CONTROVERSIAS

Por FERNANDO ROSPIGLIOSI


Dos Caminos

EL aniversario de la captura de Abimael Guzmán, ocurrida la noche del 12 de setiembre de 1992, dio lugar a varios especiales en la TV, que reflejaron el interés de ciertas personas por llevarse aunque sea un retazo de la gloria.
Lo más obvio fue la versión de un conductor de programa dominical que, con el rostro compungido, sostuvo que era muy dificil decir lo que iba a manifestar: reconocer el mérito del presidente Alberto Fujimori y el doctor Vladimiro Montesinos en la detención del cabecilla terrorista. En realidad, el único riesgo que podía correr el personaje de TV por el franelazo a los dos hombres más poderosos del Perú -de acuerdo a la Encuesta del Poder de la revista Debate-, es que le aumenten el sueldo. O que le regalen en exclusiva una entrevista a Abimael Guzmán.
Lo positivo, sin embargo, es que hoy día ya todo el mundo admite que los artífices de la captura de Guzmán y la cúpula senderista fueron la Dincote y el Gein (Grupo Especial de Inteligencia). Específicamente el general Antonio Ketín Vidal y los coroneles Benedicto Jiménez y Marco Miyashiro, así como varios otros policías de esas unidades.
Lo que no se ha destacado es que en aquel momento, en 1992, existían dos estrategias de combate contra la subversión. Una era la del Gein. La otra, la del grupo Colina y sus mentores.
En efecto, al día siguiente del feroz atentado de la calle Tarata, el 18 de julio de 1992, los miembros del grupo Colina secuestraron y asesinaron a 9 estudiantes y un profesor de La Cantuta. La justificación fue que ellos detonaron el coche bomba.
El crimen de La Cantuta no sirvió para detener la ofensiva terrorista. Como no había servido el asesinato de una veintena de personas en el jirón Huanta, en Barrios Altos, en noviembre de 1991, masacre presuntamente perpetrada también por el grupo Colina.
Los practicantes de esta estrategia creían que al terrorismo se le derrotaría con su propia medicina, es decir, aplicando métodos terroristas más feroces. Pero lo único que lograron con sus acciones fue generar rechazo.
Ellos pretendían destruir física y masivamente a la organización subversiva. Por eso liquidaban a cualquiera que suponían miembro de SL.
En cambio el Gein apuntaba a la cabeza, a Abimael Guzmán. Y sus métodos eran diametralmente opuestos. El caso del senderista Arana Franco, capturado en julio de 1992, es ejemplar. No lo eliminaron, sino negociaron con él. Y obtuvieron valiosa información que los acercó más a Guzmán.
En suma, en aquella época se jugaron dos estrategias diferentes. Una fracasó, la otra tuvo éxito. Pero lo paradójico del asunto, es que los responsables de la estrategia fracasada eran los que tenían el poder en 1992 y lo tienen ahora. Y se beneficiaron políticamente de la captura de Guzmán y la demolición de SL.
Son los mismos que desarticularon practicamente el Gein y la Dincote 100 días después de la captura de Abimael. En efecto, en diciembre de 1992, removieron a Ketín Vidal, a Benedicto Jiménez y a Marco Miyashiro. Hoy día, los tres siguen fuera de las unidades especializadas en lucha antisubversiva.
Es posible, además, que el Gein hubiera sido disuelto de todas maneras a fines de 1992. Si hasta esa fecha no capturaban a Guzmán, quizás hoy día no estaríamos en esta situación, sino todavía asediados por el terrorismo. En 1991, algunos de los miembros del grupo Colina, los mayores Santiago Martin Rivas y Eliseo Pichilingüe, fueron destacados al Gein. Pero los del Gein los echaron al poco tiempo, cuando se descubrió que en realidad no iban a colaborar sino a espiar. Es decir, el choque de las dos estrategias era concreto, casi físico.
Hoy día, cuando se advierte una cierta recomposición de SL, no debemos olvidar cuáles fueron los dos caminos en la lucha antiterrorista. Y cuál fue el que condujo a la victoria.

CARETAS 1380