CHINA TE CUENTA QUE...

Escribe LORENA TUDELA LOVEDAY


Bueno, Hablemos de Sotanas

MIRA, o sea, yo nunca he sido lo que se dice una fanática de los curas porque soy de las que piensan que, pucha, o sea, en esta vida mamarrachenta sólo hay dos grandes opciones: o lo haces o no lo haces; pero si no lo haces, no lo hagas y déjame decirte que a ese respecto, o sea, como que los aludidos no son precisamente un catálogo de abstinencias, no lo sabré yo.
Pero no es de los barrios bajos del clero de lo que te quiero hablar hoy sino de, o sea, todo ese zafacoque que se ha armado porque monseñor Cipriani poco menos que se lo sube a El Tiranuelo sobre los hombros cual pongo ayacuchano, en agradecimiento por haber dado esa horrible Ley de la Amnistía que, hija, o sea, dicho sea de paso, pucha, es la causante de que Alfredo Bryce haya renunciado a la Orden del Sol, con lo bien que le queda el dorado al Alfredo.
Y claro, o sea, lo que pasa con monseñor es que a mí nadie me quita la idea de la cabeza que quiere ser Papa, estoy segura que todos los días se alucina frente al espejo bien a la mitra de cuatro pisos, pucha, pontificando sobre lo que le venga en gana porque, o sea, con ese rollo de la infalibilidad a ver, pucha, dile que está equivocado para que te enteres dónde es que vas a pasar el resto de tu eternidad.
Por eso, pucha, o sea, es que Cipriani está que hace méritos con El Tiranuelo; él sabe de sobra que, pucha, o sea, así es como consigue hacer sus ceremonias de la época de Maricastaña por las calles de Ayacucho, como esa última que se nos despachó cuando lo eligieron monseñor, ¿te acuerdas?
Fue increíble, pucha, sobre todo cuando salió a la plaza rodeado por nubes de curetes todos bien al morado paseando sus barrigas entre inciensos ceremoniosos por debajo de palios de seda y lo único que faltaba era que a Martucha la hubiera disfrazado de Teresa de Jesús en versión Bernini, para que, o sea, subida en un carro de bomberos desplegara sus éxtasis místicos por las calles de Huamanga en loor de su colega del Opus, me quiero morir.
Yo te confieso, o sea, que no entiendo nada de todo este asunto porque soy de las que sigue pensando, hecha una zampatortas cualquiera, que pucha, o sea, la Iglesia debería dedicarse a sus letanías en lugar de andar metiéndose entre lunas polarizadas por los vericuetos de la política, que para eso están esos robots a combustible de palabras que son los políticos, ¿no te parece?
O será que pucha, o sea, una ya se olvidó de que los curas nunca han sido precisamente de los que más se han controlado para no estar allí donde revienta el cuete en temas del poder terrenal. Si no, o sea, cómo entiendes tú que cada congregación sea una transnacional al lado de la cual, ay no sé, o sea, la Southern, por ejemplo, pucha, es apenas más grande que el bazar Marinora, que lo puso una de mis muchachas y ahora ya hasta tiene su RUC.
Pero bueno, o sea, abstracciones aparte, pucha, creo que lo que más me molesta de todo este asunto es que Cipriani sea el protagonista. Créeme, o sea, si se tratara de uno de esos curetes acastellanizados, guatones, sanchopanzescos y pedorros que abundan por todos los lados (digamos, o sea, los siuras de la jerarquía eclesiástica), pucha, no me importaría tanto.
Pero, guaj, o sea, basta con que lo vea al monseñor, pucha, con esa cara de raspadilla sin jarabe que tiene, ese estilo de tallarín sin tuco, de helado de vainilla sin fudge, de yuca pelada sin ajicito, o sea, diciéndonos todo el tiempo lo que está bien y lo que está mal, pucha, para que me venga la tentación de convertirme, por ejemplo, pucha, a lo de Ataucusi, porque ese asunto del velito celeste sobre las cejas no te creas que me quedaría mal, considerando que, pucha, o sea, el óvalo de mi cara se presta perfectamente para cualquier religión no tradicional, no sabes.
En fin, o sea, sólo que queda esperar a que la gente empiece a poner las cosas en su sitio y al monseñor en su hornacina, a ver si deja de meterse en lo que no le compete.
Y por mi parte, pucha, o sea, antes de despedirme quería mandarle un mensaje a ese chico Vera Tudela que, pucha, en el CARETAS pasado mandó una carta desde Kansas, o sea, protestando contra mi página. Mira Benjamín, o sea, quiero que sepas que la culpa de esto no la tenemos ni tú ni yo sino, pucha, nuestra común tatarabuela, que como debes saber, o sea, era tan pero tan boba que en la hacienda la sacaban a conversar con los piajenos, a ver si así se aburría menos. Y contigo, lector común y corriente, pucha, hasta el jueves, hecha una lombriz de la pura depre. Chau, chau. (Rafo León).

CARETAS 1370