oficialistas han empezado a desmayar en su optimismo al comprobar que los diez puntos de ventaja de Andrade se mantienen firmes. Claro que la responsabilidad han empezado a acharcársela al propio perfil del candidato de Cambio 90/NM.
Jaime Yoshiyama no es mal candidato. Ha conformado una lista de regidores de muy buen nivel, con figuras representativas de varias especialidades. Jales como los de Santiago Agurto Calvo o Martha Moyano son apreciables.
No le falta animación y simpatía, al huancaíno emprendedor, que cuenta además con una campaña publicitaria en televisión voluminosa, frente a la nula propaganda de su contendor.
El problema es otro. En estas elecciones no era preciso ser oficialista, bastaba con ostentar garantía de eficiencia. Alberto Andrade no cesa de decir que él coincide con la política de Fujimori e igual hacen los candidatos de provincias o los distritales.
Estas elecciones, como pocas, no son plebiscitarias. No está en juego el modelo, ni el apoyo al régimen, sino la posibilidad -bastante reclamada- de la autonomía del gobierno municipal para manejar la vida doméstica de las localidades menores.
Lo que, además, a la gente parece no gustarle es esa especie de soberbia, de refregarle a los electores que el que decide todo es el Presidente. El se ha encargado de indicar que pone a la teniente alcalde según su libre albedrío. Eso provoca resistencias, además de la imagen de ventajismo y de derroche de medios que -como se recuerda- fue el factor que terminó erosionando a Mario Vargas Llosa.
Otro aspecto interesante es que el partido esta vez es de a dos. No hay terceros ni cuartos en discordia. El oficialismo se acostumbró a enfrentar a varios opositores, lo que le permitía dar una idea de unidad frente a una diversidad variopinta (y a veces desconcertada). Cuando las opciones son cerradas, como en el caso del referéndum, el gobierno se ve en apuros porque delata inconsistencia, premura o simplemente repite mecánicamente las mismas estrategias. La cintura como que se endurece.
La propaganda de Jaime Yoshiyama insiste en destacar que fue un hombre de acción en el primer gobierno. Pareciera que le consiguió a Lima préstamos, luz, agua, desagüe. Pero no tiene forma de inventarle una convincente actuación municipal. Y en eso Andrade le lleva ventaja, mal que le pese. Habla con sobriedad de lo que sabe.
Otro elemento que por sus indeseables derivaciones racistas se evita decir en público pero que es comentario social a "sotto voce" se refiere a los orígenes nipones de Jaime Yoshiyama. "Basta de jaladitos" se oye a veces entre bromas y veras.
Algunas de estas razones podrían explicar el que Andrade no baje en las encuestas. Sus estrategas alegan que han realizado un trabajo de persuasión sostenido y meticuloso.
Andrade no encandila multitudes pero da la sensación de ser un hombre del que emana autoridad, dentro de un estilo menos vertical que el del Presidente. Se cuida de advertir, además, que no tiene pretensiones presidenciales para que nadie crea que es un Ricardo Belmont en potencia.
Es interesante comprobar asimismo que tanto en la selección de su equipo de regidores como de candidatos distritales ambos contendores -con sus más y sus menos- se han preocupado vivamente por aplicar criterios de calificación estrictos y meritorios. Cualquiera de los dos preanuncia una alcaldía con ideas, con iniciativa, con ganas de trabajar.
De allí que ahora, en el mes que resta, el aguante de cada uno de los candidatos será el factor decisivo. Casi no hay indecisos. Es improbable que haya una avalancha inesperada ni una inclinación abierta de los medios de comunicación a uno sobre otro. Cada quien mide al día cómo actúan, qué dicen, en pos de ver si resbalan.
Como es obvio, las "ayudaditas" presidenciales se multiplicarán. Con las que se produjeron se ganó algo: acortar la ventaja de 20 puntos que a finales de agosto llevaba Andrade sobre Yoshiyama. Pero no lo quebraron a Andrade. Si se abunda en el apoyo, puede haber una reacción contraria. El debate anunciado para finales de octubre terminará por inclinar la balanza. Entretanto, podrá incluso ocurrir que las encuestas le den más puntos a Yoshiyama o hablen de un empate. Ya hay antecedentes de un juego de este tipo por parte del gobierno. Pero estas elecciones son, realmente, singulares y por lo mismo las tácticas ya usadas no son garantía de éxito. Le ha tocado a Jaime Yoshiyama la más dura batalla de su inesperada vida política.


Gallos de Tapada

El Centro Histórico de Lima es uno de los temas de atención para ambos candidatos. Y han elegido a dos destacados profesionales, de amplia experiencia sobre el tema. Jaime Yoshiyama convenció a Santiago Agurto Calvo, ex rector de la UNI, especialista en Cusco y urbanista con vocación limeña. Por su parte Andrade, cuenta con el concurso de Jorge Ruiz de Somocurcio, vinculado al Planmet y con amplio cartel en defensa de nuestro patrimonio capitalino.



CARETAS 1383